LEYENDAS DE TOLEDO- LA FUENTE DE LA MORA

La fuente de la Mora

Era el año 1085; acababa de ser conquistada Toledo por la invencible espada del mejor de los guerreros conocidos, el Cid Campeador. Pero si la bandera de Castilla ondeaba en las torres de la ciudad, no se había conquistado todo el reino de Toledo. La villa de Maceda había sido tenazmente defendida por el valí Ali-Ben-Abdalla, el cual, agotados sus recursos guerreros y viéndose cercado por las arrolladoras huestes cristianas, ante la imposibilidad de sostener más tiempo aquella plaza, reunió a todos sus defensores y riquezas, y una noche, en el mayor silencio y orden, se retiró a Escalona, que ofrecía mejores condiciones para una fuerte resistencia, por sus sólidas construcciones y por estar situada sobre un monte inexpugnable.

En el espacio de dos leguas que separaban estas dos poblaciones, se extendía un espeso bosque, en el que eran frecuentes los encuentros entre moros y cristianos.

Una calurosa tarde de verano, recorría este bosque, a todo galope sobre un brioso corcel, un caballero de noble y distinguido aspecto, seguido de algunos monteros y jaurías de perros. El caballero se adelantó internándose por la espesura en busca de alguna fuente con que aplacar su ardiente sed, imaginando que por aquella frondosidad encontraría algún manantial, y se detuvo a respirar aquella fresca brisa que, acariciándole el rostro, aliviaba la sed. De pronto se encabritó el caballo ante algo extraño y vio a una maravillosa muchacha que rápidamente se escondía de su vista, pero él la alcanzó; era una joven de extremada belleza, ataviada a la usanza mora. Le preguntó quién era, y ella le explicó que de padres hebreos había nacido en el cautiverio árabe, donde servían de esclavos a su señor Ali-Ben-Abdalla, quien, prendado de ella, la llevó a su harén, del que en un descuido había logrado escaparse, escondiéndose por la espesura de aquel monte, dispuesta a morir antes de entregarse a su dueño.

El caballero le juró por el Dios de los cristianos, único verdadero, que les daría la libertad a ella y a sus padres, si la daba de beber, porque se moría de sed. La mora respondió: «Yo he recorrido gran parte del monte sin encontrar ni un arroyo ni una fuente donde poder beber. Pero si ese Dios vuestro hiciera manar de la tierra una cristalina fuente, yo me haría cristiana, y Escalona caería en vuestro poder».

Y apenas acababa de pronunciar aquellas palabras la hermosa judía, cuando de la tierra brotó un manantial de limpias aguas, que corrió en arroyuelo por el verde césped. Sobrecogidos de emoción quedaron los dos ante la aparición milagrosa de la fuente y, después de beber de ella la doncella, desmontando el caballero, de rodillas en tierra, sorbió con ansia de aquella agua de vida que Dios les enviaba. Y confirmando su juramento a la joven, se despidió de ella partiendo al galope.

Al amanecer del día siguiente, después de un asalto cristiano mandado por el mismo Alfonso VI, que era el caballero de la fuente milagrosa, la ciudad de Escalona caía en poder de los cristianos, que hicieron ondear en las almenadas torres la bandera cristiana de Castilla.

Alfonso VI cumplió la promesa de liberación dada a la hebrea; ella se hizo cristiana y, una vez bautizada, tomó el hábito en un convento religioso de Toledo.

En cuanto a la fuente, que aún existe, todos los campesinos de Escalona conocen la historia de su origen, y hacen al visitante beber las ricas aguas de la Fuente de la Mora.

 

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