Los Ángeles en la Suma Teológica de Santo Tomás

LOS ÁNGELES EN LA SUMA TEOLÓGICA DE SANTO TOMÁS.

No es posible hablar de los ángeles en la teología católica sin tener en cuenta el gran debate que Santo Tomás de Aquino, que nació y vivió en Italia en el siglo XIII y fue declarado Doctor de la Iglesia por su obra Suma Teológica, el mayor documento teológico de todos los tiempos, implantó sobre ellos. Se puede decir que fue Santo Tomás quien creó el primer cuerpo de la teología católica que daría más tarde material a innumerables concilios y en el que los ángeles tienen un lugar privilegiado.

El interés de Tomás de Aquino por los ángeles fue tal que le valió el nombre de Doctor Angelicus. El tema de los ángeles es tratado en las cuestiones 50 a 64 de la Suma Teológica I. En dichas cuestiones se rebaten muchas de las objeciones de San Agustín sobre los ángeles. Según aparece en sus biografías, Santo Tomás fue profesor de teología en París y entró en la Orden de los Dominicos contra la voluntad de su familia, sobre todo de su madre, la condesa Teodora. Para disuadirlo lo tuvieron encerrado varios meses en el castillo de Roccasecca.

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Durante su vida, el famoso teólogo tuvo varias visiones de los ángeles. De ahí quizás su interés teológico por desentrañar la naturaleza de dichos seres espirituales y misteriosos de los que tan poco se sabía y tanto se escribía. Cuentan también sus biógrafos que cuando enseñaba teología en París le pidieron sus superiores que preparara la lección inaugural para la defensa del doctorado. Sintiéndose indigno, rechazó la petición cuando un ángel se le presentó y hasta le dictó el tema de la disertación.

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Al final de su vida, el autor de la Suma Teológica tuvo varios éxtasis. En algunos de ellos vio a los ángeles, de los que escribió que eran tan maravillosos que todo lo que escribiera sobre ellos era solo paja. Desde entonces dejó de escribir.

 

NO TODOS LOS ÁNGELES SON IGUALES

¿Qué dice el teólogo sobre la naturaleza de los ángeles? Que es inmaterial y espiritual, que el número de ellos es infinito y que poseen varios grados de sabiduría y perfección. Es decir, que no todos los ángeles son iguales. Reciben de Dios inteligencia, fuerza espiritual y libre voluntad en grados diferentes. Santo Tomás acepta cierta jerarquía en los ángeles. Los de una escala superior en la jerarquía tendrían un mayor conocimiento de Dios. Según él, los ángeles no existieron siempre, sino que fueron creados por Dios, quizás antes del mundo material y de los hombres. Son dotados de libre arbitrio, y por ese motivo una parte de ellos pudo revelarse contra Dios convirtiéndose desde entonces en ángeles caídos o demonios.

Santo Tomás no es racista. Afirma que todos los seres humanos, bautizados o no, tienen su ángel de la guarda que nunca les abandona, ni siquiera cuando se trata de un gran pecador. ¿Cómo actúan sobre los hombres? Sin duda, no fuerzan la libre voluntad de las personas. Su función es inclinarles hacia el Bien, aconsejarles el camino cierto, inspirándoles buenos sentimientos. Al revés que el demonio, que actúa sobre los hombres inclinándoles e instigándoles a hacer el Mal. La lucha, pues, entre los ángeles buenos y los ángeles malos continúa en la vida de cada ser humano, que se ve zarandeado por ambas fuerzas, la benéfica y la maligna.

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¿Puede el ser humano comprender la naturaleza del ángel? Según Santo Tomás, es muy difícil por tratarse de seres misteriosos e incomprensibles para la naturaleza humana. Lo que los ángeles son de verdad traspasa las posibilidades de conocimiento de la mente humana. Para Santo Tomás solo comprenderemos la naturaleza exacta de los ángeles cuando, en la otra vida, nos encontremos con ellos en el mismo nivel de perfección espiritual.

Los ángeles poseen para Santo Tomás el grado supremo de perfección entre las criaturas creadas. Nada de lo creado es más perfecto que un ángel. Sin embargo, no fueron creados independientemente de las demás criaturas. Forman parte del plan creacional de Dios. Ellos harían parte del universo y estarían al servicio de las cosas corpóreas. Dios habría creado las cosas que se parecen a él. Pero en grados diferentes. Hay criaturas, como las piedras o los árboles, que se parecen a Dios por el mero hecho de existir, pues salieron de sus manos. Según Santo Tomas, es justo que existan otros seres más espirituales, como los ángeles, que se parezcan más a la esencia misma de Dios del todo espiritual.

 

LOS ÁNGELES SON LAS CRIATURAS MÁS PARECIDAS A DIOS

¿Pueden existir criaturas del todo espirituales, sin necesidad de corporeidad alguna, espíritus en estado puro que no necesiten de los órganos corporales para existir y entender? Según Santo Tomas, sí. Y estas criaturas serían los ángeles, que participan en un grado elevadísimo de la esencia espiritual de Dios, ya que la perfección de las cosas consiste en parecerse a Dios. Los ángeles serían las criaturas que más se asemejan a Dios y participan de su vida misteriosa sin necesidad del cuerpo ni de sus órganos para vivir y actuar. Dice Santo Tomas: «Si conviene que antes de lo imperfecto en algún género exista lo perfecto, es conveniente que antes de las almas humanas, que entienden mediante los sentidos, existan algunas substancias intelectuales que entiendan las cosas que son en sí evidentes, y que no reciben su conocimiento a través de los sentidos, y por tanto, totalmente separadas de los cuerpos».

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Santo Tomás mantuvo fuertes polémicas en su Suma Teológica contra quienes afirmaban que los ángeles debían de tener cuerpo. Lo sostenía, por ejemplo, Orígenes en su libro Peri Archon, para quien solo la naturaleza de Dios tiene la propiedad de existir sin sustancia material y sin estar unida a nada corpóreo. Lo mismo sostenía San Bernardo, quien afirmaba: «Atribuyamos solo a Dios tanto la inmortalidad como la corporeidad, ya que su naturaleza es la única que ni por sí ni por otro necesita la ayuda de la materia, pues es indudable que todo espíritu creado necesita el apoyo de lo corpóreo». A su vez San Agustín arguye que los demonios son llamados animales aéreos porque por naturaleza poseen cuerpos aéreos. Ahora bien, argumenta San Agustín, los ángeles están hechos de la misma sustancia de los demonios, luego tienen cuerpo. Del mismo parecer era San Gregorio Magno, que llamaba a los ángeles «animales racionales».

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INCORPÓREOS

A todos ellos responde Santo Tomás con agudeza teológica. Según, él los ángeles no tienen cuerpo al que estén unidos por naturaleza, pues lo que en una naturaleza es accidental no se encuentra en ella universalmente. Y pone el siguiente ejemplo: puesto que tener alas no es la esencia del animal, no todos los animales tienen alas. Ahora bien, puesto que el entender no es un acto del cuerpo ni de ninguna facultad corpórea, tener un cuerpo no pertenece a la esencia de la substancia intelectual en cuanto tal, sino que se trata de un accidente que se añade a una cierta substancia intelectual por otros motivos.

Por ejemplo, al alma humana, según Santo Tomás, al ser imperfecta, le corresponde la unión con el cuerpo, ya que no tiene en su naturaleza la plenitud de la ciencia, que tiene que adquirirla por medio de los sentidos. Ahora bien, siempre que existe un cuerpo imperfecto, argumenta el teólogo, tiene que existir también un ser perfecto del mismo género. Estos seres perfectos que no necesitan del cuerpo ni de los sentidos para adquirir la ciencia serían los ángeles.

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Por lo tanto, no es verdad, según él, que todas las sustancias intelectuales estén unidas a los cuerpos, sino que algunas están separadas de ellos, como los ángeles. Entonces, ¿por qué en el Antiguo Testamento, la Biblia judía, los ángeles aparecen bajo la semblanza de un cuerpo humano? Más aún, en la Biblia, prácticamente todos los ángeles que se aparecen a los hombres lo hacen bajo semblantes humanos. Eso ocurre para facilitar a los humanos la visión de los ángeles que no podrían ser vistos si se presentaran como puros espíritus, tal cual son. Los ángeles, según el teólogo, no toman cuerpo humano para su propio bien, sino para el nuestro. Ellos no necesitan ejercer las funciones vitales de un cuerpo normal. Así, tampoco les corresponde comer. Los alimentos que en algunas ocasiones toman los ángeles no pueden convertirse en carne propia, pues ellos no asumen la corporeidad real.

 

ESPÍRITUS PUROS

Otro de los problemas planteados por Santo Tomás es si cuando los ángeles se presentan a alguien en forma humana, ellos existen solo en la imaginación de los que los ven. Según el teólogo, es más que eso, pues de lo contrario los ángeles podrían ser vistos solo por el que se los está imaginando, mientras que hay apariciones de ángeles en la Biblia, como los que se aparecieron a Abrahán, o bien el ángel que se apareció a Tobías, que fueron vistos por varias personas a la vez.

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Por lo tanto, Santo Tomás de Aquino defiende en su angeología la existencia de seres superiores al humano, sin ser aún dioses, que son los ángeles, espíritus puros, no sujetos a las debilidades del animal racional que es el hombre. El teólogo defiende con fuerza la incorporeidad de los ángeles contra algunos filósofos que defendían que estaban hechos de una substancia material sutil. Defiende también Santo Tomás que los ángeles no son una especie, como los humanos, sino que cada ángel sería una especie por sí mismo. Por último, según Santo Tomás, los ángeles no pueden ya pecar. Pecaron los ángeles que, por soberbia, se rebelaron a Dios, pero los ángeles que fueron obedientes ya no pueden pecar, pues viven para siempre inmersos en la gloria de la divinidad.

 

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