El Profeta Mahoma

El profeta Mahoma

Infancia y carácter

Mahoma nació en La Meca en torno al año 570. Se dice que mucho antes de su nacimiento su madre, Amina, oyó cómo la voz de un ángel, le vaticinaba:” El hijo que esperas será el Señor y el Profeta de tu pueblo”. El padre de Mahoma murió poco antes del nacimiento de su hijo. Amina, su madre, falleció cuando el joven tenía seis años.

 Se sabe poco sobre la infancia, la juventud y los primeros años de la edad adulta de Mahoma. Se le describe como una persona en general  tímida y reservada. Pese a que los musulmanes rechazan representar a su profeta en imágenes o iconos, numerosos textos y otras fuentes existentes trazan apuntes sobre su aspecto. Al parecer, Mahoma tenía una cálida sonrisa y no hablaba nunca de forma atropellada, sino más bien con oportunidad y propiedad y articulando cada sílaba.

La Meca, ciudad natal de Mahoma, es hoy una de las urbes más modernas de Arabia Saudí. Cada año recibe la visita de millones de peregrinos. Ampliar

Un lunar del  tamaño de un huevo de paloma.

 Iba muy a menudo con tanta prisa que quienes lo acompañaban apenas eran capaces de seguirlo. La barba de Mahoma se convirtió en un símbolo religioso y fuente de preciadas reliquias: numerosas mezquitas se creen en posesión de un mechón auténtico. Las reliquias se conservan en valiosos estuches, naturalmente, muy bien custodiados. Mahoma tenía entre los omóplatos un lunar del tamaño de un huevo de paloma, y se dice que por ese signo visible el monje Bahira  reconoció una vez al muchacho como el prometido profeta.

La Kaaba, templo cuadrangular y sin ventanas cubierto con un brocado negro, se alza en medio de la explanada interior de la Gran Mezquita de La Meca. Ampliar

Una tierra infecunda y el politeísmo

Mahoma se crió huérfano en La Meca, localidad que, según el Corán, se halla “en un valle sin simiente” de 2.000 km de longitud por 1.200 de anchura situado en la árida Península Arábiga, constituida en época  preislámica primordialmente por desiertos y algunos oasis. Los veranos en La Meca y sus alrededores eran, y siguen siendo, calurosos; en invierno caen sobre la región fuertes precipitaciones, y en ocasiones grandes tormentas. Y las largas sequías no son infrecuentes. Estas peculiares condiciones geográficas de Arabia representaron un factor fundamental en la vida de Mahoma. Aprendió pronto que el desierto es duro y que no perdona al hombre ningún error. Quien quiere salir adelante en el desierto tiene que atenerse a unas reglas muy estrictas.

Según la tradición, el profeta Abraham y su hijo Ismael erigieron la Kaaba para realizar allí sacrificios. Ampliar

La era de la incertidumbre

Las gentes con las que trató el joven Mahoma eran nómadas árabes que, para ganarse la vida, se dedicaban en su mayoría a la ganadería, la caza y algunas formas de comercio, para lo que solían salvar larguísimas distancias. En la primera mitad del siglo VI, las caravanas sufrían frecuentes  asaltos y desvalijamientos, salvo durante tres meses (el séptimo, el undécimo y el duodécimo del año lunar), en los que los guerreros de las diversas tribus interrumpían sus hostilidades para acudir en peregrinación a La Meca. Los musulmanes se refieren a esa época preislámica como la de la «incertidumbre» (ahilijja), es decir, aquella en que los árabes adoraban a varios dioses y seguían diversos ritos, entre los que se contaban rituales de fecundidad y propiciación de las lluvias. La gran mayoría de los árabes sólo tenía unas ideas religiosas vagas, aunque de carácter marcadamente mágico. Pero no creía en la vida después de la muerte.

La Kaaba y La Meca

El centro de la religión politeísta anterior al surgimiento del islamismo lo ocupaba un templo cuadrangular, llamado «la Kaaba», que según la tradición había sido erigido antiguamente por Abraham como lugar destinado a sacrificios. Según el credo musulmán, el propio Abraham fue un hanif (una persona que iba en busca de la verdad y, en ese sentido, un predecesor del musulmán) que, en tiempos de idólatras, creía en un único dios y se sometía incondicionalmente a sus mandamientos. Los quraish, la tribu de Mahoma, fueron durante generaciones los guardianes del santuario de La Meca, en esa época ya centro económico y religioso del mundo árabe aunque éste no constituía aún una unidad política sino que estaba fragmentado en numerosas zonas tribales.

Mezquita de al-Aksa en Jerusalén. Según reza la leyenda, Mahoma dejó allí la huella de uno de sus pies cuando se detuvo en el transcurso de su viaje nocturno a caballo al cielo. Ampliar

El digno de confianza

Antes de que, a sus 40 años, se convirtiera en profeta, sus allegados lo llamaban el «digno de confianza» porque se dio a conocer como árbitro de una controversia religiosa que versaba en torno al problema de decidir el mejor emplazamiento para la piedra negra que se veneraba en la Kaaba. Cuando los unos señalaban hacía un lado y los otros en dirección contraria, Mahoma medió en la disputa situando la piedra negra sobre una capa y poniendo cada uno de sus extremos en manos de los representantes de los diversos clanes. De ese modo la llevaron juntos a su lugar de destino.

La esposa de Mahoma

El joven Mahoma entró al servicio de Jadiya, una viuda rica para quien realizó varias expediciones comerciales a Siria. En Jadiya creció tal admiración por Mahoma que se casó con él y le dio siete hijos, entre ellos a Fátima, a quien ciertas ramas del islamismo, como la chií, veneran como hija favorita del profeta. Mahoma fue fiel a Jadiya mientras ella vivió. Se dice que después contrajo matrimonio con al menos otras nueve mujeres. El dicho atribuido a Mahoma de “casarme es mi sunna” se convirtió en el principio rector de la conducta de los varones musulmanes para con las mujeres. La sunna representa la tradición y la ley, y por eso es vinculante. «El Paraíso se halla a los pies de las madres», reza otra sentencia atribuida a Mahoma.

En las proximidades del monte Hita, cerca de La Meca, se encontraba la cueva en la que Mahoma tuvo la primera revelación. Ampliar

Las huellas del pie y la utilización de la mano derecha

En los países islámicos, las reliquias revisten gran importancia; entre ellas, hay piedras de las que se afirma que llevan plasmada la huella de un pie del profeta. Según la leyenda, la huella de un pie de Mahoma quedó estampada en una roca de la mezquita de al-Aksa de Jerusalén cuando se detuvo allí en el transcurso de su viaje nocturno al cielo, que hizo a caballo. No es de extrañar, por tanto, que los creyentes sigan encontrando piedras con huellas del profeta. Esas piedras se veneran y a veces también se tocan, en cuyo caso después hay que acariciarse con la mano la cabeza y el torso. Así es como, según se afirma, se transmite la bendición de Mahoma a los fieles. Para los musulmanes es asimismo fundamental el hecho de que el profeta lo hiciera todo —al menos, comer, beber y todo lo relacionado con el trato social— con la mano derecha. Con la mano izquierda se lavaba la gente después de hacer sus necesidades; de ahí que en buena parte del mundo musulmán aún se considere hoy día de mala educación tocar la comida con la mano izquierda.

Vocación de profeta divino

Cuando Mahoma tenía unos 40 años, se retiraba con frecuencia a orar a una cueva próxima a la montaña de Hira, en las afueras de La Meca.  Allí ayunaba y meditaba, y fue allí donde recibió la primera revelación de Dios, que lo conmovió profundamente e incluso lo desconcertó al principio. Oyó una voz que le recomendaba: « ¡Levántate y amonesta!» Como los profetas del Antiguo Testamento, a partir de entonces consideró —respaldado por su esposa Jadiya— que su tarea era la de conseguir que los hombres abandonaran los cultos politeístas. A través de experiencias visionarias —como las distintas apariciones del arcángel Gabriel apremiándolo—, Mahoma recibió el apoyo necesario para, en lo sucesivo, consagrarse exclusivamente a cumplir la voluntad de Dios.

La huida de Mahoma

 En el año 622 el profeta se marchó junto con sus partidarios a Yathrib, la actual Medina («ciudad del Profeta»). Esa «huida» marca el inicio del calendario islámico. Sin embargo, su lucha contra La Meca no concluye ahí. Tras varias batallas y asedios mutuos, en 630, La Meca se rinde. Mahoma regresa triunfador a su dudad natal y convierte la Kaaba en el santuario fundamental de su religión, que se empieza a difundir lentamente pero de forma constante por la Península Arábiga.

 Hoy en día el islamismo se practica en 132 Estados. La peregrinación a La Meca, hach, fue integrada como elemento constitutivo de la fe, como un mandato divino para todo musulmán. Mahoma murió el 8 de junio de 632 en Medina, en brazos de su esposa Aisha, siendo ya profeta y rector de la comunidad religiosa islámica.

Mahoma fue raptado por Dios junto con el Buraq para emprender el llamado «viaje nocturno al cielo». Allí se le encomendó la tarea de instituir las cinco oraciones diarias. Ampliar

El «viaje nocturno» del profeta

Otro ejemplo de experiencia visionaria lo constituye el «viaje nocturno» de Mahoma, en el que el profeta «fue raptado» por Dios y transportado por el Buraq, un cuadrúpedo con cabeza humana, de La Meca a Jerusalén, donde culminó su viaje con la ascensión a los cielos. Allí recibió la orden de instituir las cinco oraciones diarias que desde entonces determinan el ritual de la fe musulmana. Mahoma se sintió profundamente conmovido, incluso intimidado. Durante tres años se negó a hacer pública la revelación de Dios. Sólo hizo partícipes de su visión a su familia y a un grupo restringido de personas de confianza. Pero su mensaje no quedó por mucho tiempo circunscrito a ese círculo limitado, sino que poco a poco fueron profesando el islam más y más hombres y mujeres, «hasta que su fama se extendió por toda La Meca y todos hablaron de ello» (1). El sometimiento a la voluntad divina, según lo predicó Mahoma, era lo que Dios esperaba de sus criaturas. Por fin se había decidido a ser profeta de Dios.

Mahoma, fundador de una religión

El logro de Mahoma radica sin lugar a dudas en poner de relieve la significación central y única del dios Alá para los árabes y para toda la creación. «No hay más dios que Alá», afirma el profeta. Todo lo demás son ídolos creados por el hombre. Después de reconocerlo, Mahoma hizo destruir todos los ídolos que se custodiaban en la Kaaba, con la única excepción de las representaciones de Jesús y María. El sometimiento a la voluntad divina —tal es la significación del término «islam», que podría derivar también del vocablo árabe salam, «paz. — constituye el mensaje central del profeta. A partir de entonces, a todo aquel que se consagra enteramente a Dios se le denomina «musulmán».

 Sin embargo, Mahoma tuvo que abandonar La Meca poco tiempo después. Su actitud cada vez más inflexible agravó el conflicto con los habitantes de La Meca, hasta llegar incluso a la hostilidad abierta, pues con su mensaje veían peligrar las formas de vida que habían llevado hasta entonces.

Los cuatro primeros califas y la difusión del islam.

 Los cuatro primeros califas reciben también el nombre de «los bien guiados». Procedían del círculo de personas de más confianza del profeta y consideraban tarea urgente regir la comunidad y aplicar la ley. A partir de entonces, el islam se difundió en la Península Arábiga con una rapidez inusitada: Siria se islamizó ya en 636, Egipto en 641 y Persia en 642. En 674 los musulmanes asediaron Constantinopla, en 696 conquistaron Cartago y en 711 cruzaron el estrecho de Gibraltar y llegaron a España. En 732 se enfrentaron a las tropas francas de Carlos Martel, que los frenaron y derrotaron.

Arabia en tiempos de Mahoma.
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 En la época del nacimiento de Mahoma, la península arábiga registraba profundos cambios políticos y sociales motivados en gran parte por el declive de los imperios del norte y la creciente importancia e influencia del comercio.

Al norte, el Imperio bizantino y la Persia de los sasánidas —que pugnaban por el control de la Ruta de la Seda— contaban con sendos estados vasallos: el de los Banu Gasan o gasaníes  y el de los Banu Laim o lajmíes  Al sur la lucha por el dominio de las redes comerciales de la península conduciría a la conquista del Yemen, la Arabia Felix, por los sasánidas en el año 572. Los conflictos bélicos provocaron el declive del comercio entre el Índico y el Mar Rojo lo que confirió mayor importancia a las rutas terrestres de la región, que tenían en La Meca uno de sus principales enclaves mercantiles y religiosos, pues allí se hallaba el gran santuario politeísta de la Kaaba Por otra parte  fue en La Meca donde la creciente actividad comercial socavó los valores tradicionales de las sociedades beduinas, como la solidaridad: allí, en este clima de progresiva desintegración cultural, nació Mahoma, el profeta de la nueva fe en el seno de la tribu de los quraishíes, la más poderosa de la ciudad,