VIDA COTIDIANA A TRAVÉS DE LA HISTORIA – DE LA MEDICINA A LA ADICCIÓN. EL OPIO EN OCCIDENTE.

POR. ALFONSO LÓPEZ

HISTORIADOR

Desde el siglo XVII, el uso medicina y del opio en Europa se extendió y dio paso al hábito, ya fuese bebido o fumado

El médico galés John Jones, en Cómo revelar los misterios del opio (1700), habla de los beneficios esta sustancia: «A menudo el opio quita el dolor mediante la distracción y la relajación provocadas por el placer y su incompatibilidad con el dolor»; «previene y quita la pesadumbre, el miedo, las angustias, el mal genio y el desasosiego»; ha hecho a «millones» de consumidores «más serenos y al mismo tiempo aptos para la administración de sus negocios».

Lo recomienda contra la gota, la hidropesía, el catarro, el asma, la disentería, el cólera, el sarampión, la viruela, los cólicos y otras dolencias. Reduce los vómitos, mitiga el hambre, alivia los dolores menstruales y las convulsiones, y —además de efectos afrodisíacos— provoca «el crecimiento del pene, del pecho y un aumento de la leche »Jones también previene sobre los peligros de un uso prolongado: «Un estado de abotargamiento, apatía y pesantez, como el de los borrachos crónicos, excepto cuando se está bajo el influjo del opio», lo que es imputable a quienes lo emplean «sin prudencia».

 Los elogiosos términos en los que se expresa Jones reflejan el entusiasmo de los médicos de su tiempo por las múltiples virtudes del opio, el jugo de la adormidera, que provienen de su principal ingrediente activo: la morfina. Ésta alivia el dolor, dulcifica los espasmos, reduce la fiebre e induce al sueño; como analgésico, produce euforia y amortigua la tensión y la ansiedad.

EQUIPO FUMADOS DE OPIO

También suprime la tos, estriñe al inhibir los jugos gástricos, retarda la respiración y dilata los vasos sanguíneos de la piel.

La era de los láudanos

 Aunque el opio era conocido desde la Antigüedad, su empleo experimentó un amplio auge a partir del Renacimiento, cuando la expansión comercial de Europa aumentó los contactos con el Imperio otomano, Persia y el Extremo Oriente, zonas donde se cultivaba la adormidera —el Corán prohíbe el consumo del vino, pero nada dice del opio (ni del cáñamo)—.

 El número de recetas médicas que incluían opio aumentó desde el siglo XVI; fue entonces cuando, según se dice, el famoso médico y alquimista Paracelso acuñó el término «láudano», una suerte de bálsamo fabricado por él y que contenía opio mezclado con sustancias como beleño, almizcle y ámbar.

 En adelante, el opio adquirió una reputación de medicina casi milagrosa que no sólo reparaba la salud, sino que proporcionaba un gran bienestar.

Aunque podía ingerirse en forma de píldoras convenientemente edulcoradas, pues el opio tiene un sabor amargo, se popularizó en forma de láudano, una solución de opio en alcohol —líquida, pues, y no sólida como el compuesto de Paracelso—.

CHINOS FUMANDO OPIO

 Con este tipo de preparación, el opio pasó a convertirse, entre los siglos XVI y XVII, en la medicina de las clases superiores, ya que en su elaboración se utilizaban ingredientes de elevado coste. Así, por ejemplo, en el láudano que lleva su nombre, el médico Thomas Sydenham (el «Hipócrates inglés») diluía opio en vino de Málaga, azafrán, canela y clavo. Con él trató a pacientes como el rey Carlos II y Oliver Cromwell, mientras que, en Francia, Richelieu, Colbert y Luis XIV tomaban el láudano del abate Rousseau.

La atracción del opio

 Durante el siglo XVIII, el opio se democratizó. Aumentó su flujo a Europa y América, y se diversificaron sus preparaciones: se presentaba en linimentos, grageas, enemas, jarabes… Como los láudanos, estos productos se vendían en boticas y prometían el alivio de todo tipo de dolencias

El consumo del opio creció, imparable. De aquel «curalotodo» universal, por entonces el único remedio eficaz contra la tos, los cólicos y el dolor, echaron mano Benjamin Franklin por su gota, o Robert Clive, el conquistador de la India, por sus cálculos biliares (Clive terminaría por suicidarse debido al insoportable dolor que le provocaban).

 El opio generaba la adicción de sus consumidores, y a veces las supuestas enfermedades que curaba no eran sino un pretexto para tomarlo, como en el caso del poeta inglés Coleridge.

 Del opio atraía su capacidad para aplacar la ansiedad y los nervios, así como de estimular las ensoñaciones, lo que hizo que recurrieran a él multitud de artistas y escritores. Uno de ellos, Thomas de Quincey, dejó el testimonio de su experiencia en Confesiones de un inglés comedor de opio (1821):

ANUNCIO DE HEROÍNA

«Mientras el vino desordena las facultades mentales, el opio (si se toma de manera apropiada) introduce en ellas el orden, la legislación y la armonía más exquisitos. […] el hombre que está borracho o que tiende a la borrachera favorece la supremacía de la parte meramente humana, y a menudo brutal, de su naturaleza, mientras el comedor de opio siente que en él predomina la parte más divina de su naturaleza; los efectos morales se encuentran en un estado de límpida serenidad y sobre todas las cosas se dilata la gran luz del entendimiento majestuoso».

 Más abajo en la escala social, la capacidad del opio para reducir las aflicciones proporcionaba a los trabajadores de las zonas industriales de Gran Bretaña un alivio temporal a las agotadoras jornadas en talleres y en minas.

El opio consumido en Europa provenía del Próximo Oriente y su contenido en morfina era mayor que el de la India, desde donde los ingleses lo introducían de contrabando en China, donde a finales del siglo XVIII el opio estaba prohibido.

La resistencia china a este comercio provocó dos guerras con Gran Bretaña(1839-1842 y1856-1860) que marcaron un cambio en la opinión pública hacia Oriente y hacia una nueva manera de consumir el opio: fumarlo. De la pipa a la aguja

 En China (donde los españoles habían llevado el tabaco desde América), el tabaco se fumaba y los fumaderos chinos se convirtieron en el compendio de las visiones europeas sobre un Extremo Oriente disoluto: eran algo depravado, vicioso y criminal, y sus clientes caían en la holganza y la miseria. Como manifestaría el médico sir Clifford Allbutt, estudioso del tema (e inventor del termómetro clínico): «El fumar opio, ya sea en Europa o en otra parte, no se condena por el daño directo que provoca, grande o no, sino por las circunstancias degradantes en que se lo busca; en Oriente es el recurso de aquellos que son la escoria del mundo».

Estas ideas se proyectarían sobre los fumaderos de opio que desde mediados del siglo XIX aparecieron en Europa y América con la emigración china. La morbosa atracción que ejercieron en la opinión pública se alimentó de novelas como El misterio de Edwin Drood, de Dickens (1869), y de las denuncias de la prensa de masas, que los mostraba como antros de perversión. Mientras se extendía la moda de fumar opio, aparecieron nuevas formas de consumirlo: en 1806 se extrajo la morfina, el principal alcaloide del opio, cuyo uso se vio facilitado por la invención de la aguja hipodérmica en 1853.

Empleada para combatir el dolor en todas las contiendas desde la guerra de Secesión, sus efectos eran más rápidos y potentes, y también quien la tomaba se hacía adicto más pronto, empezando por los soldados que la recibieron. Irónicamente, se consideró que estaba desprovista de efectos adictivos y se promocionó para deshabituar a los opiómanos, del mismo modo que se consideró que la heroína, un derivado de la morfina creado en 1883, permitiría superar la adicción al opio y a la morfina. El comercio de todas estas sustancias no comenzó a hallar trabas internacionales hasta 1912, con la firma de la Convención Internacional del Opio.

SABER MÁS

JUGO DE AMAPOLA

«OPIO» PROVIENE del griego opion, que designa el jugo de la adormidera: la Papaver somniferum, la amapola del sueño. Para obtenerlo, se hacen cortes en la corola y se logra un jugo lechoso, que se deja secar. Luego se cuece, se filtran sus impurezas y el líquido obtenido se seca; esa pasta es el opio.

GRAN BRETAÑA, EL MAYOR TRAFICANTE DE LA HISTORIA

EN EL SIGLO XVIII, Inglaterra tenía un importante déficit comercial con China, adonde fluía la plata inglesa para pagar las importaciones de té, sedas y porcelanas. El opio resultó ser el único producto occidental que, aparte de la plata, interesó a los chinos.

ADORMIDERA

La Compañía Inglesa de las Indias Orientales producía opio en la India, y desde allí lo introducía masivamente en China, cuyos soberanos habían PROHIBIDO su consumo e incluso su cultivo. Si en 1729 este contrabando ascendía a una tonelada y media, hacia 1838 se situó en torno a las 2.000 Toneladas ése fue el primer año en que la balanza comercial china fue deficitaria respecto a Occidente. No resulta extraño que China se enfrentase a Gran Bretaña para poner fin a un comercio ILEGAL y que resultaba dañino tanto para sus súbditos como para su economía.

HEROÍNA PARA TODOS

SI HACIA 1825 el farmacéutico alemán Heinrich Emanuel Merck comenzó a producir morfina al por mayor, en 1898 la empresa química alemana Bayer empezó a comercializar la heroína, que se ofreció como un sustituto inocuo de la morfina, de la cual ya se conocía su carácter adictivo. En forma de jarabe, se publicitaría como un eficaz remedio para la tos infantil.

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