LOS ARMENIOS DE TURQUÍA A LA DIÁSPORA.

Por. Guillaume Perrier

Son originarios de Anatolia, de las regiones hoy de mayoría kurda del sudeste, de las orillas del mar Negro, de las provincias del oeste, pero también son descendientes de familias de Estambul. Los armenios son los últimos representantes de una comunidad que contaba con más de 1,6 millones de miembros en el Imperio otomano, antes de la Primera Guerra Mundial, según cifras del patriarcado armenio de Estambul.

Son “los restos de la espada”, como los denomina la expresión popular turca, los supervivientes de un genocidio, que produjo 1 millón de víctimas y arrojó a los caminos del exilio a decenas de miles más, los que hoy forman la inmensa diáspora armenia. Estos recuentos oficiales no tienen en cuenta a la población hamsheni, armenios islamizados en los siglos XVII y XVIII, ni a los cientos de miles de descendientes de aquellos que se convirtieron al islam para sobrevivir al genocidio de 1915.

Los armenios de Turquía constituyen, junto con los griegos ortodoxos y los judíos, uno de los tres grupos minoritarios definidos por la República turca de Mustafa Kemal, tras la firma del Tratado de Lausana (1923). Este tratado preveía la “protección de las minorías no musulmanas” en su conjunto. La interpretación restrictiva del tratado por Turquía ha colocado a estas minorías en una situación administrativa compleja.

GENOCIDIO ARMENIO

 “Teniendo en cuenta las exigencias democráticas de Bruselas, la candidatura de Turquía para entrar en la Unión Europea ha permitido poner sobre la mesa problemas latentes durante décadas, que no habían suscitado ningún interés hasta ese momento”, observa Jean-Paul Burdy, del Instituto de Estudios Políticos de Grenoble. “Más allá de las declaraciones de principios, es casi imposible para un ‘minoritario (no musulmán) acceder a puestos de responsabilidad en el sistema político, la alta administración o el ejército:

UNA PRESENCIA PLURIMILENARIA

 Las minorías deben hacer frente a numerosos problemas legales: ausencia de un estatuto jurídico para las comunidades religiosas y sus jerarquías, prohibición de formar a sus sacerdotes, imposibilidad de gestionar bienes inmobiliarios (nacionalizados en los arios 1930), o restaurar un patrimonio que está en ruinas.

 En cuanto a la libertad concedida para construir nuevos lugares de culto, ésta no es más que algo teórico. La comunidad armenia de Estambul cuenta con 33 iglesias apostólicas, 12 iglesias católicas y 3 iglesias protestantes. Pero “al menos 4 000 propiedades han sido confiscadas desde 1974”, estima JeanPaul Burdy. Éste se refiere a “una lógica turca de atribución”, que está borrando poco a poco una presencia plurimilenaria. La elección de un nuevo patriarca armenio ortodoxo para suceder a Mesrob II, cuyo estado de salud no le permite seguir ejerciendo sus funciones, está siendo impedida con cuestiones burocráticas.

La catástrofe de 1915 ha redibujado el mapa de la presencia armenia en el mundo. Hasta el siglo XI, los reinos armenios se extendían desde el Cáucaso hasta la Anatolia oriental. Divididos en el siglo XVI entre los otomanos y los persas, suplantados ellos mismos por los rusos en el siglo XIX, la Armenia histórica se redujo, tras la Primera Guerra Mundial, a un pequeño territorio transcaucásico.

 En 1920, nació una efímera República Armenia, avalada dos años más tarde por la Unión Soviética. Será necesario esperar hasta el hundimiento del bloque comunista, en 1991, para que Armenia logre la independencia. Con un escaso 10 % del territorio histórico recuperado, la actual república no cobija hoy más que a 3,3 millones de habitantes, de los 11 millones de armenios que hay por el mundo.

 El efecto de atracción de Armenia es, para la diáspora, muy reducido. Los armenios occidentales (los surgidos de Asia menor, que constituyen la gran mayoría de la diáspora) y los armenios orientales (de Rusia, Irán o Armenia) no hablan la misma lengua. La cultura y la historia les han separado. Si los primeros se han reunido siempre alrededor de sus iglesias, los armenios de la antigua URSS están marcados por 70 arios de régimen comunista. Irán alberga todavía a 400 000 armenios, presentes sobre todo en el oeste. Éstos disponen de derechos religiosos y culturales particulares. Están también autorizados a destilar alcohol. Rusia alberga a la comunidad más importante fuera de Armenia, con 2,2 millones de personas. La mayoría de los armenios de Rusia ha llegado allí recientemente. La inmigración laboral es importante: cientos de miles de jóvenes armenios se van de Rusia por razones económicas. En el Cáucaso, los 100 000 armenios de la provincia de Yavajeti, en Georgia, son, por su parte, una minoría bajo la presión del poder central. Los derechos lingüísticos y culturales son poco respetados.

BARCOS DE REFUGIADOS

 La formación de la diáspora armenia, estimada en 7,5 millones de personas, ha sido ante todo consecuencia directa del genocidio. Después de 1915, miles de supervivientes se exiliaron a Rusia, a Europa oriental (Odesa, Sebastopol, Tiflis, Atenas). A comienzos de los arios 1920, desembarcaron en Marsella barcos de refugiados y se establecieron diversas comunidades en Francia (alrededor de 600 000 miembros se repartieron por Marsella, Lyon, Alfortville), en Alemania y en Italia.

LA PEQUEÑA ARMENIA DE LOS ÁNGELES

 Las familias más acomodadas consiguieron encontrar refugio en EE UU (1,2 millones, de los que una mayoría se situó en Los Ángeles, California) y en Canadá (50 000). Otros se establecieron en Oriente Medio, en las proximidades de los lugares de deportación: en Siria (200 000), en el Líbano (150 000 personas en torno al católicos de Antelias), donde se formaron minorías establecidas que participaban en la vida política. Otros se unieron a los armenios del norte de Irak (20 000) o de Jerusalén.

Se formaron colonias más lejanas según las oportunidades de emigración: en Argentina (130 000), en Australia (50 000), en Brasil (40 000), en la India (500 armenios en Chennai), en Venezuela (2 500) y hasta en Indonesia.

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