MITOLOGÍA DE JAPÓN – AMATERASU Y SUSANO.

La competición de las deidades hermanas

Cuando Susano, dios de la tormenta, fue desterrado por su padre, Izanagi, anunció su intención de despedirse de su hermana, la diosa del sol, Amaterasu. La diosa sospechó que su hermano quería usurpar sus tierras y se preparó para la batalla: se recogió el largo pelo en moños y se armó con un arco y dos aljabas llenas de flechas. Agitó el arco furiosamente y pateó el suelo mientras le esperaba, pero Susano le aseguró que no albergaba malas intenciones.

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Le propuso que demostrasen quién era más poderoso con un concurso de reproducción: vencería quien diera a luz deidades masculinas. Para empezar, Amaterasu le pidió a su hermano la espada; la rompió en tres trozos, los masticó y al escupir aparecieron tres hermosas diosas. A continuación, Susano cogió las largas ristras de magatama, o cuentas de la fertilidad, que Amaterasu llevaba alrededor de los moños, en la frente y en los brazos, y creó con ellas cinco dioses, proclamándose vencedor. Amaterasu objetó que la descendencia masculina de su hermano procedía de sus posesiones y que, por tanto, ella era la ganadora. Susano se negó a aceptarlo y celebró su propia victoria rompiendo los bordes de los arrozales divinos y cubriendo las acequias. Después defecó y restregó sus excrementos por el salón en el que, según la costumbre, se probaban los primeros frutos de la cosecha. Por último, despellejó un caballo «celestial» rodado (quizá una referencia a las estrellas, por las manchas) y lo arrojó por el tejado de paja de la sagrada hilandería, en la que trabajaban Amaterasu y sus doncellas, una de las cuales se asustó tanto que se golpeó los genitales contra la lanzadera del telar y murió. Amaterasu huyó aterrorizada. En el Nihonshoki aparece una versión de esta historia, según la cual Amaterasu es la víctima de la desagradable travesura de su hermano, si bien no muere, sino sólo recibe heridas.

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Amaterasu y sus doncellas en todo su divino esplendor. Grabado del siglo XIX

LA DIOSA DEL SOL

Amaterasu, diosa del sol e hija mayor de Izanagi, es una de las deidades más importantes de la mitología japonesa. Nació del ojo izquierdo de su padre, mientras éste se lavaba a su regreso de Yomi, el infierno. Se la venera como divinidad espiritual y como antepasada sagrada de la familia imperial y antaño se le rendía culto en el palacio imperial, hasta que la autoridad del emperador se separó del poder de las sacerdotisas y se erigieron santuarios en honor de Amaterasu en otros lugares, el principal de los cuales se encuentra en Isa, en la prefectura de Mie y constituye el templo sintoísta más importante del Japón. El edificio principal es una choza de cipreses, sin pintar y con techo de paja, al antiguo estilo japonés. Se reconstruye periódicamente de la misma forma: entre los siglos VII y XVII cada veinte años y, desde esta fecha, cada veintiuno.

 

La hilandería sagrada

Ni el Kojiki ni el Nihonshoki precisan con claridad la función de la hilan. I dería sagrada ni qué tejían Amaterasu y sus doncellas, pero se han apuntado diversas posibilidades.

Amaterasu era una reina-sacerdotisa, encargada de tejer las ropas de los dioses, y la hilandería podría haber sido su taller. Según algunos expertos, sus ayudantes y ella confeccionaban prendas que llevaban las sacerdotisas que oficiaban las ceremonias del culto al sol, y según una posibilidad más profunda, tejían la tela del universo, aún incompleto. Las acciones de Susano podrían interpretarse como un ataque del caos contra el cosmos u orden universal, y la hilandería sagrada, como escenario de la creación, sería un foro adecuado para la confrontación entre las encarnaciones divinas del cosmos (Amaterasu) y el caos (Susano).

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