¿Qué es el Alma?

¿QUÉ ES? NUESTRA ALMA Y ¿DÓNDE SE ENCUENTRA?

Por Rosemary Altea médium y sanadora

1-Rosemary Altea, médium y sanadora.metirta online

Rosemary Altea

¿Qué es el alma?

 

El alma es nuestra esencia, nuestra energía. Es nosotros. Albergada en nuestro cuerpo durante el tiempo que pasamos en la Tierra, es capaz de entrar y salir de él a su antojo. A diferencia de nuestro cerebro, el alma posee un sinfín de conocimientos y tesoros.

El alma, nuestro ser espiritual, tiene características, emociones, la capacidad de aprender y crecer, el potencial para eclosionar, madurar y florecer si la nutrimos. Encarna todo lo que somos, todo lo que hemos sido y todo lo que potencialmente seremos.

Gracias a su cuerpo etérico o espíritu, el alma puede viajar y contactar con los seres queridos que han fallecido, y el recuerdo de dichos contactos nos llega a través de nuestros sueños, sueños que parecen muy reales pero que para muchos son una realidad demasiado difícil de comprender.

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El alma también puede contactar con otros seres en la Tiergan mis otros libros podéis encontrar algunos casos, como por ejemplo el de un futuro novio mío al que trajeron una noche a mi habitación dos seres del mundo de los espíritus. Lo vi claramente y se lo describí detalladamente a mis amigas. Dos meses más tarde lo conocí en persona.

Los animales también tienen alma, y forman parte de nuestro cúmulo de almas, y juegan un papel importante en nuestra experiencia en la Tierra.

Al comienzo de su creación y durante su desarrollo, el alma, toda alma que ha existido o existirá en el futuro, está compuesta, rodeada e influida por su propio tipo de energía particular procedente de una fuente de energía elemental particular.

En el universo existen cientos, si no cientos de miles, de grupos de energía en los que puede nacer un alma. En el plano terrenal, no obstante, sólo existen cinco grupos de energía, a partir de los cuales se crea toda la vida. Toda la vida.

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Cada uno de nosotros goza de la capacidad de expandir dicha energía, de desarrollarla y utilizarla de múltiples formas. Lo que no podemos cambiar es el tipo de energía que somos. Cambiarlo es imposible; sería como intentar transformar un pastel de chocolate en una tarta de fresa.

Los ingredientes que componen el alma, la fuente de su poder, siempre serán los mismos: una vez guerrera, será siempre guerrera.

Sin embargo, la forma o configuración del alma varía dependiendo de sus necesidades. Casi igual que un alienígena, puede cambiar de forma o tamaño en cualquier momento. Puede ser tan grande como el cuerpo humano que la alberga o tan pequeña como su más diminuto nervio.

En algunos momentos, nuestras almas se comunican entre sí. En ocasiones somos conscientes de que eso ocurre, como cuando sentimos una conexión instantánea con alguien. Este sentimiento, negativo o positivo, es algo que percibimos de un modo instintivo. Otras veces puede que no seamos conscientes de dicha conexión pese a que exista.

De algún modo, nuestra alma posee ojos y oídos; ve, escucha, presta atención a sus experiencias. Somos nosotros, los mortales, distraídos por los aspectos materiales y mundanos, los que necesitamos estar más atentos a la energía de nuestra alma.

El alma determina todo lo que podemos ser, pero nosotros, los mortales, elegimos en gran medida en qué nos convertimos. Aprendiendo acerca de nuestro grupo de energía elemental y nuestro signo específico del alma, nuestra alma, podemos descubrir y alcanzar nuestro destino más alto.

 

¿Dónde se encuentra nuestra alma?

Nuestra alma puede hallarse dondequiera que lo necesite. Contenida en lo más profundo de nuestro ser, el alma puede convertirse en corazón, pulmones, riñón o vejiga, en especial cuando uno de estos órganos tiene dificultades y necesita un incremento de energía espiritual.

Cuando padecemos un daño físico —una afección cardíaca, cáncer de pulmón o una discapacidad física de cualquier tipo—, nuestra alma se traslada al área afectada para proporcionarle fuerza, luz y curación.

Se hace uno con la fuente del daño, produciendo a menudo resultados sorprendentes… a los que llamamos milagros o curaciones inexplicables. Algunos de nosotros, en momentos de angustia extrema, sentimos algo, una especie de presencia en nuestro interior, que calma nuestras emociones.

1-3Dicha presencia podría provenir del mundo de los espíritus, ser una presencia separada de nosotros, o podría tratarse de nuestra propia alma agitándose en nuestro interior, expandiendo su energía a aquellas zonas que necesitan ser sanadas.

Pero nuestra alma también es capaz de viajar fuera del cuerpo humano. Puede expandirse hasta colmar el abismo más grande o empequeñecer lo suficiente para atravesar el ojo de una aguja. Es libre de explorar cuándo, dónde y lo que elija.

Nosotros, como almas, elegimos estar aquí, disfrutar de esta experiencia terrenal. Sí, elegimos, lo cual puede resultar difícil de creer para aquellos que han tenido una vida difícil. ¿Por qué íbamos a elegir algo así? La razón es simple: aprendizaje, crecimiento, expansión, conocimiento.

Pero ¿por qué? De nuevo, es simple: nuestras almas deben florecer o se marchitarán y morirán, de modo que nuestra experiencia terrenal es nuestra escuela, nuestra oportunidad de aprender y crecer, y con un potencial ilimitado.

Abrí mi mente, y he aquí lo que Águila Gris me enseñó. La estudiante estaba preparada, y el maestro comenzó: «Eres un alma guerrera, nacida en el universo hace mucho, mucho tiempo, nacida antes de que llegases a este plano terrenal. Yo también soy un alma guerrera, nacida en el universo hace aún más tiempo.

Soy un alma más crecida, más madura que tú, pero aun así soy un alma guerrera, con todos los rasgos que posee un alma guerrera.»

Por un momento me sentí colmada de orgullo. Un alma guerrera, qué importante, qué increíble… ¿ no ? Lo parecía, sonaba así, pero no tardé en replicar: «¿Qué es un alma guerrera?»

Pronto comencé a aprender sobre los cinco grupos elementales, las cinco fuentes de energía distintas. Aprendí acerca de los signos del alma, trece en total, y me extrañó que fueran tan pocos. Fue entonces cuando supe de los cúmulos de energía.

«Un cúmulo —oí decir a Águila Gris—, todos formáis parte de un cúmulo de almas. Todas las almas que tienen una experiencia vital en el plano terrenal forman parte del mismo cúmulo de almas. Todos sois similares en muchos aspectos, estáis conectados, unidos por vuestras semejanzas, pero también sois muy distintos. Así es, y así sois.»

En resumen, un cúmulo de almas es un grupo de ellas, todas con al menos una característica común y que se mueven en la misma velocidad y en la misma dirección.

Pero Águila Gris me explica que es nuestro planeta, la Tierra, el que se mueve, y que todos nos desplazamos con él a la misma velocidad y, sí, por supuesto, en la misma dirección.

Me cuenta que en el universo existen muchísimos cúmulos de almas, grupos de almas que viven experiencias en lugares distintos del plano terrenal. Sin embargo, para nosotros los mortales, nuestro cúmulo de almas se compone de cinco grupos, cinco fuentes primarias de energía, trece variedades de almas en total.

Nuestra alma es como el bulbo del narciso, no necesariamente con la misma forma, pero sí con claras similitudes. Al enterrar sus raíces en la tierra, en lo más profundo de nuestro ser, el alma busca todo lo que pueda alimentarla. Cuando se alimenta, ocurren ciertas cosas: el proceso no es muy diferente del de un bulbo floreciente, de modo que cuando el alimento, el abono, es bueno, y el clima en el que crece es el apropiado, el alma florece.

almaa22222Si la alimentación no es la adecuada, o si el abono es inapropiado, lo cual ocurre debido a obras, pensamientos o actitudes negativas o negligentes, entonces el bulbo, el alma, encogerá y se marchitará y ofrecerá una flor pequeña y de aspecto lamentable o simplemente no florecerá en absoluto.

El alma, como el bulbo del narciso, lucha por alcanzar su potencial, por florecer. La floración del alma, la energía resultante, es lo que llamamos espíritu, nuestro espíritu.

Cuando alimentamos nuestra alma, su aura o campo de energía gana luz, una luz amarilla y resplandeciente. Cuanto mejor sea el alimento que el alma recibe, mayor la atención, más extensa y brillante será su aura, su flor.

El bulbo florece, el alma eclosiona, su increíble energía y la luz que proporciona permiten al alma ver con mayor claridad, crecer con más fuerza, y al igual que el narciso, se trata de un ciclo interminable: incluso cuando la vida en la Tierra ha cesado, el ciclo de la vida continúa. Ahora vemos el alma como un ente tangible.

Un bulbo raro y especial. Así es como es, así somos nosotros. Y debemos tratarlo como el más importante y delicado presente.

Visualiza el cultivo del bulbo en el suelo más fértil, como lo harías con cualquier semilla preciosa, e intenta colocarlo en el mejor y más compatible de los entornos. No le proporciones venenos: malos pensamientos o acciones negativas; sólo el alimento que más lo beneficiará: cuidado, atenciones y amor. Sé el mejor jardinero de todos cuidando de tu bulbo y esperando su floración

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Las trece almas

Existen trece signos del alma en total, cada uno propulsado e influido por uno de los cinco grupos de energía.

En el grupo de fuego tenemos:

El alma retrospectiva

El alma soñadora

El alma estrella brillante

El grupo de almas de la energía del fuego se mueve y actúa a través de la emoción.

 

En el grupo de tierra tenemos:

El alma cazadora

El alma visionaria

El alma guerrera

El grupo de almas de la energía de la tierra se mueve y actúa a partir de la planificación y la estrategia.

 

En el grupo de aire tenemos:

El alma viajera

El alma profeta

El alma recién nacida

El grupo de almas de la energía del aire se mueve y actúa a partir de la frustración y la opresión.

 

En el grupo del agua tenemos:

El alma buscadora

El alma pacificadora

El alma vieja

El grupo de almas de la energía del agua se mueve y actúa a través del análisis y el acuerdo.

 

En el grupo de energía del azufre tenemos:

El alma oscura

El grupo de almas de la energía del azufre se mueve y actúa por el deseo de corromper.

Como se puede observar, en la división de nuestro cúmulo de almas, existen cuatro grupos de energía con tres signos cada uno: «Los doce de Dios», según Águila Gris.

En el último grupo, el del azufre, tenemos un alma, el alma oscura. (Las tres manifestaciones del alma oscura se crean a partir de la misma fuente elemental, pero cada una utiliza su energía oscura de una manera.

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¿Qué signo del alma eres tú?

Si consultas la lista de signos que acompaña a tu grupo de energía, arriba, habrás reducido el campo a tres; no hay duda de que eres uno de ellos.

 

2-Signos del alma.metirta.online3-Signos del alma.metirta.online

 

 

Si eres un signo de fuego:

  • ¿en ocasiones te sientes negativo y con frecuencia encuentras algo de lo que quejarte?
  • ¿ encuentras que eres o muy alentador o muy desalentador con los demás y sus actos?
  • ¿sueñas con la pareja perfecta aunque te sientes decepcionado una y otra vez cuando otros te fallan?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma retrospectiva.

O, quizá:

  • ¿te sientes impelido a expresar tu temperamento artístico?
  • ¿crees que en ocasiones eres poco realista respecto a lo que esperas de la gente y las situaciones?
  • ¿piensas que sueles mirar a los demás a través de un cristal color de rosa para ver sólo lo mejor que hay en ellos?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma soñadora.

O, tal vez:

  • ¿te ves a ti mismo como positivo y sociable, especialmente en circunstancias difíciles?
  • ¿te gusta ser el centro de atención, incluso si es a costa de otros?
  • ¿necesitas los elogios y una pareja que te ofrezca toda su atención?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma estrella brillante.

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O, si eres un signo de tierra:

  • ¿te encantan los retos y te esfuerzas por superarlos a toda costa?
  • ¿motivas a los demás con tu entusiasmo pero los dejas atrás si entorpecen o trastocan tus planes?
  • ¿necesitas libertad y flexibilidad en cualquier relación personal?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma cazadora.

O, quizá:

  • ¿tardas un poco en decidir tu camino profesional?
  • ¿piensas en ti mismo como organizador social que llamará a los demás aunque éstos no te llamen?
  • ¿necesitas sentirte reconfortado y seguro, ya que no siempre estás seguro de ti mismo?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma visionaria.

O, tal vez:

  • ¿tomas el mando en la mayoría de situaciones de forma natural?
  • ¿encuentras que habitualmente eres el primero en prestarte voluntario?
  • ¿necesitas dedicarte a tu pareja y establecer una verdadera comunicación?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma guerrera.

 

O, si eres un signo de aire:

  • ¿te preguntas a menudo si la hierba será más verde en otra parte que donde estás?
  • ¿crees que no necesitas la seguridad de una casa, un hogar, una familia?
  • ¿te consideras a ti mismo un romántico y te encanta la idea de enamorarte pero te cuesta comprometerte con una sola relación?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma viajera.

O, quizás:

  • ¿estás contento dondequiera que estés y en cualquier momento?
  • ¿evitas los conflictos de cualquier tipo con el fin de mantener la estabilidad tanto en casa como en el trabajo?
  • ¿necesitas una pareja estable totalmente comprometida contigo, incluso si la relación no es perfecta?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma profeta.

O, tal vez:

  • ¿necesitas probar cosas nuevas e innovadoras?
  • ¿valoras la estabilidad y sientes casi siempre que tu vida es estable?
  • ¿compartes tus emociones abierta y fácilmente, y necesitas una sólida vida hogareña?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma recién nacida.

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O, si eres un signo de agua:

  • ¿te interesas siempre por los demás?
  • ¿te agrada involucrarte en proyectos que merecen la pena, y te encanta intelectualizar y filosofar sobre las cosas?
  • ¿quieres una relación, pero sueles ser reservado y encuentras difícil compartir tus sentimientos íntimos?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma buscadora.

O, quizá:

  • ¿sientes que tu principal foco de atención es el matrimonio y la familia, incluso en las reuniones sociales?
  • ¿trabajas con niños o en la enseñanza o bien cuidando personas?
  • ¿disfrutas cuidando de tu familia?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma pacificadora.

O, tal vez:

  • ¿te gusta la compañía, pero sientes que puedes ser igual de feliz estando solo?
  • ¿te involucras en varios proyectos al mismo tiempo porque te cuesta decir que no?
  • ¿ te gusta ser quien establece las reglas en tu relación?

Si te identificas con este comportamiento, eres un alma vieja.

 

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