UN MUNDO SUPERPOBLADO Y ENVEJECIDO

POBLACION

cenefa5

ANÁLISIS CRÍTICO DE JACQUES VALLÍN,

Demógrafo y director emérito de investigación en el Instituto Nacional de Estudios Demográficos (INED) en París

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El aumento de la esperanza de vida ha llevado hasta el paroxismo las tasas de crecimiento demográfico, pero el control de la fecundidad ha permitido establecer un nuevo equilibrio.

Superpoblados. Envejecidos. Al antiguo temor del número se le suma hoy en día el de la edad.

Sin embargo, ambos derivan del mejor y el mayor progreso jamás realizado por el ser humano: su victoria sobre el hambre y la enfermedad; y se deben por tanto a un gran malentendido.

El miedo al número irrumpió en la escena mundial cuando, a finales de los arios 1950, las Naciones Unidas publicaron sus primeras proyecciones de población mundial que nos prometían 6 000 millones de habitantes en un planeta que entonces no contaba con más de 2 000 millones y medio.

Lo más asombroso fue que el número provocó la consternación popular, cuando lo que los expertos de las Naciones Unidas querían era llamar la atención sobre los ritmos de crecimiento sin precedentes que se anunciaban: 2%, 2,5% e incluso quizás 3% anual.

A un ritmo del 2,5% la población se duplica en menos de treinta años. A un 3%, basta con veinticinco años. La proyección se detenía en el año 2000, pues ir más lejos sin poder prever la ralentización habría inquietado todavía más.

1-Mundo joven en el sur.metirta.online

Mundo joven en el sur.

 

Pero lo que las Naciones Unidas evitaron hacer, lo hicieron otros sin escrúpulos, y la opinión pública apenas se preocupó de averiguar quiénes eran los autores de la llamada “bomba P” que pronto haría explotar al planeta. ¿No tendrían la culpa de todo esto los países del tercer mundo y su exuberante fecundidad?

Por ello sería necesario imponerles draconianos programas de planificación familiar. Pero lo cierto es que olvidábamos dos cosas.

La primera es que la causa de la “explosión” demográfica no era un aumento extravagante de la fecundidad, sino el rápido descenso de la mortalidad infantil junto con la introducción en los países en vías de desarrollo de eficaces métodos de lucha contra las enfermedades infecciosas elaborados en Europa.

La segunda es que un siglo y medio antes era Europa la que, por la misma razón, experimentaba una rápida fase de crecimiento demográfico y que ésta no se vio privada de expedir sus excedentes a las cuatro esquinas del mundo, sobre todo a América del Norte.

La diferencia radicaba solamente en que la elaboración de las vacunas y los antibióticos había llevado tiempo y que la disminución de la mortalidad infantil había sido menos rápida y la explosión, menos brutal.

Sin embargo, la respuesta, el control de la fecundidad, bastante tardía y lenta en Europa, fue a su vez mucho más precoz y rápida en los países en vías de desarrollo.

 

 TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA

Los expertos de las Naciones Unidas tenían razón al no extrapolar a largo plazo lo que constataban a finales de 1950.

Con planificación familiar o sin ella, la fecundidad ha disminuido en Asia, en América Latina e incluso en África, a menudo de forma brutal.

El paroxismo del crecimiento de la población mundial se alcanzó a partir de mediados de los arios 1970 y la tasa de crecimiento mundial nunca ha llegado al 3%. En la actualidad, ha descendido a menos del 1,5% y se aproximaría al 0 antes de mediados de este siglo.

Por tanto, no había realmente motivos para inquietarse, sino que se deberían haber adoptado las disposiciones (ayuda al desarrollo especialmente) que habrían permitido a los países del tercer mundo pasar con los menores perjuicios posibles esa fase de transición demográfica.

Habría sido una justa compensación por parte de una Europa que apenas se retuvo en su época de colonización y de emigración masiva. La cuestión de la ayuda se ha planteado a menudo pero se ha hecho poco al respecto.

En lugar de ello, se han desplegado considerables esfuerzos para bloquear el camino a los inmigrantes procedentes del Sur, en muchas ocasiones haciendo caso omiso al respeto por los derechos humanos. La generalización al conjunto del mundo de la “transición demográfica” (ese paso de un régimen con una elevada mortalidad, que necesita una elevada fecundidad para que se mantenga la población, a un nuevo régimen en el que, gracias a los éxitos alcanzados sobre las enfermedades y la muerte, son suficientes dos hijos por mujer) es sin duda uno de los aspectos fundamentales de lo que llamamos actualmente “mundialización”.

2-Mundo joven en el Norte.metirta.online

Mundo viejo en el Norte.

Es la mundialización de los comportamientos demográficos modernos, inventados en Europa y transmitidos al resto del mundo con sus ventajas —una vida más larga— y sus inconvenientes —una fase de fuerte crecimiento difícil de gestionar en el plano económico y social, mientras que el control de la fecundidad sigue al de la mortalidad. Pero otros dos aspectos de esta transición deben llamar nuestra atención.

Por una parte, el envejecimiento demográfico, iniciado desde hace mucho tiempo en Europa, continuará y se generalizará a todo el planeta, es decir, también se mundializará.

Más que un pronóstico, es una consecuencia ineluctable de lo que de ahora en adelante se cumplirá: por un lado, el descenso de la fecundidad reduce el número de hijos y estrecha la pirámide en su base (envejecimiento por la base) pero, por el otro, la reducción de la mortalidad hasta edades muy elevadas la ensancha en su cima (envejecimiento por la cima).

Se trata de tomar conciencia de un nuevo equilibrio demográfico resultante de ese inmenso progreso que constituye la prolongación de la esperanza de vida media de los humanos. Y de extraer las consecuencias en términos de reorganización de nuestras sociedades.

 

RIESGO DE DEPRESIÓN EN EUROPA

Por otra parte, nadie conoce en realidad el final de la historia de la transición demográfica. Nada hace esperar que la fecundidad deje de disminuir, como por arte de magia, hasta el nivel necesario para la sustitución generacional. Muchos países europeos e incluso algunos países del Sur ya se sitúan por debajo de ese nivel.

¿Ese paso de tasas de fecundidad del orden de 1,5 hijos por mujer, o incluso próximos a 1, es puramente transitorio?

Si perdura o, lo que es peor, si el descenso se acentúa, tras los problemas del crecimiento rápido, la humanidad se arriesgaría a experimentar los efectos de un brusco decrecimiento, que no serían menores, y además el envejecimiento demográfico podría llegar a alcanzar proporciones rápidamente insostenibles.

Europa, históricamente la más avanzada en el plano de la transición demográfica, es también la más amenazada por el riesgo de depresión demográfica.

No hay duda de que en lugar de levantar barricadas contra la inmigración debería reflexionar sin tabúes sobre los beneficios que podría obtener del actual diferencial entre Norte y Sur. El mundo entero, tanto en el Norte como en el Sur, podría beneficiarse de ello.

 

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