LEYENDAS DE CATALUNYA – LA TORRE DE LOS ENCANTADOS.

Sobre un cerro, muy cerca de Caldas de Estrac, se levanta la torre de los Encantados. Cuéntanse, acerca de esta torre de los Encantados, diversas leyendas. Una de ellas es la de una muchacha pobre, nacida en una de las más humildes casas del pueblo, que desapareció, sin que nadie pudiera descubrir su paradero. Los padres, desesperados, la lloraban ya como una muerta, cuando un buen día volvió a su casa, llevando con ella grandes riquezas en joyas, oro y piedras preciosas.

 Contó entonces que una tarde estaba sentada al pie del cerro de la torre de los Encantados, cuando vio acercarse a ella un águila enorme.

 Quiso huir; mas no pudo. El águila se le acercó, la cogió con sus garras con todo cuidado, como si procurara no hacerle daño, y la llevó al interior de la torre de los Encantados.

 Una vez allí, el águila convirtióse en un apuesto joven, que la saludó cortésmente y le dijo que estaba en ese lugar encantado por las malas artes de un mago que había querido separarlo de su adorada. No podía salir del castillo tal como entonces era, o sea con su figura primitiva, ya que, en el momento en que lo intentaba, se convertía en águila. Este encantamiento debía durar hasta que una virgen quisiera permanecer por su propia voluntad en el castillo, esperando que viniera una paloma blanca que la besaría en la cara. Cuando esto sucediera, él volvería a su forma humana y podría reunirse con su amada.

 Conformóse la joven y quedóse en la torre de los Encantados, donde nada le faltaba.

 Unos geniecillos arreglaban todos los días la casa, por las mañanas, y preparaban suculentas comidas. El águila venía de vez en cuando a su ventana para preguntarle si carecía de algo, y todos los días, al despertar, encontraba junto a su lecho una nueva joya de valor, un nuevo obsequio que añadir a los muchos que constantemente recibía.

Así pasaron muchas semanas, hasta que una mañana, al amanecer, estando la joven recostada en un diván contemplando cómo el sol iba surgiendo a lo lejos, por entre las aguas del mar, entró por la ventana de la torre una paloma blanca, que empezó a revolotear. Inmediatamente apareció el águila, que, con los ojos brillantes como dos carbones, contemplaba las evoluciones de la paloma. Ésta, después de revolotear por la habitación, acercóse al diván y, posándose sobre el hombro de la joven, aplicó su pico en su mejilla. En el mismo momento el águila convirtióse en el joven a quien la doncella había visto el primer día, y la paloma, en una hermosa muchacha rubia. Colmaron de riquezas a la moza pobre y la dejaron en libertad de volver a la casa de sus padres. Ellos estaban ya libres del encantamiento del mago y podían casarse cuando quisieran.

 Esto es lo que la joven contó y una de las leyendas que más se cuentan de la torre de los Encantados.

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