VIDA COTIDIANA A TRAVÉS DE LA HISTORIA – EL PRIMER PERIÓDICO DE LA ANTIGUA ROMA.

Por. Miguel Ángel Novillo

Las Actas diarias del pueblo romano recogían las principales noticias de Roma y se difundían a través de miles de copias

En los años en que Roma se convertía en la capital de un imperio, la vida en la ciudad se desarrollaba a un ritmo frenético. A cada momento ocurrían cosas que podían cambiar el devenir del Estado: un pacto entre líderes de facciones, un discurso en el Senado, una revuelta que estallaba en un rincón de Italia, una guerra exterior…

 Los habitantes de la ciudad estaban siempre pendientes de las noticias y los rumores, y quienes vivían lejos de la capital se angustiaban ante la falta de información. Para estos últimos, el medio más eficaz de información eran las cartas, que viajaban con gran rapidez por el magnífico entramado de calzadas romanas.

Cuando la noticia era importante, el destinatario hacía que las cartas pasaran de mano en mano, al modo de un boletín. Sin embargo, este sistema no bastaba para satisfacer el ansia de información rápida y fiable.

Fue así como a mediados del siglo I a.C. surgió en Roma algo muy parecido a un periódico. Se trata de las llamadas Actas diarias del pueblo romano (Acta diurna populi romani), creadas en torno al año 59 a.C. por Julio César.

 Así lo afirma Suetonio en la biografía que dedicó al dictador dentro de sus Vidas de los doce césares: «Una vez iniciada la función de su cargo, instituyó, el primero de todos, que las actas diurnas del Senado y del pueblo se confeccionaran y se publicaran».

Colgadas en el Foro

Inspiradas en anteriores recopilaciones de acuerdos legales y edictos, las Actas creadas por Julio César recogían los sucesos de diversa naturaleza ocurridos diariamente en la ciudad de Roma. Parece claro que se publicaban bajo la responsabilidad de un magistrado, aunque las fuentes no especifican cuál.

EL FORO

 Se ha aventurado que de su redacción se encargaban unos profesionales especiales llamados diurnarii, a quienes cabría así considerar como los primeros periodistas de Roma. Se cree que las Actas se inscribían en planchas de madera pintadas con cal o en planchas de madera enceradas, las cuales se colocaban en distintos lugares de acceso público al Foro, bajo custodia militar.

Dado el elevado porcentaje de analfabetos en la antigua Roma, pocos podían leer las noticias. Por ello existía la figura del pregonero (praeco), un funcionario de origen servil que durante un período de tres años se ocupaba de recorrer la ciudad comunicando oralmente las noticias, incluyendo sentencias judiciales, decretos o proyectos de ley.

Una industria de la copia

Las Actas publicadas en Roma se difundían por el Imperio a través de abundantes copias, realizadas a menudo en papiro. Por lo general, los copistas eran esclavos cultos de origen griego, aunque también podían ser ciudadanos libres que lo convirtieron en su oficio.

 La actividad estaba organizada por unos editores llamados librarii, que vendían las Actas distribuidas en capítulos y en páginas, pero no en hojas sueltas. Estas copias alcanzaban notable difusión, como se deduce del testimonio de Cicerón, quien en el año 45 a.C. escribía a un amigo: «Estoy seguro de que te envían las Actas de la ciudad, lo que me dispensa de escribirte noticias».

BANQUETES EN POMPEYA

A veces, más que copias íntegras, los corresponsales residentes en Roma —llamados nuntius o mensajeros— resumían las noticias que aparecían en las Actas. Así, Celio enviaba a Cicerón una recopilación de noticias al tiempo que le advertía: «Encontrarás aquí la opinión de cada orador en el resumen de las noticias de Roma.

 Toma lo que te interese, y no te fijes en asuntos triviales, como actores abucheados o ceremonias fúnebres. Pese a ello, creo que hay muchas cosas útiles, y por mi parte prefiero enviártelo todo, incluso detalles que no necesitas, antes que suprimir otros necesarios».

Hoy día no conservamos ninguna copia original de las Actas diarias del pueblo romano. Tan sólo conocemos su contenido a partir de las referencias que hacen a ellas los autores de la Antigüedad, como Cicerón, Suetonio, Plinio o Tácito.

Información y propaganda

Parece claro que en las Actas se destacaba sobre todo la información política, ya se tratara de las decisiones tomadas por el emperador, por los magistrados o por el Senado, o bien hechos relativos a la familia imperial que tenían relevancia pública.

Pero también había noticias sobre la construcción y dedicación de monumentos, compras y ventas de esclavos que tenían lugar en el Foro, fenómenos atmosféricos o prodigios verificados en la ciudad o en sus alrededores…

 En cambio, parece que no se hacía referencia a sucesos de política internacional o a guerras en el exterior, sino que la información se limitaba a Roma, al modo de un periódico local de nuestros días.

Desde luego, la información que aparecía en las Actas era la que querían los poderosos. Por ejemplo, en el año 45 a.C., según cuenta Dion Casio, «César hizo insertar en las Actas que le había sido ofrecida la realeza por el cónsul en nombre del pueblo, pero que él no la había aceptado», un gesto antimonárquico que el dictador deseaba que todos notaran.

LOS LIBRARIÍ

 Con el establecimiento del Imperio, las Actas tuvieron aún mayor importancia como instrumento de propaganda. De Livia, la esposa de Augusto, se decía que «sobrepasó a todas las mujeres en vanidad: cuando los senadores o incluso personas del pueblo se presentaban ante ella para saludarla, los acogía siempre y se cuidaba de que las Actas públicas dieran sus nombres».

Lo mismo hacía Agripina, quien «acogía públicamente a todos aquellos que se hacía insertar sus nombres en las Actas». Algunos emperadores preferían, en cambio, la propaganda del terror, como Cómodo, que «experimentaba un singular placer en que las Actas de Roma contaran todas sus crueldades y todas sus infamias», según cuenta la Historia augusta.

¿Cómo eran las Actas?

 Las Actas también tenían su sección de «noticias del corazón»: matrimonios, divorcios, nacimientos o defunciones en las principales familias de la ciudad.

 Para muchos era una cuestión de honor (o de vanidad) que estos acontecimientos apareciesen en las Actas; así, en una sátira de Juvenal, una esposa le dice a su marido, a propósito del hijo de ambos, recién nacido: «Eres feliz por sembrar en las Actas públicas las pruebas de tu capacidad viril».

En cuanto al estilo que tenía este primer periódico de Roma, puede darnos una idea la novela de Petronio, Satiricón, donde un personaje lee en un banquete una relación de noticias «a modo de las Actas»: «El VII de las calendas de julio, en los predios de Cumas, que pertenecen a Trimalcio, nacieron 30 varones y 40 hembras. Se han transportado de las granjas a los graneros 500.000 bolsas de trigo y se han aparejado 500 bueyes.

 El mismo día fue puesto en la cruz el esclavo Mitridates, por haber blasfemado contra el genio tutelar de Cayo, nuestro señor. El mismo día se depositaron en la Caja diez millones de sestercios sobrantes. El mismo día estalló en los jardines de Pompeya un incendio que tuvo origen en la cabaña de Nasta».

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SABER MÁS

EN BUSCA DE UN PÚBLICO

LOS POLÍTICOS romanos tenían su propio «servicio de prensa». Cicerón decía de un alegato que había escrito en favor de Sila: «No lo he,mantenido secreto, sino que lo he hecho copiar por todos los escribas, lo he difundido por todas partes, lo he publicado y dado a conocer al pueblo romano y a las provincias».

CÉSAR Y EL DIARIO DE SESIONES DEL SENADO

ADEMÁS DE LAS ACTAS DIARIAS, César creó las Actas del Senado del pueblo romano. Sin una periodicidad definida, constituían una especie de diario de sesiones del Senado, que incluía las leyes aprobadas y los discursos de los senadores. Se trataba

JULIO CESAR – COMENTARIOS SOBRE LA GUERRA DE LAS GALIAS

de una fuente de información valiosa, como refleja la petición que en 53 a.C. hizo CICERÓN a un amigo para que se informara sobre lo sucedido el año anterior, un momento de violentas luchas entre los populares, con apoyo de la plebe, y los aristocráticos optimates. Su corresponsal contestó: «He leído todas las Actas de ese período; he visto que, el 28 de febrero, un senado consulto (decreto) declaró que el asesinato de Clodio, el incendio de la Curia y el ataque a la casa de LÉPIDO eran atentados contra la República; que las Actas de ese día no contenían nada más».

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