Rusia en transición: la era de Yeltsin.

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Por: Juan Avilés

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La primera década de existencia independiente de Rusia fue un período en que se produjo la transición de un sistema económico basado en la propiedad estatal a una economía de mercado y de una dictadura de partido único a un sistema, si no plenamente democrático, al menos más abierto. Sin embargo, hay que añadir que el estilo de gobierno de Yeltsin fue siempre opuesto al espíritu democrático, que la economía de mercado que se construyó en aquellos años estaba minada por la corrupción y por la arbitrariedad estatal, y que el proceso de cambio implicó muchos perjuicios para los ciudadanos.

 

  1. El nuevo Estado ruso

Boris Yeltsin, el principal promotor de la independencia de Rusia y su presidente en los años noventa, procedía de las filas comunistas. Tuvo una brillante carrera política y en 1985 se convirtió en el primer secretario del Partido Comunista en Moscú, cargo del que fue destituido tras un enfrentamiento con Gorbachov, a quien acusó públicamente de falta de decisión al abordar las reformas necesarias. Este enfrentamiento con la cúpula soviética, cada vez más desprestigiada, incrementó la popularidad de Yeltsin, quien a partir de 1989 se convirtió en impulsor de la soberanía rusa, frente a los intentos de Gorbachov de defender el poder central. En 1990 abandonó el Partido Comunista y en junio de 1991 venció en las primeras elecciones presidenciales democráticas que se celebraron en Rusia. Su momento de gloria le llegó en agosto de 1991, cuando se puso al frente de los manifestantes que en Moscú se opusieron al intento de golpe de Estado. En diciembre de 1991 se reunió con los líderes de Ucrania y Bielorrusia, con los que acordó la disolución de la Unión Soviética. Rusia se convirtió así en un Estado independiente y ocupó el puesto de la Unión Soviética en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

1-Boris yeltsin

Boris yeltsin

Rusia era un mosaico de etnias diversas y el nuevo Estado no se definió en un sentido étnico. La ciudadanía rusa correspondía a todos los habitantes del Estado, independientemente de la etnia a que pertenecieran y la lengua que hablaran. Por otra parte, el hecho de que muchos ciudadanos de etnia rusa hubieran quedado en el territorio de otros Estados, como Estonia, Ucrania o Kazajistán, fue aceptado sin protesta. El porcentaje de rusos era particularmente elevado en las repúblicas bálticas de Estonia y Letonia, donde se aprobaron leyes que exigían el conocimiento de la lengua local para obtener la ciudadanía, pero ello tampoco generó un conflicto. Únicamente en Moldavia, una república de lengua rumana situada entre Ucrania y Rumania, se produjo la secesión violenta de la región del Transdniester, una región al este del río Dniester cuya población es mayoritariamente rusa debido al flujo migratorio que se produjo en la época soviética, cuando la región se convirtió en un foco de desarrollo industrial.

Al igual que el propio Yeltsin, la mayor parte de los líderes y los cuadros de la nueva Rusia habían pertenecido a la burocracia soviética, pues no se produjo un desplazamiento de los funcionarios comunistas del tipo que se dio en la Europa centro-oriental. Por otra parte, no existía un diseño institucional que pudiera sustituir fácilmente a la dictadura del partido. No estaban bien definidas las relaciones entre el presidente y el parlamento y existía además el complejo problema de las relaciones entre el poder central en Moscú y las 89 entidades territoriales que integraban la República Federal Rusa. Yeltsin no prestó, sin embargo, gran atención a estas cuestiones en la etapa inmediatamente posterior a la independencia, cuando su prestigio era máximo, porque consideró prioritaria la reforma económica.

 

  1. Las reformas económicas

Yeltsin era un hombre de acción, y asesorado por jóvenes economistas como su primer ministro Yegor Gaidar, principal arquitecto de la reforma, optó por una terapia de choque que transformara el sistema soviético en una economía de mercado en el menor tiempo posible, una opción que recomendaban también las grandes instituciones económicas internacionales. El coste social fue muy alto y en los primeros años de la reforma se deterioró gravemente el nivel de vida de buena parte de los rusos, que ya había retrocedido durante los últimos años del período soviético. El primer problema eran los precios, que en el período soviético eran fijados por la administración y a finales de 1991 resultaban en muchos casos artificialmente bajos. En enero de 1992 Gaidar liberalizó los precios de muchos artículos de consumo, lo que generó una espiral inflacionista. La inflación se mantuvo muy elevada hasta 1995, pero la liberalización fue en conjunto un éxito, pues lo precios pudieron volver a cumplir su función económica de orientar la oferta y la emanada, algo que en Rusia no había ocurrido durante setenta años.

Se aceleró también la privatización de las propiedades esta les, tales como las viviendas (a mediados de los años noventa la mitad de las familias rusas eran ya propietarias de sus viviendas), las pequeñas empresas y, a partir de 1993, también las grandes. El proceso fue tan rápido que en 1996 casi el 90% de los trabajadores de la industria estaban empleados en el sector privado, aunque en buena medida las empresas privatizadas siguieron bajo el control de sus directivos anteriores, quienes se hicieron con importantes paquetes de acciones. Surgieron por otra parte numerosas empresas nuevas, muchas de ellas dedicadas al pequeño comercio, y se desarrolló la banca privada. En el sector agrario el ritmo de cambio fue más lento, pero se redujo gradualmente el papel de las grandes granjas colectivas, mientras que aumentó el de los productores privados, normalmente, familiares, que en 2001 suministraban algo más de la mitad de la producción agraria. La última fase de la privatización se produjo a finales de 1995, cuando una decena de las mayores empresas que seguían en manos del Estado fueron cedidas a buen precio a grandes banqueros rusos.

En contraste con el ritmo acelerado de la privatización, fue lento el desarrollo de aquellas instituciones sin las que una economía de mercado no puede funcionar adecuadamente, tales como compañías de seguros, empresas de auditoría y sobre todo órganos de regulación estatal. El nuevo Estado ruso se mostró poco eficiente en funciones básicas como asegurar que los contratos se cumplen, recaudar los impuestos necesarios, evitar la inflación y ofrecer una red de protección social. Los límites entre legalidad e ilegalidad se hicieron muy difusos y se produjo el ascenso del crimen organizado, que adquirió una influencia económica considerable, aunque quizá la importancia de este fenómeno se haya exagerado debido a su espectacularidad. Para el empresario medio, los obstáculos principales no venían de la extorsión criminal, sino de una burocracia arbitraria y corrupta. Las mayores empresas podían obtener exenciones fiscales gracias a su influencia política, mientras que muchas otras escapaban de la presión fiscal mediante el falseamiento de su contabilidad. De hecho era casi imposible que una empresa subsistiera dentro de la legalidad, es decir, sin recurrir a la evasión fiscal y al soborno de funcionarios. La salida de capital al extranjero ha sido también muy importante. En cambio, la falta de seguridad jurídica y la arbitrariedad burocrática frenaron la inversión extranjera, a pesar del atractivo que representan las riquezas naturales de Rusia, su amplio mercado, sus trabajadores cualificados y sus bajos salarios. En 2000 la inversión directa extranjera en Rusia fue tres veces menor que en Polonia y diez veces menor que en China.

2-La Duma o Parlamento ruso

La Duma o Parlamento ruso

El descenso de los salarios reales se mantuvo durante todos los años noventa, en los que la productividad del trabajo se redujo, mientras que el desempleo no aumentó mucho. Los trabajadores se aferraron al empleo en sus antiguas empresas, aunque se deteriorara el nivel adquisitivo de los salarios, y los empresarios no trataron de reducir costes mediante despidos masivos. La desigualdad de ingresos se incrementó y un 20% de la población se vio reducida a la pobreza, según estimaciones oficiales. La importancia que adquirió la economía sumergida hace, sin embargo, pensar que el hundimiento del nivel de vida no fue tan grande como lo sugieren las estadísticas. Prueba de ello es que durante los años noventa aumentó el consumo. Por otra parte, no ha habido ni en los años noventa ni después estallidos significativos de protesta social, aunque no han faltado las huelgas. La gente se ha centrado en sus propios problemas de supervivencia, desinteresándose de los problemas generales.

 

  1. La crisis política de 1993

El malestar social generado por el inicio de las reformas y la ausencia de un reparto de poder bien establecido entre el presidente y el parlamento contribuyeron, sin embargo, a que se produjera una grave crisis política. Cuando en marzo de 1993 Yeltsin anunció que se disponía a asumir plenos poderes, el Congreso de los diputados intentó destituirle, pero no alcanzó la mayoría cualificada de dos tercios de los votos, necesaria para ello. En septiembre, Yeltsin anunció que se proponía disolver el Congreso y que gobernaría por decreto hasta que fuera elegido un nuevo parlamento. Ante ello el Soviet Supremo (la cámara alta del parlamento) acordó su destitución y el vicepresidente Alexander Rutskoi asumió la presidencia interina, pero Yeltsin logró garantizarse el apoyo de las Fuerzas Armadas y mantuvo el control. Rutskoi y quienes lo apoyaban se negaron a abandonar el edificio del parlamento, pero cuando a comienzos de octubre manifestantes favorables a los parlamentarios trataron de ocupar otros edificios oficiales, Yeltsin recurrió a la fuerza y envió carros armados contra el parlamento. Los enfrentamientos causaron un centenar de muertos.

Lo ocurrido fue una tragedia para la naciente democracia rusa, pero Yeltsin salió reforzado. En diciembre de 1993 el pueblo ruso eligió un nuevo parlamento, que retomó su vieja denominación de Duma, y aprobó en referéndum una nueva constitución, de marcado carácter presidencialista. Tras ello el gobierno de Yeltsin se hizo más arbitrario y corrupto y tendió a apoyarse en los grandes magnates de las empresas privatizadas, los llamados oligarcas, que asumieron el control de los principales medios de comunicación. La salud del presidente se estaba deteriorando, debido a problemas cardiacos y quizá también al alcoholismo, algo muy frecuente entre los varones rusos.

A la limitada consolidación de la democracia contribuyó la debilidad de los partidos políticos, que no lograron convertirse en representantes de la voluntad popular del conjunto de Rusia. A diferencia de lo ocurrido en algunos países de la Europa centro-oriental, en Rusia el hundimiento del comunismo no fue el resultado de una movilización popular a favor de la democracia, sino que fue la dirección comunista la que optó por el cambio. El incipiente movimiento democrático surgido a finales de los años ochenta no llegó a formular un programa coherente tras la desaparición de la Unión Soviética y sus diversos componentes adoptaron líneas distintas. Algunos de ellos apoyaron a Yeltsin y otros a la oposición. Los niveles de afiliación a los partidos cayeron muy pronto. Ninguno de los diferentes partidos surgidos del movimiento democrático tuvo resultados satisfactorios en las elecciones de 1993, en las que surgió una Duma muy fragmentada, en la que cerca de la mitad de los diputados apoyaban las reformas liberalizadoras emprendidas por Yeltsin, mientras que en la oposición destacaba la importancia de los comunistas y de los ultranacionalistas.

 

  1. Los problemas de la federación y la primera guerra de Chechenia

Rusia no era un Estado unitario, sino una federación integrada por 89 entidades de diverso tipo, 21 de las cuales tenían entidad de repúblicas autónomas y comenzaron a asumir a partir de 1990 amplios poderes. La relación entre estas entidades y el gobierno central se basaba a menudo en acuerdos bilaterales, al margen de lo estipulado por las leyes. Con todo, se evitó que la federación se disolviera. Sólo la república de Chechenia, de mayoría musulmana, optó por la secesión de hecho.

Por un tiempo pareció que Rusia iba a aceptar la secesión de Chechenia, un territorio de apenas un millón de habitantes, situado en la vertiente septentrional del Cáucaso, pero en 1994 Yeltsin se decidió a actuar. Los chechenos eran uno de los pueblos incorporados al Imperio ruso en las guerras del siglo XIX y durante la Segunda Guerra Mundial fueron deportados por orden de Stalin a Asia Central, de donde no se les permitió volver hasta el período de Khruschev. En el momento de la disolución de la Unión Soviética los nacionalistas chechenos pretendieron obtener la independencia, al igual que lo hicieron las quince repúblicas socialistas soviéticas que integraban la Unión, a las que la Constitución soviética sí reconocía el derecho a la secesión.

En las difíciles circunstancias de Rusia a finales de 1991, no les fue, sin embargo, difícil a los nacionalistas chechenos más radicales, encabezados por el Dzochar Dudaiev, que había sido general de aviación en el ejército soviético, hacerse con el poder en Chechenia mediante un golpe de mano. Tras ello Dudaiev convocó elecciones, las ganó y proclamó la independencia. Su régimen se caracterizó desde muy pronto por sus tendencias autoritarias, por la ilegalidad generalizada y por el colapso de los servicios públicos, lo que dio lugar al desarrollo de una oposición interna.

3-república de Chechenia

República de Chechenia

Para el gobierno ruso, la dirección que había tomado Chechenia se convirtió en un grave problema, por motivos políticos (la secesión unilateral de una república era un mal precedente), económicos (ya que el principal oleoducto desde los yacimientos del Caspio atravesaba territorio checheno) y de seguridad (en 1994 criminales chechenos secuestraron varios aviones). En una primera fase, Rusia se limitó a suministrar armas a los enemigos internos de Dudaiev, que iniciaron una insurrección en septiembre de 1994, pero su escaso éxito llevó a Yeltsin a la crucial decisión de atacar con una columna blindada rusa Grozny, la capital chechena, en noviembre. El ataque fracasó ante la firmeza de las fuerzas chechenas que contaban con la ventaja defensiva que ofrecen las calles y edificios de una gran ciudad y los rusos tuvieron importantes bajas. Era el comienzo de una sangrienta guerra que se prolongó durante casi dos años, fue impopular en Rusia y desacreditó a Yeltsin. En diciembre el ejército ruso comenzó un bombardeo masivo de Grozny, que causó miles de muertos entre la población civil, y en marzo de 1995 la ciudad fue ocupada, tras lo cual la resistencia chechena adoptó técnicas guerrilleras, mientras que los rusos adoptaron medidas represivas al margen de la legalidad, incluida la tortura de los sospechosos arrestados.

A mediados de 1995 las llanuras de Chechenia estaban bajo firme control ruso y la resistencia se limitaba a las montañas fronterizas. Los chechenos recurrieron entonces a tácticas terroristas, sobre todo por iniciativa de su líder más radical, Samil Basaiev, quien en junio de 1995 cruzó la frontera con un centenar de hombres y ocupó un hospital en una pequeña ciudad rusa, tomando más de mil rehenes, tras lo cual pudo retirarse. En abril de 1996 un misil ruso mató a Dudaiev, pero la resistencia no cesó y en agosto ambas partes acordaron un cese el fuego.

 

  1. De Yeltsin a Putin

En 1996 Yeltsin se encontraba con una salud delicada, una popularidad que descendía en picado y una oposición al alza de los comunistas, que habían sido el partido más votado en las elecciones parlamentarias de 1995. Las elecciones presidenciales se presentaban por tanto difíciles, pero finalmente Yeltsin se impuso al candidato comunista, obteniendo el 54% de los votos. Sus últimos años de gobierno, aunque menos conflictivos, estuvieron también marcados por dificultades, como la grave crisis financiera que sufrió Rusia en el verano de 1998, que forzó al gobierno a admitir una fuerte devaluación del rublo respecto al dólar. Esta devaluación, al impulsar las exportaciones, facilitó, sin embargo, una rápida recuperación económica. Al año siguiente Yeltsin anunció su dimisión y encomendó la presidencia interina hasta las próximas elecciones a su nuevo primer ministro, Vladimir Putin. Falleció en 2007, a la edad de 76 años.

 

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