PINTURA ROMANA

La pintura tuvo en Roma una gran importancia y un extraordinario desarrollo, hasta el punto de que la misma escultura tuvo en ella un carácter pictórico. Sin embargo, no nos ha llegado ninguna muestra anterior a la edad imperial, por el cual tenemos que basarnos, en cuanto al siglo I, en las decoraciones parietales de Pompeya y Herculano. No es fácil distinguir lo que es propiamente romano de todo cuanto se deriva de la decoración helenística; además, la producción existente está formada por pinturas que denotan una notable sensibilidad y una cierta destreza, pero que no pueden tildarse de obras maestras. Estas decoraciones han sido divididas en cuatro estilos, cuya diferenciación no será extremadamente rigurosa. El primero, de carácter helenístico, llamado «de incrustación», se basó en los mármoles de colores del Palacio de Mausolo o de los palacios de Pérgamo y de Alejandría, cuyas paredes estaban recubiertas de estucos pintados y relieves. Hallamos un ejemplo en la Casa del Fauno, en Pompeya, donde se encuentra también el famoso mosaico de la Batalla de Alejandro, obra claramente alejandrina. El segundo estilo es llamado «de arquitecturas», porque dispuso sobre las paredes elementos arquitectónicos, zócalos, arquitrabes, tímpanos y columnas que enmarcaron figuras y paisajes. Es probable que fuera ésta la expresión de un gusto decorativo típicamente romano; los mejores ejemplos se encuentran en la Casa de Livia, en Roma. El tercer estilo, llamado «de candelabros», también «de pared real», se desarrolló más o menos en la época de Augusto y redujo los efectos de perspectiva para valorar de nuevo las paredes, mientras acentuó el color, que dio a la obra casi el aspecto de un tapiz. La influencia de la decoración egipcia es muy visible. El cuarto estilo, llamado de ilusionismo arquitectónico», correspondió a la época flavia y desarrolló la fantasía de tono oriental del tercero, para volver a la simulación de perspectiva del segundo con delicados elementos arquitectónicos: el color, basado en el rojo cinabrio, en el oro, en el púrpura y en el azul turquí, aumentó el efecto escenográfico y pictórico. En esta decoración se insertaron los paños murales, que fueron tratados con una técnica muy hábil, desde los famosos de la Leyenda de Medea, de carácter patético, a los idílicos, más helenísticos y afortunados, por sus colores tornasolados y por la armonía de la composición, como el Hallazgo de Telefo por Heracles, considerado como el mejor de todos. Son también muy interesantes los de la Domus Aurea, en Roma, en los que se inspiraron muchos de los pintores de la época renacentista.

11-Ilusionismo arquitectónico.metirta.online

Junto a estos estilos se encuentran también otros, de los cuales uno floreció en la época de César y casi llega a anticipar el Impresionismo. Representó pequeñas escenas en las que las figuras parecen dispersarse en la amplitud del paisaje. Los ejemplos más famosos son las escenas de la Odisea, en una casa de Esquilino. Otra obra muy interesante que aún se discute si es derivación helénica o expresión original la forma el conocido ciclo de la Villa de los Misterios en Pompeya, con la descripción de los ritos de iniciación en los misterios dionisíacos. Finalmente la pintura romana ofrece una serie de estupendas naturalezas muertas, probablemente de origen helénico, y una abundante producción retratista. De una gran belleza es el retrato de Paquius Proculus y su esposa, en Pompeya, en el que no se advierte ninguna influencia helenística, sino una genuina expresión local, fresca y sincera, la misma que anima tantas pequeñas escenas de carácter popular. Son numerosos los retratos pintados sobre la envoltura de las momias, pertenecientes a la época de los Antoninos, de intensa expresión, lograda por los grandes ojos rasgados. Destacan por su gran belleza los retratos de la Villa Adriana, en Tívoli, y el mosaico de las Palomas, con elementos orientales.

 

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