LEYENDAS DE GUADALAJARA-LAS LÁGRIMAS DE UNA REINA

 

Las lágrimas de una reina

En el pueblo de Beleña, cerca de un castillo del que aún se conservan restos de los antiguos torreones, corre el río Sorbe, en cuyas aguas se reflejan los altos chopos, formados en dos filas como regios guardianes. Junto al río existe un manantial cristalino que en época remota servía de baño a la reina doña Urraca. Perduran también restos de la vieja muralla que cubría los baños de la reina de Zamora, quien a diario, acompañada de su dueña y sus doncellas, venía a sumergirse en las puras y transparentes aguas.

Y se cuenta que una hermosa mañana, al salir del baño la reina, su vieja dueña la contemplaba con mirada sombría. La reina preguntóle la causa de su pena, pero ella callaba, temerosa de disgustar a su señora; ante su insistencia, no tuvo más remedio que explicarle:

—He observado, mientras os bañabais, las ondas que en el agua formabais, y mi ciencia me revelaba que os veríais envuelta en sangrientas guerras fratricidas.

La reina lanzó un grito de dolor, mientras en sus ojos temblaban dos lágrimas, que al caer al agua convirtieron en rubíes las piedras.

—Mirad, señora —continuó la vieja—; bien claro lo están diciendo vuestras lágrimas.

Y la reina lloró amargamente, y el fondo de la fuente quedó para siempre tapizado de piedrecillas de mil colores que recuerdan las lágrimas de la regia dama.

Pronto se cumplió la profecía de la vieja, y Zamora se vio sitiada por los ejércitos de su hermano. Pero doña Urraca estaba ya prevenida desde que le avisaron las piedrecillas de la fuente.

 

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