MITOLOGÍA DE MESOAMÉRICA – TLALOC Y LA FERTILIDAD.

En este detalle de una ilustración del Codex Borbonicus, que representa un rito en un templo durante el festival de Ochpanitztli, vemos a un sacerdote con el gran tocado de Chicomecóatl, dios del maíz, flanqueado por otros sacerdotes con el tocado de Tlaloc.

Dioses aztecas de la lluvia y del maíz

El panteón azteca estaba presidido por múltiples dioses de la agricultura, la humedad y la fertilidad. En una región de valles con un régimen de lluvias irregular, los sembrados se agostaban antes de brotar con mucha frecuencia, y en el reinado de Moctezuma I, las lluvias tardías y las heladas otoñales destruyeron la cosecha durante tres años consecutivos y sobrevino la amenaza de hambruna. En semejante contexto, no puede sorprender el complejo fundamento espiritual de la agricultura azteca. A la cabeza de los dioses de la fertilidad figuraba Tlaloc, antigua deidad de la lluvia a la que se rendía culto en toda Mesoamérica bajo diversos nombres: Cocijo entre los zapotecas y Chac entre los mayas, por ejemplo. Como señor de las lluvias,

Solía representarse a Xipe Totec, el dios desollado de la primavera, las semillas y la siembra, con la piel de una víctima sacrificial como en esta escultura. De esta guisa simbolizaba la aparición de la nueva vida que surge de la vieja. Vinculado a la mitología azteca, también se lo identificaba con el Tezcatlipoca Rojo que rigió el primer «sol», cuyo catastrófico final sentó las bases de nuevas creaciones.

Tlaloc presidía un grupo de deidades de la fertilidad afines, a las que se dedicaban la mayoría de los ritos sacrificiales, a pesar de la importancia de dioses como Huitzilopochtli y Tezcatlipoca. Como hilo de unión de las complejas creencias aztecas, la equiparación simbólica de sangre, agua, sacrificio humano y fertilidad era omnipresente. Además de las plumas de quetzal, los guerreros empleaban en su ornamentación mazorcas y tallos de maíz, que se veneraban como deidades en las casas. Chalchiuhtlicue, esposa de Tlaloc, gobernó el cuarto «sol», y se la consideraba hermana de los ayudantes del dios de la lluvia, los Tlaloques. Sus epítetos («Señora de la Falda de Jade» y «Señora del Mar y los Lagos») denotan algunos de sus rasgos distintivos. Tenía el poder de conjurar huracanes y torbellinos y de producir la muerte por ahogo. Se la suele representar con un collar de piedras preciosas, una falda azul adornada con conchas marinas y las orejas cubiertas con mosaicos de turquesa. Se encontraban estrechamente vinculados a ella los dos dioses del maíz, Chicomecóatl (el aspecto femenino) y Centeotl (el masculino). Chicomecóatl representaba el sustento en general, y a Centeotl se lo asociaba específicamente con el maíz, como atestigua su nombre, «señor de la mazorca». Había otra deidad, la de la mazorca tierna y joven, llamada Xilonen, relacionada con ambos.

La conexión cosmológica entre la fertilidad y el sacrificio humano se encarna gráficamente en la figura de Xipe Totec, «el señor desollado». Concebido como dios de la vegetación y de la renovación primaveral, se le rendía culto en la fiesta de Tlacaxipeaualirztli: tras desollar a las víctimas que se le ofrecían, sus sacerdotes se ponían la piel de los cadáveres, acto que simbolizaba la regeneración de la vida vegetal, pues los aztecas consideraban la piel humana seca, cuando la llevaba un sacerdote, análogo a la vaina que rodea una planta viva.

Tlaloc según una representación mixteca, con los característicos ojos desorbitados.

En épocas pre aztecas, Xipe Totec era un dios de los zapotecas y los yopis, y los primeros lo consideraban deidad de la vegetación y lo asociaban con Quetzalcóatl. Entre las otras deidades reconocidas como manifestaciones de la fertilidad figuraban Xochiquetzal, diosa de las flores (en sus orígenes consorte de Tlaloc, que fue raptada por Tezcatlipoca más adelante) y Xochipilli, príncipe de las flores y símbolo del verano, así como los Tlaloques, deidades menores que vivían en el paraíso de Tlalocán y presagiaban las lluvias creando el trueno al romper sus jarras de agua. Según el mito, uno de ellos, Opochtli, inventó las redes de pesca y el arpón. Otro, Napatecuhtli, dio vida a los juncos y las cañas, y se le atribuía la invención del tejido de esteras. Existe otro grupo de dioses menores del maíz también relacionados con la fertilidad y conocidos colectivamente como los «Cuatrocientos Conejos» (Centzon Totochtin), entre los que se cuentan Ometochdi (dios de una bebida fermentada llamada octli) y Tepoztecatl, dios de la embriaguez.

TLALOC, DIOS DE LA LLUVIA

Símbolo tallado de Tlaloc, con cuatro enormes dientes, que lo asemeja con Chac, dios maya de la lluvia, con el que presenta gran afinidad.

Las imágenes de Tlaloc se remontan al menos a la cultura de Teotiohuacán (siglos III-VIII), pero fue en la época azteca, entre los siglos XIV y XVI, cuando adquirió importancia y cuando su culto se extendió por todo México. Portador de la muerte y de la prosperidad agrícola, podía provocar dos clases de lluvia: la que fertilizaba la tierra y la que la agostaba. Se lo asociaba asimismo con las montañas, donde se amontonaban las nubes tormentosas, se demoraban las nieblas y nacían los ríos. Tenía cuatro grandes jarras (que representaban cada una de las direcciones sagradas del mundo), y de la que estaba vinculada con el este extraía la lluvia fertilizante mientras que de las otras sacaba la enfermedad, las heladas y la sequía.

Fundamentalmente en el culto azteca, si bien no tanto en la mitología, Tlaloc era un dios importante al que se rendía culto de forma especial en las fiestas rituales de los meses de AtIcahualo y Tozoztontli, épocas en las que se ofrecía el sacrificio de niños a las cimas de las montañas. Si las víctimas lloraban, su llanto se consideraba buena señal, pues simbolizaba lluvia y humedad. La elevada posición del dios queda reflejada en su santuario, que compartía la cumbre sagrada del Templo Mayor con el de Huitzilopochtli, dios azteca de la guerra y del sol. El santuario de Tlaloc estaba pintado de blanco y azul, el del dios de la guerra de blanco y rojo, y los sumos sacerdotes de ambos tenían el mismo rango. Como señor de la fertilidad, Tlaloc dio su nombre al cielo azteca, Tlalocán, concebido como un paraíso terrenal en el que abundaban la comida, el agua y las flores y al que sólo tenían acceso quienes habían muerto a manos de Tlaloc, ahogados o fulminados por un rayo. Normalmente se incineraba a los muertos, pero quienes morían de esta forma o por enfermedades relacionadas con el agua especialmente asociadas con el dios, como la hidropesía, eran enterrados con un trozo de madera seca junto al cuerpo, que se cubriría profusamente de hojas en Tlalocán.

solaaguilar-728x90px

←MITOLOGÍA DE MESOAMÉRICA

←MITOLOGÍA MUNDIAL

←HISTORIA DE LA MITOLOGÍA