LA NUEVA RUTA DE LA SEDA – Los caminos a Beijing.

Por: Álex Rodríguez

Zhang Qian es considerado en China como el padre de la ruta de la seda. Era un enviado imperial que se dirigió dos veces hacia el oeste (en 138 y 115 a.C.) y exploró las regiones de Asia Central. El relato de Qian sobre sus viajes se detalla en las primeras crónicas chinas, Shiji o Memorias históricas, compiladas en el siglo I a C. A la historia y a la memoria recurrió el presidente chino, Xi Jinping, para lanzar en 2013 la nueva ruta de la seda: “Hace más de dos milenios, las personas diligentes y valientes de Eurasia exploraron y abrieron vías de intercambios comerciales y culturales que unían las principales civilizaciones de Asia, Europa y África, colectivamente llamada la ruta de la seda por generaciones posteriores.”

Zhang Qian

Zhang Qian.

La nueva ruta abarca a 60 países y combina una ruta terrestre y una vía marítima que conecta China con Europa a través de Asia Sur-Oriental, Asia Central y Oriente Medio. En la ruta se encuentra un 75 por ciento de las reservas de energía conocidas, afecta a un 70 por ciento de la población mundial y se genera un 55 por ciento del PIB mundial (Casarini). Una ambiciosa iniciativa que reaviva tensiones e irrita a sus vecinos (Courmont), se enfrenta a numerosos desafíos (Lincot y Duchâtel) y convierte a Asia Central una vez más en un centro de lucha por el poder, esta vez entre Estados Unidos, Rusia y China, y en menor medida India y Japón (Shen). Washington, que ve cómo las autoridades chinas codician también el Sudeste Asiático, considera que el proyecto de Xi Jinping es difuso y que podría tener como objetivo encontrar una salida para la enorme capacidad del país en sectores industriales como los del acero, el cemento y el vidrio (Parker-Sofio). Un claro destino para esa sobreproducción puede ser Oriente Medio (Chang). Moscú acogió con recelo la iniciativa, pero se ha sumado a la franja económica de la ruta con su Unión Económica Euroasiática (Gabuev).

Europa es una de las prioridades estratégicas de China. Gestiona parte del puerto de El Pireo, multiplica sus proyectos en Grecia, país que quiere convertir en su centro de actividad hacia los Balcanes y el sur de Europa, e incrementa sus inversiones en Alemania y Reino Unido (Le Corre). El servicio de tren lanzado en 2014 pero no consolidado entre Yiwu, en la costa oriental de China, y Madrid es el símbolo del cambio geopolítico. Los 13.000 kilómetros de recorrido convierten esta red férrea en la más larga del planeta. España no debe de perder el tren (Ríos).

América Latina y el Caribe no está incluida en la nueva ruta de la seda, pero sí sus extensiones como, por ejemplo, el proyecto de ferrocarril transcontinental que conectaría la costa del Pacífico de Perú con la del Atlántico de Brasil (Shicheng). El continente olvidado tampoco está, pero está. China firmó en 2015 con la Organización para la Unidad Africana un memorando contemplando inversiones por valor de 60.000 millones de dólares (Sun).

En 2049, si culmina el megaproyecto de la nueva ruta de la seda, todos los caminos conducirán a Beijing.

 

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