La Mística Islámica

El sufismo

El concepto de «sufismo» guarda relación tanto con la palabra griega sophia («sabiduría») como con la raíz árabe sof («pureza»). Pero en el sufismo la sabiduría hace referencia, más que a la razón o al afán de saber mucho, a la sabiduría del corazón. En ese sentido, el sufí no desea sólo entender el Corán desde fuera y adecuar su vida siguiendo sus preceptos, sino también descubrir su riqueza «interior» para de ese modo consumar su entrega a Dios. Un sufí no se conforma con cumplir con los cinco preceptos islámicos y observar la Ley (short«). Busca la experiencia directa de Dios, que lo conduce a la unión amorosa con él, su creador. Esta actitud provoca frecuentes conflictos entre sufíes y musulmanes ortodoxos (conformes al dogma), ya que un místico inspirado no se puede atener a los dogmas y criterios religiosos corrientes. Aquello en lo que cree un sufí es a menudo incomprensible para el musulmán medio. Pese a todo, las distintas escuelas sufíes han ejercido una influencia revolucionaria y avivadora en el islamismo a lo largo de la historia, por ejemplo, en el mero hecho de que se reflexione sobre Dios.

Un sufí, como se llama a los místicos islámicos, dirige su corazón a Dios. En su aproximación al creador se sirve, como aquí se puede apreciar, de técnicas de meditación

El sufismo en la historia

Durante los más de mil años de historia del sufismo han surgido innumerables órdenes y hermandades, cada una de las cuales ha desarrollado sus formas particulares de expresión. Hay quien considera que el concepto de «sufismo» deriva de la palabra árabe suf (lana) y asegura que hace referencia a la vestimenta blanca de lana que vestían los primeros místicos en señal de humildad. El primer sufí y padre fundador del movimiento fue Hasan al-Basri (640-728), que fundó la primera escuela en Basora (Irak).

Sufíes extáticos e identidad con Dios

Junto a los representantes de un sufismo moderado, tolerado por los gobernantes islámicos, se gestó una corriente que aspiraba a la unión mística con Dios y que con declaraciones extáticas y provocadoras de sus miembros tuvo un efecto impactante en la sensibilidad religiosa de muchos musulmanes. Uno de sus representantes fue al-Hallaj, ejecutado en 922 por blasfemia. En una de sus declaraciones aseguraba: «Me he convertido en ése a quien amo; ése a quien yo amo se ha convertido en mí. Somos dos espíritus fundidos en un solo cuerpo». Por consiguiente, al-Hallaj equipara su persona a Dios , lo que para un musulmán representa una blasfemia inaceptable. Además, en el siglo xi había hermandades que engañaban al pueblo con trucos de magia y se aprovechaban de él, contribuyendo al descrédito del sufismo.

Un sufí presenta el mechón de la barba del shayj místico islámico Abd al-Qadir al-Dschilani, que para los sufíes es una reliquia tan sagrada como para el resto de los musulmanes el mechón de la barba de Mahoma.

Derviches danzantes

El reconocimiento generalizado del sufismo en el conjunto del imperio islámico se produjo a partir del siglo XIII, sobre todo gracias al poeta y místico persa Rumi, que fundó en Konya (Turquía) la Orden Mevlevi. Esa orden cultiva hasta la fecha sobre todo el canto y la danza (samafi), razón por la cual también recibe el nombre de «hermandad de los derviches giróvagos».

Derviches danzantes de la orden derviche Mevlevi de Estambul, cuyo origen se remonta al poeta persa Rumi.

Técnicas sufíes para la unión con Dios

Para alcanzar la unión con Dios, el ego —el instinto arbitrario— debe ser combatido y superado. Existen muchas sendas espirituales que conducen a Dios, pero en general se pueden seguir dos direcciones. Unos optan por un camino emocional para lograr la unión con Dios. En esas órdenes, las canciones sufíes y el baile con movimientos rítmicos desempeñan un papel destacado. Por el contrario, otras órdenes, para alcanzar un grado sumo de conciencia, hacen uso de técnicas similares al yoga, que apelan de forma más intensa a la capacidad de conocimiento de las personas. Al mismo tiempo, el discípulo establece una estrecha conexión con el maestro, el superior de la orden (shaji, en árabe, »el de mayor edad), quien transmite paulatinamente al discípulo los conocimientos necesarios, lo acompaña como maestro o preceptor y lo apoya en todo su camino.

Rumi, el más célebre poeta sufí.

 Con su pensamiento y su poesía, el poeta persa Djalal od-Din Rumí (1207-1273) ejerció en el sufismo una influencia muy notoria. Su búsqueda de Dios lo llevó a dar con máximas como ésta: «Dios está más cerca de ti que tu carótida». Y a la pregunta de ¿qué es el sufismo?, Rumí respondió: «Hallar dicha en el corazón en tiempos de desasosiego». El sufismo es por tanto una actitud vital con una profunda entrega a un dios amado. Por eso Rumi predicaba una absoluta confianza en Dios