VIDA COTIDIANA A TRAVÉS DE LA HISTORIA – LA INFLACCIÓN EN ROMA, LA MALDICIÓN DEL IMPERIO.

POR. MANUEL PIMENTE

EN ROMA, DURANTE SIGLOS, LA MONEDA MÁS COMÚN FUE EL DENARIO DE PLATA, de donde deriva nuestra palabra dinero. Al parecer, fue acuñada por vez primera en una fecha tan temprana como el año 268 a. C., 2.on una ley de plata de más del 95 % de su peso. Sobre esta moneda se estableció el sistema monetario romano. Así, diez ases de cobre equivaldrían a un denario, un áureo de oro a veinticinco denarios y una libra de oro a cuarenta áureos.

En un mundo como el romano, en el que todo se encontraba normalizado Irreglado, estas medidas fijas se prolongaron durante un largo tiempo. El denario, como unidad monetaria, parecía estable y sólido, llegando fasta tiempos de Octavio Augusto, al principio del siglo I d. C., con una riqueza del 95 % de plata, siendo el 5 % restante de otros metales.

La expansión del imperio, los enormes botines obtenidos en las continuas conquistas y la explotación de las minas proporcionaban el oro y la plata precisos para mantener el tráfico monetario. Pero, con el paso del tiempo, la administración del enorme imperio precisó de más y más dinero. Y, como por aquel entonces no existía el papel moneda, los billetes, lo podían darle a la maquinita de nacer dinero, como acostumbrarían: posteriori algunos gobiernos manirrotos.

FORO ROMANO

Necesitaban más denarios, pero no tenían suficiente plata para producirlos. ¿Qué hacer, entonces? Pues a algún iluminado se le ocurrió a genial idea de disminuir la riqueza en plata de los denarios. Así, con la misma cantidad de plata, se podrían producir más denarios. En apariencia, una gran idea que, cómo no podía ser de otra manera, encantó al emperador de turno, ducho en estrategias de guerra, pero lego en las todavía inexistentes ciencias financieras.

 Nuestro paisano Trajano, el emperador guerrero que llevó los estandartes romanos más lejos que nadie, ya comenzó a principios del siglo II d. C. a erosionar la riqueza del denario, bajándolo hasta el 85 % de plata.

 Ochenta años más tarde, el emperador filósofo Marco Aurelio, también de origen hispano, metería más la tijera para reducirlo a un 75 % de plata. Pero era tal la confianza que emanaba en un sistema monetario acuñado bajo la efigie de esos grandes emperadores divinizados, que la inflación todavía fue relativamente baja, cifrándola algunos autores en tan solo un 25 % 30 % a lo largo de casi dos siglos, un ritmo casi imperceptible para una sola generación.

CARACALLA HEREDÓ EL IMPERIO A PRINCIPIO DEL SIGLO III, tras asesinar a su hermano Geta. Quien a hierro mata a hierra muere, y un puñal traidor también acabaría con su vida.

Caracalla, emperador del S.III.

Pero entre medias, le dio tiempo para hacer desmanes varios: entre otros, jugar con la moneda. A su favor, el haber promulgado el famoso Edicto de Caracalla, que extendía la ciudadanía romana a los habitantes del imperio; en su contra, sus excesos —como las famosas termas— y crímenes, pero, sobre todo, una errática política monetaria que creó por vez primera inseguridad en el sistema financiero.

 Además de seguir empobreciendo la ley del denario, creó una nueva moneda esquilmada en plata a la que otorgó un valor cercano a los dos denarios. O sea, la cuenta de la vieja: donde tenía uno, ahora tengo dos. Y las finanzas creativas también tiraron para arriba al decretar que el áureo de oro, que durante siglos había equivalido a cuarenta denarios, pasara a valer cincuenta. Pero, claro, el sacar dinero de la chistera no funciona por una sencilla razón: porque la gente pierde la confianza y el valor real de la moneda se devalúa, por lo que tanto bienes como servicios se encarecen.

 Para comprar una misma cosa, hacían falta más denarios que antes, y así en escalada progresiva. La inflación pavorosa llegaría tiempo después al 1000 %, el áureo prácticamente desaparecería y el denario quedaría reducido a un núcleo de bronce con un ligero baño de plata, lo que ya, a esas alturas, no engañaba a nadie. La inflación entraba por la puerta grande a la historia económica sin que los prohombres del momento supieran cómo combatirla. Se habla mucho de la crisis del siglo III del imperio romano achacándola a problemas políticos y sucesorios, cuando algunos historiadores consideran que fue la inflación la que en verdad carcomió el poderío romano desde dentro. La decadencia había comenzado bajo el soplo de una política monetaria fallida.

DIOCLECIANO Y SU EDICTO DE PRECIOS MÁXIMOS. Y en estas estábamos cuando el emperador Diocleciano, a finales del siglo III, decidió meterle mano a la inflación que arruinaba las finanzas públicas y a los ciudadanos. Comenzó creando nuevas monedas que no hicieron sino confundir aún más y devaluar aceleradamente a las nuevas criaturas monetarias. Y en el año 301 promulgó el famoso Edicto de Precios Máximos, por el que, además de tratar de responsabilizar a los malvados comerciantes por su supuesta avaricia, trató de fijar por ley los precios de más de mil productos, desconociendo por completo las leyes del mercado.

DENARIOS ROMANOS

 Y, claro, al final, son la oferta y la demanda las que ponen a todo el mundo en su sitio. Pasó lo que tenía que pasar, y el mercado hizo caso omiso de los precios reglamentarios, a pesar de los duros castigos impuestos a los que los incumplieran. El mercado negro se encargó de fijar el precio real de los productos, lo que hizo que el edicto se retirara.

CONSTANTINO CREÓ UNA MONEDA NUEVA Y SUBIÓ LOS IMPUESTOS. Tras un breve tiempo de inestabilidad, Constantino se hizo con el poder. Además de abrazar el cristianismo como religión del imperio, creó una nueva moneda de oro, el solidus, fundido en parte con el oro expropiado a los muchos templos paganos que fueron desacralizados, cuando no destruidos.

 Aunque la inflación remitió, Constantino subió los impuestos a los ciudadanos, lo que empobreció a las clases medias, los comerciantes y los artesanos. Los gastos enormes para mantener un imperio que ya no obtenía los enormes botines de las conquistas pretéritas aplastaban a la población romana. Mientras una minoría favorecida se enriquecía, el pueblo se arruinaba. El protofeudalismo mostraba el hocico en un imperio en decadencia.

ROMA, ENTRE OTRAS MUCHAS COSAS, NOS ENSEÑÓ LO QUE ERA LA INFLACIÓN, al sufrir en carne propia su enorme poder devastador. Pero como somos los únicos animales que tropezamos dos veces en la misma piedra, la maldita inflación aparecería en otras muchas ocasiones a lo largo de la historia. Ahora, que casi estamos en deflación, parecemos habernos olvidado de ella, pero quién sabe si ya ha comenzado a llamar de nuevo a nuestra puerta.

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