MITOLOGÍA DE OCEANÍA – ALIMENTO Y FERTILIDAD.

El sexo y los orígenes de la horticultura

En la mayoría de las sociedades de Oceanía las relaciones sexuales y domésticas entre los hombres y mujeres sirven de base a numerosos mitos sobre los orígenes del alimento y la horticultura. En un mito que se canta en la ceremonia kava de los tonganos (ritual que se celebra en ocasiones importantes y en el transcurso del cual se consume una bebida, kava, de efectos euforizantes) se dice que una anguila copula con Hina, una mujer noble cuya virginidad protege y venera toda la comunidad. Cuando queda encinta y cuenta a su pueblo lo sucedido, apresan a la anguila, la cortan en trozos y se la comen, respetando únicamente la cabeza, que Hina entierra y de la que brota el primer coco. Numerosos mitos milanesios explican cómo crecen las plantas del suelo fertilizado por semen o sangre menstrual. En uno de ellos, Soido, héroe cultural de la isla de Kiwai, frente al sur de Papúa, trata de copular con una mujer, pero tiene un pene tan largo que la mata en la tentativa: eyacula y esparce semen por toda la isla. Allí donde cae, crecen las distintas clases de vegetales. Los habitantes de Kiwai también hablan de un hombre que abre un agujero en el suelo y copula con él, dejando embarazado inadvertidamente a un espíritu femenino subterráneo que pare el primer camote.

Figura de piedra maorí que representa a un dios en forma de camote, probablemente Rongomaui. Tiene forma uterina y fálica, reflejo del elemento sexual del mito sobre el camote.

LOS ORÍGENES DEL CAMOTE

El camote es uno de los alimentos más comunes en la región de Oceanía. Los siguientes mitos ofrecen dos versiones muy distintas de sus orígenes.

Según los maoríes, el dios Rongomaui subió al cielo para reunirse con su hermano Wahnui, guardián del camote. Rongomaui lo escondió en su taparrabo, regresó a la tierra y dejó encinta a su esposa, Pani, que después parió el primer camote terrenal y se lo ofreció a los seres humanos. Un mito muy difundido por una extensa región del interior de Nueva Guinea cuenta que un día, cuando no había ningún alimento en la tierra, una joven y una anciana vieron a un hombre defecando en un riachuelo. Cuando se hubo marchado, examinaron los excrementos y vieron que contenían camotes; se los llevaron a casa y los plantaron.

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