MITOLOGÍA DE OCEANÍA – MITOS DE LOS MAORÍES.

Rangi, Papa y el panteón polinesio

Un rasgo característico de la mitología maorí y de otros pueblos polinesios consiste en la agrupación de los dioses en algo semejante a un panteón. A la cabeza se encuentran los dos creadores supremos, Rangi, el cielo, de carácter masculino, y Papa, la tierra, de carácter femenino, quienes, según la cosmología maorí, estaban unidos en los inicios en un abrazo extático en el vacío primordial. Entre ellos habían quedado atrapados sus hijos, los dioses Tane, Tangaroa, Tu, Rongo, Haumia y Tawhiri, que buscaron un medio para escapar y pensaron incluso en matar a sus padres para lograrlo. Pero Tane, dios de los bosques y árboles, propuso que los separasen y cada uno de ellos lo intentó por turno.

Escultura en roca volcánica del norte de Taranaki, isla del Norte, Nueva Zelanda. Probablemente representa al dios Maui.

Rongo, dios de los alimentos cultivados, no lo consiguió, ni tampoco Tangaroa, dios del mar, los peces y reptiles. Haumia, dios de las plantas silvestres; Tu, dios de la guerra, y Tawhiri, dios de los vientos y otros elementos, también fracasaron en la tentativa y sólo quedaba Tane para intentarlo. El dios apoyó la cabeza sobre la madre tierra y los pies sobre el padre cielo, empujó y tiró con todas sus fuerzas y los fue separando poco a poco hasta que adoptaron la postura actual. El éxito de Tane provocó los celos y la cólera de sus hermanos. Tawhiri hizo que soplaran los vientos y desencadenó tormentas y huracanes que derribaron los árboles del bosque de Tane. Los peces, que no vivían en el mar, sino en la espesura del bosque, huyeron al océano de Tangaroa; Tane se enfadó por haber perdido así a su prole y la lucha entre él y Tangaroa se ha prolongado hasta nuestros días: Tangaroa del mar trata de inundar los bosques de la tierra, mientras que los árboles de Tane proporcionan las canoas con las que los hombres pueden domar el mar y navegar sobre él. Más adelante, Tane se buscó una compañera. Primero se aproximó a su madre, Papa, que lo rechazó, y después se emparejó con diversos seres con los que tuvo hijos de varias clases: animales, piedras, hierba y arroyos. Pero deseaba una compañera con forma humana, como él mismo; siguiendo el consejo de Papa, modeló el primer ser humano, una mujer, con la arena de la isla de Hawaiki, le insufló vida y la mujer se convirtió en Hinehauone, la «doncella-creada-de-la-Tierra», que tuvo una hija, Hinetitama, «Doncella del Alba», a quien Tane también tomó como esposa. Hinetitama no sabía que Tane fuera su padre y cuando descubrió la verdad huyó al oscuro reino de los infiernos. Tane la persiguió, pero ella le gritó que había cortado el cordón del mundo. Desde entonces permanece allí y arroja a sus hijos a la tierra: así es como la humanidad se hizo mortal. Por tanto, Hinehauone posee un carácter doble: como origen del primer nacimiento y de la primera muerte humanos.

En la talla de paneles como este dintel de la casa de un jefe maorí intervienen fórmulas y técnicas mágicas que sólo se revelan a la clase de los arquitectos que sirven a los jefes.

Al principio, Tu propuso matar a Rangi y Papa en lugar de separarlos. Llamado Ku en Hawai, Tu es el dios de la guerra a quien antiguamente se ofrecían sacrificios humanos en Nueva Zelanda y en otros reinos polinesios. Tawhiri dirigió su cólera contra Tu, que se enfrentó a su hermano. A su vez, Tu quiso vengarse de todos sus hermanos por negarse a ayudarle en su lucha contra Tawhiri y con tal fin fabricó trampas para peces y otros animales, destinadas a apresar a la progenie de Tangaroa y Tane, arrancó las plantas, retoños de Haumia y Rongo, y se las comió.

Talla de madera del dios Tangaroa, de las islas Tubuai, donde se le conoce como A’a. Aparece en el acto de creación de otras deidades.

Tu aprendió muchos conjuros mágicos y encantamientos para dominar a los descendientes de sus hermanos: el tiempo atmosférico, las plantas, los animales, la riqueza y otras posesiones. En los mitos maoríes también aparecen héroes humanos, los más conocidos de los cuales son Tawhaki y Rata, cuyas hazañas forman parte de la mitología de Nueva Zelanda, Tuomotu, Rarotonga, Tahití y Hawai. Hema —hijo de una diosa del cielo, Kaintangata, y de un jefe caníbal, Whaitiri— se casa con una diosa que da a luz dos niños, Tawhaki y Kariki. Unos ogros matan a Hema y Tawhaki va al lugar en el que han asesinado a su padre para vengarlo. Los episodios que rodean esta aventura constituyen la parte principal del ciclo de mitos, muchos de los cuales enfrentan a Tawhiki, noble y vencedor, con Kariki, estúpido y torpe: el tema de dos hermanos de características opuestas está muy extendido en la mitología de Oceanía. En el camino, Tawhiki encuentra esposa y engendra a Wahíeroa, quien a su vez engendra a Rata. Rata está destinado a buscar a su padre, que al final muere víctima de los celos de los lagartos custodios de su enemigo, Puna. Rata es valiente y fuerte como Whaitiri, pero carece de la prudencia de su padre y su impetuosidad le causa problemas a Tawhaki. Finalmente, Rata extrae la cabeza de su padre del vientre de Matuku, el gran tiburón, y arrebata el resto del cuerpo a los lagartos monstruosos que participaron en su muerte. Al regresar a casa, a Rata le aguarda el mismo destino: los lagartos guardianes de Puna lo matan a cuchilladas.

ARQUITECTURA Y MITOLOGÍA MAORÍES

La boca abierta de esta estatua, de una casa de reunión de Rotorua, isla del Norte, refleja la función del edificio, como lugar dedicado a la discusión.

Un la mitología maori, el reino del cielo tiene doce estratos, en lo más elevado de los cuales se alza la morada divina, Rangiatea, modelo de las viviendas de los jefes maoríes. Los paneles tallados de estas casas poseen un profundo significado mitológico y ritual. Los maoríes creen que el dios Rua fue el primero que intentó realizar tallas decorativas. Las figuras de los paneles tallados maoríes presentan unos característicos ojos desorbitados, como de búho: Rongo, el artesano que creó este rasgo arquitectónico, sacrificó un búho a los dioses y lo plantó bajo el muro posterior de la casa. Las figuras también disponen unas lenguas protuberantes y el cuerpo tatuado. Las lenguas reflejan el poder de la palabra y los tatuajes el rango social de la figura.

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