SINTOÍSMO – La doctrina del sintoísmo.

Emperador Akihito

Una religión orientada al individuo

El sintoísmo no tiene un fundador. Su actitud con respeto a los seres humanos y al mundo es positiva. La religión postula que el individuo es bueno por naturaleza y que el mal está causado por espíritus malintencionados. Así, el sentido y el objeto de muchos rituales es aplacar a esos espíritus del mal mediante la purificación, las ofrendas y las oraciones.

 Los rituales son ejecutados por sacerdotes, que pueden estar casados y que sólo están mínimamente organizados. El sintoísmo carece de libros religiosos importantes, aunque algunos textos, entre ellos el Nihonshoki (del siglo VII) y el Kojiki (del siglo VIII) desempeñan un papel importante en la religiosidad cotidiana, porque incluyen muchas leyendas e historias de la vida religiosa del antiguo Japón.

Sintoísmo y la Casa imperial

En la leyenda, los hijos de los dioses, los kami, están jugando y como consecuencia de ese juego el mundo termina siendo fértil, de modo que los dioses pueden complacerse en su belleza.

Aquí se muestra la actitud positiva de base del sintoísmo, que en la creación de la Tierra sólo ve cosas buenas. Los creyentes consideran un signo de la importancia de la Casa imperial el hecho de que los dioses crearan en primer lugar el sol, Amaterasu.

 El mito de la divinización de los gobernantes ha conducido con frecuencia en el curso de la historia japonesa (en última instancia en 1945) a una conexión directa de la religión sintoísta con el Estado y la Casa imperial.

Los dioses del Japón Izanagi e Izanami

Formas del sintoísmo

A lo largo de su evolución, el sintoísmo no ha dado lugar a distintos dogmas u orientaciones éticas sino más bien a formas diversas de participar en los ritos y fiestas tradicionales. En este sentido, se pueden distinguir tres tipos principales: M’a shinto, kyoha shinto y minkan shinto.

 El jinja shinto (sintoísmo de santuario) es el más antiguo y la forma religiosa más extendida. Está rígidamente organizado y cuenta con aproximadamente 80.000 grandes santuarios en el país. Estos santuarios, en los que se venera a los dioses, son los ámbitos por excelencia de los seres sobrenaturales. Para honrarlos se les ofrecen oraciones, danzas ceremoniales y donaciones.

 De las formas nacionales del finja shinto evolucionó el kokka shinto (sintoísmo de Estado), en estrecha relación con el sintoísmo de la Casa imperial. El kyoha shinto (sintoísmo de sectas) abarca hoy 13 grupos reconocidos e innumerables subgrupos surgidos a partir del siglo XIX, cada uno con sus propias creencias. Con frecuencia, han sido fundados en épocas de crisis por una figura carismática y generalmente subrayan la adoración a una determinada deidad central.

 El minkan shinto (sintoísmo popular) está representado sobre todo en las zonas rurales. Sus rasgos más característicos son los rituales realizados como protección contra los demonios, la magia propiciatoria de la fecundidad, y los ritos que atañen a los fenómenos naturales y a los cambios de estación en relación con los ciclos vegetativos.

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La génesis de Japón

 Una de las grandes leyendas del Kojiki, que conoce cualquier niño japonés, describe la creación de Japón por una pareja de dioses: «En un principio, sólo existían el cielo y el mar, que carecía de todo movimiento. El Altísimo Señor del Cielo creó a Izanagi e Izanami, como dioses masculino y femenino respectivamente, quienes habían de crear con una lanza ornada de diamantes las primeras tierras aptas para la vida y la muerte, la felicidad y el dolor.

 Ambos dioses se situaron en el puente del cielo y batieron con su lanza las aguas del calmado mar. Cuando el agua empezó a girar, sacaron la lanza del mar y, de las siete gotas que cayeron de ella, surgieron las siete islas flotantes de Japón. Para completar el mundo, los dioses crearon a sus hijos Sol, Luna, Montañas y Fuego».

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