LAS CRISIS CÍCLICAS DEL CAPITALISMO – LA CRISIS DEL PETRÓLEO 1974-1984.

El petróleo crudo, fundamental a causa del desarrollo industrial de los siglos XIX y XX, estuvo controlado a partir de los años cuarenta del siglo XX por las empresas propietarias de los principales yacimientos de petróleo, que se conocían bien entre ellas. Formaban un auténtico oligopolio y fueron denominadas las Seven Sisters, un nombre que destacaba la especial relación entre ellas, todo y la plena independencia de las empresas y la competencia en temas no mayores. Eran: Anglo Iranian Oil Co. (Gran Bretaña), Gulf Oil (EE. UU.), Royal Dutch Shell (Holanda), Standard Oil of California —SOCAL— (EE. UU.), Standard Oil of New Jersey —ESSO— (EE. UU.), Standard Oil of New York —Socony— (EE. UU.) y Texaco (EE. UU.).

El dominio era claramente anglo-norteamericano, con un peso especial de las empresas que tenían como precedente la actuación de John D. Rockefeller, que creó el 1870 el Standard Oil, de la cual proceden las que llevaban este nombre. Los Estados Unidos eran grandes productores de petróleo y exportadores de esta materia prima.

El 1960, el panorama petrolero era muy diferente. Entonces, los grandes productores de petróleo crudo eran, preferentemente, los países del golf de Arabia, muy alejados de la democracia: regímenes totalitarios que se convirtieron en los amos del mundo gracias al arma del petróleo. El 1960 se constituyó la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), que sustituyó el papel de las Seven Sisters como oligopolio mundial. Sus miembros eran Arabia Saudí, Argelia, Qatar, los Emiratos Árabes, Irak, Irán, Kuwait, Libia, Nigeria y Venezuela.

La OPEP tenía, por lo tanto, diez miembros, ocho de los cuales eran países musulmanes y los otros dos eran Nigeria (en parte también musulmana) y Venezuela, de la América Latina, que era el único que presumía de democracia. El resto eran países de dictadura autoritaria, no democrática, de economía planificada en el caso de Argelia —en la órbita de la Unión Soviética— y con una organización social muy alejadas de la de los países occidentales desarrollados. Los países del Golf tenían la paella por el mango a la OPEP. Había enemistado entre algunos, pero a la hora de subir el precio del petróleo consiguieron la unanimidad.

El ambiente económico era blando el 1973. Los Estados Unidos tenían una tasa de inflación muy alta, insoportable. Todos los productos valorados en dólares aumentaban precios en la misma proporción que la tasa de inflación. Uno de ellos, quizás el más importante, era lo del petróleo crudo. Esta situación perjudicaba los importadores de petróleo, que tenían el dólar como moneda de referencia.

El precio de petróleo se había mantenido estable desde hacía tiempo a 1,62 $ el barril. Aun así, aquel mes de octubre, los miembros de la OPEP acordaron aumentar el precio hasta 3,45 $ y, el enero del 1974, a 9,31 $ el barril. El precio se había multiplicado por 5,7% en cinco meses. Y continuó subiendo hasta 34 $ a finales del 1981, siguiendo aproximadamente la devaluación del dólar.

Los gobiernos de los países musulmanes del Golf y especialmente los personajes que los representaban –monarquías autoritarias- se convirtieron en grandes magnates, las grandes fortunas de la Tierra. Mientras los países importadores de petróleo tenían que buscar de donde sacaban el dinero para pagar el aumento de precio del petróleo, el problema de los árabes del Golf era como invertir el dinero. Aparecieron los petrodólares, que era la moneda que corría por el mundo, totalmente desvinculada de su país de origen. Los gobiernos de los Estados Unidos siempre han respetado los regímenes autoritarios del Golf, puesto que eran grandes clientes de sus empresas privadas, especialmente del sector del armamento. A veces, cuando se negocia con países no democráticos, se tiene que mirar al cielo y aceptar los hechos como son, aunque no te gusten, siempre que puedas sacar partido económico y político. No es un ejemplo de comportamiento ético, pero hay muchos casos como este en el mundo en que vivimos. Qué habría pasado si los Estados Unidos, los menos perjudicados por la crisis, puesto que tenían petróleo, hubieran incidido sobre la actuación de la OPEP?

El aumento brutal del precio del petróleo desguazó el presupuesto de los países que no tenían o tenían poco. El déficit presupuestario puerta la crisis. Los gobiernos tuvieron que hacer recortes que provocaron la protesta del factor trabajo. La reacción llegó, pero lentamente, puesto que no se levanta una casa en cuatro días. Se buscaron nuevos yacimientos —México y Brasil—; se posaron en explotación yacimientos ya conocidos que no eran rentables —pero que lo serien con el aumento de precios—; se utilizó lo fracking para extraer petróleo de las pizarras bituminosas de Saskatchewan en el Canadá y en los Estados Unidos, con gran terror de las manadas de ganado autóctonos, por las explosiones; se incrementó la producción de gas natural, sobre todo, se aceleró la producción de energía con las renovables: solares y eólicas. Pero en todo caso entramos en un periodo de petróleo caro, cosa que hace aumentar el déficit de muchos estados.

En los Estados Unidos, el aumento del precio del petróleo no tuvo efectos negativos, pero no quedaron al margen de la crisis: la situación económica interior era mala y la moral estaba muy baja. De hecho, tenían problemas adentro y afuera: los americanos se habían tenido que retirar del Vietnam, habían devaluado la moneda y tenían que hacer frente a la minoría negra, tan ninguneada, que se sublevaba en defensa de sus derechos civiles. Además, sus exportaciones bajaban o no se podían cobrar por el hecho de ir, en buena parte, en países que sufrían el aumento del precio del petróleo.

La crisis, por lo tanto, no fue tan solo consecuencia del petróleo. Cuando un hecho puntual madriguera sobre una economía blanda, las reacciones se reproducen en todos los sectores de la economía. Es el fenómeno de una bola de nieve, que se va tirando gorda, y por tanto más amenazante, a medida que baja. Dedo de otro modo: la crisis del petróleo se sumó a las crisis limitadas y parciales que tenían otro origen. En el caso catalán y español, la crisis se agravó en un primer momento por el acercamiento del Estado español en la Unión Europea, que comportará el destrozo de las industrias tradicionales. En Cataluña, especialmente de la industria del algodón.

El 1975 la economía mundial estaba en plena recesión y el aumento del precio del petróleo era el factor más visible de la crisis. La mayoría de los estados tomaban medidas y la primera, por supuesto, era aumentar el precio de la gasolina. Todos, menos España, que mantuvo los precios de siempre, a pesar de que había aumentado el consumo de las gasolinas. Esta actitud absurda del Estado español solo se puede explicar por una situación política que nadie sabía cómo acabaría. A finales del 1973 fue asesinado el presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco; el 1974 el dictador Francisco Franco entró en una larga agonía, que acabó con su muerte el 20 de noviembre de 1975. Todas las malas noticias se acumulan: tasa elevadísima de inflación, devaluación de la peseta, futuro político incierto en unos años que, a estas alturas, son denominados «transición a la democracia» pero que, entonces, nadie podía asegurar que acabaran bien. El 1978 y con una Constitución aprobada se inició en España una crisis financiera, que acabó con más de la mitad de los bancos existentes. El Banco de España favoreció una concentración bancaria. Todos estos factores hicieron que la crisis se alargara aquí un año más que en los países europeos.

En España, por lo tanto, no se puede hablar estrictamente de crisis del petróleo. Este fue el detonante para la mayoría de los países desarrollados y España no lo era. La crisis española tuvo varios componentes y llevó a situaciones aberrantes. La economía estaba hundida, nadie compraba y los bancos no facilitaban crédito. Un caso concreto: la sociedad Corporación Bancaria SA formada por el Banco de España (50%) y por toda la banca privada española (50%) atendió la primera oleada de crisis bancarias. Yo era secretario y, por lo tanto, la anécdota es vivida. Uno de los bancos en crisis tenía un inmueble a la calle Serrano, barrio de Salamanca, centro comercial de Madrid, y se tenía que valorar. El presidente pidió qué peticiones de compra se habían presentado. «Jefe», contestó el responsable. «En este caso, el valor del inmueble es cero», dictaminó el presidente. Posteriormente, nos enteramos que una gran empresa había comprado un piso por ciento millones de pesetas y este fue el precio definitivo del inmueble. No hay que decir que el comprador, si tuvo la paciencia y capacidad de esperar unos cuantos meses o un año, como máximo, hizo un gran negocio cuando se restableció la normalidad.

La crisis del petróleo es una buena muestra de la globalización de la crisis y de la suma de factores bien varios que se añadirán al primero. El alza del precio del petróleo posó en evidencia debilidades de la economía que nada tenían que ver con el petróleo.

 

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