Los Ángeles en el Tarot

LOS ÁNGELES EN EL TAROT

Se dice que las cartas de tarot, que llevan más de seiscientos años de existencia, suponen el oráculo que mayor interés despierta entre la gente. Para algunos, el tarot es originario de los rituales y símbolos religiosos del viejo Egipto, para otros procedería de los cultos mistéricos, de los mitras de los primeros siglos de la era cristiana. Se piensa que esas cartas habrían llegado a Europa en el siglo XIV, a través de los cruzados o de los sarracenos, aunque, por ejemplo, Papús, un ocultista francés, asegura que proceden de los gitanos del Asia central.

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Tarot (de tar, camino, y Rho, rey, en egipcio) significaría «el camino real, verdadero». Por su carácter oculto, la Iglesia católica llegó a asociarlo a las prácticas demoníacas. La última versión de tarot fue diseñada en el siglo XVIII, en Marsella. Muchas culturas y prácticas diferentes fueron influyendo a través del tiempo en la interpretación del tarot, como el pensamiento cabalístico, las leyendas de los caballeros de la mesa redonda, las antiguas prácticas de la magia blanca y hasta por el simbolismo de la Rosa Cruz en nuestros días.

De las 78 cartas del tarot tradicional, la carta del ángel, simbolizando la templanza, es una de las más apreciadas, pues simboliza también la tolerancia, la paciencia, la felicidad y la flexibilidad. Es un ángel con rostro femenino que derrama el contenido de un vaso en otro. La mujer derramando vino en un cántaro era una alegoría utilizada en la Edad Media para representar la virtud de la templanza mezclando agua al vino, aunque la misma imagen sirvió para lo contrario en el evangelio de Juan, que narra las bodas de Caná. Allí, Jesús convierte el agua en vino en un gesto de abundancia.

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Tradicionalmente, la carta del ángel se interpreta como un símbolo de transformación, de alquimia religiosa, de efectos terapéuticos. Es una carta amable desde el punto de vista adivinatorio, cuya presencia alivia siempre la densidad del oráculo. La palabra clave de esta carta es el equilibrio y la seguridad. Evoca la serenidad de una dulce sabiduría, indulgente a las debilidades del otro.

 

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