TAOÍSMO – El tao y la alquimia.

alquimia interior

El deseo de inmortalidad

Taoístas de distintas épocas se afanaron por hallar la inmortalidad y concibieron técnicas alquimistas y productos, por ejemplo elixires y píldoras, que supuestamente prolongaban la vida. En este sentido, el cinabrio, el mercurio y el oro eran elementos de suma importancia.

No pocos a los que se prometía la longevidad con esos productos murieron por envenenamiento de mercurio; por este motivo, los alquimistas fueron ganándose una mala reputación en China, a pesar de que los primeros practicantes de este arte lograran éxitos importantes: a la zaga de sus investigaciones se descubrió, por ejemplo, la pólvora y numerosos preparados medicinales.

 El obstáculo que representaban las píldoras para alargar la vida llevó a un viraje hacia la «alquimia interior”: en lugar de mezclar sustancias en el laboratorio, se consideró al propio cuerpo y espíritu como un laboratorio interior, y se desarrollaron técnicas meditativas para estructurar el caos en uno mismo y hacer realidad el vacío y la unión mediante el cultivo de la vitalidad, la energía y el espíritu estimulador. La base para todo ello la constituye el principio del micro y macrocosmos.

Los cinco elementos

La dimensión del concepto de los elementos en el taoísmo es más metafísica que científico-natural. Los cinco elementos clásicos del taoísmo son: madera, agua, tierra, fuego y metal. El yin y el yang, ambos fuerzas centrales del universo, han dado origen a los cinco elementos. El fuego y la madera se asignan al yang, y el metal y el agua al yin; la tierra tiene un carácter neutro. Los cinco elementos actúan en el cosmos en cada caso en diferentes constelaciones.

Luopan, es la brújula circular del Feng Shui.

 Así la combinación madera-fuego-tierra-metal-agua da origen a algo, mientras que la secuencia fuego-agua-tierra-madera-metal es destructiva. «Lo perdurable en el cambio» es el principio central de las fuerzas del yin y el yang. En esta interpretación se basa también la medicina china, que parte del supuesto de que un elemento bloquea o estimula a otro. Por tanto, el equilibrio de las fuerzas en el cuerpo es un objetivo primario.

Feng Shui: la superación de la disociación con respecto a la naturaleza

En relación con los cinco elementos y las dos fuerzas se desarrolló en China el arte del Feng Shui (en chino o-viento-agua»); hoy en día, muchos occidentales estructuran su entorno y espacios vitales basándose en aquél, poniendo así en juego las interacciones entre ser humano, Tierra y cosmos. Los taoístas chinos emplean el Feng Shui sobre todo cuando quieren determinar el emplazamiento más apropiado para los edificios, las tumbas y los templos.

SABER MÁS

Los tres tesoros: jing, shen y qi

 Desde una perspectiva cosmológica, tres fuerzas determinan el cuerpo humano: la esencia vital, jing; el espíritu, shen; y la energía vital, qi (pronunciado chi), llamados en Taiwán los «Tres Puros». También aquí, el taoísmo exige vivir en armonía con las tres fuerzas. El shen se sitúa en la cabeza, con la que el ser humano puede reconocer el tao. El shen muestra el camino que debe recorrer el ser humano en su vida; mediante el shen puede conectarse con el cosmos y las leyes del tao.

 Dejar discurrir el tao, ése es el camino correcto: no hay que aferrarse a nada sino dejar todo en libertad. En el llamado «dantian» (por debajo del ombligo) se sitúa el centro de qi, la energía vital, que puede renovarse y mantenerse en circulación constantemente mediante ejercicios especiales (qi gong). En la región pélvica se localiza el jing: la energía para la sexualidad y para un fundamento seguro en la vida.

El principio del microcosmos y el macrocosmos

 La suposición de que entre el cosmos, la Tierra y el ser humano existen analogías es una de las ideas principales del taoísmo. Todo lo grande y lo pequeño, tanto arriba como abajo, está estructurado del mismo modo. Entre ambos mundos, el microcosmos (el pequeño mundo) y el macrocosmos (el gran mundo, el universo), existe una relación recíproca, ambos se componen de los mismos elementos, que se corresponden entre sí en todos sus detalles —considerando que su forma material es sólo la expresión visible de una fuerza oculta que recorre a ambos—.

Paracelso cábala y alquimia.

En consecuencia, el ser humano está estructurado del mismo modo que el universo; el universo y la Tierra tienen asimismo una estructura análoga. De ahí que las estrellas ejerzan influencia en los seres humanos, con lo cual queda formulada una idea preliminar para la astrología según la cual la disposición de las estrellas influye directamente en el camino vital del ser humano. Los elementos están estructurados también de modo análogo, y actúan en correspondencia. En este punto se concentra el núcleo de la alquimia: la mente del hombre influye los procesos en la materia según su voluntad.

 Quien logra vincularse a las fuerzas que fluyen a través de lo grande y lo pequeño es un mago. Quien reconoce las conexiones de la naturaleza en razón de la similitud de las señales externas puede obrar un efecto curador. Tales conocimientos no resultan desconocidos en Occidente. El médico suizo Paracelso (1493-1541), dedicado a la cábala y la alquimia, obtuvo una complicada sistematización del ser humano como reflejo microscópico del macrocosmos que constituyó la base para sus conocimientos en el campo de la medicina y de sus éxitos como médico.

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