RAMBLEJANT POR EL MEDIO – LAS FLORISTAS.

LAS FLORISTAS

Si hay un lugar en Barcelona donde la vida supera la literatura es la Rambla de las Flores. Las floristas han estado siempre personajes en busca del mejor autor.

García Lorca las describió en un poema en prosa y Josep Maria de Sagarra en una comédia, pero la creación más espectacular la hacen ellas mismas cada día, en la Rambla de les Flors.

Saben que se espera de ellas e interpretan bien y a gusto su papel. Por  eso mismo, cuando una persona importante y conocida pasea por la Rambla, las floristas enseguida le regalan flores, como gesto de hospitalidad que la ciudad ofrece al forastero. Boris leltsin, Sandro Pertini, Alexander Fleming son algunas de las muchas personalidades que han recibido flores cuando paseaban por la Rambla.

1-Dalí vuelve a Barcelona

Taxi de Barcelona

Otro nombre famoso que se relaciona con las floristas es Salvador Dalí, que tenía los nardos como flores predilectas. De todos es conocida la afición del pintor ampurdanés por dejarse ver y la Rambla era un lugar inmejorable para este objetivo. Los vecinos del barrio, como Tomás, el sastre de la calle de Carme, lo recuerdan perfectamente:

«Antes de que le cogiera la demencia senil, llegaba en coche y paraba delante del Liceo. Entonces, bajaba e iba a pie por la Rambla hasta la plaza de Cataluña, con su bastón, y saludando a todo el mundo. Mientras, el chófer lo iba siguiendo con el coche Y, cuando Dalí acababa su recorrido, volvía a subir marchaba».

A pesar de que siempre se ha hablado de «las» floristas, en femenino, resulta curioso que actualmente su vocal sea un hombre. Miguel Pallés, miembro de una de las familias con más tradición al sector, la de las Carolines, nos explica estas anécdotas:

«El rey Juan Carlos I, cuando todavía era príncipe, quiso darnos veinte duros cuando  le ofrecimos flores, pero no los aceptamos! En otra ocasión, los responsables de seguridad de otro personaje que también lo obsequiamos  con flores destrozaron el ramo para comprobar que no hubiera ninguna bomba».

Está claro que el protagonismo que pueden tener ahora las floristas es bien diferente del que tenían años atrás. Así lo demuestra este recorte de La Vanguardia del año 36, que describe el momento que los barceloneses salieron a la calle para recibir el gobierno//de la Generalitat:

“A las once y minutos hizo su aparición en la ronda de San Pedro el coche en que venía el presidente de la Generalitat, señor Companys, a quien acompañaba el alcalde de la ciudad, señor Pi i Sunyer, y a continuación otros dos automóviles con los consejeros.”

Todos ellos fueron objeto de calurosas ovaciones por parte de la muchedumbre allí congregada, oyéndose numerosos vivas. Precedía a la comitiva una sección motorizada de la Guardia Urbana. al pasar los coches frente a la casa número 13 de la ronda de San Pedro, donde se había levantado una tribuna para que las floristas de las Ramblas pudieran sumarse al homenaje que se tributaba al Presidente y consejeros de la Generalitat, aquéllas arrojaron gran cantidad de flores a los mismos y éstos correspondieron saludándolas con visibles muestras de emoción.

Del mismo modo, cuando la ciudad ha vivido momentos de luto, las floristas también han estado exponentes. Eran la una y media del mediodía de un domingo de septiembre. Hacía sol y la rambla de las Flores era llena de gente a rebosar. La bomba estaba escondida en tronco de un plátano robusto que crecía ante el callejón de la Petxina. Al estallar, la mañana soleada se convirtió en el escenario de una tragedia. murieron las hermanas Marfà y su entierro fue una verdadera manifestación de luto en la Rambla. Las paradas de flores tenían crespones negros y habían perdido la alegría que las caracteriza.

No es sorprendente que, con los años, las floristas de la Rambla se hayan convertido en una imagen casi mítica, que combina belleza y fortaleza.

La tradición dice que al menos dos nombres famosos se han rendido al encanto de las floristas: el pintor Ramón Casas y el filósofo Serra Húnter que, según algunas versiones, se casaron con floristas. Otras versiones, aseguran que se trataba de dos hermanas que vendían lotería en la Rambla.

2-Las floristas de las ramblas de Barcelona

Las floristas de las ramblas de Barcelona

Glória Bulbena, en su libro Barcelona: trozos de vida y recuerdos del ayer, asegura que los “galanes” se daban cita en la Rambla y que cada uno tenía « su propia florista”.

También se las ha definido como mujeres valientes y decididas. Dicen que, siempre que este colectivo ha tenido que afrontar algún problema, ha tenido la misma actitud: levantarse los delantales e ir a ver a quién haga falta. Miguel Pallès lo ilustra con esta história protagonizada por su suegra, Carolina Ruiz:

 «Una vez, la abuela Carolina tenía un agujero en tierra, muy cerca de la parada, donde cualquiera se hubiera podido romper la crisma. Ella había pedido muchas veces que se la arreglaran, pero no había manera. Un día, se acercó a la parada el obispo Modrego, que paseaba por la Rambla, y no perdió la ocasión. Mi suegra le soltó, a boca de cañón: “Ya ve como tenemos esto, si no vigila, usted mismo podría romperse una pierna.” Al di siguiente ya lo tenía arreglado».

Buena parte del encanto de las floristas reside precisamente en el producto que venden. Las flores multiplican su atractivo cuando se exponen en este paseo. Solo la rambla de las Flores puede inspirar líneas como estas, que Robert Robert publicó en la revista Un trozo de papel, (Un tros de paper) a mediados de siglo pasado.

“Contemplando las jovencitas que por la mañana se pasean, es imposible no comparar la morena de mofletes rojos con el clavel….

Las flores todavía van unidas a la galantería pero, en el siglo pasado, eran incluso un medio de comunicación entre los enamorados.

3-La Rambla de las flores

La Rambla de las flores

Según explica Ramon Sunyé a la Nueva crónica de Barcelona, el lenguaje de las flores se puso de moda gracias a los artículos titulados «Las flores», que Víctor Balaguer publicaba en el Diario de Barcelona, bajo el pseudónimo de Julia.

Hay que advertir que este lenguaje no era fácil. Las flores se podían utilizar para expresar sentimientos o para fijar una cita. En este último caso, había que añadir una perpétua amarilla, presidiendo el ramo, para poder ligar el significado que cada flor tenía por separado. Lo veremos mejor con estos ejemplos que nos da Julia:

“Si se quiere dar una cita para las doce de la noche, el nardo que expresa la cita, se presentará por sí solo, y luego, reunidos bajo la indispensable perpetua amarilla, el pensamiento, el don diego de la noche y la violeta. Esta querrá decir: te doy la cita para las doce de la noche de hoy o de esta noche.

“Si quiere decir: Vemme a ver mañana por la mañana a las ocho”. Se presenta sola la dianilla o reina de los prados, que es la flor que significa “venme a ver”, y luego, reunidas bajo la perpetua, el don diego, el botón de la rosa y el jazmin”

Esta claro que, en algunos casos, no hay que dominar mucho el lenguaje de las flores para que el mensaje llegue al interesado o, más a menudo, a la interesada. No hace tantos años, Miguel Pallés ha tenido algunos encargos que no parecen demasiado románticos.

«Más de una vez me he encontrado que alguien me pide que envíe flores bien marchitas a una dirección y que *está dispuesto a pagarlas como si fueran frescas.»

Sempronio entiende el lenguaje de las flores la prueba del paso de las estaciones, con un espectáculo cambiante en las paradas:

“La mimosa. Los narcisos, las violetas y las margaritas nos tienen habituados al invierno. Hasta que un día el estallido de las floridas ramas de almendro advierte que la primavera ha llegado. A medida que asciende la temperatura que los días se alargan, por el camino de los gadiolos y de las rosas desembocamos en el verano, que vuelca en la Rambla claveles, dalias, nardos, coronados… Hasta que otro día el ramblista impenitente se sorprende descubriendo en las “paradas” los primeros crisantemos. Nota que en el aire hay como un pensamiento de frío. Las mujeres pasan arrebujándose con el pañuelo.

Otoño. Todos los Santos nos aguarda en la esquina. Y al punto que nos descuidemos, volverá a la Rambla la mimosa flor de enero…

4-Las flores de las ramblas.metirta.online

Las flores de las ramblas

Ahora, los modernos invernaderos o las importaciones hacen más difícil guiarse con las flores para saber las estaciones del año. Además, tampoco podemos ignorar que en algunas paradas de la Rambla, la comodidad ha sustituido la tradición. Los cubos con flores han tenido que ceder espacio a los tiestos con plantas, porque este producto es más fácil de conservar. Otros todavía han ido más lejos y, a pesar de que a los floristas de verdad les duela, se han especializado en la venta de las simientes.  En estos casos, las flores solo se ven en la fotografía que ilustra las bolsitas planas de papel que guardan las simientes y que a menudo están en los expositores metálicos, como si fueran postales.

A pesar de todo, el conjunto de las dieciocho paradas que hay en la rambla de las Flores todavía conserva el espíritu otras épocas, con la mezcla de colores y olores que llegan a ser uno para los por los sentidos. Las flores al aire libre y las floristas como personajes mantienen un espectáculo abierto a todo el mundo.

Miguel Pallés defiende que el principal atractivo de las paradas de la rambla de las Flores es que siempre se trabaja de cara al cliente y asegura que hay un trato especial:

«Aquí tenemos la flor a la vista, no hay que entrar a ninguna tienda. Hay mucha gente que pasa cada día a la misma hora y les gusta pararse aunque solo sea a mirar o a hacer estallar la charla. Yo, ya lo digo que, en vez de clientes tengo amigos, cosa que también tiene inconvenientes porque nunca puedo decir que no».

En Miguel Pallés y los de las otras paradas se tienen que levantar a las cuatro de la madrugada para ir al Mercabarna a buscar la flor. Eligen entre todo el género y se llevan el que quieren en las Ramblas. Solo llegar, se tiene que cambiar el agua para que el género no se pudra y organizar la parada. A primera hora de la mañana, cuando empieza a pasar la gente, la Rambla ya tiene el aspecto de un jardín.

El origen de las paradas de flores en la Rambla lo tenemos que buscar, muy probablemente, en el mercado improvisado de fruta, flores y verduras, que las campesinas de la cercanía de Barcelona instalaban cerca del mercado de Sant Josep. No olvidamos que la Rambla de las Flores es el nombre popular de la que oficialmente se ha denominado Rambla de Sant Josep, tomando el nombre del antiguo convento que había donde ahora hay el mercado de Sant Josep o de la Boqueria.

5-Quiosco del las Ramblas de Barcelona.metirta.onlie

Quiosco del las Ramblas de Barcelona.

En el Rava!, entre la calle dels Talleres y la plaza del Bonsuccés, la calle de las Ramelleres recuerda que aquí estaban establecidas las campesinas que preparaban y vendían ramos de flores. A mediados de siglo XV, ya podemos encontrar un primer antecedente en las ramelleres que vendían hierbas aromáticas a las puertas de las iglesias.

Hizo falta, pero, esperar hasta mediados de siglo pasado para que se impusiera la costumbre de vender flores en la Rambla. Según Aureli Capmany, las primeras catorce paradas se establecieron el 26 de mayo del 1853, día de Corpus. Las crónicas de la época explican que llovió toda la mañana y se deslució mucho la inauguración, pero el domingo siguiente, las paradas ya hacían tilín, a pesar de que hizo falta esforzarse porque la flor no estaba en el mejor momento, a causa del mal tiempo que había hecho aquellos días.

Cinco años más tarde, ya había unas treinta paradas en la rambla de Sant Josep y el Ayuntamiento instaló unas mesas, que quedan retratadas sin piedad en un artículo publicado la primavera de 1930 en La Abeja de Oro: (L´Abella d´Or)

“Eren unas mesas de gusto artístico muy estrafalario, que daban una idea nada favorable del gusto de quién las inventó. Algunos años más tarde, alrededor del 1870, se estrenaron otras que, a pesar de que no eran gran cosa, ja tenían otro aspecto.

El 1870, después de la inundación que hubo el año anterior, se unificaron las tablas de madera, que necesitaban licencia municipal. Eran blancas con relieves de color verde y tenían unas puertas para que sirvieran también de armario.

Con motivo de la Exposición Universal del 1888, se volvieron a cambiar las paradas, con unas bases de hierro fundido y encima una tabla de mármol blanco, decorada con velas. Este modelo resistió hasta el año 1961 y en el Pueblo Español de Montjuic todavía se conserva una.

En aquella época, las paradas se montaban y desmontaban cada día y las floristas guardaban todos los enseres en dos almacenes que había en la calle Roca, entre la Rambla y la calle Petritxol.

Muchas floristas recuerdan todavía la imagen de aquel hombre que cada madrugada llevaba con su carretilla todo el material para montar las paradas. Nadie lo vio nunca con impermeable o paraguas. Si llovía, se cubría la cabeza con un saco abierto y continuaba su trabajo.

6-Ramblas de Barcelona 1961

Ramblas de Barcelona 1961

Era Enric Benavente, que hizo 97 años el 17 de enero de 1992 y que continúa viviendo en la calle Roca, ahora con su hijo y antes, cuando era pequeño, con el padre. Cuando solo era un bebé, la madre lo dejaba dentro de una caja con las floristas, mientras ella iba a llevar los ramos. La madre murió cuando él era muy pequeño y se crió entre las floristas. Su padre ya hacía el trabajo que él continuó después.

Al atardecer, Enric Benavente guardaba las mesas, los candelabros que se ponían encima y todos los utensilios en la calle Roca y cobraba un alquiler a la decena de floristas que utilizaban su almacén. A las diez de la noche se iba a dormir y a las tres de la madrugada se levantaba para que las floristas encontraran las paradas listas a punto.

Además, cuando acababa de montar las mesas, con el agua a punto para las flores, Enric Benavente también iba a repartir ramos. Con una memoria envidiable, recuerda muy bien los detalles y sobretodo el dinero.

«Cuando tenía quince años, me daban 20 céntimos para ir al hotel Marina, a Pla de Palau, o para ir al hotel España. Antes, las floristas hacían unos ramos tan grandes que pesaban mucho. Cuando ya tenía veinte años, si llevaba una corona a Horta o a Grácia me daban dos reales».

Pallés también tiene sus recuerdos de aquellos años:

 «Una mañana, levanté un bote que había en un rincón de la parada, cuando por la noche quedaba abierta, y encontré  un duro. Me lo puse en el bolsillo y no hice más caso pero, al día siguiente, volví a levantar el bote y había otro duro. La historia se repitió día tras día, quizás durante más de un año, y yo ya había desistido de entender el misterio! y me guardaba el duro en el bolsillo. Una mañana, cuando andaba hacia la parada para comentar a trabajar, vi a lo lejos un hombre grande, de aspecto elegante, que paseaba por la Rambla. Cuando pasó por nuestra parada, se paró, arrancó un martín pescador y se lo colocó en el ojal. Seguidamente, se puso la mano en el bolsillo, sacó una moneda y la dejó bajo el bote. Misterio! resuelto».

Entonces, en la Rambla también se hacía el mercado de las flores al por mayor, hasta que el 15 de mayo de 1964 se inauguró el Mercado de las Flores en la calle Lleida. Este mercado estuvo en Montjuic hasta el 13 de enero de 1984, fecha en que se trasladó a Mercabarna.

A partir de 1961, en la Rambla ya se colocaron nuevas paradas fijas, de hierro y vidrio, con un armario para guardar los enseres y algunas plantas. Esto obligó al Enric Benavente a cambiar de trabajo:

 «Entonces me pusieron a hacer de vigilante por las noches. Las paradas quedaban abiertas por delante y por los lados, solo con una barandilla y al atardecer se dejaban los las luces encendidas para que también se vieran las flores, era como una exposición por la noche. Después, la vida de la Rambla fue cambiando y ya se vio que no se podía continuar así».

7-La Carolina estrenando parada.metirta.online

La Carolina estrenando parada.

A pesar de que la estructura básica creada en 1961 se mantiene todavía, todo el mundo ha acabado cerrando la parada del todo, como ha querido o podido.

Actualmente, no se puede hacer una descripción muy más piadosa de la que nos daba L´Abella d´Or sobre las paradas del siglo pasado. Para protegerse de la lluvia, el viento, el frío, el sol y también del vandalismo, se tienen que utilizar materiales asociados con la imagen de pobreza, como la uralita o las planchas *metálicas superpuestas al techo original de la parada.

También hay otros detalles como los tradicionales parasoles que todavía tienen algunas paradas y que no siempre son tan limpios y bonitos como seria de desear.

Pero detrás de estas, se esconden algunos negocios que reciben encargos muy importantes por una boda o por una función del Liceo. Por eso mismo el teléfono y a veces el fax se han integrado a las paradas, unas nuevas herramientas junto a las de toda la vida: tijeras, tenazas, cuerdas y cintas, papel de envolver, regaderas, pulverizadores. Los tiempos modernos no tienen que ser enemigos de la artesanía.

Carolina Pallés, con espíritu innovador, ha introducido las verduras y las frutas en unos ramos originales y atractivos. Es su personal aportación a la quinta generación de una familia de floristas. Su bisabuela ya era partidaria de las creaciones florales. La Carolina ha estrenado las nuevas paradas.

Enric Benavente recuerda los zapatos que siempre llevaba su bisabuela Carolina porque parecía que acabaran de salir de la tienda, de tan relucientes y bonitas. Las floristas de antes le gustaban más a Enric Benavente.

 «Estas paradas de ahora, con plantas y flores mezcladas o con paneras montadas en las mesas no me gustan nada. En los tiempos antiguos, todo era más artístico. Por todos los Santos, por ejemplo, la Rambla era muy bonita, parecía un cementerio. Todo eran coronas, almohadas y cruces. Hacía mucho de gozo, peró todo esto se ha perdido».

Antes hemos visto que, con la Exposición Universal del 88, la Rambla de las Flores estrenó nuevas paradas, pero el olímpico 1992, que tanto ha transformado la ciudad, no es año de renovación global para las floristas de la Rambla, que esperarán que pasen los Juegos. Mientras tanto, ya hace más de un año que Flores Carolina luce en solitario el nuevo modelo de quiosco, que ganó el concurso promovido por el Ayuntamiento y la Asociación de Amigos de la Rambla.

A la memoria presentada en este concurso, el arquitecto Tonet Sunyer hace esta descripción de su diseño:

el quiosco propuesto se organiza a partir de una grada fija de exposición de plantas, por medio de un mecanismo de guillotina puede cerrarse con unas puertas de cristal, manteniendo intacto el interior. La disposición en gradas se entiende como la más idónea, a partir del funcionamiento de los quioscos actuales.

El sistema de puertas que envuelven el quiosco protege la masa de plantas y flores de la misma manera que las vainas de celofan protegen y resguardan las orquídeas sin tocarlas ni alterarlas.

8-Quiosco Rambla de las flores

Quiosco Rambla de las flores

En las bases del concurso para las nuevas paradas también se fijaba, como un aspecto para valorar positivamente, la iluminación durante la noche.

Este punto aparece en un comentario anexo a la memoria del diseño ganador.

“Se tiene muy en cuenta la imagen del quiosco cuando está cerrado, debido al uso tradicional de las ramblas como paseo de noche, evitando volúmenes pesados opacos ocupando el paseo, apostando por imágenes más atrevidas por la noche (cubos iluminados llenos de flores) que por sí solos pueden conformar la iluminación de este tramo ocasionalmente y que permiten que la rambla de las flores lo siga siendo de noche.

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