La Natividad

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La Natividad / Lc. 2, 1-20 / Fresco / Iglesia rupestre de Kusluk de Keliyar, de Göremé (Turquía) / Siglo XIII (Foto J. Caps). Ampliar

ORACIÓN

Por aquellos días salió un edicto de César Augusto

para que se empadronara todo el mundo.

Este es el primer censo hecho siendo Quirino gobernador de Siria.

Todos iban a inscribirse, cada uno a su ciudad.

Subió también José desde la ciudad de Nazaret de Galilea

a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén,

por ser él de la casa y patria de David,

para inscribirse con María, su mujer,

que estaba encinta.

Mientras estaban allí, se cumplió el tiempo del parto,

y dio a luz a su hijo primogénito;

lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre,

porque no había sitio para ellos en la posada.

Había en la misma región unos pastores acampados al raso

y velando sobre sus rebaños.

Se les presentó un ángel del Señor,

y la gloria de Señor los rodeó de luz;

y ellos se llenaron de miedo.

El ángel les dijo:

“Dejad de temer,

pues os anuncio una gran alegría,

que lo será para todo el pueblo:

Os ha nacido un Salvador

que es el Cristo Señor en la ciudad de David.

Esto os servirá de señal:

Encontraréis un niño

envuelto en pañales

reclinado en un pesebre.”

(Lc. 2, 1-12)

 

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