LEYENDAS DE MADRID – El crimen del soldado.

Doña Almudena Giutili vivía en una pobre y apartada casa de Madrid, dedicada a la oración y a las obras de piedad. Tan firme era su fervor religioso, que decidió profesar en el convento de las monjas de San Fernando, llevada de su piadosa vocación. Preparaba ya su ingreso en la orden, cuando un soldado, prendado de doña Almudena, trató de disuadirla de su empeño. La dama le expuso razonablemente que su vocación era decidida y que no le había pasado nunca por la cabeza el deseo de casarse. Pero el soldado, muy seguro de sí mismo, no cejó por esto en su empeño y continuó cortejándola y asediándola a todas horas. Una de las fórmulas que empleó para provocar la atención de doña Almudena fue hacerse retratar en un pilar de una casa frontera a la de la dama, con objeto de que ella tuviera que verle todos los días al pasar por allí.

Tampoco esto surtió el menor efecto, y doña Almudena continuó impasible ultimando los preparativos para tomar los hábitos. El amor propio del soldado se sintió herido ante tal indiferencia y, tomando a desprecio su actitud, esperó en la calle a la dama y la asesinó como venganza. Metió su cabeza en un talego y simbólicamente lo llevó al convento de San Fernando y lo abandonó en el torno. Así cumplía la voluntad de su víctima y se confortaba a sí mismo de su despecho.

No tardó mucho tiempo en trascender la noticia del crimen y en que recayeran sobre el soldado todas las sospechas. La justicia logró detenerle y fue condenado a sufrir la pena de muerte. La efigie que mandara grabar el soldado en el pilar contiguo a la casa de la dama ha dado nombre a la calle y ha mantenido vivo el recuerdo de este legendario suceso.

 

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