LA NUEVA RUTA DE LA SEDA – La ruta marítima: entre retos y tensiones.

Barthélémy Courmont

Por: Barthélémy Courmont

PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE LILLE Y DIRECTOR DE INVESTIGACIÓN DEL INSTITUT DE RELATIONS INTERNACIONALES ET STRATÉGIQUES (IRIS)

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Estrecho de malaca.

El auge de la potencia económica, política y militar de China se acompaña por una nueva forma de pensar la relación con el resto del mundo. Aunque Beijing permanece a menudo en segundo plano en los principales asuntos internacionales, negándose a asumir responsabilidades, numerosas iniciativas puestas en marcha en los últimos años muestran una disposición a desempeñar un papel más importante y a adoptar una actitud más activa y desinhibida. La creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (AIIB) y las múltiples inversiones ejemplifican esta nueva postura mientras que las implicaciones de Beijing en retos como el calentamiento global son la señal de un compromiso más pronunciado. China se apoya asimismo en ambiciosos proyectos que involucran el desarrollo económico, la seguridad de las vías de acceso comerciales y las alianzas militares, reactivando así notablemente la ruta de la seda hacia Asia Central. De forma simultánea, y dada la importancia de los flujos comerciales por vía marítima, China ha centrado sus esfuerzos en el desarrollo de una ruta marítima de la seda que le conecta con Oriente Medio y Europa a través del canal de Suez. Es una de las consecuencias directas de los recursos navales que ahora posee Beijing, de sus ambiciones revisadas al alza y de múltiples asociaciones con los países de la región, donde se están situando instalaciones importantes, principalmente portuarias.

Confinada durante largo tiempo al papel de potencia continental, China es ahora una potencia marítima en plena evolución. Si bien abre nuevas perspectivas de proyección de la potencia china fuera de su área, esta capacidad de desarrollo no deja, sin embargo, de reavivar las tensiones con los vecinos inmediatos de China e irrumpe en las disputas marítimas que involucran a Beijing, especialmente en el mar de China Meridional y en el área de las islas Diaoyu/Senkaku, en relación con Japón. No hay que extrañar se, por tanto, de que el mar de China Meridional, única vía de acceso marítimo océano Indico, sea o jeto de deseo y par Beijing un laboratorio de su capacidad para imponer su poder. En este sentido, la ruta de la seda marítima es, a la vez, garantía de estabilidad desarrollo que apuesta por los intercambios económicos y comerciales y factor de inestabilidad en acción de Beijing con sus vecinos. El resultado del fuerte aumento de la capacidad naval china y de la revisión al alza de las ambiciones. El resultado que se deriva de tal panorama es un período turbulento en el mar de China Meridional y los crecientes temores concernientes a la verdadera naturaleza de la ruta de la seda marítima, llamada también en ocasiones collar de perlas.

 

Capacidad naval china en auge

El creciente poder militar de China se ha acelerado de forma paralela a su desarrollo económico en los últimos 35 años. A principios de los años 80, Beijing se involucra en una amplia modernización de sus fuerzas armadas que estaban quedando obsoletas. La capacidad naval se impone entonces como una prioridad del proyecto. Aunque el poder nuclear asegura a China recursos defensivos colocándola al mismo nivel que el de las grandes potencias y, si bien su capacidad balística aumenta de manera constante, Beijing tiene de hecho la intención de confiar en su capacidad Naval para demostrar su nuevo poder, a la vez en términos defensivos y potencialmente ofensivos, pero también y sobre todo, en términos de proyección de su fuerza en escenarios externos, hasta ahora su punto débil. Esta debilidad se ha convertido en una fuerza: cabe constatar que China ha realizado los avances más espectaculares en el ámbito marítimo, tanto en la modernización de su arsenal como en el aumento de su capacidad.

La Marina china cuenta actualmente con cerca de 250.000 hombres (sólo un 11 por ciento del personal militar chino en total, antes de importantes reducciones anunciadas en septiembre de 2015), pero tiene en cambio la ventaja de recibir un tercio del total de los gastos militares. La Marina es también la más beneficiada por las compras de material. El antiguo portaaviones ruso Varyag, comprado por un empresario chino para convertirlo en un casino flotante, se ha convertido finalmente en portaaviones (inaugurado en septiembre de 2010 con el nombre de Liaoning) en espera de la construcción de un navío de 48.000 toneladas. También se han construido dos submarinos nucleares de clase Jin dotados de misiles balísticos y dos submarinos nucleares de ataque de tipo Shang. Simultáneamente, se hallan hoy en servicio 50 submarinos convencionales.

Beijing tiene diez unidades de defensa aérea, incluyendo cuatro de fabricación rusa. Después de dos fragatas furtivas tipo Jiangkai II en 2005, una versión mejorada (tipo Jiangkai empieza a entregarse. Se han encargado numerosas patrulleras lanzamisiles de tipo Wozang y Wochi. En 2007 se botó el primer buque anfibio de desembarco, Kunlunshan, que se añade a los 40 grandes navíos de transporte de carros de combate tipo Yuting, Yulcang, Yudeng y Yunshu. Si bien tal capacidad no permite a Beijing competir con Estados Unidos, lo convierten en una potencia marítima en Asia oriental, con capacidades de desarrollo claramente superiores a las de otras potencias regionales.

 

¿Cuál es la estrategia naval de China?

¿Por qué China, que se jacta por otra parte de no tener enemigos, debe desarrollar una gran capacidad naval y se prepara para hacer frente a un combate naval? Como explica Yang Baoyun, profesor y director adjunto del Centro de Investigación de Asia y el Pacífico de la Universidad de Beijing, “el objetivo estratégico de China es doble. A nivel internacional, su estrategia marítima se basa en los siguientes objetivos básicos: proteger y salvaguardar la unificación, la soberanía nacional y la integridad territorial del país para poner fin a las disputas marítimas con los países vecinos con el fin de preservar los intereses de China y crear un entorno internacional favorable a su desarrollo, con la participación de China en la creación de un sistema marítimo internacional. En el plano inter no su estrategia marítima tiene como objetivo promover la conciencia del país sobre la importancia del mar, garantizando un desarrollo sostenible de las actividades marítimas. Esta política debería contribuir al desarrollo económico y social coordinado y global y a la construcción de una sociedad armoniosa”.

Como suele ser el caso en la postura china, el componente interno es el más interesante y, en muchos sentidos, el de mayor poder estructurador. El fomento de “la importancia del mar” remite así a un vasto proyecto para asociar la importancia del comercio marítimo y el cambio de la forma en que los chinos perciben el resto del mundo. Replegados durante largo tiempo sobre sí mismos y poco interesados en los asuntos externos, se invitaría de este modo a los chinos a tener en cuenta el poder de su país y a ver en su marina el mejor vector de su poder. En cuanto a “la construcción de una sociedad armoniosa”, si bien se trata de una retórica sistemáticamente impulsada bajo la presidencia de Hu Jintao, el discurso se dirige a la vez hacia fuera y hacia dentro, en el marco de lo que convendría calificar de una gran estrategia y que se inspira en gran medida en la teoría del Sea Power del estadounidense Alfred Mahan. Según esta teoría, la capacidad militar naval se sitúa en el corazón de la estrategia de las potencias pero debe, sobre todo, ayudar a afianzar la seguridad marítima y, de este modo, garantizar el desarrollo constante de su economía. Más allá del límite a veces difícil de distinguir entre el factor seguridad de esta gran estrategia y las visiones hegemónicas a escala regional no totalmente ausentes de las ambiciones chinas, los riesgos de rivalidad son importantes. En primer lugar, con los vecinos de China, sobre todo en el mar de China Meridional, preocupados por el auge y la postura más activa y desinhibida de Beijing. A continuación, con Estados Unidos, que desde 1945 garantiza la seguridad de las vías marítimas internacionales en la zona, apoyándose en una importante capacidad militar y en los sistemas de alianzas y asociaciones sólidos y numerosos. Precisamente China se presenta ahora como rival en estos dos puntos.

 

Rivalidades y tensiones en el mar de China Meridional

La nueva capacidad naval china, en unión de un deseo más fuerte de asegurar y, por lo tanto, controlar los accesos marítimos, se enfrenta al viejo problema de las disputas marítimas y territoriales con Taiwán en el mar de China Meridional. Si la cuestión de la soberanía nacional y la integridad territorial queda fuera de toda discusión, plantea no obstante un problema en lo que se refiere a “proteger y salvaguardar la unificación”, una referencia a la cuestión de Taiwán y a los desacuerdos entre ambos desde 1949. La alusión a “poner fin a las disputas marítimas con los países vecinos” se halla también sometida a interpretación si se piensa en las difíciles relaciones que mantiene China con estos vecinos y a los múltiples litigios territoriales en la región. Por otra parte, cabria preguntarse si el deseo de acabar con el conflicto no consiste simplemente en reforzar las capacidades para influir mejor y afianzar la voluntad de Beijing. En cualquier caso, la potencia marítima de China es percibida por sus vecinos de esta forma, se trate de Japón o de los países del Sudeste Asiático, y la militarización de ciertos islotes de las islas Paracelso y de las Spratleys (disputadas, además de por Beijing, por Taiwán, Filipinas, Malasia, Brunéi y Vietnam) no hace más que reforzar estas percepciones negativas.

Del mismo modo, Beijing avanza paso a paso y la estrategia naval emerge a medida que sus capacidades le permiten proyectarse a mayor distancia. Por tanto, si bien el poder militar de China “quiere ser absolutamente preeminente en su ámbito regional”, no considera su presencia global más que como un medio de controlar su periferia. Esto sin duda se explica por la capacidad actual de China, que aún no le permite competir con Estados Unidos. Téngase en cuenta también que transcurrirá al menos una década para que los chinos puedan utilizar sus portaaviones a pleno rendimiento. Sin embargo, una década en estrategia y política de defensa es un período extremadamente corto.

La perspectiva de China sobre su mar meridional no puede sin embargo limitarse a las disputas marítimas y al creciente poder militar. Beijing, desde principios de los años 80, ha dirigido sus miradas a sus socios en el Sudeste Asiático al margen de su desarrollo económico y su creciente peso en los asuntos mundiales, sobre la base de cuatro principios: la cooperación Sur-Sur (nan-nanhezuo); una estrategia orientada hacia el exterior (zou chuqu zhanlue); una política de buena vecindad (mulin youhao), y un nuevo concepto de seguridad (guan xin anquan). A esto se añade una relación de fuerzas, cada vez más desequilibrada entre China, dotada de importantes palancas económicas, diplomáticas y militares, y países que, a semejanza Filipinas, hacen frente a una multitud de desafíos También se ha añadido a este hecho la creciente dependencia con relación a la economía china a la que distintos países hacen frente, lo que limita considerablemente su margen de maniobra. Por último, hay que añadir las incertidumbres que giran en torno a una posible participación de Estados Unidos, comprometido en la región pero que no llega a desempeñar el papel de árbitro. China sabe que ahora tiene ventaja en el pulso que mantiene con sus vecinos, a todos los niveles, y en este sentido podemos considerar que ejerce ya en el Sudeste Asiático una influencia determinante.

 

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Las bases del COLLAR DE PERLAS.

El collar de perlas: mito y realidades

Más allá de la zona de los estrechos de Indonesia y Malasia, la ruta de la seda marítima da Beijing se apoya en el océano Indico en una serle de alianzas y de refuerzo de infraestructuras nuevas permiten a China afianzar su presencia. A menudo se la califica de estrategia del collar de perlas. Rechazado por los líderes chinos, este término se utilizó por primera vez en noviembre de 2004 en un informe interno del Departamento de Defensa de Estados Unidos llamado Energy Futures in Asia y redactado por Booz-Allen-Hamilton, empresa contratista del Pentágono. El informe describe específicamente una estrategia de conjunto y menciona el puerto de Gwadar en Pakistán, Chittagong en Bangladesh, Myanmar, Camboya y Tailandia como perlas principales del dispositivo costero de la marina china en el océano Índico. En este informe, se señala específicamente la expresión imaginaria de collar de perlas tanto más cuanto que Donald Rumsfeld impulsaba al mismo tiempo activamente una política de denuncia de la amenaza china, apuntando a la opacidad del presupuesto de defensa de Beijing. También intervino en febrero de 2005 ante el Congreso en este sentido. Sus advertencias sobre el creciente poderío militar de Beijing fueron transmitidas a los congresistas estadounidenses por el director de la CIA de la época, Porter Goss. Sin embargo, mucho más que el artículo de The Washington Times, el factor que ejerció una gran influencia en la identificación del collar de perlas chino fue el estudio del experto estadounidense Christopher J. Pehrson, publicado en julio de 2006 con el patrocinio del Instituto de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos titulado String of Pearls: meeting the challenge of China’s rising poder across the Asian littoral. Por otra parte, la obra de Pehrson subyace en la mayor parte de los informes y estudios publicados sobre el tema en el mundo desde entonces. Los expertos consultan en primer lugar este informe, que a sus ojos justifica que pueda llamarse a Pehrson el padre de la expresión.

Entre los estudios más importantes sobre el tema en la misma época figura, especialmente consultado, el del comandante estadounidense Lawrence Spinetta de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, The Malacca dilemma, countering China’s string ofpearis with landbased airepower. En esta tesis, presentada en abril de 2006 en la Universidad de la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) y publicada dos meses después, Spinetta describe no tanto el collar propiamente dicho como la manera en que Estados Unidos, con el apoyo de una red de bases terrestres centradas en el estrecho de Malaca, podrían cortar el paso a cualquier incremento amenazador del poder de la Armada china y, dado el caso, derrotarla mediante una serie de incursiones contra sus unidades navales. Spinetta multiplica las referencias históricas del conflicto en el Pacífico, del ataque a Pearl Harbor en 1941 a los victoriosos ataques aéreos japoneses contra la flota británica en el comienzo de la guerra (destrucción del Príncipe de Gales y la muerte en la batalla del almirante Tom Phillips dos días después de Pearl Harbor). Para él y se percibe claramente el eco en su presentación de las batallas presupuestarias y teóricas entre la Marina y la Fuerza Aérea, la solución radica en un aumento de la presencia de bases aéreas estadounidenses en la región: “El poder aéreo con base en tierra demostró su eficacia en la guerra marítima contra la flota japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. China, al igual que Japón al comienzo de la guerra, es una potencia asiática en aumento, con necesidades de energía similares. La evidencia histórica, sin embargo sugiere que la fuerza aérea con base en tierra puede controlar los litorales y seccionar el collar de perlas chino.” Sabemos que informes estadounidenses más antiguos ya apuntaban, desde los años 90, el interés de China por los chokepoints (cuellos de botella o pasos estrechos) del Sudeste Asiático. Sea como fuere, y dicho esto, el desafío predominante es claramente establecido por Pehrson: “La pregunta que plantea el collar de perlas es la de su adecuación a la doctrina oficial de desarrollo pacífico propugnada por Beijing o, por el contrario, a la afirmación próxima de una primacía regional.”

Entre los especialistas en la materia que ponen de relieve el peligro de las ambiciones chinas, se cuentan naturalmente expertos indios así como representantes de los países ribereños de los mares del este y el sur de China, preocupados en diferente grado. Desde su perspectiva, la presencia estadounidense en el Sudeste Asiático con independencia de su juicio sobre la política internacional de Washington es positiva, ya que equilibra el peso cada vez mayor de Beijing en el área. La Armada china, interesada en una fuerza en alta mar, es, de hecho, cada vez más activa; sus presupuestos absorben una parte creciente del presupuesto general también en constante progresión (56.000 millones de euros en 2009, cifra que los expertos estadounidenses no dudan en duplicar o triplicar). Su importancia se refleja en la composición de las elites militares. La Comisión Militar Central china tiene cada vez más marinos y aviadores; estos últimos representan más de un 25 por ciento de la élite militar actual frente a un 14 por ciento en 1992.

Cabe, pues, preguntarse si las preocupaciones de Estados Unidos y de India sobre el collar, e incluso, en cierta medida, la escenificación de estas preocupaciones no han ayudado a modificar la imagen que el propio Beijing se hacía de la presencia china en el contexto internacional actual. Y no han conducido, en última instancia, a acelerar la agenda del auge de China como potencia mundial. El collar de perlas, por lo tanto, podría equivaler a una creación externa, dando por consiguiente ideas a los estrategas chinos sobre puntos en que no habían pensado necesariamente. Así, en los últimos diez años, se ha acelerado el acercamiento entre China y varios países de la región (Myanmar, Bangladesh, Sri Lanka, Pakistán…) con la construcción de grandes instalaciones portuarias y la posibilidad de que buques chinos puedan hacer escala en ellas. En estas condiciones, la estrategia de collar de perlas que no puede considerarse, a contrapelo de muchos informes sobre el tema, como una profecía parcialmente autocumplida, que habría acabado por dar una gran coherencia conceptual estratégica a una serie de movimientos diplomáticos lógicos y puntuales pero que no se inscribían hasta entonces en la perspectiva de un gran diseño marítimo chino.

Este gran diseño, ahora mejor asumido por Beijing y presentado como la ruta de la seda marítima, se ha convertido a la vez en una de las prioridades de China y en una de las demostraciones de su capacidad de proyección lejos de su fronteras pero, al mismo tiempo, de las dificultades encontradas en la relación con sus vecinos. En este sentido, la ruta de la seda marítima cataliza todas las características del actual aumento de poder de China, enfrentada a una multitud de desafíos pero, al mismo tiempo, comprometida en un proceso de desarrollo orientado a su vertiente internacional con el concurso de instrumentos económicos y militares a su disposición.

 

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