RITUAL DE LA FIGURA DE BARRO PARA AUMENTAR LA FERTILIDAD.

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El ser humano ha practicado multitud de rituales para asegurar la fertilidad desde el principio de los tiempos. Como sucede con todas las prácticas asociadas de alguna manera a la salud, siempre es recomendable consultar a un especialista antes de recurrir a la Magia Blanca. A continuación proponemos un ritual básicamente terrestre que potenciará la fertilidad tanto en hombres como en mujeres. Si el invocador es parte de una pareja que quiere tener hijos, recomendamos practicarlo dos veces, una por cada componente.

Es necesario aclarar que, una vez efectuada la ceremonia, sus efectos no se podrán producir antes de los seis meses.

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Objetos necesarios

 – Barro

 – Una piedra blanca

 – Una manta

El barro, símbolo de la tierra por excelencia, puede ser arcilla o cualquier tipo de barro factible de ser modelado y luego secado en forma de escultura. No ha de ser un material demasiado fino; podemos mezclar sencillamente arena con agua en la proporción adecuada y el resultado valdrá. La piedra ha de ser blanca, de un tamaño tal que quepa en un puño. Tampoco tiene que ser de ningún tipo específico; servirá cualquiera que se encuentre en el campo. La manta, al igual que los demás ingredientes, ha de ser corriente; la simpleza es una de las claves de este rito de naturaleza puramente simbólica. Lo que ha de ser puro y brillante es el deseo; en ello radica la clave del éxito del ritual.

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Ritual

  • Sujetar la piedra blanca en la mano derecha.
  • Recitar una oración.
  • Cerrar los ojos y cambiar la respiración, haciéndola más profunda, de forma que nuestra concentración aumente.
  • Visualizar cómo una bola de energía fría y gris nace de nuestro vientre y se acomoda allí, girando sobre sí misma en el sentido de las agujas del reloj. Es importante no dejar que ese frío contamine el resto del cuerpo, ubicado en la zona del bajo vientre, en los órganos genitales, y que quede contenida, que no crezca.
  • Mover, usando la imaginación, la bola de energía a través de cuerpo, dando tres vueltas a nuestro tronco en el sentido de las agujas del reloj.
  • Forzar a la bola de energía a entrar en nuestro hombro derecho, rompiendo su circuito circular, y dejar que se deslice por el interior de nuestro brazo hasta llegar a la mano.
  • Visualizar cómo la energía fría y gris que salió de nuestro vientre pasa a la piedra, desapareciendo por completo de nuestro cuerpo.
  • Envolver la piedra en la manta, como si fuera un bebé, sin dejar que le dé ningún rayo de luz.
  • Modelar el barro con forma de mujer de anchas caderas y pechos generosos. No ha de ser una obra de arte, basta con que se reconozca lo que representa.
  • Con el barro todavía húmedo, sacar la piedra de dentro de la manta e introducirla en el vientre de la escultura.
  • Recitar una oración,
  • Dejar secar el barro durante una hora. Cada cuarto de hora repetir la oración.
  • Llevar la estatuilla a cualquier lugar donde crezca vegetación. Cuanto más fértil sea el suelo, mejor. Encontrar alguna superficie de suelo relativamente limpio.
  • Levantar la estatuilla entre ambas manos y recitar una oración. A terminar, estrellar la escultura con fuerza contra el suelo,
  • Recoger la piedra blanca con la mano izquierda.
  • Cerrar los ojos y respirar con profundidad para facilitar la concentración.
  • Visualizar cómo de la piedra surge una energía blanca, pura y brillante que se filtra hasta inundar la mano izquierda.
  • La energía sube por el brazo iluminando cada rincón de nuestro cuerpo y dejando un residuo de su luz allí por donde pasa
  • Imaginar cómo la energía entra por el hombro izquierdo y se mete en nuestro cuerpo.
  • Mover la energía por el cuerpo, dando tres vueltas en el sentido opuesto a las agujas del reloj, pasando siempre por el corazón y asentándose en el bajo vientre, desde donde nos ilumina por completo.
  • Recitar una oración.
  • Enterrar la piedra blanca en el mismo lugar donde estrellamos la escultura,

Los símbolos a los que invocamos aquí son de una fuerza indiscutible. El primer paso consiste en admitir nuestra infertilidad, ver su aspecto gris y frío; después depositamos eso en la piedra blanca, símbolo del deseo del hijo. La imagen es de una importancia crucial en este rito, pues representa el cambio. Al esculpir la estatuilla estamos cristalizando nuestro deseo de cambiar y mejorar en el campo de la fertilidad de una forma sólida. Es vital que la escultura la modelemos con amor y cuidado, con todo el respeto que seamos capaces de sentir, pues esta imagen representa al invocador y, aunque nuestra voluntad sea la de dejar atrás algo que nos ha causado sufrimiento, no podemos olvidar que siempre plasmamos algo más que sólo aquello que queremos dejar atrás y que, aunque sea en pasado, esa figurilla forma parte de nosotros mismos. Al introducir la piedra en la estatuilla, tener cuidado y cubrir completamente la primera con el barro.

El entorno natural, el suelo fértil, es de una simbología clara y directa. Llevamos a nuestro antiguo «yo» embarazado de una piedra cargada de deseo de fertilidad y de impulso creativo a un sitio donde pueda conseguir todo lo que busca, y regalamos a la persona que fuimos, infértil, un parto natural de donde resurja la energía que nos vuelva fértiles, Es imprescindible que la estatuilla se rompa. Luego la piedra, nuestro hijo simbólico, queda cargada de la energía que necesitamos para convertir nuestros deseos en realidad. A partir de aquí el resto del camino consiste en recoger esa energía y, respetuosamente, dejar a su mensajero, la piedra, ya vacía de energía y de simbolismo, en el mismo lugar donde dejamos a nuestro antiguo «yo», infértil y cargado de energía negativa.

Para invocar este rito, es recomendable elegir un lunes y una Luna llena o creciente.

Este ritual es bueno también para renacer. Cualquier proceso interno que se vea bloqueado por causas profundamente energéticas necesita una muerte para construir un nacimiento positivo y creativo. Es vital tener en cuenta que este ritual no corregirá ningún defecto fisiológico y que es recomendable consultar con un especialista.

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Oraciones

Al comenzar el ritual hay que recitar esta oración para conferir a la piedra el simbolismo que necesita para funcionar correctamente:

 

Un hijo es lo que yo quiero,

En mi mano derecha mi sueño

Se convierte en un deseo,

Y la solidez de esta piedra

Lo transforma en voluntad.

 

Al introducir la piedra en la estatuilla y mientras el barro se seca, se debe recitar esta otra plegaria que convertirá el proceso físico en una vía espiritual y energética:

 

Lo que yo he sido aún es barro fresco,

Y mi vacío está ahora fuera de mí.

Al secarse mi pasado,

Yo le confiero todo lo que no quiero,

Para destilar de allí lo que realmente es bueno.

 

Por último, al terminar de recoger la energía de la piedra, cerraremos el ritual con esta oración a fin de que solidifique el proceso que hemos vivido durante la invocación:

 

Lo que antes era gris, ahora es blanco.

Lo que antes era barro, ahora es Carne

Lo que antes era un sueño, ahora es un futuro.

Que lo que fue piedra sea vida,

Cálida y vibrante como la luz que me inunda

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