MITOLOGÍA DE AUSTRALIA – INTRODUCCIÓN.

Ayers Rock, afloramiento macizo de piedra arenisca conocido también por su nombre aborigen, Uluru, uno de los lugares más sagrados de Australia donde están ubicados numerosos mitos, como el de los Hermanos Pájaros Campana.

En la actualidad se cree que Australia está habitada desde hace al menos 50.000 años y que los antepasados de los aborígenes de hoy en día llegaron en embarcaciones desde el sureste asiático durante la última glaciación. Lo más probable es que las aguas cubrieran los asentamientos temporales del norte a consecuencia de la consiguiente subida del nivel del mar. Hasta que empezó la colonización europea, a finales del siglo XVIII, los habitantes de Australia se dedicaban casi exclusivamente a la recolección y la caza. La sociedad aborigen era igualitaria, estaba descentralizada y dividida en clanes independientes, cada uno de ellos integrados por entre 50 y 500 individuos relacionados por antepasados comunes, sistema que se mantiene en el interior y, modificado, en las ciudades. Si bien vinculado a una extensión de tierra sobre la que tenía derechos y privilegios, un clan solía unir fuerzas con sus vecinos para cubrir zonas más amplias. Los clanes dependían del acceso a la tierra de los demás para explotar la abundancia temporal o estacional de alimentos y los matrimonios mixtos contribuían a fortalecer los lazos entre ellos. Un mosaico de elementos míticos comunes a diferentes clanes refleja esta interdependencia económica y social. A pesar de tales interrelaciones, no existen mitos individuales que se cuenten en todo el continente. Por lo general, un relato habla de las aventuras de un héroe cultural ancestral que viaja por la tierra de un clan concreto. El dan vecino cuenta lo que esta figura hizo en su región, y así sucesivamente, en una cadena de mitos que puede abarcar centenares de kilómetros. Es muy improbable que un clan sepa dónde comenzó o terminó el periplo del héroe: por ejemplo, hasta que los habitantes del centro de Australia fueron a Port Augusta conduciendo ganado no descubrieron que fue allí donde acabaron las Siete Hermanas. Según cierta teoría, los caminos seguidos por estos héroes representan las rutas por las que se propagaron los cultos religiosos.

MAPA DE SITUACIÓN

LA ÉPOCA DEL SUEÑO

Todos los mitos de los aborígenes australianos están enraizados en el Período de Creación o Época del Sueño, llamado Laiiya por los worora de las Kimberleys, Wongar por los yoingu de Arnhem Land y Jukutpa por los pitjantjatjara del desierto occidental. La Época del Sueño (o el Ensueño) es un período de tiempo y un estado. En la primera acepción, se refiere a los tiempos primordiales en los que los antepasados viajaron por Australia, configurando el paisaje, determinando la forma de la sociedad y depositando los espíritus de los niños nonatos. Como estado, el Ensueño sigue resultando accesible a quienes participan en los ritos, que se transforman brevemente en los antepasados cuyos viajes recrean y cuyo poder pueden liberar golpeando lugares sagrados. Por lo general, los aborígenes distinguen entre el presente, el pasado dentro del recuerdo vivo, y el pasado remoto, cuando actuaban los antepasados; pero los límites de estos períodos son confusos, y la vida de los fallecidos recientes se funde imperceptiblemente con la de sus prototipos ancestrales, proceso que puede iniciarse incluso antes de que la persona muera.

Pintura sobre corteza de los Kimberleys de un wandjina, espíritu ancestral de la Época del Sueño aborigen. Cada clan tiene un wandjina, asociado con un animal concreto, como antepasado protector.

MITO Y RITUAL

Existen dos tipos principales de ritual aborigen. El primero tiene carácter público y conmemorativo, con la recreación de episodios de la Época del Sueño, que da forma a acontecimientos importantes, como las ceremonias de iniciación y los funerales. Por lo general, los clanes individuales poseen los cánticos y pinturas corporales que se emplean en las distintas etapas de las ceremonias. El segundo es el ritual de «incremento», en el que con frecuencia participan sólo unas cuantas personas. Se celebra en un emplazamiento sagrado, una roca por ejemplo, impregnado de la potencia creadora de un antepasado. Se arroja d polvo del emplazamiento al aire, se golpea la roca sagrada o se empuja hacia ella el humo de una hoguera, pero cualquiera que sea el método, el objetivo consiste en liberar la potencia creadora del antepasado y propagar la especie animal con la que está vinculado totémicamente.

MITO Y ARTE

La sociedad aborigen desconocía la escritura hasta la época moderna y el arte es la principal fuente no oral de la mitología australiana. En el norte, personas, animales y otros seres aparecen representados en silueta, perfiladas, representaciones con al menos 15.000 años de antigüedad. En el centro de Australia se simbolizan a personas y animales según las marcas que dejan en la arena: los animales por las pisadas y los humanos por la impresión que dejan al sentarse con las piernas cruzadas, tradición que se remonta entre 10.000 y 30.000 años. Los temas de los mitos también se representan en las rocas, el cuerpo, el suelo y las cortezas de árbol. Las pinturas rupestres, realizadas hace milenios, testimonian la antigüedad de las tradiciones culturales aborígenes.

LA NARRACIÓN DE LOS MITOS

Tradicionalmente, los relatos aborígenes se han transmitido por vía oral. Ningún mito tiene una versión única y ortodoxa, pues cada narrador aporta sus variaciones. Los incidentes que se cuentan dependen de la categoría del público (ya que muchos mitos contienen detalles que sólo conocen los iniciados) o del narrador (los jóvenes no deben alardear de sus conocimientos ante sus mayores, por ejemplo). Un «mito» aborigen entendido como narración en prosa es con frecuencia un simple resumen de otra historia mucho más prolija que se cuenta en ciclos de canciones de cientos de versos y que normalmente se relata en una ceremonia. El futuro de esta cultura oral es incierto, dado el declive de las lenguas aborígenes. De las quizá 200 lenguas que se hablaban antes de la época colonial sólo se conservan unas 50, que habla una cuarta parte de la actual población aborigen (160.000). Las más prósperas son las del centro y el norte, donde el asentamiento europeo tuvo menor densidad.

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