ORÍGENES E HISTORIA DEL JUDAÍSMO – EL JASIDISMO.

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Rabino jasidista.

Un movimiento judío de renovación

El jasidismo (del hebreo hassidim, “los piadosos”) surgió entre los judíos de Europa oriental como movimiento de renovación de la institución rabínica tradicional. Entre los jasidistas, tenía autoridad no sólo el rabino, doctor de la ley, sino también el zadik, mediador entre la esfera terrenal y la divina. Los hassidim deseaban revitalizar una religión que había quedado esclerotizada en leyes y mandamientos; pretendían hacerlo sobre todo a través de la espiritualidad, la mística y la magia. El fundador del jasidismo, en el sur de Polonia y Lituania, fue el rabino Israel ben Elieser (1700-1760), a quien se llamó también Baal Shem Tov. Este hombre extraordinario fue un predicador ambulante y autor de prodigios, que veía la divinidad en todos los fenómenos del mundo.

 

Baal Shem

Las doctrinas de Baal Shem (en hebreo, “maestro del nombre divino”) se basan en la creencia de que el mundo natural y el sobrenatural están conectados estrechamente. El Creador se halla integrado dentro del mundo, y éste es sólo su vestimenta. “No hay un solo lugar sin él”. Esta palabra de la cábala, la mística judía, constituye en consecuencia el punto de partida de la doctrina jasídica, en la que Dios y el hombre se miran mutuamente a los ojos.

De ello hablan numerosas historias y leyendas jasídicas de Baal Shem Tov y otros “maestros del nombre divino”, como por ejemplo la siguiente. Tras sus intensos estudios, a Baal Schem le urgía obrar el bien entre las gentes de su tierra. Curó en sus viajes a varios enfermos. En una ocasión, se dice que salvó de la muerte a un joven moribundo pegando a un árbol del bosque una tablilla de cera en la que estaba inscrito el nombre del joven; a continuación, la quemó y pronunció una larga fórmula que no se ha conservado; se dice que la luz ardió toda la noche y que al día siguiente el joven había sanado.

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Alumnos jasidistas.

Vuelo místico de las almas

Según Baal Shem, el ser humano ha sido creado para penetrar en el meollo de la vida. Porque así averiguará por qué existe en realidad la creación. Ese penetrar en el sentido de todas las cosas puede lograrse, en opinión de Baal Shem, mediante el vuelo místico de las almas, por el que se llega a los mundos superior y del más allá. La cábala postula que el mundo posee un orden jerárquico. Por medio del éxtasis, por el que el alma abandona el cuerpo, el ser humano puede, según Baal Shem, atravesar toda la creación de abajo arriba (la última etapa es Dios). En ese recorrido, averigua que la muerte no existe. Sobre esta cuestión se conserva un texto extenso de Baal Shem. En él nos cuenta su experiencia personal: »El día de Año Nuevo de 5507 mi alma se elevó por medio de un conjuro, como el que conoces, y vi cosas maravillosas que no había visto nunca hasta entonces.

Y lo que había visto y aprendido, cuando hasta allí ascendí, no es fácil de expresar o explicar. Pero, cuando regresé al paraíso inferior, vi muchas almas de vivos y muertos, de conocidos y desconocidos; eran almas incontables e inconmensurables que ascendían una y otra vez de un mundo a otro, sobre aquel rayo que conocen los iniciados en la sabiduría oculta… Pero entre lo que aprendí allí hay tres palabras especiales, los tres nombres sagrados de Dios, que se aprenden y se explican fácilmente. Pero no se me permitió revelarlos.» Y Baal Shem expone que “en cada letra hay mundos, almas y la divinidad, y ellos ascienden y se conectan y unifican los unos con los otros, y luego las letras se conectan y unifican para convertirse en palabras, y se funden, en unión verdadera, en la divinidad»

 

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