RELIGIÓN Y METAFÍSICA EN EL FIN DE CICLO.

1-Federico González (1933-2014)

 

Por: Federico Gonzalez

 

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Tomando nota de que llamamos religiones a las tres ramas: judaísmo, cristianismo, islamismo, derivadas del monoteísmo abrahámico— este texto es a-religioso, es decir que tiene un sustento y un propósito metafísico y no adora a divinidades personalizadas ni posee una visión antropomórfica, o individualizada, de la Suprema Identidad.1

La Tradición Hermética, como Enoch-Hermes del que lleva el nombre, es obviamente pre cristiana, pero sobre todo es antediluviana, es decir que sobrevive a las catástrofes de los distintos mundos.

Por eso el estudio de los ciclos es sumamente productivo en la labor del Conocimiento, pues nos obliga a prescindir de una visión religiosa, es decir, exotérica y por lo tanto histórica, ligada con cualquiera de los ciclos, para ubicarnos después de agotadoras pruebas y trabajos en una posición mucho más amplia, de tipo polar, donde las diferencias entre las religiones y aún las religiones mismas quedan reducidas a nada frente a la Majestad del Ser Universal y sus diversos estados, bajo cuya luz cualquier rencilla siempre es menor y aún desechable en cuanto estas pasiones (nacidas de la dualidad, por lo tanto de un dualismo que tiene que recurrir a un monismo radical para solucionar su conflicto) al ser de tipo religioso se resuelven en el fundamentalismo, el integrismo, o el sionismo2, y son un verdadero obstáculo para el Conocimiento, es decir la Gnosis.

Concretamente nos referimos a ciertas escaramuzas que hemos tenido que sostener con judíos e islámicos radicalizados no dispuestos a respetar a la Tradición Hermética, a sus dioses y diosas, a los que ellos en alguna oportunidad han conocido, e incluso asimilado en su cuerpo exotérico como Nombres de Poder, Arcángeles, Ángeles, etc.; los hebreos básicamente tienen problemas con Guénon —nuestra referencia intelectual— porque murió en el Islam, sin reparar en que éste cita una y otra vez su Cábala, es decir su Tradición.

Paradójicamente hemos encontrado otros muy enojados que nos han acusado —a nosotros y a Guénon— de ser hebraizantes.

Igualmente hay grupos islámicos tradicionales, de rezadores, que creen a su manera en la guerra santa y se dedican sistemáticamente a realizar provocaciones (tan infantiles como las de ir a orar de modo islámico en la catedral de Córdoba o tan seria como la de emitir su propia moneda en Granada), y copar grupos de estudios, especialmente de jóvenes o de personas débiles necesitadas de auxilio religioso, y otras pequeñeces, realizadas por individualidades que verdaderamente no tienen ningún nivel de Conocimiento a pesar de pertenecer a agrupaciones que son tradicionales, y por lo tanto derivadas directamente del profeta, caso que, se dice, es diferente a la irregularidad de Schuon y su secta que igualmente nos vienen molestando de todas las maneras posibles desde hace años, concretamente, intentando satanizarnos y utilizando incluso la mentira y los medios más bajos para destruirnos.

Aclaremos que prácticamente todos los mártires sufíes han encontrado su muerte a manos de autoridades fanáticas religiosas o legalistas literales, ambas convencidas de tener la razón, y de representar oficialmente al Islam; de hecho este repite constantemente esta fragmentación y reagrupación de estructuras particulares, que algunas veces se oponen unas a otras, —por lo que se hace difícil saber cuál es integrista, fundamentalista, o  tradicional— y hacen que por su dinámica su red se continúe extendiendo hacia los cuatro puntos del espacio.

Se ha dejado para último lugar la religión católica, que nos descalifica por nuestra pertenencia a la Orden masónica.

Esto es particularmente ultrajante cuando estos oficialistas son los que han traicionado desde hace siglos a su fundador y su legado, su Evangelio, donde se consignan sus enseñanzas, y se dedican hoy en cambio a cuestiones “sociales” amparados en la ciencia, a la que bendicen, tratando de asegurarse así su cuota de poder e influencia en la gran estafa institucionalizada, de la cual han sido —y pretenden seguir siendo— uno de los pilares.

De más está decir que esta gente no cree en ningún tipo de esoterismo, e incluso, parecen no acreditar en sus dogmas según uno puede verificarlo, mismo entre algunos funcionarios del Vaticano con los que hace algunos años conversamos en Roma.

En todo caso pensamos que estos movimientos radicalizados solo muestran la crispación y las rigideces que anuncian y subsisten brevemente a la muerte de un ser vivo, y no son más que eso, pese a que sus integrantes se sientan la gran cosa (santos-héroes que defienden la causa de Dios), lo que muchas veces es así desde un punto de vista disolutivo, precisamente lo contrario de lo que imaginan y pretenden…

En este sentido debe destacarse la actitud opuesta de la Tradición Hermética, que acogió en Alejandría a todas las gnosis, e incorporó a hebreos y cristianos bajo su manto pagano y politeísta, que tanto ha enriquecido a Occidente y también a esta humanidad adámica, de la cual de facto ella es a la vez tanto el espíritu como el ánima, pese a que actualmente debe recorrer su camino interferida constantemente por las pretensiones religiosas basadas en el monismo de una creencia que niega a su Dios la posibilidad de No-Ser.

En última instancia y trayendo este planteo general con una perspectiva verdaderamente Universal, o sea, desde el polo, donde los movimientos apasionados del corazón-sol han dejado de percibirse como únicos y se ve claramente la puerta abierta a otros Estados del Ser Universal, diremos que ellos no son exclusivamente afirmativos, u ontológicos, sino completamente distintos a lo signado por cualquier determinación.

Nueva realidad donde se vive sólo por la Gracia de Dios, que nos limita con el número, y así nos da la posibilidad de trascender el cosmos por la vía de un soporte a nuestro alcance.

O sea, en la humanidad en que nos ha tocado vivir, es decir, en el segmento del Ser Universal que constituye esta Creación y su Gran Hacedor (no ya el ayudante de éste, el Demiurgo, señor del fuego y del aliento, tomado como el Dios de las religiones).

Con lo que se nos brinda la posibilidad de identificamos con él, como él mismo se identifica con el eón, o Manú, y a su vez éste con el Manú de Manúes que abarca la totalidad de las creaciones, mundos y humanidades en sus posibilidades y desarrollos indefinidos, y lo que es aún más asombroso, en perfecta simultaneidad, ahora mismo.

De ninguna manera somos antirreligiosos pero conviene saber en qué han ido cayendo las tradiciones degeneradas por su exoterismo y la acción de unos individuos que han usurpado el poder, desde hace siglos, y se han constituido en la oficialidad dogmática de esas religiones que utilizan en su propio provecho, lo cual es obvio en el catolicismo y su aparato.

En él, la misma etimología de la palabra religión carece de sentido ya que se han roto los caminos, y no existe el puente (pontifex) que ligaba el ser individual al Ser Universal por medio del Conocimiento, el cual ha sido abandonado y reemplazado por una Fe ciega —cuyo contenido cambiante puede ser esto o aquello—, es decir, en abierta contradicción con la Ciencia Sagrada.

A veces se llega a pensar equivocadamente que en este fin de ciclo fuerzas oscuras atacan a las religiones, cuando es precisamente a la inversa: ellas están tan corrompidas y adulteradas que de hecho han perdido de manera práctica toda conexión con el Principio; por lo que deben ser consideradas en su impostura, y superadas de una sola vez por todo aquel que aspire a la Sabiduría.

En realidad los monoteísmos tal cual en la actualidad se presentan resultan sistemas incompletos, de tipo devocional y unidireccional que no solucionan el problema del mal, y son incapaces de superar la esfera demiúrgica.

Tal vez habría que poner aquí algo más favorable a las religiones, y querríamos hacerlo pues de hecho está muy lejos de nosotros la idea de dañarlas o negarlas de alguna manera —al igual que al rito exotérico— aunque tampoco queremos ser cómplices con nuestro silencio de algo que nos preocupa.

Además, no se olvide que la perspectiva de un hermetista es la de ver negada por los credos su Tradición, tan auténtica como cualquier otra, que incluso está presente en las religiones del Libro, aunque estas últimas no admiten otro camino o vía de realización que no sea por intermedio de ellas mismas; en algunos casos los espíritus religiosos menos estrechos “aceptan” oficialmente otras cuatro tradiciones orientales consideradas erróneamente como religiones.

Y esto sin mencionar la importancia nula que le atribuyen a la Tradición Precolombina, y a las arcaicas en general, cuyos restos culturales y espirituales aún no han desaparecido del todo. Esto se debe a que aunque se encuentran íntimamente relacionadas, la metafísica y la religión pertenecen a dos ámbitos distintos. Y aún si se considerase, como se pretende en el Islam, que existe un esoterismo en esta última, en el mejor de los casos éste siempre es solar (pese a que se vincula al Islam con lo lunar, lo cual es obvio en su emblema de luna y estrella), en cuanto debe contener necesariamente dogmas exotéricos para cumplir su función en contraposición a la realización polar, estrictamente metafísica.

Mientras nuestro grupo solo trabajaba en nosotros mismos mediante los métodos herméticos, Tarot, Cábala, Alquimia, Aritmosofía, etc., incluso con la Ciclología, no tuvimos mayores problemas, aunque ya se sabe que infelices nunca faltan y uno de sus disfraces es el pretendido bien público mediante una supuesta virtud inventada para justificar su ignorancia y su deseo de control y poder.

Empero aún no hacían nuestros enemigos sino mostrar una mínima parte de lo que se ha desatado posteriormente evidenciando la calidad elemental de esos “iniciados” y sus inexistentes cualidades, cuando no gravísima ignorancia que debe ser ocultada con el fanatismo religioso, asuntos estos que nada tienen que ver con el Conocimiento —y el Jnáni yoga— y la rapidez del mercurio y la maleabilidad del oro presentes en la Tradición Hermético-Alquímica, donde un gran dios, el Hermes griego descendiente del Thot egipcio, que ha construido la lira de Apolo, es a la vez mensajero, psico-pompo y héroe cultural; el dios de diplomáticos y comerciantes.

Señalaremos además que siendo nuestro pensamiento metafísico, es decir, propio de los Misterios Mayores y encarnado ontológicamente por mediación de la cosmogonía y el símbolo, es decir, del plano intermediario, inmediatamente ha sido rechazado por las falsas jerarquías abrahámicas puesto que ignoran todo lo relacionado con la Ciencia Sagrada, y así sus pequeñas actitudes y lo limitadísimo de su visión lo atestiguan.

Ilustran estas disensiones violentas las guerras que estas religiones, o núcleos de ellas, mantienen entre sí, las que incluso se producen en las supuestas sociedades iniciáticas, o esotéricas, como algunos las llaman, aunque en lugar de ocuparse del Conocimiento implícito en su Tradición, sólo tratan de su expansión cuantitativa, es decir del número de fieles o de la medida del poder que ellos tienen, cuando no del daño que se le pueda inferir a los adversarios que osan discutir su hegemonía, o la autoridad absoluta con que quieren imponer sus planteos.

¿Qué mayor impostura que suplantar a la iniciación por la religión?

De hecho, este personal está totalmente perimido y algunos creen en la “pobreza” y el “sacrificio” como un bien en sí, es decir en las obras humanas y no en la gracia del Señor, y nos sorprende que todavía subsista una ignorancia tan cristalizada como las ortodoxias, tanto religiosas como políticas; la gente está harta de estas disyuntivas igualmente falsas y arbitrarias en las que se encuentra sumido el hombre moderno, y a pesar de cierta relación supersticiosa con la religión, el pueblo parece haberse olvidado de ella y se muestra agnóstico salvo en las grandes catástrofes o en ciertas “apariciones” marianas y de santos negadas por la Iglesia; los judíos, cerrados sobre sí mismos, esperando la ronda del rabino cobrador de impuestos…

Esto no es enteramente cierto en el caso del Islam, en su auge religioso contemporáneo, aunque su mismo fundamentalismo, incluso el terrorismo, demuestra debilidad y es muy rechazado entre los fieles, lo cual es clarísimo en el Norte de Africa.3

La vida del Profeta y la Historia del Islam están llenas de ejemplos sobre la intervención directa divina, lo que ilustra que no necesita de las oscuras maniobras y las “movidas”, ni los “empujones” y “codazos” de quienes, en el mejor de los casos, sólo constituyen una de sus agrupaciones, sin contar a las distintas Tradiciones, que enfrentarán más o menos conscientemente el Fin de los Tiempos.

Por nuestra parte no queremos ganar nada y menos una guerra, ya que desde hace años hemos aceptado la más completa derrota ante las inevitables circunstancias cíclicas.

Se podrá comprender la sorpresa que se siente sin embargo cuando uno oye decir que el Islam no es sólo una religión, ni significa únicamente sumisión sino que este nombre indica la pureza esencial de toda religión o conocimiento, anterior o posterior.

Es decir, que hace islámico por decreto a cualquier pensador, de cualquier época. Asunto que es clarísimo cuando uno lee en S. H. Nasr (Vida y pensamiento en el Islam, Herder, Barcelona 1985, pág. 9) que el Islam no es sólo el Corán y el Hadith, o sea la herencia que recibió hace catorce siglos, sino que “El Islam incluye, además de esta esencia, su despliegue en el tiempo y el espacio y todo lo que absorbió según su propio genio e hizo suyo por su poder de transformación y síntesis.”

Es bien sabido que Hermes Trismegisto (el profeta Idris islámico) ha tenido gran influencia en ese credo, por medio de los hermetistas sabeos, (herederos de Balkis, reina de Saba, relacionada estrechamente con Salomón y su templo) algunos de ellos posteriormente islamizados o conviviendo a la fuerza con esa religión y ley, como ha sido el caso de numerosos sabios incluso martirizados, algunos de ellos posteriormente reivindicados.

En todo caso suena un poquito curioso, al menos, que una Tradición como la Hermética, que ha permanecido viva hasta hoy en Occidente, y que los propios islámicos (Mohamed c. 571-631) conocieron varios siglos después de su penúltima irradiación de importancia, en Alejandría (dejamos la última para Florencia y su posterior desarrollo Rosa Cruz y Masónico), sea hoy parte de la doctrina islámica, cosa con la que los hermetistas ni nadie serio puede estar de acuerdo, sin mencionar que estos no desean sumarse a ningún tipo de obligaciones religiosas, ya que por imperativos de su propia Tradición, que tiene al dios Hermes Trismegisto como su patrono y al Corpus Hermeticum como su Libro, todo esto es innecesario.4

En cualquier caso el interés por las instituciones religiosas, o incluso las “grandes” religiones, se ha ido debilitando5 y eso es precisamente lo que ellas saben y no quieren aceptar, motivo por el que tratan de volverse más o menos atractivas (del modo más básico y grosero por cierto, como el de asemejarse a las sectas) a los efectos de tratar de canalizar el gran interés acerca del Conocimiento.

Porque verdaderamente existe una sed de saber y un espíritu “religioso” —un “furor” que conocieron los paganos— más relacionado con la Cosmogonía, el Símbolo y la Metafísica y otras numerosas alternativas opuestas a todo tipo de ortodoxia religiosa, dictadura interior, amenaza, censura, o fanatismo, o sea aquello que suele cultivarse en sus jardines, donde sus usos y costumbres, sus tabúes, fobias, y obligaciones, que deben ser impuestos a los demás, no las hacen muy atractivas, y con toda razón, para los habitantes de este fin de ciclo.

A lo que se suma que todo esto —que es rechazado por las nuevas generaciones— se halla representado por individualidades con propósitos muy limitados: históricos, ideológicos, pasionales sin duda, ligados con el odio que produce una envidia generada en lo que no se tiene y de lo que se adivina jamás se poseerá.

En el Islam lo que se llama ley islámica se corresponde obviamente con lo exotérico; lo que se llama esotérico —digámoslo de una vez— es propiamente un planteo religioso, ligado generalmente con lo piadoso-devocional-sentimental, e incluso con doctrinas filosóficas, o mejor teológicas, exactamente igual que en el cristianismo, salvo que este último niega cualquier posibilidad de esoterismo, y establece con su doctrina la solidez de la ortodoxia de un cuerpo armado, o ley religiosa determinada por un grupo que posee el control, o mafias con la suficiente presión para ejercerlo desde diferentes instancias.6

En ambos casos la masa de fieles, o la casi totalidad de sus afiliados permanece en la más densa ignorancia como en el judaísmo, aunque nadie podrá negar el papel ordenador y educador de las religiones, el consuelo que brindan, las morales que promueven, es decir la regla de sus usos y costumbres; es necesario igualmente aclarar que en otros tiempos fueron la sede de sabios y magos, verdaderos hombres de Conocimiento, y paradójicamente hoy cuentan aún con numerosos iniciados.

Muchas personas han tratado y tratan de intervenir de buena fe desde hace muchos años en el seno mismo de las religiones abrahámicas, para que estas comprendan sus auténticos propósitos y orígenes, y de ese modo cumplir las funciones para las que verdaderamente fueron creadas.

Al menos desde los tiempos en que Guénon publicara su obra los intentos han sido completamente infructuosos y en lo particular muchos de nosotros hemos procurado dialogar con sacerdotes y fieles católicos de toda tendencia por más de dos décadas, con los resultados más grotescos, siempre negativos.

Por otra parte individuos de marcada responsabilidad han tratado y tratan que las autoridades religiosas mundiales más representativas comprendan el hecho de que, aún en su impotencia, se definan, en cuanto que nos expliquen, al borde del fin del tiempo, qué es lo que está verdaderamente sucediendo, qué pasará y a qué nos debemos atener; en definitiva, que respondan actualmente a las preguntas eternas del ser humano, de la misma manera que lo hacen sus libros sagrados y lo hicieron sus profetas y hermeneutas.

Porque en esencia, y desde luego en los orígenes de las religiones, está presente el mensaje revelado por boca de sus enviados, pero es inútil hoy buscarlo en el templo “real”, en el de la esquina, o con las autoridades eclesiásticas. Parecería que nadie quiere enterarse de que si una piedra es tirada desde una torre su velocidad aumenta de modo geométricamente proporcional a la distancia recorrida, y eso es lo que está pasando hoy temporalmente, cuando ya tocamos el milenio.

El hombre podrá agregar una nueva ilusión a un mundo que ya se desvanece (por la misma lógica de los ciclos) y tal vez en ese caso soñar con el planteo histórico y cuantitativo de una guerra —santa o no—que va a volcar de su lado todo triunfo, e infantilmente reinará sobre las demás. ¿Por cuánto tiempo? nos preguntamos, dada la situación cósmica.

Además esa misma pelea nos ubica específicamente en el Mar Mediterráneo, es decir en una pequeña zona geográfica, lo cual si se nos permite es un encuadre bastante local, casi una pelea callejera, para estas religiones que pretenden poseer toda Universalidad y se reducen a pleitos en Jerusalén aunque tal vez lleguen al uso de armas atómicas.

Y si es verdad, como señalamos, que emanan de la Divinidad en su origen, en el proceso cíclico se han alejado tanto de esta que verdaderamente un futuro Hombre de Conocimiento debe oponerse a ellas —aún al interior de su propio credo—por la corrupción y el veneno moral que llevan implícitas al negar sus orígenes sagrados para ofrecernos su versión, no ligada con el Principio, sino con opiniones personales, basadas a veces en temas tradicionales, pero forjadas con la complicidad del grupo, e impuestas con el fervor y el fanatismo de aquellas cabezas lavadas, o rapadas, heroicos comunistas o “fachas”, o fundamentalistas religiosos.7

Es un símbolo que estos extremismos —y sobre todo la “espiritualidad” que los motiva— se traduzcan en el terrorismo, aún de ideologías opuestas. Sólo los enemigos de Dios son capaces de trocar su Eternidad por un pretendido apoyo en una guerra regional o mundial, al lado de ella una simple escaramuza.

Pero esto no es arbitrario ni casual, sólo deriva del grado en que se considere la deidad: si el nivel es metafísico tal problema no existe; siendo religioso la adecuación es siempre insuficiente puesto que se trata de una deidad personal, o sea individual, o de un dios personalizado, dos formas análogas inherentes a este planteo siempre vinculado con la posesión, o la materialización de lo espiritual, como algo que se obtiene o se puede adquirir, negando la gracia, y haciendo genuflexiones o comercio de favores y pagos —adulterando así la idea de sacrificio— con supuestos espíritus.

En ese caso se puede incluso llegar a justificar algunas críticas gnósticas al judaísmo en donde se relaciona a Jehová, no con la figura del Ser Supremo, sino con su segunda persona, el Demiurgo.

También diremos que nuestro grupo esta ejercitado en la concentración, donde la coexistencia de diferentes puntos de vista, incluso opuestos (pero en sus múltiples —y extrañas— relaciones también complementarios, y por lo tanto capaces de conjugarse a perpetuidad), nunca es el producto de una fijación en un único carril de la mente, tomado apriorísticamente, y al que se aplica toda la voluntad forjada por razones que se aceptan como credos, con exclusión de todo tipo de conciliación de opuestos, o ejercicio del libre albedrío, y negando, u obstaculizando la entrega a la Inteligencia, diosa tan esquiva como real.

En las dudas angustiosas, en la verificación de nuestra nada que cada vez es aún menos algo, o sea, con el instrumental del gabinete alquímico del alma, es que se percibe la simultaneidad de los eones y el perpetuo nacimiento de lo creado.

Para nosotros —y para muchos otros— la deidad, lo que concebimos de ella, ya no toma forma a distintos niveles y menos adopta cualquier color, religioso o no, por lo que no importa qué interés cuantitativo, o histórico, ligado con ideas de competencia y triunfo (casi una cuestión deportiva) se sostenga por estos grupos antagónicos y sumamente limitados. Y también porque, aun en el mejor de los casos, si nos tocara encarnar una entidad que venciera al Anticristo en Jerusalén esto nos dejaría completamente fríos, pues nos parece menos, aunque incluso ocurriese esta situación de modo simbólico, o ya esté siendo evidente.

Todo esto es menor, nuestra deidad es ahora, ahora mismo, como ha sido siempre, jamás condicionada por ninguna determinación; fuera de la Realidad no hay nada.

El signo que esperamos es no-humano, no la intervención de alguna religión, a pesar que se nos diga que esta o aquella no es una más, sino La Religión, a pesar también que se nos recuerde que lo humano revela lo no-humano, o se nos pregunte en qué forma podría este expresarse sino a través del hombre o el grupo.

Lo cual es una falacia peligrosa pues se acentúa el aspecto más alejado de la deidad: el ser individual trastocado, invertido, jugando el papel del Ser Universal, con el que se lo confunde.

¡Qué se espera aún, qué se desea, cuál podría ser la recompensa, cuál la gloria! ¿Ante qué otro esto sería algo sino ante uno, encarando ahora —y siempre— el Sí Mismo?

En verdad es muy difícil comprender cuál sería la “satisfacción” del elegido, ¿qué cetro, qué corona, qué poder, y ello con respecto a qué o quién? Y: ¿cuáles serían las relaciones de todo esto con la Suprema Identidad, con el Principio totalmente indiferente, ajeno al chisme de quién va a ganar esta guerra santa o la otra?

Personajes ilusionados con que vengan a otorgarles la cinta azul de la virtud y la popularidad: ¿de manos de quién? La Voluntad del Cielo no comparte las vicisitudes cíclicas y el Manú de cada manvdntara hace girar la Rueda de la Existencia Universal, precisamente sin participar de ese movimiento que, sin embargo (y sin pretenderlo), origina. No es pues necesario afanarse, ni querer ganar nada a nadie, sino reintegrarnos a la Gran Paz, a la inmovilidad del Polo, a la total prescindencia del Hombre Universal mientras se cumplen todas las profecías, muchísimas de ellas ajenas al caudal de las religiones abrahámicas, hoy en franca decadencia.

A lo que habría que agregar la ineptitud en reconocer a la deidad cuando se manifiesta de millones de modos ajenos al aparato ceremonial religioso actual (por otra parte adulterado), tal cual lo han sabido los pueblos “primitivos” y los sabios de la antigüedad, comenzando por orientales taoístas y tántricos y occidentales paganos.

Para muchos lo religioso es, o tal vez ha sido, una forma adecuada de lo sagrado, simplificada para ser comprendida por la mayoría, a la que ordena mediante la ley moral, que en definitiva se resuelve en usos y costumbres, y de esa manera se conserva a un grupo numeroso que sigue preceptos de un dirigente para el bien social.

Basta con que se obedezca como buenos bueyes pacientes, aunque castrados, y se crea con fe; se prefiere esta actitud a cualquier conato de Conocimiento, que incluso puede poner en conflicto, o en ridículo, a no importa qué autoridad religiosa.

La superioridad de nivel de la metafísica viene dada por su propia naturaleza, es decir por su Origen y su Objetivo, al igual que la limitación exotérica de lo religioso, sus dogmas y fervores, no puede sobrepasar un nivel.

Ambas formas están emparentadas con lo Sagrado, aunque en los tiempos que corren la religión bien podría ser calificada de profana, en cuanto niega la verdadera intelectualidad, es decir su auténtica espiritualidad, confundiéndola con adhesiones de intensidad variada a una incierta “piedad” o al fanatismo excluyente —ambos hijos directos de lo emocional, que va y viene de aquí para allá.

Pero no es sólo eso, ya que como hemos anotado, estas dos formas de lo sagrado se encuentran en distinto plano, y el desconocimiento de la metafísica y su sustitución por lo religioso, que la suplanta, equivale a su negación.

Por lo que hoy se puede confundir —de buena o mala fe— a lo metafísico con lo profano, (repárese en la inversión) a fuerza de asociar exclusivamente la religión con lo sagrado.

En la actualidad los distintos credos abrahámicos tal como se expresan deben ser vistos más bien como un impedimento a las numerosas formas de Conocimiento, o Ciencia Sagrada, de acuerdo con sus limitaciones.

Sobre todo respecto al plano más alto, único que, paradójicamente, da sentido al andamiaje religioso, puesto que su revelación está adulterada y sus concepciones constituyen errores nacidos de la ignorancia de lo íntimamente sagrado —o metafísico— y su transposición por los valores morales, píos y sentimentaloides a los que nos referimos, que a su vez se reducen a cuestiones minúsculas, las que a su turno se manifiestan por estrechos comportamientos que si bien alegóricos, no exceden tabúes como el de la ingestión de carne de cerdo, por ejemplo.

En definitiva, que la religión como una de las expresiones de la metafísica ha dejado de tener sentido al sumirse día a día en la corrupción de modo inevitable por sus propias características en un mundo que sucumbe.

El Mesías, El Cristo Interno, el Mandi, viene a restaurar el Conocimiento, el Reino de la Metafísica, y no a promover o consagrar ninguna religión o credo en particular cuya descripción de la realidad hoy no es distinta a la de la ciencia profana, y se traduce en obnubilizaciones deportivas propias de los “hooligans” .

La religión, que se vincula con la salvación en el mejor de los casos, es la obediencia a un método determinado para conseguir la “liberación”, mientras que la metafísica es la Libertad misma, escrita con mayúsculas: por tanto, incluso, la Liberación de la idea de “liberación”.

Hoy en día el Conocimiento y la Metafísica no pasan por la Religión, identificada con el mundo moderno en cualquiera de sus aspectos, por la sencilla razón, antes señalada, de que ésta última ni siquiera pertenece ya al ámbito de lo sagrado, sino más bien al de lo social, aunque desde luego hay excepciones individuales, casi tan raras como las de los iniciados solitarios no unidos a ningún aparato religioso, y por lo tanto con una mayor amplitud de puntos de vista y una concepción más universal, muchas veces más ligada a la sacralidad de la Naturaleza encarnada entre otros por Dionisios y Eros, jamás olvidados en las cosmogonías tradicionales ni por los pueblos arcaicos.

De todas maneras no queremos acabar esta nota sin volver sobre aquellos que se dicen tradicionales y que de modo contra iniciático pretenden atribuir a su vaga religiosidad, (a la que dan categoría de verdad oficial trascendente, y a la que llaman esoterismo y aún religión perenne) características supremas constituyéndose en escándalo y adulteración, tanto de la Metafísica como de la Raíz de cualesquiera de las religiones monoteístas.

Es precisamente en este fin de ciclo donde debe exponerse toda la verdad, comenzando por la revelación de la auténtica cosmogonía, el modelo del Universo, los Secretos conocidos por los sabios de todos los tiempos, y desenmascarar lo que se pretende efectuar con la impostura “religiosa” y sus falsas teologías y “santos” maestros cuyos planteos literales eminentemente inspirados en lo profano, llegan al colmo de negar sus propios libros sagrados al malversar sus contenidos e incluso tomarlos para propio beneficio.

Si éste no es el momento de poner en su justo lugar este intento contratradicional, aparentemente aceptado en el seno de las religiones abrahámicas y por grupos místico-esotéricos caracterizados por su hipocresía respecto a los auténticos valores morales, ¿para cuándo lo dejamos?

La iniciación es el alimento sutil de los dioses y exige el auto-sacrificio y el estoicismo, mientras la religión es una bebida light, o en el fondo una sopa tan convencional como intrascendente, aunque tome formas guerreras, místicas o milagrosas.

La iniciación es obviamente una acción contra corriente determinada por lo inusual de ciertas pruebas terribles con las que se certifica la calidad del Amor. La religión actual, por el contrario, es una complacencia en la bondad de un sistema que se acepta como válido y la satisfacción egótica de sobresalir en su cumplimiento.

La primera se vincula con la magia y la gracia, la segunda con las obras, el deber, la rutina y la rigidez de la ley. Confundir la religión con la metafísica —o a la religión con lo sagrado— es como tomar a la salud por la moral, o la beneficencia por el amor.

Lo mismo sucede cuando se sustituye con la ley a la justicia, con la erudición al Conocimiento, o se toma a los políglotas por la cultura, aunque generalmente no se suele llegar tan lejos como para confundir la “santidad” con la sabiduría.

Para finalizar señalaremos una nueva categoría: la de la resaca pseudo-esotérica, compañeros de ruta de los antes nombrados al punto de poder identificarlos. Se trata igualmente de fanáticos obsesos por sus divisas, fuera de las cuales, no existe nada de valor, o peor aún: es malo o sospechoso todo lo que cae más allá de sus estrechos límites. En realidad estos personajes residuales no se han interesado jamás en el Conocimiento, sino que su postura está ligada con el poder y la política8 y por lo tanto con negocios tan relativos como sucios.

La paradoja es que estos igualados se llaman “tradicionales”, cuando en realidad son “tradicionalistas” y su campo es la acción y la violencia —la acción y la violencia per se— e ignoran todo lo que es la cosmogonía y la metafísica que nada les importa, pese a lo cual tratan de utilizar incluso a Guénon para sus fines, aunque no saben ni de dónde vienen, ni quiénes son, ni adónde se dirigen, ni menos aún que el término tradición, tal cual lo utilizan nada tiene que ver con la Tradición a la que se refiere el metafísico francés.

Y menos aún imaginan que son digitados políticamente por dirigentes ocultos y concretos, partidarios de la confusión y el error —que desde luego no pueden advertir por sí mismos por su falta de preparación— siendo su ámbito de acción los medios esotéricos que enfocan con criterio religioso e incluso como guerra religiosa.

Esta gente nunca ha oído hablar siquiera de la forma más alta de Conocimiento, por lo que jamás podrán soñar con ella, y se mantendrán frenéticos en los aspectos más positivos y “populares” de la deidad, que se les presenta exclusivamente de modo afirmativo incluso de manera grosera, casi material.

Algunos de ellos se adhieren al catolicismo o al islamismo soñando con una imaginaria Edad Media en la que son nobles caballeros —pese a su accionar delictivo— aunque esta adhesión se limite a persignarse al pasar   por una iglesia, o eructar notoriamente después de la comida, y me dicen que otros se sienten cómodos en el Islam por aquello de aporrear judíos (los que a su vez golpean a palestinos) o a personas que no comparten su propia mediocridad.

Personal éste originado en la masificación y la perversión que acuñaron en Europa y América regímenes totalitarios amparados por un vago mesianismo e idéntico odio y envidia; o lo que es lo mismo, la falta de generosidad y caridad que los impele al terrorismo como oficio y a una acción tan sucia como interesada, es decir lo contrario a la pureza del gesto gratuito.

Sobra decir que nada saben sobre la Tradición Hermética estos discípulos de Leo Taxil y si algo verdaderamente les interesara descubrirían que ella es la Tradición más antigua de las que subsisten, y en ese sentido la que es más tradicional, según sus limitados criterios.

 

Notas a pie de página

1 En Occidente incluso los seguidores de tradiciones orientales las interpretan también de modo religioso.

2 Actualmente en el Estado de Israel, los sionistas han sido reemplazados por los ultra ortodoxos, completamente politizados. Acabamos de leer en las memorias de Y. Rabin, refiriéndose a un grupo de fanáticos ultranacionalistas: “…grupo salvaje, un cáncer dentro de la democracia israelí, que reclama un mandato divino e impone el terror en las calles.” Se trata de una nueva ortodoxia de tipo radical y ultra religiosa que ha prendido a distintos grados en la juventud y no tanta israelí y en otras partes del mundo y que incluso puede ser terrorista e identificarse con el asesinato, como ha sido el conocido caso de la muerte de Yitsac Rabin un hombre de paz a manos de los más fanáticos. Estas mismas gentes son los ejecutores de los crímenes cometidos contra el pueblo palestino.

3 Algunos pondrían el grito en el cielo si se les dijera que actualmente la religión no está de moda. Sin embargo la Eternidad es la que siempre está de última moda, mientras las religiones pasan.

4 Por otra parte en cuanto a la frase anteriormente citada de Nasr sobre la anexión de cualquier cosa al Islam, ella puede leerse a niveles múltiples, entre ellos el de la apropiación de los bienes privados, es decir la confiscación de todas las posesiones y la negación de todos los derechos, comenzando por los humanos. A esto debería agregarse el énfasis exclusivamente puesto en fenómenos de orden cuantitativo como el millar de millones de islámicos que hay en el mundo y su avance invencible y el de su ley (la shariyah) por todo el universo, como si en realidad ello fuese de naturaleza espiritual (y ésta es la argumentación decisiva de la obra de Hossein S. Nasr) y no precisamente signado por el reino de la cantidad, es decir, por una falsa espiritualidad, o en palabras de Guénon, una espiritualidad al revés.

5 No obstante observarse simultáneamente con este rechazo a la religión, un reflujo invertido que se ha notado en estos últimos años, en particular en el islam, pero también entre jóvenes judíos que regresan a sus creencias y ceremonias, especialmente al Talmud, y muchos jóvenes que son atraídos por el catolicismo, en sus variantes cristiana fraterna, socialista-leninista, opusdeísta, o fanatismo religioso vinculado a todo autoritarismo facha e inquisitorial.

6 Sin embargo hoy parecería que a estas mafias se les escapa aquello que estaba bajo su control, y aún las jerarquías parecen no estar informadas de lo que sucede. Así en un periódico del 10697 se informa que el cardenal J. Ratzinger, uno de los más estrechos colaboradores del Papa, denunció que las iglesias protestantes financiaron en la década de los 60 a 70, a movimientos subversivos latino americanos. En realidad nos parece increíble esa acusación retrospectiva a los que viven en Suramérica, donde muchos de los delincuentes levantados en armas son o han sido curas, al igual que los agitadores que promueven las invasiones a la propiedad privada, el robo y el saqueo “pacífico” según lo expresan, todo ello bajo los auspicios de la Iglesia y el beneplácito de los obispos que hipócritamente niegan todo contacto con la Teología de la Liberación. En Suramérica esto puede verlo cualquiera y aparece diariamente en los periódicos. Por otro lado no hay pueblo, por alejado que esté, que no sufra los sábados a la noche, durante toda la velada, hasta el amanecer, el ensordecedor lamento de oraciones protestantes y cantos destemplados a todo volumen, para que los vecinos tengan la obligación de oírlos, y no dormir, por una cuestión confesional, de poder, y de agresión a la entera comunidad. Esas noches son verdaderas torturas para el vecindario, sobre todo cuando los católicos, por competencia usan el mismo método. Igualmente en el diario de hoy se informa que el patriarca ortodoxo Alexis II no se reunirá con el Papa. Motivo: la pretendida influencia que el catolicismo desea en los antiguos países de la U.R.S.S. Mientras tanto Chechenia ha impuesto la shariyah, o ley islámica, donde como se sabe y entre otras muchas cosas, la mujer es mutilada en su íntima esencia de hija de Dios y al ladrón le quitan la mano.

7 “Los ‘enemigos’ del Islam deben ser degollados sin perdón, ‘desde el recién nacido al viejo al borde de la tumba’, declara un jefe del Grupo Islámico Armado (GIA) en el boletín clandestino de la organización divulgado en Europa, justificando las matanzas en Argelia”. “Nosotros no hacemos aquí nada más que aplicar los preceptos de Dios y su profeta”. “Cuando oigan hablar de asesinatos o degüellos en una ciudad o en una aldea, sepan que se trata de partidarios del poder o que se ejecutan las órdenes (de los jefes del GIA) de hacer el bien y combatir el mal” (De la sección internacional del periódico ABC, Madrid, primeros de octubre de 1997, a partir de una entrevista titulada “Nuestra posición” publicada en el n913, junio 1997, de “Al Yamaa”, que “se presenta como ‘órgano oficial del GIA en Occidente’ .”).

8 A la que llaman cínicamente meta política.

 

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