LA LONGEVIDAD CAMBIA LAS REGLAS DE INVERSIÓN.

Por Esther García López

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El aumento de la esperanza de vida ha hecho que sobrevivir a los ahorros sea cada vez más frecuente y esté cambiando las reglas de la inversión. La recomendación de eliminar la exposición a activos de riesgo al llegar a la jubilación ha pasado a la historia, y mantener la inversión en renta variable que genere rentabilidad es imprescindible si los inversores de mayor edad pretenden que sus ahorros no se agoten antes de tiempo.

El número de centenarios crece año a año y en España ya suman más de 15.000. Somos el segundo país más longevo del planeta, por detrás de Japón, y nuestra esperanza de vida supera los 83 años, lo que significa que tras la jubilación nos quedan más de 20 años de vida por delante en los que hay que mantener el poder adquisitivo con unas pensiones medias que rondan los 1.000 euros, y que tenderán a reducirse para hacer sostenible el sistema público de pensiones.

Todos estos factores hacen que los jubilados tengan cada vez más difícil mantener el nivel de vida del que disfrutaban en su época activa, y más si se tiene en cuenta que el 70 por ciento de ellos tienen la pensión como principal fuente de ingresos. Para complementarla necesitan obtener la mayor rentabilidad posible de sus inversiones y esta necesidad está generando cambios importantes en sus pautas de inversión y en la composición de sus carteras.

«Los inversores de más de 65 años se dan cuenta de que necesitan obtener mayores retornos de sus inversiones y han aumentado su exposición a la renta variable para conseguirlo», apunta Paula Satrústegui, directora de Planificación Financiera y Patrimonial de Abante. Este es el caso de S. G. B., un funcionario de Correos que después de 35 años manteniendo una cartera de inversión compuesta por acciones de Telefónica, BBVA, Santander y Repsol, un fondo de inversión garantizado, depósitos y bonos, ha decidido retocarla introduciendo valores de mayor riesgo como Cellnex y Merlin Properties, y parece que ha acertado. Ahora repite la máxima que en los últimos años tanto hemos oído a los expertos: «No hay rentabilidad sin riesgo».

 

Cambio de estrategia

Este giro hacia productos de riesgo contrasta con la doctrina establecida hasta ahora que recomendaba a los inversores de más edad reducir su exposición a activos como las acciones, y acudir a otros más defensivo, como bonos y depósitos, en los que el riesgo era muy reducido, pero ahora la rentabilidad también. Su argumento es que al tener más edad hay menos tiempo para recuperarse de una pérdida de patrimonio y por ello en estas carteras tendrían que tener más peso las inversiones que protegen ese patrimonio. Recomendaban invertir durante la jubilación un 80 por ciento en renta fija y un 20 por ciento en renta variable.

Pero las reglas de juego han cambiado y el motor de este cambio ha sido la bajada a mínimos históricos de los tipos de interés que ha reducido la rentabilidad de activos de renta fija prácticamente a la nada. Además, un enfoque excesivamente cauteloso en las carteras de los jubilados hace que la subida de la inflación reduzca su poder adquisitivo. Por ello, para batir la inflación y obtener rentabilidades positivas, los expertos recomiendan a los jubilados ser más osados en sus inversiones.

«Al inversor jubilado le afecta el riesgo de longevidad, por ello aquel que no genera rentas más allá de lo que recibe de su pensión tiene que mantener sus inversiones en renta variable para obtener los retornos que los activos sin riesgo les niegan», asegura Paula Satrústegui. También Miguel Ángel Bernal, profesor de la Fundación de Estudios Financieros, considera que «en ningún caso» los jubilados deben cambiar toda su cartera de renta variable a fija: «Deben cargar las tintas en acciones porque son más rentables, eso sí, siempre que su perfil de riesgo se lo permita».

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Cambios financieros.

Pero cargarlas, ¿cuánto? Jesús Pérez, profesor del Instituto de Estudios Bursátiles, señala que deberían «tener cerca del 70 por ciento de renta fija y un 30 por ciento de renta variable». Bernal ajusta más y recomienda para una cartera conservadora entre un 10 y un 15 por ciento de renta variable, para una moderada hasta el 20 por ciento y para una agresiva hasta el 45 por ciento.

La clave está en mantener una estrategia inversora de distintos activos bien diversificados, ya que según un estudio de Schroders, el 40 por ciento de los inversores agotaría antes de fallecer su ahorro si su cartera fuera excesivamente conservadora basada en liquide y bonos.

 

Los productos idóneos

Para reajustar las carteras hacia productos de más riesgo los expertos aconsejan las acciones y los fondos. Dependiendo de su perfil inversor, los ahorradores pueden optar por acciones de empresas muy consolidadas con una rentabilidad por dividendo adecuada, como Iberdrola o BME, recomienda Miguel Ángel Bernal, y los más agresivos por aquellas con las que se pueden logar mayores retornos pero que exigen más riesgo, entre las que destaca Amazon como una «buena opción». Las socimis son otro de los productos a los que los ahorradores veteranos deben dirigir el foco, a juicio de Bernal, ya que «reparten dividendo, te cubren la inflación y es una forma de inversión indirecta en inmobiliario».

 

Fondos, los favoritos

Pero el producto que concentra todas las recomendaciones de los expertos son los fondos de inversión debido a su gestión profesional, sus opciones de inversión y su elevada liquidez y transparencia. Y las categorías preferidas por Bernal para los inversores de mayor edad son los fondos mixtos y los de renta fija con una fecha de vencimientos. «Estos son idóneos para estas carteras porque ese dinero lo tienen asegurado. No está al albur de las subidas de los mercados». También considera «imprescindible» un fondo de gestor. Otras cualidades de los fondos que, según Paula Satrústegui, los hacen irreemplazables en estas carteras son que fiscalmente son el vehículo «más eficiente» y están muy diversificados por áreas y por distribución de activos: «Puedes traspasar un fondo sin asumir un impacto fiscal y diferir su tributación al momento de la venta». Dentro de ellos apuesta por los fondos de fondos.

 

Las rentas vitalicias

También por sus ventajas fiscales, las rentas vitalicias son otro vehículo adecuado para cubrir el riesgo de longevidad, a juicio de Jesús Pérez. Tributan en el IRPF solo por una parte y no por el total dependiendo de la edad del asegurado en el momento en que se empieza a disfrutar de la renta. Cuanto más mayor sea el ahorrador menos impuestos pagará. Además, las ganancias que consiga un jubilado por la venta de acciones, fondos o inmuebles están exentas de tributación si se destinan a una renta vitalicia. La cantidad máxima sobre la que se puede realizan la exención son los 240.000 euros.

Pero lo esencial para que a los inversores jubilados no se les agoten sus ahorros antes de tiempo es empezar cuanto antes a planificar su retiro, ya que según Paula Satrústegui, «cuanto antes se empiece a ahorrar menos esfuerzo costará. Retrasar 10 años el momento de generación de ahorro es letal para el futuro».

 

EXPERTOS

Paula Satrústegui, Abante:

«Los inversores de más de 65 años se dan cuenta de que necesitan obtener mayor rentabilidad de sus inversiones y han aumentado su exposición a la renta variable para conseguirla»

Miguel Ángel Bernal, FEF:

«En ningún caso los jubilados deben cambiar toda su cartera de inversión de renta variable a fija»

Jesús Pérez, IEB:

«Las rentas vitalicias son un producto adecuado para cubrir el riesgo de longevidad»

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Inversión.

¿Adiós a la regla del 120?

La regla del 120 establece que los niveles de riesgo que asume el ahorrador al invertir deben ir menguando año a año hasta llegar a la jubilación. Por ello, en su cartera deben ir desapareciendo paulatinamente los productos de renta variable para dejar paso a los de renta fija. Recomienda invertir en renta variable un porcentaje igual al resultado de restar a 120 su edad, y el resto dedicarlo a inversiones en renta fija (ver gráfico). Por ejemplo, una persona con 25 años podría invertir un 95 por ciento de sus ahorros en renta variable este resultado se justifica en que una inversión realizada por una persona de esta edad tiene muchas probabilidades de evolucionar positivamente a lo largo del tiempo, aunque haya algún momento malo por el camino, una persona de 50 invertiría un porcentaje del 70 por ciento, mientras que en una de 100 años ese porcentaje se reduciría al 20 por ciento.

Pero el riesgo longevidad ha puesto en tela de juicio la validez de esta regla, ya que la necesidad de retornos más elevados lleva a los jubilados a arriesgar más para defenderse de la inflación y mantener su poder adquisitivo.

 

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