PINTURA BIZANTINA

14-El Buen Pastor y Virgen.metirta.online

El proceso del realismo clásico a la abstracción se hizo cada vez más ‘evidente en el arte bizantino, como ya hemos podido comprobar en el campo plástico. La pintura siguió el mismo desarrollo, advertido especialmente en Italia, en la pintura musiva de Ravena. Los primeros mosaicos raveneses (los del Mausoleo de Gala Placidia) mantuvieron en algunas escenas, como la del Buen Pastor, un carácter helenístico en el paisaje. Toda referencia al mundo clásico era transfigurada por un cromatismo irreal, lo que creaba un aspecto de misterio, una sugestión profunda que suscitaba en el alma de quien lo observaba el sentido de lo eterno. La «representación» clásica desapareció para sugerir la «visión». Lo mismo se puede decir de la decoración musiva de la cúpula del Baptisterio de los Ortodoxos, también del siglo V. Como quería la tradición bizantina, la pintura fue concebida en función de la arquitectura, y la variedad de colores romanos fue sustituida por tonos claros dorados y oscuros de verde azulado. La producción pictórica bizantina se desarrolló preferentemente con el mosaico, que requería una cierta rigidez de líneas, no permitía los matices minuciosos y quería coloridos limpios y dibujos precisos. El mosaico bizantino, al cumplir estos requisitos, alcanzó una expresión severa y solemne, estática por lo general, pero capaz de sugerir movimiento y caracterizada por una exquisita armonía de líneas y colores.

En Oriente existen poquísimos ejemplos de mosaicos de los primeros siglos. Pertenecientes al siglo IV encontramos solamente los tres fragmentos de San Demetrio, en Salónica, de una extraordinaria fuerza expresiva. Durante este siglo y en el siguiente, en Italia, y como siempre en Ravena, tuvo lugar un espléndido florecimiento. Las famosas vírgenes y mártires de San Apolinar Nuevo son puros ejemplos del estilo “cortesano» bizantino, en el que la uniformidad de los vestidos, la repetición de las posturas y de las expresiones destruyen la individualidad, creando un ritmo que lleva a los fieles al éxtasis. Pero la obra maestra de la pintura bizantina han sido siempre las teofanías de San Vitale, en las paredes del ábside, que representan a Justiniano y Teodora con su séquito. Ante un fondo Monasterio de Dafne.de oro, los personajes están vistos de frente, envueltos en espléndidos vestidos de brillantes colores y de piedras preciosas, símbolos de un mundo trascendental. Sin embargo, los rostros no pierden sus caracteres históricos, evocando de nuevo formas de la retratística romana. En ellos el estilo cortesano alcanzó su expresión más alta. Bastante más esquematizado aparece el mosaico del ábside de San Apolinar in Classe, en el que de una manera simbólica está representada la Transfiguración de Cristo.

Después de una interrupción que duró algunos siglos, la producción de mosaicos experimentó de nuevo un florecimiento entre el siglo X y el XI, y dejó como auténtica obra maestra el conjunto de mosaicos del Monasterio de Dafne, en Grecia donde aparecen caracteres helenísticos en ciertos paños murales, con principios paisajísticos y narrativos, en una sorprendente armo-nía de colores y líneas. Es esta la segunda edad de oro del arte bizantino en la que la pintura dio origen a la corriente neo-helenística que habría de repercutir en la pintura románica europea.

También fue cultivada por el arte bizantino la miniatura, que especialmente durante los primeros siglos reveló una clara influencia oriental de gran realismo aún más acentuado por cuanto no aparecía en la pintura musiva. En cambio, más tarde siguió el estilo del mosaico al afirmar la simetría y la estilización.

 

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