PASEAR POR LAS RAMBLAS – LAS RAMBLAS DE BARCELONA (CATALUNYA).

RAMBLAS

Canaletas

INTRODUCCIÓN

 PASEAR POR LA RAMBLA

Cuando ha salido de clase, Albert ha oido que un compañero comentaba que hoy es la Mare de Déu del Roser y que es fiesta mayor en la Rambla. «El sant de la mare!», ha pensado.

Ha decidido que sería un buen detalle llevarle un regalo a la virgen, y ha ramblejat hasta llegar a las paradas.

Había flores de todos los tipos y de todos los colores, y las floristas lo han ayudado a elegir un ramo que hacía tilín, porqué él no entiende nada.

Ha pensado que tenia que volver otro día con más calma, porque ramblejar entre aquel universo de olores tiene que ser a la fuerza una experiencia agradable.

La señora Lola va hacia la Boqueria, pero, hoy, sin prisa, porque sus hijos son fuera y no hay que tener la comida a punto tan pronto.

Zurich,Asier

Ramebleja tranquilamente, paseando, y de golpe se ha parado en el quiosco que hay ante el Museo de Cera.

Tantos años pasando por delante y no he entrado nunca!, piensa, medio sorprendida.

Se decide: puede ser divertido, y al fin y al cabo se merece un rato de recreo.

Se dirige a la persona de dentro del quiosco para comprar la entrada, y se da cuenta que es una figura de cera.

Bien plantada en medio de la Rambla, estalla en una risotada.

Los señores Smith quieren ver el monumento a Colon, que completa el paseo típico por la Rambla de Barcelona, pero tienen que detenerse ante un edificio que les ha llamado la atención: «Centre d´Art Santa Mònica», dice en la fachada. Parece que hay una exposición , y se deciden a entrar, porque son unos grandes amantes de la pintura.

Descubren una muestra de pintura catalana contemporánea y no pueden dejar de sorprenderse.

Conocían la existencia del Museo Picasso y de la Fundación Miró, pero bien es verdad que nunca habrían dicho que en la Rambla encontrarían una exposición tan interesante como esta.

Las guías siempre ayudan —comentan—, pero, este paseo solamente lo puedes descubrir ramblejant.

Ramon ha hecho el turno de la mañana. Sale del trabajo a las tres de la tarde y rambleja hacia la plaza de Cataluña para coger el autobús.

El aire todavía es fresco, pero hace un solecito de lo más de agradable.

Al llegar a las sillas de Canaletas observa los jubilados que pasan el rato. «Se tiene que estar bien, hoy», piensa.

Instantáneamente decide que lo probará.

De hecho, no tiene ninguna prisa. Compra un periódico deportivo y se sienta en una silla que le da el sol.

Al fin y al cabo, de aquí a cuatro días él también será un jubilado.

Una vez sentado intenta comprender por qué no lo había hecho nunca hasta ahora.

 

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