MITOLOGÍA DE EUROPA SEPTENTRIONAL – TOR.

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Fíbula de la edad vikinga de Birka, Suecia, con dos cabras que flanquean una «piedra del trueno» —un erizo de mar fosilizado—, objeto que, según las creencias, caía durante las tormentas.

El dios del trueno

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Deidad de la comunidad, guardián de quienes cultivaban la tierra y se reunían en asambleas locales, Tor era asimismo dios del cielo, semejante a Júpiter y Zeus, con su hacha-martillo como símbolo del rayo y el trueno. Rayos y truenos señalaban su tránsito por los cielos y ante él temblaban rocas y montañas. Existen numerosos relatos, tan humorísticos como crueles, sobre sus expediciones a Jotunheim, donde mató a los gigantes, enemigos de los dioses. Era un personaje muy popular, representado como una figura enorme pero entrañable que no iba a caballo sino a pie y atravesaba vigorosamente los ríos o a veces conducía un carro tirado por cabras. Célebre por su prodigioso apetito, era capaz de merendarse a sus propias cabras, recoger después sus huesos y devolverles la vida con el poder de su martillo. Se cree que su barba pelirroja representa el rayo (tal vez por las líneas rojas del rayo cuando cae sobre un árbol), y también destacaba por sus ojos fieros, su tremenda fuerza y su temible cólera. En las estelas conmemorativas el martillo aparece sujeto a una cuerda, y en algunos casos lo arrojaba sobre el cráneo de sus enemigos. En un antiguo poema se habla de la visita de Tor a los dominios del gigante Geirrod, incitado por el malicioso Loki. Tor tuvo que hacer acopio de toda su divina fuerza para cruzar un turbulento río y evitar morir aplastado por las dos hijas del gigante, a las que también mató. Otro mito narra un famoso duelo con el gigante Hrungnir, que había logrado entrar en Asgard. Le lanzó a Tor una piedra de amolar, y un fragmento se alojó en la cabeza del dios, pero abatió a su adversario con el martillo. Su peor enemigo era la Serpiente del Mundo, a la que en una ocasión alzó del lecho marino. El dios del cielo que vence al monstruo del caos en el momento de la creación, idea muy extendida, podría ser una forma más primitiva de este mito, pero en la versión de la época vikinga, Tor derrota a la serpiente en Ragnarok y después lo destruye el veneno del monstruo. A Tor no le servía de nada su fuerza cuando le engañaban con artes mágicas. En un viaje al misterioso reino de Utgard, el dios encontró a un gigante tan descomunal que pudo entrar en su guante como si se tratase de un salón. El gigante le dio un cuerno de cerveza para que lo vaciase, pues el mar lo llenaba continuamente, le puso a luchar contra Age, que derrotaba a los más fuertes, y le retó a levantar del suelo un gato gris, que en realidad era la Serpiente del Mundo, todas ellas tareas irrealizables, pero Tor hizo alarde de tal fuerza que el astuto gigante quedó aterrorizado: el nivel del mar descendió con la bebida que consumió el dios y el mundo estuvo al borde de la destrucción cuando levantó una pata del gato (podría tratarse de otra versión del mito en el que Tor alza la Serpiente del Mundo de las profundidades del océano). La madre de Tor era Fjorgyn, nombre aplicado a la tierra por los poetas, y poco se sabe de su esposa, Sif, salvo que destacaba por su pelo dorado, que cortó en una ocasión el malvado Loki; pero el embustero se asustó tanto ante la ira de Tor que ordenó a los enanos que confeccionasen una cabellera de oro puro para Sif. Este suceso tuvo importantes repercusiones para los dioses, pues continuó con la fabricación de algunos de sus tesoros más valiosos, como el martillo de Tor.

 

TOR Y LA PESCA DE LA SERPIENTE DEL MUNDO

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LOS RITUALES Y EL CULTO A TOR Tor gozaba de especial popularidad en el oeste de Noruega yen Islandia: el tono humorístico de numerosos mitos sobre el dios podría considerarse muestra de afecto. Cuando el cristianismo llegó a Islandia, el culto a Tor fue el más difícil de erradicar, y existían diversos rituales asociados con él: por ejemplo, se colocaba un martillo en el regazo de las novias en las bodas, se alzaba sobre los reciéh nacidos y la herramienta aparece también en los mojones. Los escandinavos llevaban amuletos de plata en forma de martillo: el que mostramos abajo, sueco, representa al dios con rostro de águila, barba estilizada y un símbolo serpentino debajo. También se grababa el martillo de Tor en las lápidas.

Uno de los mitos más populares de la época vikinga trata sobre la visita de Tor al gigante marino Hymir. El encuentro se describe en algunos de los poemas más antiguos que se conservan y aparece en tres piedras talladas de la época. Existe una piedra del siglo VIII hallada en Gotlandia que probablemente representa a Tor con cabeza de buey, remando en la barca de un gigante.

Según cierto relato, Tor fue al mar disfrazado de joven y le preguntó al gigante si podía acompañarlo a pescar. Al principio, Hymir no parecía muy dispuesto a llevarle y le dijo que debía buscar su propio cebo; entonces, Tor se acercó al rebaño de bueyes del gigante, mató al más grande y se llevó su cabeza. Partieron en una barca y Tor remó con enorme fuerza hasta que se encontraron fuera de la zona en la que solía pescar el gigante. El dios puso como cebo la cabeza del buey y la lanzó por la borda. La cogió la Serpiente del Mundo, que estaba en las profundidades del mar, y Tor tiró hasta que la cabeza del monstruo apareció sobre las olas. La fuerza de Tor fue aumentando a medida que tiraba, y llegó a apoyar los pies en el lecho marino. La serpiente escupió veneno, Tor la miró y alzó su martillo, pero el gigante, presa del pánico, cortó el sedal. Según la Edda en prosa de Snorri, los narradores no coinciden en que Tor golpeara a la serpiente, pero se creía que el monstruo escapó y regresó al mar, mientras que Tor arrojó al gigante por la borda y nadó hasta la orilla.

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Tor pescando a la Serpiente del Mundo. Detalle de una estela de Cumbria, norte de Inglaterra.

 

EL ROBO DEL MARTILLO

Un día, Tor perdió su martillo, única arma eficaz contra los gigantes. Loki adoptó la forma del halcón de Freyja y fue en su busca. Regresó con la noticia de que se encontraba en poder del gigante Thrym, que lo había enterrado a gran profundidad y se negaba a devolverlo a menos que la diosa Freyja fuese su esposa. Freyja se enfureció tanto que destrozó su célebre collar. El sabio Heimdall le aconsejó a Tor que se disfrazase de Freyja con velo de novia y fuese con Loki a Jotunheim, el reino de los gigantes. Tor accedió, a regañadientes, y partió con Loki en su carro, en compañía de rayos y truenos. Los gigantes recibieron encantados a la novia, pero se quedaron un tanto sorprendidos al ver su apetito en el banquete nupcial y sus feroces ojos, que centelleaban tras el velo. El astuto Loki, disfrazado de sirvienta de la novia, los tranquilizó asegurándoles que la insólita conducta de Freyja se debía a que no comía ni dormía desde hacía ocho noches, consumida por el deseo de casarse. Cuando trajeron el martillo y lo depositaron en el regazo de la novia para bendecirla, Tor aprovechó la oportunidad: cogió el arma, liquidó al novio y a los invitados y regresó triunfal a Asgard, en compañía de Loki.

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