MITOLOGÍA DE MESOAMÉRICA – QUETZALCÓATL.

Cabeza tallada de Quetzalcóatl como serpiente emplumada en el muro del templo consagrado al dios en Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses. En aquella época aún se lo asociaba con la fertilidad, por lo que las cabezas de serpiente emplumada alternan en el templo con las de Tlaloc, dios de la lluvia. Los restos de pintura azul roja, amarilla y verde testimonian que las esculturas tenían vivos colores.

La serpiente emplumada

Quetzalcóatl (nombre que significa «serpiente emplumada», pero también «gemelo precioso») era una deidad importante en el panteón azteca cuyos orígenes se remontan a civilizaciones mesoamericanas anteriores. Como uno de los cuatro dioses creadores, desempeña un papel fundamental en el mito de los cinco soles, y también aparece con otras formas: las más destacadas como Ehecatl, deidad benévola del viento, del aprendizaje y las artes, como dios de los gemelos y, la más conocida, como serpiente emplumada. La idea de la serpiente emplumada procede al menos de la civilización de Teotihuacán (siglos III-VIII), la gran ciudad de la meseta central de México.

IMÁGENES DE LA SERPIENTE La serpiente —enroscada u ondulante—es el motivo animal más frecuente en el arte azteca. Además de la serpiente emplumada, existen numerosas representaciones de la serpiente de fuego, la xiuhcóatl que ayudó a Huitzilopochtli a derrotar a su hermano y a su hermana. Bajo estas líneas vemos una escultura de serpiente, con plumas en el cuerpo y lengua bífida que sale de la boca entreabierta. En otras representaciones, la serpiente emplumada tiene cola de serpiente de cascabel.

En aquella época, probablemente se consideraba a Quetzalcóatl dios de la vegetación, estrechamente vinculado a Tlaloc, dios de la lluvia. Los toltecas (siglos IX-XII) lo concebían como dios de las Estrellas Matutina y Vespertina, y bajo esta forma le rendían culto en su principal ciudad, Tula. Los aztecas asimilaron a Quetzalcóad y lo veneraban como patrón de los sacerdotes, inventor del calendario y protector de los artesanos. Penetró en los infiernos (Mictian) con su hermano gemelo, el dios con cabeza de perro Xolotl, y recogió los huesos de un hombre y una mujer que habían muerto en los cuatro cataclismo cósmicos. Al huir de la cólera del Señor de la Muerte, dejó caer los huesos, que se hicieron pedazos. Recogió los trozos y se los llevó a la diosa de la tierra, Cihuacóatl (Mujer Serpiente), que los machacó e hizo harina. Quetzalcóatl la salpicó con sangre de su pene y así fue recreada la raza humana. Resulta difícil separar al Quetzalcóatl mítico de un rey-sacerdote tolteca real, Topiltzin-Quetzalcóatl, también asociado con la serpiente emplumada, confusión que aparece en el relato de la rivalidad con Tezcatlipoca, dios de la noche y del norte. Mientras que Quetzalcóatl exigía a sus súbditos sacrificios pacíficos (ofrendas de aves, jade, serpientes, mariposas), Tezcatlipoca impuso rituales más sangrientos y se produjo un enfrentamiento entre ambos, a consecuencia del cual Quetzalcóatl fue expulsado de Tula en el año 987. Viajó con su séquito al golfo de México, se autoinmoló en una pira y renació como el planeta Venus. En otra versión, Quetzalcóatl embarcó en una balsa de serpientes y desapareció por el horizonte oriental. Según una profecía, regresaría algún día, y esta creencia fue explotada por Hernán Cortés, a quien el rey azteca Moctezuma creyó Quetzalcóatl, que había vuelto para tomar posesión de su reino, cuando el conquistador desembarcó en México en 1519.

Imagen basada en el Codex Magliabechiano: Quetzalcóatl como Ehecatl, con los símbolos de la concha, la máscara de la trompeta de viento y el quetzal, ave célebre por las plumas de la cola, de un verde iridiscente.

EHECATL, DIOS DEL VIENTO

Se asociaba a Ehecatl con los cuatro puntos cardinales, porque el viento sopla en todas direcciones. Sus templos tenían forma cilíndrica, con el fin de ofrecer menos resistencia al viento. En algunos casos se le representa con dos máscaras por las que penetra el viento.

QUETZALCOATL COMO VENUS En el mito de la serpiente emplumada, Quetzalcóad baja al «agua divina» (el golfo de México), ayuna durante cuatro días y se engalana con sus mejores ropas. Después, mientras se autoinmola en la pira funeraria, surgen aves de las llamas, su corazón asciende al cielo y se convierte en Venus, la estrella matutina. Como tal, el dios simboliza la muerte y la resurrección.

Según el mito azteca, tras la destrucción del cuarto sol los dioses se reunieron en Teotiahuacán, y Nanahuatzin y Tecciztecatl se arrojaron al fuego sacrificial y se convirtieron en el sol y la luna. Quedaron inmóviles hasta que Ehecatl sopló con fuerza sobre ellos: al principio, sólo se movió el sol pero cuando el astro se puso en el ocaso, también se movió la luna.

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