Los Arcángeles

LOS ARCÁNGELES.

Entre los incontables ángeles que pueblan los reinos celestiales figuran aquellos a quienes han dado nombres muchas religiones y culturas del mundo. Éstos son los ángeles de los que hemos oído hablar desde nuestra niñez, los que nos maravillaron y transmitieron su sabiduría, no sólo según la Biblia u otros relatos y tradiciones religiosos que estudiamos, sino también de acuerdo con la cultura popular. Nuestro conocimiento de los ángeles procede fundamentalmente del cristianismo, del judaísmo y del Islam, y las tres religiones reconocen a algunos arcángeles por sus nombres.

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En la tradición judeocristiana hay siete, en la islámica sólo cuatro. En el Libro de Enoc, tres crónicas compiladas hacia el siglo II antes de Cristo, Enoc, elegido por Dios para escribir la verdad y por eso considerado el mayor escriba del mundo en su época, narra su viaje a los cielos. Allí conoce a los ángeles en toda su gloria burocrática. Se refiere a sus posiciones, deberes y caracteres, a su apariencia física y a su historia Menciona incluso por sus nombres a los siete arcángeles, «los santos ángeles que vigilan». Esos siete son, por lo general, considerados como los más santos y más firmes ángeles de Dios, tanto en el judaísmo como en el cristianismo, junto con unos cuantos más que fueron incorporados a la lista a lo largo de los siglos. Enoc, que después sería llevado a los cielos  y transformado en el poderoso ángel  Metatron, escribió sus libros cuando aún estaba en la Tierra. He aquí su relación de los siete arcángeles:

– Uriel… que preside el mundo.

– Rafael… que preside los espíritus de los hombres

– Raguel… que toma venganza del mundo de las luminarias.

– Miguel… que preside la mejor parte de la Humanidad y el caos

– Saraqael… que está sobre los espíritus que pecan en el espíritu

– Gabriel… que preside el Paraíso, las serpientes y los querubines.

– Remiel… que preside a los que se elevan.

En el Libro de Tobías de la Biblia católica aparecen mencionados también siete arcángeles. El arcángel Rafael se refiere a ellos como ángeles «siempre presentes y con acceso a la Gloria del Señor». El sufijo «el» de cada nombre angélico significa «ser brillante».

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Dionisio, que en el siglo y escribió De la jerarquía celeste, una clasificación de ángeles y seres celestiales todavía aceptada, afirmó que los arcángeles son mensajeros que transmiten las decisiones divinas y constituyen el vínculo más importante entre Dios y la Humanidad Escribió que gobiernan a los ángeles en los cielos y combaten a los Hijos de las Tinieblas.

El Antiguo Testamento sólo menciona por su nombre a Miguel y a Gabriel. En el Nuevo Testamento, los siete ángeles que se hallan ante Dios en el Apocalipsis tienen generalmente la estimación de arcángeles. Quince famosos ángeles, muchos de ellos considerados arcángeles, han merecido fundamentalmente la atención de la ciencia angélica y siguen atrayendo ahora nuestra imaginación.

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MIGUEL

Quizás el más famoso y perdurable de todos, el arcángel Miguel es también llamado por los católicos San Miguel. Figura en la categoría de los grandes ángeles junto con Gabriel, Rafael y Uriel. Los cuatro encabezan siempre la lista de arcángeles en el cristianismo, el judaísmo y el Islam. De Miguel, cuyo nombre significa «Quien es como Dios», se dice que es el más próximo a la divinidad, el más poderoso defensor celestial, el ángel que dirigió la batalla contra el mal y que arrojó de los cielos a Satán y a los ángeles caídos. «Miguel es el aliento del espíritu del Redentor que al final del mundo combatirá y destruirá al Anticristo, como hizo con Lucifer al comienzo», declaró Santo Tomás. A lo largo de la historia bíblica se ha considerado a Miguel como el protector y defensor del pueblo judío, al que acompañó en el viaje desde Egipto y a través del desierto. Fue Miguel quien entregó a Moisés los Diez Mandamientos de Dios.

Tras el auge del cristianismo, Miguel llegó a ser conocido como «defensor de la Iglesia católica». Los católicos recitan una oración especial a San Miguel Arcángel, pidiéndole protección frente al mal. Como Ángel del Juicio Final, a Miguel imploran los enfermos y, lo que es más importante aún, quienes se hallan cerca de la muerte.

En la Edad Media se creía que guiaba a las almas hacia la otra vida. Incluso ahora se invoca su espíritu angélico cuando gentes de diversas confesiones recitan la frase popular: «Glorioso San Miguel, Príncipe de la Corte Celestial, ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.» Miguel fue siempre un ángel atareado. Detuvo a Abraham cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac (aunque algunas tradiciones atribuyan esta acción al ángel Metatron), se apareció a Moisés en la zarza que ardía perennemente, rescató a Daniel de la fosa de los leones y se presentó ante Santa Juana de Arco. Hace unos cuatro mil años, en la antigua secta judía de los esenios, se equiparaba a Miguel con el Ángel de la Tierra, que regenera el cuerpo.

En los manuscritos del mar Muerto se le llama Príncipe de la Luz. Tan relevante era Miguel que fue honrado con su propia celebración. La festividad de San Miguel se estableció en el siglo y, bajo el Imperio Romano, y cobró todavía mayor importancia en la Edad Media, cuando Miguel era el santo patrón de los caballeros. Las Iglesias católica y anglicana fijan su fiesta en el 29 de septiembre. Las Iglesias griega, armenia y copta lo honran el 8 de noviembre.

En Inglaterra es habitual comer oca asada el día de San Miguel, costumbre que se remonta a varios centenares de arios atrás, cuando los arrendatarios incluían una oca en el pago de la renta a los terratenientes. Según un antiguo proverbio inglés: «Si comes oca el día de San Miguel, no necesitarás dinero en todo el año.» En la Gran Bretaña, San Miguel era tradicionalmente uno de los cuatro días trimestrales en que se pagaban ciertas cuentas y marcaba el comienzo del año judicial y el de un trimestre lectivo en Oxford y Cambridge.

El emperador Constantino atribuyó sus victorias a la protección de Miguel y construyó cerca de Constantinopla una iglesia en su honor a la que llamó Michaelion. El templo atrajo a multitud de peregrinos, muchos enfermos, de quienes se dice que fueron curados por la intercesión de Miguel.

Tan fuerte era la fe en los poderes divinos otorgados a este arcángel principal que por toda Europa se alzaron iglesias bajo su advocación. ¡Los cristianos de Egipto llegaron incluso a dedicarle el río Nilo!

En arte, se presenta habitualmente a Miguel empuñando una espada desenvainada, pero la tradición islámica le atribuye alas de color verde esmeralda cubiertas de cabellos azafranados, cada uno de los cuales contiene un millón de rostros y de bocas y otras tantas lenguas. Dentro de la jerarquía celestial, el arcángel Miguel gobierna los Cuatro Cielos. En la Tierra, el Libro de Daniel del Antiguo Testamento afirma que será Miguel quien aparezca cuando el mundo se halle en gran peligro.

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GABRIEL.

Segundo en importancia tras Miguel, el arcángel Gabriel se halla sentado a la izquierda de Dios. Gabriel, cuyo nombre significa «Dios es mi fuerza», es el único arcángel femenino; prosigue, sin embargo, el debate acerca de su género, ya que en ocasiones se presentó con apariencia masculina, y a lo largo de la historia las sociedades de predominio masculino han revelado su repugnancia a aceptar la posibilidad y preeminencia de un arcángel femenino.

Gabriel estuvo siempre asociado con la concepción y el nacimiento. Conocido como Ángel de la Encarnación, anunció a Daniel la llegada de un Mesías, a María que daría a luz a Jesús, y a San Zacarías que su esposa Santa Isabel daría a luz a San Juan Bautista. En la Iglesia católica, la oración del Ave María es la auténtica salutación de Gabriel a María, anunciándole su milagrosa concepción: «Santa María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres.» La tradición católica insiste en el papel de Gabriel como cigüeña celestial, afirmando que también anunció el nacimiento de Jesús a los pastores de Belén y que luego encabezó a los ángeles que cantaron en torno del Niño: «Gloria a Dios en las alturas, y Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.»

El emblema de Gabriel es el lirio, que significa la concepción, y se dice que instruye a las almas durante los nueve meses que pasan en el útero, preparándolas para su llegada al mundo. Los antiguos esenios lo equiparaban con el Ángel de la Vida, «que penetra en los miembros y proporciona fuerza al cuerpo». Por dar la vida de otros modos, se le llama El que Despierta, Ángel de los Sueños, Ángel del Saber, y, en la tradición judeocristiana, Ángel de la Anunciación, de la Resurrección, de la Piedad y de la Revelación. Gobierna el Primer Cielo, el más próximo a nuestro mundo, y en donde supuestamente vivieron Adán y Eva, y como tal fue designado Gobernador del Edén. En calidad de arcángel responsable del Paraíso, rige a todos los ángeles.

En el Antiguo Testamento, el profeta Daniel mantiene numerosos contactos con Gabriel, tanto en visiones como en oración; y en el capítulo 10, versículos 5 y 6 del Libro de Daniel, éste describe a Gabriel como «un hombre vestido de lino, ceñidos los lomos de oro puro. Su cuerpo era como de berilo, su rostro tenía el aspecto del relámpago, sus ojos cual antorchas de fuego, sus brazos y sus piernas como el fulgor del bronce bruñido, y el son de sus palabras como el ruido de una multitud». También se ha contemplado a Gabriel con 140 pares de alas. A él se atribuye, por orden de Dios, uno de los milagros más impresionantes del Antiguo Testamento, la separación de las aguas del mar Rojo.

En el Islam, Gabriel es el ángel de la Verdad y jamás se le considera femenino. En su libro sagrado, el Corán, dictado por Gabriel a Mahoma el ario 610, es este arcángel, y no Miguel, quien ostenta el título de jefe de todos los ángeles. En su capacidad de ángel supervisor, Gabriel es conocido en los cielos como Regente de los Querubines, y también se le honra como santo. Es el ángel de todas las buenas noticias. Los católicos celebran la fiesta de San Gabriel el 24 de marzo.

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RAFAEL.

El tercer arcángel por orden de importancia, Rafael, es el Brillante que Sana. Dios le otorgó el poder de curar y la capacidad de librar a las gentes del peligro. Constituye una figura central en el Libro de Tobías, la obra que más nos informa acerca de este ser celestial propicio, plácido y cordial, conocido como Jefe de los Ángeles de la Guarda.

En este relato aparece bajo la apariencia de un hombre llamado Azarías y ayuda de muy diversas maneras a Tobías durante un peligroso viaje. Sólo próximo ya 1 final, revela que es Rafael. Enseña a Tobías el modo de emplear las entrañas de un pez como medicina, lo protege de asechanzas e incluso actúa como casamentero, encontrándole una esposa bella, virtuosa y rica.

También llamado San Rafael, el nombre de este arcángel significa «Dios ha curado» o «Medicina de Dios» y se le atribuye la curación de las heridas de los mártires y su consuelo durante las pruebas a que se vieron sometidos. Considerando su gran éxito en el cuidado de Tobías, todavía se solicita de Rafael que proteja a los viajeros. También recurren a él los enfermos y los heridos y muchos afirman que visita los hospitales.

En el Antiguo Testamento, Rafael curó el dolor de la circuncisión de Abraham y entregó a Noé el Libro del Ángel Raziel que contenía no sólo información médica sino todo lo que hacía falta saber para construir el arca. Se dice que es Rafael el Ángel del Sol de los antiguos esenios, que proporcionaba al cuerpo el fuego de la vida. Como Ángel de la Ciencia y del Saber recibió también la misión de guardar en el Edén el Árbol de la Vida. Oficialmente, Rafael rige el Segundo Cielo y comparte tareas de gobernación con el jefe del orden de las Virtudes angélicas. Los católicos celebran la fiesta de San Rafael el 18 de mayo.

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URIEL.

Incluido en la más alta categoría de los arcángeles, como uno de los Cuatro Ángeles de la Presencia, Uriel se enfrenta con las almas de los pecadores, censurándoles a menudo sus acciones.

Se le conoce como el Ángel del Arrepentimiento, y su nombre significa «Fuego de Dios». Su símbolo cristiano es una mano abierta que sostiene una llama. No es éste un ángel al que te gustaría ver si hubieses hecho algo malo. Afirman que es el arcángel que estuvo a las puertas del Edén, empuñando una espada ígnea y, de acuerdo con su imagen atroz, preside también el terror y el trueno. Según la tradición cristiana, Uriel posee asimismo un aspecto más amable como Ángel de la Música.

En el Islam, Israfel es el ser celestial musical, y en el judaísmo es Metatron, que entonó la Canción Celestial del Señor. Uriel es también el Ángel de la Poesía. Conforme al Antiguo Testamento, Uriel fue enviado por Dios para advertir a Noé del diluvio y, de acuerdo con la tradición hebraica, entregó la misteriosa Cábala a los judíos.

Es también el ángel que interpreta las profecías.

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RAGUEL.

Raguel significa «Amigo de Dios», y, como tal, este arcángel citado en el Libro de Enoc, lo trasladó a los cielos. Enoc lo describió tomando venganza del mundo de las luminarias, pero eso no significa que sus actividades sean estrictamente punitivas. Juzga a otros ángeles y se dice que cuida también de su buena conducta.

SARAQAEL.

Conocido también como Sariel, el arcángel Saraqael, al igual que Raguel, vigila a sus compañeros celestiales.

Enoc escribió que Saraqael es responsable del destino de los ángeles que violan las Leyes. Como Rafael, este arcángel también cura, y muchos creen que enseñó tales artes a Moisés.

REMIEL.

Este arcángel recibe asimismo los nombres de Ramiel, Jeremiel y Fanuel. Su nombre significa «Dios alza» y «Rostro de Dios». Ambas denominaciones aluden a su tarea fundamental como Ángel de la Esperanza: conduce a las almas al Juicio y cuida de aquellas que aguardan la entrada en el Paraíso. De quienes se hallan camino de los cielos se dicen que se «alzan». Se le menciona en la Cábala, la obra del saber místico judío que incluye la vía del alma hacia Dios y su relación con los ángeles. Como encargado de las «visiones verdaderas», las interpreta en beneficio de los mortales.

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