SOBRE LA CREACIÓN DE LOS ÁNGELES.

Por Alix- de Saint-André

ANTES DE TODO ESTO…

«En el principio, Dios creó el cielo y la tierra», ésa es la primera frase de la Biblia. Todo un areópago de viejos Padres de la Iglesia (san Basilio, san Gregorio Nacianceno, san Hilario, san Jerónimo, Juan Damasceno y Orígenes) piensa que los ángeles son anteriores basándose en el Libro de Job, donde Dios pregunta a éste: « ¿Dónde estabas al fundar Yo la tierra? (…) ¿Sobre qué se asentaron sus basamentos o quién colocó su piedra angular, cuando cantaban a coro de las estrellas del alba y aclamaban unánimes los hijos de Elohim?»1 Pero los Hijos de Dios, Bené Elohim en hebreo, designan en la Biblia a los ángeles. Cuando Dios creó la tierra, los ángeles ya estaban allí para aplaudir

1. Job (XXXVIII, 4-7)

EL PRIMER DÍA, DOMINGO Dios crea el cielo, la tierra y la luz

A favor: Cosmas el Sirio (año 550). Los ángeles fueron creados el primer día, al principio de todo, al mismo tiempo que el cielo y la tierra. En la oscuridad se preguntaban, estupefactos, sobre su origen, hasta que Dios creó la luz. Entonces fueron iluminados, reconocieron a Dios y le adoraron.

A favor, pero más tarde ese mismo día: san Agustín. «Dios dice: “Hágase la luz y la luz se hizo”. Es justo ver en esta luz la creación de los ángeles, porque con toda seguridad fueron hechos partícipes de la luz eterna que es la inmutable sabiduría de Dios misma.»1

 En contra: El rabino Luliani bar Tabri: «Yo, Yaveh, hacedor de todo, que desplegué los cielos Yo solo; que extendí la tierra por Mí mismo».2

 Si los ángeles hubiesen estado ahí, habrían podido ayudar a Dios, ayuda que habría sido muy perjudicial para el monoteísmo. Por este motivo, en líneas generales, el judaísmo sostiene que los ángeles no fueron creados el primer día.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

¿ralem, angelical? videlicet et mundanam; ac deinde humanam, quasi communem ex spiritu et corpore constituam.

1. En La ciudad de Dios (XI, 2).

2. Isaías (XLIV, 24).

EL SEGUNDO DIA, LUNES El firmamento separa las aguas

A favor: el rabino Yohanán (siglo III). «Los ángeles fueron creados el segundo día. Esto es lo que está escrito: “Construyes en las aguas tus altos aposentos”.1 También está escrito: “Haces de los vientos sus ángeles”.»

A favor: el rabino Eliecer, que se apoya en el mismo versículo y lo explica: el segundo día, el Santo, bendito sea, creó el firmamento, los ángeles, el fuego de los seres de carne y de sangre y el fuego de la Gehena. Los ángeles fueron creados el segundo día; cuando son enviados como mensajeros de Su palabra, se mudan en vientos y cuando sirven en Su presencia, se transforman en fuegos, como está dicho: «Haces tus mensajeros a los vientos, tus ministros al fuego llameante.»2

A favor: Petrus Comestor o Perro el Comedor, que encuentra otra razón: «Aunque la obra de este segundo día era buena, como lo era la de los demás, sin embargo no se lee respecto a ese día: “Dios ve que esto era bueno”. Los hebreos cuentan, en efecto, que ese día fue hecho el ángel que es el diablo, Satanael, es decir Lucifer. Los que tienen costumbre de cantar la misa de los ángeles el lunes, el segundo día, como en alabanza de los ángeles fieles, parecen darle la razón: el número 2 tiene mala fama en teología, porque es el primero en apartarse de la unidad. Y Dios es unidad, y detesta la división y la discordia.3 Por eso la obra del segundo día sólo es alabada el tercero, considerado como su acabamiento. »4

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Salmos (CIV, 3-4).

2. Salmos (CIV, 4).

3. Proverbios (VI, 19).

4. Historia scholastica.

EL TERCER DÍA, MARTES La tierra reverdece, los árboles crecen

En contra: una tradición musulmana cree que el día durante el que Dios creó lo detestable es el martes.1 Por lo tanto no los ángeles, que son impecables.2

De todos modos, nadie está a favor.

EL CUARTO DÍA, MIÉRCOLES Los astros

A favor: los musulmanes. «Dios creó los ángeles el miércoles, los djinns el jueves y a Adán el viernes.»3

EL QUINTO DÍA, JUEVES Los peces y los pájaros

A favor: el rabino Hanina (siglo III): «Los ángeles fueron creados el quinto día puesto que está escrito: “Y la gente alada vuela por encima de la tierra contra el firmamento del cielo”. Y también está escrito (a propósito de los serafines): “Con dos alas, cada uno volaba”.4 Los ángeles con dos alas fueron creados al mismo tiempo que los pájaros.»

 ¿Quién lo sabe?

NOTAS A PIE DE PÁGINA.

1. Tabari (XXIV, 95).

2. El islam no considera por regla general a Satán como un ángel.

3. Tabari (I, 83), bajo la autoridad de Ibn Anas.

4. Isaías (VI, 2): «Unos serafines se mantenían erguidos por cima de aquél, con seis alas cada uno; con dos cubríanse el rostro, con dos se cubrían los pies y con dos volaban».

EL SEXTO DÍA – VIERNES, es el de la creación de los animales y del hombre, y el séptimo, sábado, «descansó y tomó respiro»,1 —salvo entre los musulmanes, donde Dios no está nada fatigado.

En el Corán no existe descripción de la creación del Inundo día a día, incluso aunque se suponga: «Vuestro Señor es Dios; creó los cielos y la tierra en seis días. A continuación se colocó en el Trono disponiendo la Orden.»2 Pero es seguro que Alá no descansa jamás. Por eso el día de descanso del Islam es el viernes, día de la creación del hombre, y no el sábado, shabbat entre los judíos que santifican así el día de descanso divino, de acuerdo con el Tercer Mandamiento. En cuanto a los cristianos han trasladado su shabbat del sábado al domingo, día de la resurrección de Cristo, de la creación del inundo y de la recreación de la humanidad…

En nuestros días es frecuente ver en este relato del Génesis un entretenido cuento que habría abusado de la ingenuidad de nuestros antepasados, poco formados en el rigor científico. Pero no es así. Cuando leemos sus comentarios se nota que nunca se tomaron este texto al pie de la letra sino que lo vieron como la expresión de un misterio. Los fundamentalistas y otros «creacionistas», que son nuestros contemporáneos, les parecerían idiotas o ignorantes. En el siglo I, Filón de Alejandría, «explicaba el Génesis poco más o menos como los estoicos explicaban Homero: para ellos, la Iliada y la Odisea eran alegorías profundas donde se encerraba la filosofía más alta».3 Más tarde, cuando san Agustín (quien afirmaba que «la letra mata y el espíritu vivifica»4) dice que los ángeles fueron creados el primer día, explica que por ser llamado ese día «uno» (dies unus) y no «primero», el segundo, el tercero y los siguientes no son otros días, sino que ese día es el mismo día único, repetido para formar el número seis o siete.

 En el Corán, ciertos versículos cuentan que, a escala de Dios, la duración de un día es de mil años, 5 y los ismaelitas deducen de ello que en la creación hay que ver una sucesión de seis fases o de seis ciclos. Para otros se trataría de una imagen para hacer accesibles al hombre unas abstracciones particularmente complejas cuyo punto de partida es el número 6, a un tiempo suma y producto de los tres primeros: (1 + 2 +3) = (1 x 2x 3) = 6.

Algo más sorprendente todavía: existe incluso una tradición rabínica evolucionista antes de tiempo para explicar el origen de los espíritus malignos; descenderían de la hiena macho tras múltiples transformaciones: a los siete años la hiena se convierte en murciélago, el murciélago en vampiro, el vampiro en ortiga, la ortiga en espino-serpiente, y el espino-serpiente en demonio…6 ¡Quince siglos antes de Darwin por lo menos! Sea como fuere, en las tres tradiciones, el ángel es una criatura espiritual y anterior al hombre, hecho que le ha valido a veces el título, por parte de los seres humanos, de «hermano mayor».

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Éxodo (XXXI, 17).

2. Corán (X, 3).

3. Émile Mále, E Arte religieux du xlue siecle en France (libro IV, cap. 1)

4. San Ambrosio, citado por san Agustín en Confesiones (libro VI, cap. 4).

5. Corán (XXII, 47).

6. Baba Kamma (16 a). Citado por Julien Klener in Démonologie talmudique et ashkénaze, coloquio de Lieja y de Lovaina la Nueva, 2526 de noviembre de 1987.

¿CÓMO?, ¿eh? ¿Hablan los ángeles? Y en caso afirmativo, ¿qué lengua?

En este punto, todos barren para casa. Los musulmanes creen que hablan el árabe, en virtud de una frase del profeta Mahoma: «Amad a los árabes por tres razones: porque yo soy ttrabe, porque la lengua del Corán es el árabe, y porque los discursos de los habitantes del Paraíso están en árabe.»1 Y no sólo los ángeles del islam hablan el árabe; también lo escriben, y escribirlo es una de las múltiples tareas celestiales.

 Los judíos y los primeros cristianos, entre ellos san Pablo, piensan que hablan hebreo. Como ellos. Salvo el ángel Gabriel, que habla 70 lenguas.2 El número 70 simboliza en la Biblia a las «naciones», es decir los pueblos no judíos. Por lo tanto, Gabriel es perfectamente políglota. Pero es el único.

 Una tradición judía posterior al nacimiento del cristianismo resulta más satisfactoria. Cuenta que, en el momento de la construcción de la torre de Babel, «el Santo, bendito sea, llamó a los setenta ángeles que rodean el trono de Su gloria y les dijo: “Venid, descendamos y confundamos las setenta naciones y las setenta lenguas”. Asignó un ángel a cada nación, pero Israel ¿fue su parte y su lote»?. 3 Así fue como, enseriado por un ángel, cada pueblo tuvo su escritura y su lengua, mientras el pueblo de Israel conservaba el hebreo original. Esto explicaría que todos entiendan a los ángeles en su propia lengua. ¡Si el arcángel san Miguel se hubiese expresado en hebreo con Juana de Arco, que ni siquiera sabía leer ni escribir el francés, la guerra de los Cien Años aún duraría!

Nótese que, según santo Tomás, «Los ángeles no hablan, en sentido propio de esa palabra: se limitan a producir en el aire sonidos que son semejantes a las voces humanas».4 Evidentemente.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Referido por At Tabanri.

2. Haguiga (16 a).

3. Capítulos de Rabbt Eliezer, cap. 24. Verdier.

4. Suma teológica (Q. 51, art. 3).

¿QUÉ? o el pan de los ángeles

¿Comen los ángeles? Y en caso afirmativo, ¿qué comen? ¿Hay algo que llevarse a la boca en los cielos?

 El problema no parece de un nivel muy elevado, cierto, pero sin embargo se plantea. Porque, una vez más, las piezas dispersas en los textos sagrados permiten construir hermosos mecanos.

En efecto, cuando Moisés está en el desierto, mes y medio después de la salida de Egipto, el pueblo empieza a gritar que va a morirse de hambre. Y le dice Dios a Moisés: «He aquí que os voy a llover pan desde el cielo».1 Al día siguiente, después de evaporarse una capa de rocío: « ¿Qué es? (…)

 La casa de Israel lo llamó con el nombre de maná, y era a modo de semilla de cilantro, blanco, y su sabor como de hojuela hecha con miel.»2

En hebreo, man quiere decir « ¿qué?». Los hebreos se alimentarán de preguntas hasta su llegada al país de Canaán. En un salmo que evoca este episodio, ¿el maná es calificado de «celeste trigo» y de «pan de los ángeles» o «pan de los Fuertes»?3

¿Supone esto decir que se trata del alimento de los ángeles?

 Es lo que pensaba Rabbí Aqiba en el siglo H. Pero rápidamente se encontró contra las cuerdas porque Rabbí Ismael le replicó que los ángeles no comían pan porque, durante los cuarenta días que pasó en la montaña con Dios, Moisés no había comido ni bebido.

En presencia de Dios no se tiene ni hambre ni sed.

 Y los ángeles están en presencia de Dios, por lo tanto no comen…

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1.Éxodo (XVI, 4). También el Corán (II, 57) habla del asunto.

2.Éxodo (XVI, 1415, 31).

3. Salmos (LXXVIII, 24-25).

A este respecto, no ha sido preciso esperar al positivismo liara que los propios creyentes busquen una explicación natural al milagro de ese pan caído del cielo. En el siglo III, los monjes de Santa Catalina, en el Sinaí, explicaban que ese maná provendría, de hecho, de las picaduras que hacen las cochinillas en los tamariscos para extraer la savia. Fabrican así una especie de miel que fluye desde las ramas y se solidifica en las noches frías de las montañas al sur del Neguev. Los años lluviosos, los beduinos recogen este sucedáneo de miel rico en hidratos de carbono para comerlo. También lo llaman man.1 Entonces ¿en qué quedamos? ¡Los buenos monjes no por ello arrojaron sus sayales a los espinos! Para ellos, bis repetía, los textos tenían distintos niveles de lectura, y el sentido literal era desde luego el más bajo.

 Vuelta a los ángeles y a sus tentempiés. Si no es cierto que los ángeles coman el maná, en cambio, según la tradición, son ellos, celestiales panaderos, quienes lo moldean… Se le llama el «pan de los ángeles» porque lo hacen, y el «pan de los Fuertes» porque los hombres que lo comen se vuelven tan fuertes como ellos. Después de haberlo digerido, tampoco necesitan ir a un rincón apartado, cosa muy práctica en el desierto: « ¡Como los ángeles, no tienen el uso de ano! »2

En el principio de los tiempos, los ángeles añadían a su función de panaderos las de cocineros y sumilleres, ¿porque, antes de su caída, «los ángeles asaban para Adán la carne y le filtraban el vino»? Asimismo, mucho más tarde, cuando san Diego de Alcántara, pobre franciscano, cayó en éxtasis justo en el momento en que debía preparar la comida de sus hermanos monjes, unos ángeles acudieron amablemente a sustituirle en esa tarea. Las personas que lo duden pueden ir a museo del Louvre donde verán el cuadro de Murillo, La cocina de los ángeles, que ilustra ese milagro.

 Por otro lado, en la comida preparada por la Sabiduría3 (de Dios), hay pan y vino. Para los judíos, el «pan designa la ley escrita, y la ley oral, que encierran cosas mucho más preciosas que todos los platos deliciosos del mundo».4

Cuando Cristo dice, refiriéndose al maná: «Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed»,5 se sitúa como palabra viva y nutriente de Dios, «pan vivo bajado del Cielo».

 Los católicos y los ortodoxos llaman por tanto a las hostias consagradas, que son el cuerpo de Cristo bajo apariencia de pan en la Eucaristía, el «verdadero pan de los ángeles». En cuanto a los ángeles, a pesar de que hacen el pan, no comen.

 Esto les crea un verdadero problema de régimen cuando se dirigen de incógnito a la tierra en forma humana para realizar alguna secreta misión divina. Testigo: el ángel de Dios que visita a la esposa de Manóah, estéril, para anunciarle que será madre de un hijo peludo, el futuro Sansón.

 En su segunda visita, como es natural entre humanos bien educados: «Respondió el Ángel de Yaveh a Manóah: »— ¡Permite te retengamos y preparemos un cabrito que servirte! »Mas el ángel de Yaveh contestó a Manóah: »—Aunque me retuvieras no comería de tu manjar. Pero si quieres ofrecer un holocausto6 a Yaveh, ofréceselo.»7

Y el ángel de Yaveh desapareció sencillamente en la llama del sacrificio.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Según el Diccionario enciclopédico del judaísmo, Bouquins, Laffont.

2.Éxodo Rabba (25, 3). 3. Sanedrín (59 b).

3. Proverbios (IX, 5).

4. Zohar (III, 271, b).

5. Juan (VI, 35).

6. Holocausto: sacrificio ofrecido a Dios en el que se quemaba a la víctima. Emplear este término para designar el exterminio de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial es una aberración blasfema: eso supondría que ese exterminio fue agradable a Dios.

7. Jueces (XIII, 15-16)

¡Esta especie de brutal salida de escena te quema en el acto la mejor de las mantas! Del mismo modo, el ángel de Dios que va a ver a Gedeón había encendido con la punta de mit bastón el sacrificio preparado por éste… Los ángeles son de fuego y el fuego consume (consuma) el fuego. Según la descripción de san Justino (contemporáneo de Rabbí Aqiba): «Los ángeles no tienen como nosotros dientes y mandíbulas: absorben los alimentos devorándolos, lo mismo que el fuego devora el combustible…»1

Sin embargo, en la Biblia existe una comida angelical muy célebre que planteó muchos problemas a los comentaristas. La que ofrece Abraham a los tres ángeles que van a visitarle a la Encina de Mambré. Porque Abraham «tomó cuajada y leche y el ternero que había aderezado, y lo presentó ante ellos, y mientras él se mantenía en pie junto a ellos debajo del árbol, éstos comían».2

 Está escrito. Pero es imposible que lo hayan hecho, en primer lugar porque un ángel no come, en segundo lugar porque ese alimento, que mezcla el becerro a la leche de su madre, no estaba permitido. Incluso si la Ley no fue revelada sino mucho más tarde a Moisés, ya existía antes y se sobreentiende claramente, en la tradición judía, que los patriarcas la observaban — ¡y con mayor motivo los ángeles!

 Pero es asimismo imposible que el texto mienta, por lo tanto o bien ese «ellos» concierne a Abraham y familia y no a los ángeles, o bien los ángeles hicieron ademán de comer. Los exégetas se han quedado la mayoría de las veces con esta última solución; se basan para ello en un ejemplo más tardío, el de Rafael en el Libro de Tobías que confiesa: «Veíais que no

comía nada sino que teníais ante los ojos una visión.»3 Adoptando antes de tiempo el principio de san Ambrosio, «en Roma, haz lo que hagan los romanos», cuando asumen la forma humana para cumplir una misión en la tierra, los ángeles hacen lo mismo que los humanos. Según Filón, semejante actitud es, de su parte, simbólica y cortés a un tiempo. Santo Tomás llama a esto la «manducación espiritual».

En el Corán, el problema de esa problemática comida queda resuelto de forma radical: Abraham ofrece a los ángeles un becerro asado sin cuajo ni leche, es decir alimento permitido, pero «cuando vio que sus manos no se acercaban: a la comida, los reprobó y se llenó de terror».4

Precisamente para Abraham, el hecho de que no coman es indicio de que sus huéspedes son ángeles. Éstos le tranquilizan enseguida: «No te asustes, le dijeron, porque hemos sido enviados al pueblo de Loth.» Hablando en plata: es Sodoma la que tiene buenos motivos para preocuparse…

En los cielos, los ángeles no comen. Pero de todos modos se alimentan. Siguiendo a Rabbí Isaac, los rabinos citan el salmo: «Sus ministros son un fuego llameante».5 Este fuego angélico es alimentado por el esplendor resplandeciente de la presencia de Dios, porque está escrito: «En la luz del rostro del rey está la vida».

Pero no todos están tan cerca de Dios. Los ángeles no habitan juntos en el mismo piso. Para los que se alojan cerca de la planta baja, «su alimentación consiste en Torá6 y en buenas obras hechas en el mundo inferior»,7 es decir que si los hijos de Israel dejaban de estudiar la palabra de Dios y de realizar buenas obras, esos ángeles serían privados de alimento.

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. En Diálogo con Trifón

2. Génesis (XVIII, 8).

3. Tobías (XII, 9).

4. Corán (XI, 69-70).

5. Salmos (CIV, 4).

6. 0 Pentateuco: los cinco primeros libros de la Biblia, atribuidos a Moisés.

7. Maggid del «Bet Yossef».

 El Zohar 1 cuenta en efecto la extraña vida de los ángeles Intermitentes. Situados en la segunda residencia, por lo tanto no muy arriba (en lo Alto hay siete residencias), estos ángeles encargados de luchar contra las malas inclinaciones de los hombres «se nutren del aroma y del perfume de Abajo a fin de elevarse en su ascensión para ser más luminosos. Empiezan a entonar un cántico, pero deben interrumpirlo para ponerse en marcha de nuevo, permaneciendo invisibles hasin que los hijos de Israel entonen a su vez un cántico que vuelva a darles consistencia y les permita manifestarse iluminando más. Cuando los hijos de Israel estudian la Torá, esos ángeles echan a volar para ir a testimoniar en lo Alto»…2 ¡Es la plegaria de los hombres lo que recarga sus pilas!

Para los musulmanes, es su propia plegaria la que alimenta a los ángeles: «Exaltarle es su alimento, santificarle su bebida, invocarle por Sus hermosos nombres y Sus atributos su ocupación favorita, adorarle su alegría.»3 Estos platos angélicos llevan el mismo nombre: «El Tesbih (alabanza a Dios) y el Tandiss (gloria a la santidad de Dios) forman el alimento de los ángeles.»4 Se comprende mejor que en el siglo XVIII, cuando el luterano sueco Swedenborg, tras una buena comida, vio aparecer un ángel luminoso, la primera palabra que el ángel le habría dirigido fue: «¡No comas tanto!»

NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Libro del esplendor, obra fundamental de la mística judía, del siglo XIII.

2. En Tratado de los palacios, Zohar, tomo 1, Verdier.

3. Qazwini.

4. Dicho por Al Hakem según Ibn Omar.

¿CUÁNTOS ángeles hay?

También en este punto es inútil esperar una respuesta precisa en la Biblia.

 Según los talmudistas más antiguos, el número de ángeles es infinito. Cada legión de ángeles está formada por mil veces mil ángeles, o sea un millón, pero se ignoran cuántas legiones hay… Para dar un ejemplo preciso, en el monte Sinaí Dios se apareció con 22.000 legiones de ángeles.1

 A menudo se emplea en su lugar el término «miríada», que significa diez mil en griego, pero que simboliza ante todo una cantidad innumerable. «Los carros de Elohim se cuentan por miríadas, millares de arcángeles»; 2 dice el salmo. «Miles de millares le servían y miríadas y miríadas estaban de pie ante él», 3 según Daniel. «Y su número era miríadas de mirladas y millares de millares»,4 según san Juan.

 ¿Cuántas? 496.000 miríadas, según ciertos comentaristas, 499.000 según otro, lo cual nos haría pensar en una población de ángeles de medio millón de individuos. El número avanzado por los kabalistas del siglo XIV (301.655.722) sólo afecta evidentemente a los ángeles que vienen a la tierra —es, decir a una ínfima minoría de la población celeste—. Y además hay que considerarla como una estimación provisional y ampliamente superada en la actualidad, porque, según el pensamiento judío, la creación no ha terminado, y Dios puede seguir fabricando ángeles todos los días si eso Le apetece. Y por eso cantan: «Cada día el Altísimo crea una clase de ángeles que recitan en su presencia un cántico y se marchan.»5 ¿Cómo realizar un cálculo angélico? Entre los judíos, gracias al juego de cifras y de letras; en el alfabeto hebraico, e tiene veintidós letras, cada letra es también un número: llueve primeras letras corresponden a las cifras de 1 a 9; a nueve siguientes a las decenas, de 10 a 90; las cuatro últimas cuentan como 100, 200, 300 y 400. Luego basta con buscar un pasaje explícito. Por ejemplo, se puede «medir» la estatura de Dios6 a partir de un versículo de un salmo de David: «Grande es Yaveh y su grandeza es insondable»,7 deduciendo que la grandeza del Señor es igual al valor numérico de «insondable», en hebreo verav koah, es decir 236.000 parasangas.7

Redondeando la parasanga en cinco kilómetros, que es poco más o menos su valor, Dios tendría por lo tanto 1,1.80.000 kilómetros de alto…

Es tanto más grande cuanto que los comentaristas se apresuran a añadir que la medida de una parasanga de Dios es de (res millas, que una milla tiene diez mil metros, un metro tres empanes, y un empán divino contiene el mundo entero, porque «Él ha medido el cielo con un empán»… En resumen, se trata menos de medir a Dios, cosa imposible, que de amodorrarse haciéndose una idea de su vertiginoso universo: «Para Su grandeza, no hay medida», añade además el mismo versículo del rey David…

Para los cristianos, la creación se detuvo al final del sexto día. Por lo tanto, el número de ángeles es finito. Pero también inimaginable. San Cirilo de Jerusalén explica que el espacio ocupado por los seres es un medio de evaluar su número. Pero la tierra, dice Cirilo no es más que un grano de polvo si lo comparamos con la inmensa esfera de los cielos que la envuelve. Como los cielos están llenos de ángeles, debemos admitir que éstos forman una multitud incalculable. Sobre todo porque más allá de los cielos se encuentran los cielos de los cielos, que también están habitados… Cirilo concluye que el número de ángeles supera cualquier idea.

 En cuanto a san Hilario y san Ambrosio, según ellos hay una iluminación numérica en la célebre parábola sobre la oveja perdida:

 « ¿Quién de vosotros, que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra se la pone sobre los hombros, alegre, y cuando llega a casa convoca a los amigos y a los vecinos, para decirles: “Alegraos conmigo, porque encontré a mi oveja perdida”. Os digo que lo mismo habrá más alegría en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no tienen necesidad de arrepentimiento.»9

Para ellos, los ángeles son las noventa y nueve ovejas fieles, y el género humano la oveja perdida. Los ángeles serían por tanto noventa y nueve veces más numerosos que los hombres. Noventa y nueve veces más que todos los hombres nacidos, vivos y por nacer en la tierra —cosa que no resulta fácil de resumir en cifras…

Los cristianos también pueden calcular el número de ángeles a partir del número de demonios, considerados por ellos como ángeles caídos, sabiendo, según el Apocalipsis, que 11 los ángeles cayeron en la proporción de uno a tres.10 Pero los demonólogos, que vemos prosperar no en la Edad Media, como a menudo se cree, sino a principios del Renacimiento, período fasto en la creación de brujas, sí cuentan los demonios. Jean Fier, médico del duque de Borgoña, contó, 4119.126. En el siglo XV, al cardenal-arzobispo de Túsculo le salen 133.306.668. Número que hay que doblar para obtener de los ángeles, es decir: 266.613.336. En un siglo, el cardenal acusa un déficit de ángeles de 35.042.386 en comparación con los judíos de la Kábala… ¿Dónde han ido a parar?

 Repitamos una vez más que, en los textos, el valor de las cifras es simbólico y esos cálculos presuntamente sabios sólo pretenden dejar a un lado el vértigo. Su precisión figurada pone a la imaginación en condiciones de imaginar lo inimaginable. En el Corán, los ángeles van más bien por millares: «Yo os auxiliaré con mil ángeles que se sucederán ininterrumpidamente», «os auxilié con tres mil ángeles», «cinco mil»11 luego… Lo cual permite entender que su número es grande pero indeterminado. «Para dar una noción, en el cielo, hay una mezquita, y desde la creación del universo 70.000 ángeles van a celebrar allí su oficio de plegarias todos los días y no vuelven nunca más. Por lo tanto, cada día 70.000 nuevos ángeles se dirigen a esa mezquita para su oficio.»12 ¿Cuántos años ya, desde el big-bang, multiplicado por 365, multiplicado por 70.000? Supera nuestro entendimiento. Baste saber que, cuando un hombre acaba completamente la lectura del Corán, se dice que 60.000 ángeles van a rezar volando por encima de él… Eso ya no está tan mal.

 En resumen, todo el mundo está de acuerdo: «Nadie a no ser Él, conoce los ejércitos de tu Señor».13

 NOTAS A PIE DE PÁGINA

1. Rabbí Abdimi.

2. Salmos (LXVIII, 18).

3. Daniel (VII, 10).

4. Apocalipsis (V, 11).

5. Berechith Rabba (78).

6. En Hekhaloth Zutarti.

7. Salmos (CXLV, 3).

8. Medida bíblico-coránica. (Entre la traducción bíblica española y la francesa hay una desviación de significado: «grandeza» equivale a tamaño.)

9. Lucas (XV, 4-7).

10. Y la cola del Dragón «barrió la tercera parte de las estrellas del cielo y las lanzó a la tierra». Apocalipsis (XII, 4). El texto designa al Dragón como el diablo, y las estrellas son sus ángeles.

11. El Corán (VIII, 9; III, 124; III, 125).

12. Muhammad Hamidullah, Las nociones islámicas sobre el ángel.

13. Corán (LXXIV, 34).

ÁNGELES Y SERES SOBRENATURALES