ROMA Y TIERRA SANTA.

Texto: Arturo Pérez Almoguera. Profesor Titular de Historia Antigua.

BAUTISMO

LA BASÍLICA CONSTANTINIANA DE SAN PEDRO

Como es sabido, la antigua basílica fue destruida durante los siglos XVIXVIII y reemplazada por la monumental construcción barroca.

 El examen de los muros recientemente descubiertos trajo la confirmación de la fecha de construcción de la antigua basílica en la época constantiniana.

 Era una construcción alargada de cinco naves —la del centro tenía más de 20 m de ancho— cuyas dos columnatas internas llevaban un arquitrabe y las dos restantes, unos arcos. Las claraboyas estaban colocadas muy arriba y provistas de unos ventanales relativamente pequeños.

 Una sala transversal estrecha, pero desproporcionadamente larga (unos 15 x 100 m), separaba las naves del muro del presbiterio, formando un leve saliente con respecto a los muros exteriores de la iglesia.

La gran nave central daba a esta especie de crucero por un arco de triunfo. El muro del coro era plano, excepto en medio, detrás de la Confesión, donde había un ábside adornado con un mosaico que representaba a Constantino ofreciendo el monumento a Cristo Redentor y a San Pedro.

ÓNICE DE CONSTANTINO

Un atrio, o patio rodeado de cuatro pórticos, precedía las entradas a la basílica, que tenía su presbiterio al oeste, al igual que otra basílica constantiniana, la del Gólgota, en Jerusalén.

 El estudio de los muros de fundación de la basílica constantiniana permitió hacer también unas singulares observaciones. Por el lado sur, el pavimento de la basílica se levanta unos 7 m sobre el nivel del suelo primitivo, debido a la situación montañosa del terreno.

 Por el contrario, los muros del lado norte tienen relativamente poca profundidad, de manera que el nivel del terreno y el de la iglesia casi es el mismo.

El lugar que eligió Constantino era, pues, aparentemente poco apropiado para la edificación de una gran basílica de cinco naves con crucero y atrio, ya que para realizar su grandioso plan tuvo el emperador que superar dificultades extraordinarias.

 No sólo tuvo que enfrentarse con problemas de orden material, sino también de orden moral, ya que allí se encontraban ya los mausoleos de los que hablamos anteriormente; se trataba, por tanto, de hacer desaparecer debajo de la nueva construcción un lugar de sepultura de ricas familias paganas.

 Se deduce de todo esto la presencia de un factor especial de suprema importancia en esta elección concreta del terreno y de su nivel. Este factor no puede ser otro que el conocimiento de la situación de la tumba del Príncipe de los Apóstoles.

 Y, efectivamente, si tomamos la tumba como punto de partida, vemos que, encontrándose en la parte relativamente alta de la pendiente de la colina vaticana, constituye el centro del hemiciclo absidal y determina, por tanto, el eje principal de la basílica.

OTRAS BASÍLICAS CONSTANTINIANAS. JERUSALÉN

En toda su actividad de constructor, Constantino sólo construyó cuatro basílicas semejantes: dos en Oriente, para honrar los lugares santificados por Cristo en Belén y Jerusalén, y otras dos en Occidente: la de Letrán, en honor del Salvador, y la del Vaticano, para honrar a San Pedro.

Nos detendremos un momento en la descripción de las dos primeras. En efecto, en Palestina, Constantino edificó dos iglesias en los lugares de la Natividad y de la sepultura. Iglesias que han sido completamente modificadas desde su fundación.

Su plano general ha podido, sin embargo, ser reconstruido gracias al estudio de lo que subsistía del edificio primitivo, comparándolo con las primeras descripciones que se hicieron de él y con las representaciones pictóricas del conjunto. Su asociación con las ciudades más santas de la cristiandad y su fecha (ambas fueron probablemente empezadas hacia 326) indican ya de por sí la influencia que pudieron ejercer directamente sobre la arquitectura religiosa posterior.

 En el Gólgota, el arquitecto Zenobius dispuso las diferentes partes del Santo Sepulcro en una sucesión alternada de espacios cerrados y abiertos.

 Desde la parte este, que daba a un mercado, se entraba a un atrio de columnas y desde ahí a una inmensa basílica de planta cuadrada, de cinco naves paralelas. Iluminada por una claraboya, forrada de mármoles de color y cubierta de techos planos y dorados, la basílica —desaparecida cuando el saqueo del 614 por los persas— terminaba por un crucero y un ábside o santuario rodeados de varios que conducían al patio del calvario, atrio pequeño cercado de pórticos.

 Al oeste de este patio se alzaba la rotonda del Anastasis de la Resurrección, justo encima de la tumba de Cristo.

 El edificio no era muy grande (de unos 30 m de diámetro), circular y adornado de nichos.

Una columnata, también anular, lo dividía en un pasillo periférico y una sala redonda central, estando esta última cubierta por una cúpula. Así era el «estuche» que cobijaba el Santo Sepulcro propiamente dicho.

 Este último, colocado bajo un baldaquino de cuatro columnas, estaba constituido por un fragmento de roca tallada en el sitio mismo alrededor de la cámara funeraria, en el interior de la que se veía —como hoy día puede comprobarse— el lecho de la sepultura de Jesús, mientras que delante de la entrada se encontraba la «piedra rodada» que se apartó delante del Resucitado en la mañana del Domingo de Resurrección.

A pesar del carácter excepcional de este conjunto monumental, todos los elementos del estilo paleocristiano están claramente reunidos. Cada parte cumplía con su cometido —el atrio para los catecúmenos y los visitantes, la basílica para los participantes de la comida eucarística y la rotonda para la veneración de los peregrinos— y quedaba, por tanto, independiente.

 Pero la sucesión rítmica de zonas de luz (las zonas a cielo abierto) y semioscuras, la repetición de grados arquitectónicos establecían un vínculo, esmeradamente estudiado, entre lo más exterior y lo más sagrado.

LA BASÍLICA DE BELÉN

En Belén, se levanta la iglesia de la Natividad de Cristo, fundada por Santa Elena, madre de Constantino.

 Excepto los techos, que fueron renovados, y todo el presbiterio, transformado bajo Justiniano en el siglo VI, la basílica del siglo IV está intacta.

 Un poco pequeña, utiliza los mismos elementos que el Santo Sepulcro, pero de manera más agrupada. Había probablemente un atrio, más o menos cuadrangular, encerrado entre unos muros y el eje de la basílica.

 Ésta se presentaba como una sala rectangular muy amplia, alargada, pero bastante ancha, que cuatro filas de columnas más bien macizas dividían en una nave central y cuatro colaterales.

 Todos idénticos, los fustes de las columnas, las basas y los robustos capiteles corintios demuestran un trabajo esmerado, que debió ser obra de un solo taller, sin duda imperial.

 Al contrario de tantas iglesias antiguas, incluso prestigiosas, la iglesia constantiniana de Belén rechaza el aprovechamiento de antiguos elementos.

BASÍLICA DE SANT BOU (MENORCA)

 En la extremidad del edificio no hay crucero, sino una sala octogonal que daba a la cueva de la Natividad.

Este octógono, amplio como las dos terceras partes de la basílica y cubierto, según parece, por un tejado piramidal de madera, centrado exactamente en el lugar del acontecimiento, marcaba el lugar sagrado, al igual que la rotonda del Anastasis en Jerusalén.

 Al mismo tiempo permitía circular a los visitantes y a los peregrinos. Del mismo modo que en el Santo Sepulcro, nos encontramos, por tanto, con la asociación de una basílica de tipo corriente con un edificio a la vez práctico e idóneo para realzar un lugar memorable.

LA TUMBA DE SAN PEDRO

En la Capilla clementina de la iglesia subterránea de San Pedro se procedió al examen de un muro, y se descubrió detrás de él un producto complejo de diversas épocas, rico en mármol y pórfido.

 Quitaron entonces este muro dúplice para examinar lo que tapaba, y apareció en la zona superior de la capilla, la parte inferior de un altar medieval.

Así se hizo visible en toda la anchura de la capilla una incrustación de mármol; una exploración del altar reveló que allí también continuaba el revestimiento marmóreo.

 Un estudio comprobó que dicho revestimiento pertenecía a un monumento sepulcral erigido por Constantino.

Su reconstrucción muestra que tenía por delante una abertura a manera de pórtico; circundando esta casasepulcro se levantaba un cimborio cuadrado cuyas columnas estaban unidas por canceles de mármol.

 Cuatro de las columnas (que eran seis en total) cerraban por detrás el ábside, dos de las cuales, las del centro, eran al mismo tiempo las traseras del cimborio, que se adelantaba hacia el crucero.

Hasta este descubrimiento se admitía generalmente que en el Occidente cristiano, ya en el siglo IV, existían altares fijos de piedra, como en Oriente, por eso sorprendió el hecho de comprobar que sobre la tumba de Pedro se elevaba un monumento sepulcral en vez de un altar. Parece, por tanto, que dicha costumbre no estaba establecida en la primera parte del siglo IV.

De todas formas, el centro del cuadrilátero cubierto por el cimborio quedaba libre, encontrándose el monumento sepulcral en la parte posterior, y se debió colocar allí una mesaaltar portátil cada vez que se celebraba el santo sacrificio de la misa según la costumbre de los primeros siglos cristianos.

BASÍLICA DE SANTA SABINA (ROMA)

 Gregorio el Grande introdujo complicados e ingeniosos cambios arquitectónicos en la Confesión de Constantino, pero tuvo cuidado en preservarla. Estos cambios tenían por finalidad poder celebrar la misa encima de la tumba del apóstol.

 En efecto, el desarrollo del culto cristiano a los mártires en Occidente condujo a la conexión de sus sepulcros con el altar, conexión que con el tiempo se volvió tan íntima, que hoy, para la consagración de un altar, es preciso depositar en él reliquias de los mártires.

 Gregorio elevó un monumento sepulcral nuevo a un nivel más alto. En el curso de estas obras, las cuatro columnas de detrás del monumento constantiniano fueron movidas hacia adelante y colocadas en una misma hilera con las dos delanteras del cimborio.

Así, el monumento sepulcral quedaba envuelto por detrás y por ambos lados, mientras que por delante el pavimento quedaba a su antiguo nivel y desde éste, por dos escaleras, se subía al sobreelevado presbiterio, donde se celebraba la misa, valiéndose de la parte superior del templete sepulcral a modo de altar.

 La exploración de la construcción sepulcral de Constantino hizo aparecer como médula de su envoltura de mármol un antiguo monumento funerario que constaba de tres nichos colocados uno sobre otro, de los cuales uno, bajo tierra, quedaba invisible.

 Los dos de arriba estaban separados por una placa de piedra que por delante descansaba sobre dos columnas de mármol.

 En la parte norte del monumento, detrás de la obra constantiniana, se encuentra un muro de sostén cubierto de multitud de inscripciones cristianas, con nombres tan apiñados unos sobre otros que apenas se pueden leer.

Además, se encuentran nombres seguidos de una aclamación a Cristo (vivas in Christo).

 El significado de estas aclamaciones corresponde al actual requiescat in pace, y es por tanto una fórmula corriente en muchas otras inscripciones sepulcrales.

IGLESIA DE LA NATIVIDAD (BELÉN)

Cuando se encuentran en el ámbito de sepulturas cristianas tantas inscripciones de este tipo en un espacio tan reducido, es señal segura de que nos hallamos ante el sepulcro de un mártir.

 La pared de las inscripciones esconde también antiguos restos de palabras en letras griegas, entre las que se encuentra el fragmento de un nombre cuyas cuatro primeras letras se han conservado, y que, completadas, dan el nombre petros.

 En resumen, de lo expuesto hasta ahora, parece, pues, que la construcción sepulcral de Constantino no es otra cosa que una especie de estuche de mármol y pórfido de un monumento más antiguo, cuyas inscripciones y cubierta constantinianas lo muestran como la tumba de San Pedro. Quedaba ahora por precisar la datación de este monumento; si lo consideramos en relación con la necrópolis pagana a la que pertenece, deducimos que es del siglo II, ya que los mausoleos que rodean el arca sepulcral cristiana son de esa época.

 Se pudo precisar aun más la fecha al hallar detrás del «muro rojo» un pasadizo que terminaba por una escalera muy empinada. Debajo de ella encontraron una zanja de desagüe cubierta con tejas que llevaban una estampilla.

 Ésta permitió demostrar que procedían de una alfarería que perteneció a Marco Aurelio, y se fecharon en el año 160. Si consideramos que la zanja, la escalera y el muro rojo con su sepulturanicho son de un mismo tiempo de construcción, la datación anteriormente mencionada podría aplicarse perfectamente al monumento sepulcral preconstantiniano.

EL FIN DE LAS EXCAVACIONES

Por fin, la última etapa de las excavaciones fue el examen de una pequeña cámara, situada debajo del nicho subterráneo del conjunto anteriormente mencionado, donde fueron encontrados huesos humanos.

 La conclusión de estas investigaciones es que el Príncipe de los Apóstoles debió tener una tumba muy sencilla, una fosa en la tierra desnuda, y esa pobre tumba fue tan removida y deteriorada, que hoy cuesta trabajo reconocerla.

 Este sencillo enterramiento no debe sorprender, ya que tenemos que recordar que Pedro fue ajusticiado públicamente y eso significaba, según el derecho romano, la pérdida del derecho de sepultura.

 Solamente, por una especial súplica a la autoridad, se concedía el poder enterrar al ajusticiado en una tumba ordinaria. También las señales de destrucción que muestra la tumba están conformes con los acontecimientos que nos transmite la historia con relación a ella.

 Así, hacia el 258, los mismos cristianos habrían abierto la tumba del Vaticano para poner en lugar seguro los restos mortales durante el tiempo de la persecución de Valeriano.

 Esto sólo ya es suficiente para explicar el que falten las tejas de la cubierta y el destrozo de la fosa de tierra. Otra noticia histórica informa del cerco de Roma por los sarracenos el año 846. Las basílicas del Vaticano y de la vía Ostiense fueron saqueadas, y los tesoros de sus tumbas robados.

IGLESIA DEL SANTO SEPRULCO (JERUSALÉN)

 En efecto, el monumento presenta señales manifiestas de ataques enemigos que destrozaron completamente el coronamiento de la estancia central por la parte norte. Otra evidencia de saqueo es la falta de toda moneda u otro objeto de oro.

Sólo una plaquita votiva de oro fue hallada, pero en un lugar inaccesible a los saqueadores. Reunidos todos los datos facilitados por las excavaciones se pudo reconstruir cronológicamente el desarrollo completo de la tumba.

 A finales del siglo se encontraban en la colina vaticana tres tumbas aisladas, dos de las cuales eran pobres fosas de tierra cubiertas con piezas de teja.

 Al cabo de 200 años apareció otra tumba que, buscando la vecindad del apóstol mártir, se situó encima, de tal manera que atravesó las otras dos. Esto es tanto más sorprendente, puesto que no faltaba allí espacio libre para enterramientos.

Más tarde, en la primera mitad del siglo u se levantaron uno a uno los mausoleos circundantes.

TUMBA DE SAN PEDRO

Hacia el año 160 se erigió el muro rojo, que entonces, teniendo en cuenta los mausoleos ya existentes, tuvo que situarse de tal manera que caía sobre una parte de la tumba apostólica.

Aparece en medio del muro rojo la Memoria apostólica, con sus nichos y columnatas de mármol. Con esto la pobre tumba, dejando de lado las otras de detrás, creció sobre la tierra bajo forma de un verdadero monumento.

 Hacia el siglo III, en la parte norte del monumento se produjo una profunda grieta frente a la que se levantó un grueso muro de apuntalamiento que es la pared que en tiempo posterior quedó cubierta de inscripciones.

 Poco a poco toda la parte baja de la Memoria apostólica fue adornándose con mármoles blancos y grises. Un poco más elevado que el anterior, se colocó un pavimento de mosaicos de teselas blancas y verde oscuro.

 Luego, el emperador Constantino entierra una parte de la ciudad sepulcral vaticana con sus ricos mausoleos; levanta enormes muros y aplana el flanco de la colina, para que la antigua Memoria con su tumba pueda quedar situada en el punto central de una espaciosa basílica. Gregorio Magno, solucionando el problema de la comunicación entre la tumba y el altar, dio al monumento su forma medieval definitiva.

 El Renacimiento reemplazaría el viejo edificio por la nueva basílica obra de Bramante, Miguel Ángel y Maderna. La Confesión medieval, que había estado protegida durante las obras por un edificio especial, recibirá su revestimiento barroco rematado por el baldaquino de bronce de Bernini.

SABER MÁS

La basílica cristiana

 Las primeras iglesias tomaron como modelo las basílicas que, al menos desde el siglo II a.C., se construyeron en las ciudades romanas.

 En época imperial no solían faltar en ninguna ciudad. Se trataba de un edificio hipóstilo de forma rectangular, que en muchos casos constaba de una nave central y dos laterales, más raramente dos en cada lado (cinco en total), y un pequeño ábside, que tenían como fin la celebración de juicios, reuniones de negocios o de otro tipo.

BASÍLICA DEL VATICANO

Las iglesias cristianas adoptaron el modelo de tres naves (por influencia griega, la central era más elevada), al que se fueron añadiendo elementos y detalles que lo diferenciaron de los templos paganos, tales como el atrio o vestíbulo-patio con columnas ante la fachada, el nártex o sala con columnas entre la fachada y las naves, un ábside mayor en la nave central, que sería el presbiterio, o el transepto entre las naves y el presbiterio.

 Al edificio principal se agregaron otros subsidiarios adosados, como el baptisterio o la sacristía.

 La difusión de estos edificios fue pareja al auge del cristianismo y tendió a adoptar características especiales, dentro de un modelo general, según las zonas del Imperio.

 Así, no es de extrañar que, aparte del número considerable que hubo en Roma, destaquen los de lugares como Siria o el norte de África, donde el cristianismo fue importante. No obstante, se encuentran en todas las provincias (con buenos ejemplos en Hispania).

El bautismo.

 El baptisterio En los primeros siglos del cristianismo el bautismo se realizaba por inmersión.

 Se trataba de un rito de purificación que simbolizaba el nacimiento del neófito (que en estas épocas solía ser adulto) a una nueva vida mediante este sacramento, que remedaba la resurrección de Cristo saliendo de su tumba.

 Así salía el nuevo cristiano tras dejar su pasado en la piscina donde se había sumergido.

Tal piscina y la sala que la alojaba constituían el baptisterio, presente en todas las basílicas. También en las catacumbas se habilitaron espacios especiales para el mismo.

SARCÓFAGO DE JULIO BASSO

 Aunque los ejemplos más antiguos de baptisterios datan del siglo III, fue en el siguiente cuando se generalizaron por todo el Imperio, coincidiendo con la libertad religiosa y la posterior elevación del cristianismo a religión oficial.

 Son muchos los que la arqueología nos ha desvelado. Podía tratarse del aprovechamiento de alguna zona en un preexistente edificio pagano cristianizado, pero lo más frecuente era un anexo en las nuevas basílicas, prolongando la longitud de las naves o erigiendo un recinto autónomo con respecto a la construcción principal.

No había un modelo más o menos fijo, y la piscina podía ser redonda, poligonal o de otra forma, generalmente provista de escaleras para descender hasta el fondo.

EXPLICACIÓN DE LAS FOTOGRAFÍAS

Ónice en el que se representa a Constantino, el emperador que protegió al cristianismo, y a su familia, en un carro triunfal del que tira un centauro. Primera mitad del siglo IV; Gabinete Real, La Haya.

Bajo la basílica actual de San Juan de Letrán se conservan los cimientos de la primitiva de época de Constantino, de menor tamaño, que podemos observar en el dibujo.

 Restos de la basílica paleocristiana de Son Bou, en Menorca. La isla balear es pródiga en hallazgos de la época, y de ella conservamos además noticias escritas contemporáneas alusivas a su importante comunidad cristiana (siglos V-VI)

La basílica de Santa Sabina en el Aventino, en Roma, se fecha entre los años 422 y 432 (época del papa Celestino I) y se erigió sobre edificios anteriores, a los que se integró en parte la nueva obra. La reciente restauración le ha devuelto toda la pureza y elegancia de los tiempos de su construcción

El lugar en que, según la tradición, tuvo lugar el nacimiento de Jesús en la iglesia de la Natividad, en Belén. La primera basílica fue construida en el año 325, en tiempos de Constantino, y de ella se conservan cimientos. Se reconstruyó de nuevo en el siglo VI y sufrió refacciones posteriores.  

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Sarcófago de Julio Basso, prefecto de Roma en el año 359. Se localizó bajo la actual basílica de San Pedro, en el Vaticano. Se trata de una extraordinaria pieza cristiana, decorada con relieves que aluden a escenas del Viejo y del Nuevo Testamentos.

Reconstrucción del monumento que señalaba el lugar donde se suponía que se encontraba la tumba de san Pedro, del siglo II. Constantino hizo edificar encima la basílica de San Pedro, sobre la cual a su vez se erigió la actual basílica del Vaticano. La tumba del apóstol quedó incluida en la construcción constantiniana bajo el altar.

 Baptisterio de San Juan de Letrán, en Roma, construido hacia el año 315 y posteriormente concluido en la segunda mitad de siglo y primera del siguiente. Se levantó sobre los restos de una villa agrícola del siglo I y de unas termas algo posteriores.

Escena de bautismo en una miniatura de la medieval Ogier le Danois. Biblioteca Nacional, París.

La iglesia del Santo Sepulcro es la más importante de Jerusalén. Data de tiempos de Constantino, del año 335, y se levantó donde se suponía situado el sepulcro de Jesucristo. Diversos añadidos posteriores y la distribución de diversas partes entre distintas iglesias cristianas han dado como resultado una mezcla de estilos y decoraciones carentes de uniformidad y, por ello, de armonía.

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