LOS SÍMBOLOS DE LA VIDA ESPIRITUAL – PURIFICACIÓN, EXPIACIÓN Y PROPICIACIÓN.

BAUTISMO

La purificación simbólica ha sido un elemento básico en los ritos religiosos de iniciación de casi todas las culturas. Las relaciones simbólicas entre el agua y los conceptos de disolución, regeneración o renacimiento la convirtieron en el recurso más utilizado en Oriente Próximo, donde su escasez relativa aumentaba aún más su valor. Los ritos islámicos de ablución purificadora forman parte del culto diario.

El judaísmo, ocupó el lugar de la circuncisión) se volvió preceptivo a través de las palabras de Jesús en el Evangelio de san Juan: «El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios». Se incorporaba así el don de la gracia divina (el Espíritu) al simbolismo purificador del rito cristiano, que representa la disolución de los pecados anteriores y el renacimiento en las aguas originales de la vida. El arrepentimiento, pese a ser predicado por san Juan Bautista, acabó perdiendo importancia en el simbolismo bautismal, frente a otros aspectos más pujantes como la purificación y la regeneración.

 

FUEGO

El fuego es el gran símbolo de purificación; un símbolo utilizado en la era cristiana para quemar a los herejes, brujas, etc., sino también utilizado en algunos cultos de la Antigüedad para el sacrificio de personas humanas. Es preciso decir, que el fuego como agente purificador no se limita al mundo de los símbolos; fueron las llamas por poner un ejemplo, las que acabaron con una devastadora epidemia en la época del gran incendio londinense de 1666. El valor simbólico del fuego como elemento de purificación espiritual sobrevive en la doctrina católica del purgatorio, un lugar de situación indefinida donde, según se dice, arden los pecados veniales de aquellos a quienes todavía no se considera aptos para ir directamente al cielo. Los artistas representan a santa Teresa intercediendo ante Cristo para que libere de las llamas a esas pobres almas.

 

AYUNO

La purificación forma parte de casi todas las modalidades de ayuno, sobre todo en el jainismo, el hinduismo y el taoísmo, en los que está vinculado a la liberación progresiva de las ataduras terrenales. En términos más generales, el simbolismo de los ayunos de las tres grandes religiones (el ramadán islámico, la cuaresma cristiana y el Yom Kipur judaico) reside en la expiación por la vía de la negación del yo.

Otras restricciones de comida de menor alcance también pueden simbolizar la purificación, en especial el pan sin levadura, que tradicionalmente se consume durante la Pascua judía.

 

 FLAGELACIÓN

La flagelación era uno de los muchos castigos que se infligían a sí mismos los adeptos a los cultos de la Antigüedad como un símbolo de expiación o purificación. Entre las sectas cristianas de la Baja Edad Media adquirió proporciones casi epidémicas, hasta que la Iglesia decidió que era una herejía y la prohibió.

 

 METALURGIA

La antigua creencia de que los metales contenidos en la tierra eran de origen cósmico convirtió la metalurgia en un símbolo de prueba y purificación espiritual.

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Metalurgia griega

 

Se estableció un paralelismo entre los metales y los seres humanos como objetos terrenales pero con potencial celeste. Esta idea subyace en todo el simbolismo de la alquimia, que pretendía transformar los metales viles en plata y oro, las dos sustancias que ocupaban la cima de una jerarquía cósmica que asociaba siete metales a los siete «planetas» conocidos. El oro simbolizaba el sol; la plata, la luna; y los otros cinco, en orden descendente, eran el mercurio, por Mercurio, el cobre, por Venus, el hierro, por Marte, el estaño, por Júpiter, y el plomo, por Saturno.

 

SALAMANDRA

La salamandra mítica, representada por el arte medieval como un lagarto rodeado de llamas, tenía fama de apagar el fuego. Conocida por antiguas leyendas, obtuvo popularidad como símbolo alquímico de los dos agentes purificadores, el fuego y el azufre.

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Salamadra medieval.

 

La Iglesia recogió este simbolismo cuando usó la salamandra como emblema del cristiano puro de espíritu, capaz de resistir los ardores de la sensualidad. Es posible que la base de la leyenda fuera el pequeño anfibio homónimo, de vivas manchas, que tiene la piel roja y amarilla y vive en hábitats húmedos.

 

 CEDAZO

Los grandes cedazos que antiguamente servían para limpiar el grano de polvo y cáscara se convirtieron en un símbolo bíblico del juicio divino y del proceso de purificación por el que solo los justos accedían al cielo. Esta es la explicación de que algunas figuras alegóricas, como la Castidad y la Prudencia, aparezcan en algunas pinturas cristianas con un cedazo.

 

 SACRIFICIO

El sacrificio religioso es un símbolo de expiación o de propiciación en que se ofrece algo de valor a una divinidad, casi siempre al término de algún rito consistente en purificar o consagrar la ofrenda. En la Antigüedad se ofrecían desde simples dádivas de comida u oblaciones de vino hasta inmolaciones rituales de animales o, en casos extremos, de seres humanos. El episodio bíblico en el que Abraham está dispuesto a sacrificar a su propio hijo, Isaac, por mandato divino tiene su contrapeso en otros libros posteriores de la Biblia, que no escatiman críticas a los sacrificios infantiles que practicaban los reyes de Judea.

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Mitologíai indoirania, sacrificio.

Se calcula que en México, ni más ni menos que a principios del siglo XVI, los gobernantes del Imperio azteca sacrificaban veinte mil víctimas anuales al dios del sol, Huitzilopochtli. La base simbólica que propició este culto tan atroz elegido para suministrar al dios del sol el poder nutritivo de la sangre humana, necesario para que el sol pudiera renovar su lucha diaria contra la oscuridad.

Muchos usos sacrificiales (la eucaristía cristiana, sin ir más lejos) han dado un sentido ritual a la sangre como símbolo de vida espiritual. En el culto romano de Mitra, el dios del sol, los iniciados eran llevados al foso de un taurobollim, donde se empapaban con la sangre de un toro  sacrificado. Entre todos los sacrificios animales de la Antigüedad, el más importante y valioso era el del toro. En la mitología indoirania, Mitra mata a un toro primigenio cuya sangre y cuyo semen suministran la fuerza germinadora de la vida en la tierra.

El cordero fue uno de los primeros símbolos de Cristo con sentido sacrificial. Algunos profetas, como Isaías, habían descrito al futuro Mesías como un cordero. También es un símbolo importante de sacrificio y redención para los ritos islámicos del ramadán. Por lo que respecta a las demás culturas, algunos de los animes les más importantes ofrecidos en sacrificio eran el carnero, el caballo el buey, el búfalo, la cabra y el perro.

 

AUTOINMOLACIÓN

En general, el sacrificio voluntario era visto como un modo de acentuar el simbolismo del acto del sacrificio. Al margen de la tradición cristiana existe un sinfín de historias y leyendas sobre divinidades que se dejan conmover por este gesto supremo de desprendimiento. Un ejemplo famoso de la tradición hindú es el sacrificio de Holika, la hermana de un rey que ordena quemar vivo a su propio hijo, en castigo por haberse negado a adorarle. Holika salva al joven príncipe a costa de su propia vida, subiendo a su pira mientras él es rescatado milagrosamente de las llamas como recompensa divina al sacrificio de Holika.

El tema simbólico de la autoinmolación femenina, basado en el mito de que la primera consorte de Shiva, Sati, se sacrificó en las llamas, condujo a la práctica del sati, ritual que los británicos prohibieron en 1829 en un intento de suprimir la quema de viudas.

 

CHIVO EXPIATORIO

Una de las formas de sacrificio más penosas de la Antigüedad era la costumbre de buscar la expiación mediante el castigo y muerte de un chivo expiatorio, utilizado como símbolo de los incumplimientos o las transgresiones ajenas. J. G. Frazer, el gran pionero de la antropología, mencionó la flagelación y quema de víctimas humanas elegidas como chivos expiatorios en beneficio de los gobernantes cuyos países habían sufrido desastres militares o naturales. Pueden encontrarse rastros de esta práctica en una tradición muy posterior, la de que Ios reyes tuvieran con ellos a un bufón diestro en el arte de hacer de chivo expiatorio (aunque a menudo tuviera la astucia de Ia atención sobre los fallos administrativos con los que fingía cargar).

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Chivo.

 

Algunos reyes ingleses asignaban a sus hijos varones un niño de Ios azotes, cuyo castigo era un modo simbólico de sancionar a los propios príncipes por su mala conducta. La expresión «chivo expiatorio» procede de la tradición hebrea de mandar al desierto una «cabra para Azazel» un demonio del desierto con ocasión del Yom Kipur (el día de la Expiación). Bien mirado, la doctrina cristiana presenta a Jesús –como un chivo expiatorio de los pecados de la humanidad. Su corona de espinas tenía precedentes antiguos en las coronas burlescas puestas en las cabezas de otros chivos expiatorios que recibían la muerte para expiar los fallos de un rey.

 

 PEREGRINACIÓN

Entre los diversos motivos para peregrinar han figurado siempre, y siguen figurando, la expiación y la purificación. El objetivo es alejarse por un tiempo de la vida normal y emprender el viaje (casi siempre duro) a un lugar donde se considera que existe una concentración de fuerzas sobrenaturales.

 

 CUARENTA

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Pléydades

Antiguamente, los períodos de cuarenta días tenían una importancia muy considerable como símbolos de purificación, prueba espiritual, penitencia y abstinencia. Algunos estudiosos creen que se remonta a la astronomía babilonia, que recelaba de los cuarenta días de primavera en que no se veía el grupo de estrellas que recibe el nombre de Pléyades. Las tradiciones cristiana e islámica recurren mucho a la expresión «cuarenta días» para referirse a un período suficientemente largo. También estaba muy difundida la creencia de que era el tiempo que tardaban los muertos en desaparecer del todo.

Todas estas tradiciones están detrás de la cuarentena, una prohibición de cuarenta días impuesta en el siglo XIV por el puerto de Marsella a los barcos que llegaban de países afectados por la peste.

 

ORÁCULOS

La precognición pertenece a la larga lista de fenómenos mágicos que los antiguos aceptaban como parte de su creencia de que los mundos natural y sobrenatural formaban un todo indivisible. Desde tiempos muy remotos, sin embargo, se recurrió al simbolismo para apuntalar el prestigio de los profetas, sacerdotes o chamanes que por sus conocimientos, poderes intuitivos o pura y simple habilidad alcanzaban el éxito como videntes. Los oráculos (por ejemplo el griego de Delfos, dedicado a Apolo) simbolizaban la presencia de una divinidad que contestaba preguntas a través de un portavoz humano o de respuestas ya preparadas que elegía el azar o bien mediante los sueños.

La ambigüedad de los sueños no desmerece en nada la que solían manifestar los oráculos. A pesar de que su consideración como presagio de acontecimientos futuros se pierda en la noche de los tiempos, están abiertos a un abanico tan amplio de lecturas simbólicas que sus actuales intérpretes no tienen reparo en indicar que un sueño determinado puede tener significados completamente opuestos.

 

 I CHING

Uno de los sistemas de adivinación más antigua y sutil es el I Ching o Libro de los cambios, que simbolizaba la creencia china de que acertar en la vida depende de equilibrar dos fuerzas opuestas pero complementarias. La persona que consulta el libro echa palos de milenrama o monedas para formar dibujos de tres líneas continuas o discontinuas (trigramas) y hexagramas (seis líneas como las anteriores), hasta haber obtenido 64 permutaciones de las fuerzas del yin y del yang, suficientes, se creía, para cubrir todas las situaciones humanas básicas.

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I. Ching, lo creativo

 

El libro descodifica estos dibujos de un modo tal que la persona que hace la consulta, o el clarividente que actúa como intermediario, acaban reflexionando en profundidad sobre el posible resultado de cualquier acción. Se trata, a fin de cuentas, de un sistema de autoexamen.

 

TAROT

Al igual que la de los oráculos y el I Ching, la fama de la baraja de tarot está basada en la flexibilidad con que se deja interpretar. En su forma actual, que se remonta al siglo XIV, las cartas están plagadas de antiguos símbolos susceptibles de adoptar abundantes matices de significado. Para el vidente dotado de intuición, son un medio predictivo mucho más poético que consultar hojas de té, vísceras, espaldas de cordero, trayectorias de aves, números, nubes o cualquier otro de los muchos y amenos métodos de adivinar el futuro (o de intentarlo).

 

 ZODÍACO

La majestad del cielo nocturno dio a los primeros adivinos un cimiento incomparable para erigir un sistema de símbolos que, pretendidamente, vaticinaba el curso de la vida en la tierra. Los astrónomos griegos del siglo II a.C. crearon el primer zodíaco, es decir, el primer juego de animales y seres fabulosos que representaban las principales constelaciones de la franja de cielo —relativamente estrecha— por la que el sol parece desplazarse a lo largo del año. Esta franja simbolizaba un campo de fuerzas, que sirvió de base a la astrología, en la creencia de que determinadas alineaciones de cuerpos celestes en el momento en que nace una persona inciden en su carácter, y probablemente en sus actos. Aunque la astronomía actual lo considere absurdo, hay dirigentes, en algunos países, que siguen estando más tranquilos si un astrólogo les asegura que las posiciones relativas del sol, la luna o los planetas sobre el trasfondo de referencia de las estrellas son favorables a una decisión determinada.

 

 MADERA Y AGUA

Los dos elementos naturales que han sido asociados con mayor frecuencia a la adivinación son la madera y el agua; un ejemplo literal son los zahoríes, que desde la antigüedad egipcia y china usan ramas en forma de horquilla para encontrar aguas ocultas. Simbólicamente, la madera que suele considerarse más eficaz para esa función es la del avellano, a la que muchas culturas han atribuido poderes mágicos, si bien el sauce y el melocotonero no han carecido de popularidad.

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Avellano

El análisis científico de zahoríes eficaces da a entender que la sensibilidad humana a la fricción del agua que se desplaza bajo tierra es más importante que el instrumento empleado. El avellano también está relacionado con la varita mágica  de tantos cuentos de hadas, que influye en el futuro dando cumplimiento a los deseos. Es una tradición que se remonta al animismo, con su creencia en los espíritus benignos de los árboles, y al simbolismo de fertilidad del palo. Otro caso parecido es el del pozo de los deseos, al que se tiran monedas: sus antecedentes podrían provenir del rito céltico de arrojar dádivas al agua con el objetivo de invocar a deidades acuáticas.

 

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SUPERFICIES REFLECTANTES

Las superficies transparentes o reflectantes son símbolos casi universales de clarividencia. El agua en calma de los lagos se consideraba un doble espejo a través del que, simbólicamente, los seres humanos podían comunicarse con los espíritus acuáticos o subterráneos. La superstición de que los magos podían ver el pasado y el futuro en los espejos seguía muy viva en la Francia del siglo XVI. Se contaba que Ruggieri, el astrólogo de Catalina de Médicis, había enseñado a la reina el futuro de sus tres hijos en el espejo de una torre de Chaumont. Los chamanes asiáticos consultaban placas reflectantes orientadas hacia la luna o el sol para leer el futuro.

 

 

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