ORÍGENES E HISTORIA DEL JUDAÍSMO – LA SALIDA DE EGIPTO.

El regreso a la tierra prometida

Probablemente fue en tiempos del gran faraón Ramsés II cuando empezó la etapa de padecimientos de los israelitas, tal como puede leerse en el segundo libro de Moisés (Éxodo). Ramsés II (1279-1213 a.C.) fue el tercer faraón de la 19′ dinastía egipcia. Según la Biblia, durante su mandato los israelitas fueron llamados a realizar trabajos forzados y tratados como esclavos. Moisés los devolvió a Canaán, la tierra prometida de sus padres; en él vieron éstos al servidor de Dios, a su salvador.

La Biblia relata su huida de Egipto, llena de avatares. Milagros como los de la separación de las aguas del mar Rojo, que consiguen cruzar a pie enjuto mientras que los soldados del faraón sucumben entre las aguas que se precipitan sobre ellos, muestran a los israelitas que Dios está con ellos y los protege. La cuestión de si en este episodio el Creador universal dejó en suspenso las leyes naturales o si las cosas ocurrieron de otra forma dio pie en el siglo XX a teorías y explicaciones de toda índole.

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La zarza de Dios.

¿Quién fue Moisés?

Se afirma que Moisés fue la persona que liberó al pueblo de Israel de la servidumbre egipcia y estableció una alianza con Dios. Los israelitas recibieron los Diez Mandamientos a través de Moisés. Los cinco primeros libros de la Biblia fueron atribuidos a Moisés. Pero, ¿vivió en la realidad este célebre profeta y legislador? Incluso en la actualidad, arqueólogos y biblistas siguen buscando indicios de su existencia histórica.

Las indagaciones en torno a la figura histórica de Moisés conducen a Egipto. ¿Es verdad que allí un faraón tenía a los israelitas como esclavos? Para algunos investigadores modernos, como el arqueólogo israelí Israel Finkelstein (n. 1949), tras el relato bíblico se oculta un pequeño pueblo de Asia Menor, que en torno al año 1700 a.C. se estableció en el valle del Nilo, los hicsos (“señores de las tierras extranjeras”), que incluso llegaron a ocupar el poder en Egipto (durante las dinastías 15ª y 16ª, en torno a 1600 a.C.), hasta que finalmente fueron derrotados por los faraones.

 

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Un luchador por la libertad en torno al año 1300 a.C.

¿Y qué pasa con el propio Moisés? El egiptólogo Rolf Krauss cree que el héroe bíblico era en realidad Amunmasesa, un virrey egipcio del siglo mil a.C., que urdió una sublevación contra el faraón. La Biblia conservó el recuerdo de los rebeldes, y lo estilizó. El egipcio se convirtió en israelita, y el cabecilla del levantamiento pasó a ser un luchador por la libertad. «En opinión de investigadores actuales, en la creencia monoteística bíblica se deslizaron recuerdos egipcios de los israelitas. El faraón Ajnatón (1364-1347 a.C.) ya había suprimido, en una revolución religiosa anterior a Moisés, todas las divinidades, salvo una: el sol (el dios Re).» (1) La doctrina de Ajnatón era revolucionaria, ya que postulaba que Dios busca al hombre amorosamente.

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La apertura del mar Rojo.

Travesía del mar Rojo

Un espejismo surge por refracción cuando coinciden una capa de aire frío y otra de aire caliente. Cuando esto ocurre, el límite entre ambas capas refracta el paisaje invirtiendo lo de arriba abajo y viceversa. En ocasiones así, las interminables extensiones de dunas del desierto parecen convertirse en mares.

Por ello, el físico estadounidense Alastair B. Fraser se pregunta si la travesía del mar Rojo, de la que los israelitas salieron incólumes, no podría guardar relación con un espejismo. Fraser sospecha que la ruta de Moisés discurría al norte del mar Rojo, una zona propicia a los espejismos. El pueblo que huía de Egipto apenas si conocía tales efectos engañosos.

 

40 años por el desierto

Antes de que los judíos llegaran a su tierra prometida, Dios les transmitió en el monte Sinaí por medio de Moisés los Diez Mandamientos, en señal de la alianza entre Él y el pueblo elegido. El segundo mandamiento señala claramente la exigencia de Dios a su pueblo: “No tendrás otros dioses sino a mí”. En Canaán se produjeron luchas sangrientas con los pueblos asentados allí, sobre todo con los filisteos, que se habían agrupado en una alianza formada por cinco ciudades, entre ellas Gaza. En virtud de este pueblo, griegos y romanos llamaron Filistea (Palestina) o también “Palestina Tenia” a la tierra de Israel.

Los filisteos disponían de armas de hierro e infligieron una serie de derrotas aplastantes a las tribus israelitas. Hasta la llegada del rey David, no se pudo conjurar el peligro que suponían los filisteos.

4-Los Diez Mandamientos-Moisés-metirta.online

Los Diez Mandamientos-Moisés.

Los Diez Mandamientos de Dios

En la Biblia, los Diez Mandamientos que Moisés recibió en el monte Sinaí rezan:

  1. Yo soy el Señor, tu Dios, que te sacó de tierras de Egipto, de la cautividad.
  2. No tendrás otros dioses al margen de mí. No harás ninguna figura o imagen ni de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay en la tierra, ni de lo que hay en el agua bajo tierra. ¡Ni las adores, ni les rindas pleitesía! Porque yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso que castiga los pecados de los padres en los hijos de aquellos que me odian, hasta la tercera y la cuarta generación, pero soy misericordioso con los muchos miles que me aman y cumplen mis preceptos.
  3. No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo a quien lo pronuncie en vano.
  4. Acuérdate del sabbat y santifícalo. Trabajarás seis días y realizarás tus tareas. Pero el séptimo es el sabbat del Señor. Ese día no has de hacer ningún trabajo, tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu ganado, y tampoco el forastero que reside en tu ciudad. Puesto que en seis días el Señor hizo el cielo y la tierra, y el mar y todo lo que lo que hay dentro, y descansó el séptimo día. Por ello, el Señor bendijo el sabbat y lo santificó.
  5. Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que te dará el Señor, tu Dios.
  6. No matarás.
  7. No cometerás adulterio.
  8. No robarás.
  9. No pronunciarás falso testimonio contra tu prójimo.
  10. No codiciarás la casa de tu prójimo. Ni codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su esclavo ni a su criada, ni su vaca, ni su asno, ni ninguna otra cosa que posea.

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