PINTURA ETRUSCA

10-Casa de los Vetti.metirta.online

También la pintura se desarrolló en el ámbito del culto a los muertos, como ya hemos visto en la arquitectura y la escultura. Por consiguiente, se trata por lo general de pintura parietal al fresco, porque debía adornar las paredes de las moradas funerarias. Los temas son mitos griegos, convites, cacerías, juegos diversos, casi como para demostrar el deseo de perpetuar en el más allá aspectos de la vida terrena. Entre los más antiguos recordamos los frescos de la tumba de los Tori, en Tarquinia, con la descripción de la celada de Aquiles a Trojio, de hacia el siglo VI a. de J. Las figuras están definidas por líneas precisas y rellenadas con colores claros; son visibles aún los motivos de la estilización oriental, especialmente en caballo. Se continúa el convencionalismo observado en la pintura vascular griega, es decir, pintar de rojo las figuras masculinas y de blanco las femeninas. Además, el vivo interés del pintor por el paisaje despoja muy a menudo de todo dramatismo a la escena. Todas las composiciones pictóricas semejantes tienen una fascinación particular por la yuxtaposición fantástica de los colores, lo que es visible en los caballos rojos y azules. Un período sucesivo muestra una pintura más experta en la composición espacial, en la armonía de las actitudes, en la disposición de los colores. Les mejores ejemplos son la Tumba de Triclineo y la Tumba de los Leopardi. En ellas se representan escenas de vida dichosa más que temas funerarios: banquetes, danzas, escenas de caza y de pesca, descritas con desenvoltura y brío, más que compuestas en una imagen de serena belleza. Los espléndidos colores mediterráneos, blanco, rojo, azul, contribuyen a la representación.

Finalmente, en el último período del arte etrusco, en los siglos IV y III a. de J., desaparece esta alegre visión de la vida para ser sustituida por la sombría y obsesiva representación del Hades: demonios con formas monstruosas de serpiente y buitre; banquetes de verdadero carácter funerario; la muerte, pavorosa y trágica; imágenes con un vivo claroscuro, un modelado más firme. Recordemos los frescos de la Tumba Francois, en Vulci, y los de la Tumba del Orco, en Tarquinia, a los que acaso corresponda la calificación de obra maestra de la pintura etrusca. En ellos se retrata a una muchacha de la familia Velcha, de marcado perfil y gesto de atónita angustia.

 

←HISTORIA DE LA PINTURA

←ARTE