Piedad y Mística Musulmanas. Las Cofradías

7.- PIEDAD Y MÍSTICA MUSULMANAS LAS COFRADÍAS

En las páginas precedentes hemos intentado presentar los puntos principales del dogma y de la ley del islam tal como aparecen a través de la enseñanza oficial. De hecho, la experiencia religiosa es inseparable de la teoría, y en más de una ocasión hemos referido testimonios o impresiones vividas. Con el tema de este capítulo, la piedad y la mística, penetramos más aún en el terreno de la experiencia religiosa. El islam contribuye en la actualidad a mantener en el mundo algunos valores religiosos fundamentales, que no es el único en fomentar, pero que las preocupaciones y los placeres de las sociedades de consumo corren el riesgo de hacer olvidar en muchos sitios. Por eso hay musulmanes preocupados por la interiorización de su fe, más allá del seguimiento ritual de las plegarias obligatorias y de la mentalidad jurídica.

cieloEste movimiento que lleva a desarrollar más las relaciones vivas del hombre con Dios se llama el «sufismo». Esta palabra, calcada del árabe, procedería según la opinión más común de la palabra suf, lana, en recuerdo del hábito que llevaban los primeros sufíes a imitación de los monjes cristianos o de otras religiones. El término sufismo abarca otras realidades más amplias que la de la mística; engloba todo lo que lleva la marca de un deseo de interiorización o de expresión más sensible que el ritual desnudo de la plegaria, que va desde la adopción de prácticas colectivas de piedad en las cofradías populares hasta los poemas y enseñanzas de los grandes maestros espirituales.

Importa sobre todo no oponer sistemáticamente el sufismo al activismo, ya que en muchas ocasiones de la historia ha habido sufíes comprometidos en la acción política, como por ejemplo Osmán Dan Fodio, el fundador del imperio de Sokoto, en el siglo XIX.

 

1.-El sentido de la presencia de Dios

Uno de los elementos en que se basa el sufismo es el sentido de la presencia de Dios, no ya de una presencia tan íntima como la de Dios en el cristianismo, sino la de un señor amado cuyas exigencias se compaginan con una bondad inmensa con quien le obedece.

En una serie de entrevistas hechas en 1969 por un musulmán egipcio aparece la pregunta: «¿En qué momento se siente usted más cerca de Dios?». He aquí algunas de las respuestas más características:

nacimiento_islam_1.jpg— siempre que el hombre lee el Corán, está cerca de Dios;

— me siento más cerca de Dios en las oraciones de la última parte de la noche;

—creo que Dios está siempre muy cerca de mí;

— no tengo en ningún momento la impresión de estar lejos de Dios.

Esta fe en la presencia de Dios (especialmente durante las oraciones o las recitaciones del Corán) está en la base de todo un estilo de vida, o al menos de ciertas prácticas de piedad.

Hay textos en el Corán y en las tradiciones hadit que enseñan esta proximidad de Dios. Por ejemplo:

Cuando mis servidores te pregunten sobre mí, (diles): Yo estoy cerca.

Yo escucho la petición del que me invoca cuando me invoca (Corán 2, 186).

Una tradición explica en forma de imagen que si el hombre se acerca a Dios un pulgar, Dios se acercará a él un palmo; si se acerca un palmo, Dios se le acercará un codo. En una palabra, si el hombre hace un pequeño esfuerzo por acercarse a Dios, Dios responderá de una manera más amplia todavía saliendo a su encuentro (compárese esta misma idea con lo que dice más concisamente Santiago en su carta: 4, 8).

O también el texto famoso: «Sirve a Dios como si lo vieras; si tú no lo ves, él sí que te ve a ti».

El conjunto de la doctrina del Corán apoya por otra parte este sentimiento de la presencia de Dios. Dios lo ve todo, lo sabe todo; nada se le escapa. Y los mejores de entre los musulmanes viven de este pensamiento. Muchos de ellos repiten fórmulas, oraciones jaculatorias, contándolas con sus rosarios, que les sirven para vivir en la presencia de Dios.

Esta repetición de fórmulas breves se encuentra especialmente en los oficios de las cofradías. Uno de los mayores poetas místicos musulmanes, Jalal al-Din Rumí (+ 1273 en Konia, Asia Menor, el Iconio de los viajes de san Pablo), tiene una excelente imagen para subrayar el valor de estas repeticiones. Habla de ello en su obra titulada Masnaví. Un hombre repelía el nombre de Dios «Alá, Alá…»; un día, Satanás se le apareció y le preguntó qué provecho sacaba de semejante oración, si Dios no le respondía; aquel hombre dejó entonces de repetir como antes su invocación: «Alá, Alá…»; pero Dios le hizo comprender que decir Allá era a la vez llamada y respuesta y que él estaba presente cuando el fiel pronunciaba su nombre.

 

2.-Las grandes fechas en la historia de la mística musulmana

Para situar los nombres y las alusiones que tendremos ocasión de ofrecer, he aquí en primer lugar algunos puntos de orientación.

2.jpgLos comienzos del islam estuvieron marcados en la historia del sufismo especialmente por dos factores: por un lado, la austeridad de vida, las oraciones en la Meca, las vigilias nocturnas, la pobreza de la comunidad naciente en Medina, dejaron recuerdos que más tarde se encargaron de subrayar los sufíes. Pero sobre todo, por otra parte, cuando las conquistas y el numeroso botín obtenido enriquecieron a los primeros musulmanes de manera inverosímil (hay que subrayar en el libro de las biografías de Ibn Sa’d el cálculo de la fortuna que algunos compañeros de Mahoma dejaron al morir, realmente colosal), hubo algunos musulmanes sinceros y rectos que se negaron a abandonar el ideal más austero de los primeros años y rechazaron la vida fácil de sus correligionarios afortunados.

Un siglo más tarde hay que recordar un nombre: Hassán al-Basrí, muerto en el año 728, que vivió en medio de sus contemporáneos sin participar en los conflictos que enzarzaron a unos contra otros. Tanto los sufíes como otros pensadores lo reivindicaron como antepasado suyo. Los sufíes poseen muchas veces, incluso hoy, un documento o cadena de iniciación que menciona cuál fue el maestro que los inició, el maestro de ese maestro, y así sucesivamente. Pues bien, en la mayor parte de los casos, el linaje espiritual se remonta a Mahoma, pero pasando por Hassán al-Basrí.

Por aquella misma época hubo un movimiento de ascetas en el Jorassán, provincia célebre por su civilización y que duró hasta la destrucción del país por los invasores mongoles (siglo XIII). El Jorassán ocupaba el nordeste del actual Irán; comprendía además una parte de Afganistán, así como, en el norte, algunos territorios que pertenecen actualmente a la Unión Soviética.

Del año 750 al 950 asistimos a la edad de oro de la mística musulmana, especialmente con la escuela de Bagdad.

3.pngLuego, con el final del siglo X y con el XI, comienza el período de los teóricos de la vida espiritual, que componen tratados que analizan las diferentes etapas de esta vida y las nociones que utiliza. Así, el famoso tratado del imán al-Ghazali (que los escolásticos latinos llamaban Algazel y que murió en 1111) titulado La reviviscencia de las ciencias de la religión.

En los siglos XII y XIII, el rasgo más característico es la aparición de movimientos de piedad popular o cofradías (el-toroq as-sufeyya), que se desarrollan cada una siguiendo las huellas de un santo personaje.

Finalmente, a partir de la misma época se desarrolla una mística arraigada en una filosofía, con toda una teoría del mundo que emana de Dios y que permanece sin embargo en él.

 

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