Matrimonio y Parentesto

MATRIMONIO Y PARENTESCO

Mitos del orden social

En muchos casos, los mitos tratan de confirmar diferencias sociales fundamentales, como las que existen entre gobernantes y gobernados en las sociedades con monarquía hereditaria, entre las castas o clases, entre viejos y jóvenes y entre hombres y mujeres, sobre todo en la relación matrimonial.

 

Hombres y mujeres

Una de las principales tareas del «héroe cultural»  consiste en establecer el orden social. En Australia y Guinea Papúa, uno de los logros del héroe radica en establecer el ritual de iniciación masculina, que legitimaba el status social del hombre, superior al de la mujer, y define las categorías de los cónyuges potenciales. Los mitos de estas regiones y de Suramérica reconocen en muchos casos que, en principio, las mujeres gobernaban la sociedad pero que perdieron sus privilegios a consecuencia de un error que cometieron. La autoridad sobrenatural que justifica el status social superior de los hombres es un motivo que se repite en los mitos sobre la creación. A Eva en el mito hebreo del Génesis y a Pandora en la mitología griega se las considera responsables del descrédito de su sexo. El relato japonés de la creación subraya la desigualdad inherente entre los dos cónyuges describiendo las desgraciadas consecuencias de no haber observado el principio de supremacía masculina. Izanami, elemento femenino de la pareja primordial, tiene la osadía de saludar a Izanagi, su cónyuge, sin esperar humildemente a que éste se dirija primero a ella, que da a luz a su primer hijo, un ser monstruoso al que arrojan al mar. Por medio de la adivinación, la pareja se entera de la causa de su infortunio, respeta a partir de entonces el principio de primacía del hombre y es recompensada con retoños normales.

 

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Máscara ceremonial de los yorubas de Nigeria que representa a los espíritus ancestrales. Se creía que el celebrante que bailaba con ella en un desfile ritual era poseído por los espíritus mientras durase la ceremonia. La máscara y la persona que la lleva se transforman en los espíritus que evocan. Ampliar.

 

Antepasados, rango y monarquía

En numerosos mitos sobre la ascendencia aparece implícita una jerarquía de estatua que refleja el orden en que aparecieron sobre la tierra los primeros antepasados de diferentes grupos o pueblos. No siempre es el primero; en ocasiones, es el último el que se asigna el rango superior, como, por ejemplo, en el estado africano precolonial de Bunyoro (la actual Uganda), donde la dinastía real descendía de quienes llegaron al país en época más reciente, mientras que los campesinos llevaban mucho tiempo establecido en él. Esta jerarquía queda reflejada en un mito en el que el dios creador Ruhanga se vale de una astuta prueba para elegir un rango social distinto para cada uno de sus tres hijos.

No puede sorprender que en todas las culturas se aprecie la misma tendencia a la hora de sancionar la dignidad regia: recurrir al antepasado más prestigioso, es decir, a la divinidad misma. Tradicionalmente, la línea imperial de Japón se remonta a la diosa del sol, Amaterasu, y también los reyes de Hawai y los incas basaban su derecho al trono en ser descendientes del sol. Los shilluk de África consideran a su monarca divina encarnación de Nyikang, primer rey de este pueblo y fundador de la nación, hijo de un dios del cielo y de una diosa de los ríos.

Los faraones egipcios aseguraban descender de Isis y Osiris, la pareja divina, y algunos emperadores romanos, como Gayo (Calígula), llegaron aún más lejos y se proclamaron dioses por derecho propio. Era costumbre que se otorgase categoría de divinidades a los emperadores de la época precristiana tras su muerte y que se les rindiese culto como tales. A Eneas, mítico héroe troyano al que se veneraba en calidad de fundador de la ciudad de Roma, se le consideraba hijo de la diosa Afrodita.

 

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