LEYENDAS DE GALICIA – La isla ballena.

Navegaba san Macutes y varios clérigos en busca de una isla, por el Atlántico. Se desencadenó un fuerte temporal, que hacía zozobrar a la embarcación, convertida en juguete de las gigantescas olas, y, averiada la nave, perdieron el rumbo, quedando a la deriva y desorientados durante varios días de navegación. Pudo al fin repararse la nave; mas, perdida la esperanza de encontrar la isla que buscaban, con gran desolación, decidieron volver a la Península.

Llegó el día de la Pascua, que tuvieron que pasar en el mar, y amaneció claro y despejado; todos los tripulantes se hallaban en cubierta, contemplando el limpio horizonte, cuando divisaron a lo lejos una pequeña isla; clamando con gran júbilo, se dirigieron a ella con la idea de celebrar la festividad religiosa: luego de descansar, y libres del mareo del barco, dirían allí la misa, y durante todo el día festejarían la solemnidad.

A todos les pareció bien, y, decididos a poner en práctica aquella idea, arribaron a la isla y desembarcaron, preparando rápidamente lo indispensable para la celebración del santo sacrificio.

Oficiaba el obispo san Macutes, y los demás hermanos cantaban las oraciones de la misa con sentida emoción. Al llegar al padrenuestro, sintieron una conmoción bajo sus pies, como si la tierra se agitase en violentas sacudidas. Alarmados, pensaron en algún terremoto, y de un momento a otro esperaban que se agrietase el suelo; pero observaron que se movía de un modo extraño, y llegaron a la conclusión de que lo que habían tomado por isla era un ser vivo, una enorme ballena de las que habitan en los abismos; tenía tan gigantescas dimensiones, que todos la habían tomado por una porción de tierra. Horrorizados, al darse cuenta de que estaban sobre un animal, gritaban, presas del pánico; algunos se tiraron al agua y luchaban desesperadamente contra las olas, y ya veíanse devorados de un momento a otro por el tremendo monstruo marino. El santo continuó con serenidad, celebrando la misa, después de exhortar a sus compañeros a que tuvieran calma y confiaran en Dios, que los salvaría del mismo modo que salvó a Jonás del vientre de la ballena, en donde estuvo tres días, y luego salió ileso, por la gracia divina. El santo obispo pidió con gran fe al Señor que dejara inmóvil a la bestia hasta que la congregación de los hermanos hubiese podido embarcar.

Fue escuchado por Dios misericordioso, que acogió benigno las súplicas de su siervo, dejando inmóvil al monstruo, como una roca, en medio del océano, mientras san Macutes embarcaba a los hermanos, que, alabando a Dios por el milagro, veían a lo lejos ya el animal, que permanecía quieto, como un monte, y no permitió el Señor que se moviera hasta que no estuvieron seguros, desembarcados en tierra.

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