ORACIÓN CÁTARA.

Esta oración, originaria del condado de Foix, data probablemente del siglo XIII. No obstante, sobrevivió hasta los años cincuenta de nuestro siglo.

Dios de los Buenos Espíritus…

Padre santo, Justo Dios de los Buenos Espíritus, Tú que no te equivocaste jamás, que nunca mentiste, que nunca erraste, que nunca dudaste a fin de que nosotros no muriésemos en el mundo del Dios extraño (el Maligno), ya que no somos de su mundo y él no es de los nuestros, enséñanos a conocer lo que Tú conoces y a amar lo que Tú amas.

Los fariseos tentadores están en la puerta del Reino e impiden entrar en él a los que querrían hacerlo, mientras que ellos mismos no quieren ir.

Por esto ruego al Padre santo de los Buenos Espíritus. El tiene el poder de salvar a las almas y, gracias a los Buenos Espíritus, de hacer germinar y florecer. Sin embargo, en medio de los buenos, da igualmente vida a los malos.

 Lo hará así mientras haya buenas almas en este mundo, hasta que no quede uno solo (de sus pequeños) de los suyos en la tierra. Los suyos son aquellos que, originarios de los siete reinos, cayeron del Paraíso, antaño, cuando Lucifer los atrajo diciéndoles que Dios les engañaba pues no les autorizaba más que el BIEN. El Diablo, infinitamente falso, les prometió el BIEN y el MAL.

Les aseguró que les daría mujeres a quienes amar, que podrían mandar, que algunos serían reyes, condes o emperadores, que con un pájaro podrían capturar a otro y con un animal coger a otro. Todos los que obedecieran al Diablo descenderían hacia abajo y podrían, a su guisa, hacer el MAL y el BIEN, como Dios en el cielo; añadió que era mejor estar abajo, donde podrían elegir entre MAL y BIEN, mientras que en el cielo Dios sólo les autorizaba a hacer el BIEN.

 Así, algunos subieron a un cielo de vidrio y se elevaron en el firmamento, otros cayeron y encontraron la muerte.

 Entonces Dios descendió del cielo con doce apóstoles y dio a luz —se dio a luz en—santa María. (Para venir a salvar a los que son buenos —Buenos Cristianos—).

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