La Ley Musulmana, las Prohibiciones Alimenticias, la Economía

6-3-LA LEY MUSULMANA, LAS PROHIBICIONES ALIMENTICIAS, LA ECONOMÍA

 

1.-Las prohibiciones alimenticias

Según la doctrina musulmana, las personas se dividen en puras e impuras. Pueden ser puras en sí mismas, pero impuras debido a la falta de observancia de las leyes de purificación. Así, para los sunnitas, los judíos y los cristianos son puros en sí mismos, pero impuros de hecho porque no se purifican. Para los sunnitas, igualmente, los «asociadores» son impuros en sí mismos. Para los chiítas, incluso los cristianos y los judíos son impuros en sí mismos. De aquí se derivan ciertas consecuencias para la licitud del alimento preparado por los no-musulmanes.

comida1Los sunnitas aceptan comer en casa de los cristianos y de los judíos, con la condición de que los platos que se les presenten no contengan más que alimentos puros. Entre los chiítas, el asunto es más delicado y hubo un tiempo en que las escuelas, cuando sus alumnos salían de excursión, tenían que prever dos cocinas separadas, una para los cristianos y otra para los chiítas. También se ha suscitado la cuestión de las conservas de carne; los reformistas egipcios, siguiendo una fatwa (decisión) del imán Mohammad Abdoh, a comienzos de siglo, permitieron la carne sacrificada en los mataderos por personal cristiano, y por tanto sangradas. Pero no todos participan de estas ideas más liberales.

En el terreno de los utensilios, por ejemplo, el plato en el que ha comido un perro es impuro. Tiene que ser lavado siete veces (con agua) y una vez con tierra. El cerdo es impuro, pero no el gato.

Las prohibiciones alimenticias hacen pensar en las del Antiguo Testamento. A veces coinciden (prohibición de la carne de cerdo). Por el contrario, algunos animales cuya carne se prohíbe en el Antiguo Testamento (como la de camello) están permitidos en el islam. En general observamos que la sangre (por tanto, el animal que no fue sangrado al morir), el cerdo, las bebidas alcohólicas, así como toda una serie de animales y de reptiles, el asno, son considerados como impuros y prohibidos. Comer de su carne en tiempo de hambre es tolerado, sin embargo, cuando es imposible sobrevivir de otro modo

Por el contrario, los peces pueden consumirse con su sangre; por tanto, es lícito un pez rechazado por el mar.

comida de ramadamEl conocimiento de estas prohibiciones nos hace comprender por qué el cazador que ha cobrado una pieza se precipita inmediatamente sobre ella para sangrarla. Sin esa precaución, la carne contendría sangre y sería ilícita. Este conocimiento nos ayuda también a escoger un menú cuando invitemos a un musulmán.

Estas cuestiones de prohibición y de pureza han estado en el origen de una amplia literatura y de una casuística que estudia un montón de casos posibles y propone soluciones. No olvidemos finalmente que las carnes de animales sacrificados en nombre de otro Dios están formalmente prohibidas a los musulmanes.

 

2.-Los bienes y la propiedad

Aunque reconoce el derecho de propiedad, el islam no hace de ello algo intangible y absoluto. El ejercicio de este derecho está sometido a algunas limitaciones. Antiguamente, según dice el mismo Corán, los adversarios les reprochaban a los profetas que restringían su libertad en este punto:

Dijeron: ¡Oh Cho’ayb! ¿Acaso tus oraciones ordenan que dejemos de adorar lo que adoraron nuestros padres y que no hagamos de nuestros bienes el uso que queramos? (Corán 1l, 87).

comida2Algunos modernos explican esta posición diciendo que, para los musulmanes, la riqueza va acompañada de un servicio social. Ya hemos visto el tipo de limosna privada que se recomienda, así como la organización oficial de una colecta para fondos de beneficencia con la zakat. Hay además otras medidas que regulan el uso que el hombre ha de hacer de sus bienes. El principio de las expropiaciones y de las nacionalizaciones con indemnización está admitido en nombre del bien público.

 

3.-El robo

Está prohibido robar. El Corán ordena cortarle la mano al ladrón. Hay toda una legislación precisa sobre la mano que hay que cortar y sobre lo que hay que hacer en caso de reincidencia, sobre la cantidad robada que hace al ladrón merecedor del castigo, etc.

Esta ley se aplica actualmente en pocos países, pero el movimiento fundamentalista quiere generalizarla. Lo cierto es que el temor saludable que inspira esta medida impide actuar a los ladrones: Arabia Saudita tiene fama de ser un país sin ladrones. Sin embargo, esta medida no afecta en nada a toda la categoría de los que roban por tráfico de influencias, por corrupción, por desviaciones hábiles, etc. En la sociedad beduina de antaño, se adaptaban a la situación. En la actualidad, esto queda fuera de los problemas que plantea el establecimiento de una sociedad justa y honrada.

 

4.-El régimen financiero de la mujer casada

La apologética moderna musulmana insiste mucho en el hecho de que, según el derecho musulmán, la esposa posee su fortuna propia, pudiendo gastarla sin que tenga que autorizárselo el marido. Esta situación es opuesta a la de occidente, en donde, hasta el primer tercio de este siglo, la mujer casada necesitaba la autorización de su marido para alienar una parte de sus bienes. De hecho, la cuestión tiene que examinarse en un contexto más amplio, Los contratos matrimoniales en occidente comprendían varios tipos de régimen: la comunidad de bienes, la comunidad reducida a los bienes gananciales, la separación de bienes… Los regímenes que incluían la comunidad de bienes se explican muy bien en las perspectivas de un matrimonio indisoluble. Desde que se extendió el divorcio, el régimen de separación de bienes tiene cada vez más adeptos. Si ha de romperse el matrimonio, más vale que cada uno conserve sus bienes. Esta cuestión de la libertad económica de la mujer casada no es por tanto una mera cuestión de libertad; afecta igualmente al ideal del matrimonio.

 

5.-La herencia

El propio Corán contiene muchas indicaciones sobre este tema; los juristas han armonizado luego el conjunto. En la ley musulmana está previsto que la fortuna que ha dejado el difunto pueda dividirse en dos partes. La primera, la más importante, se reparte automáticamente entre los herederos según proporciones previstas y fijadas de antemano por el Corán. La segunda, que no puede superar la tercera parte de los bienes, es atribuida por testamento a la persona o a las personas elegidas libremente por el testador.

herenciaEn la distribución según las proporciones fijadas de antemano, la atribución se hace según los grados de parentesco, pero, en el mismo grado de parentesco, la mujer recibe una parte equivalente a la mitad de la del hombre. Esto se explica por el hecho de que en la familia es el hombre el que se encarga de alimentar a los suyos y de pagar sus gastos. Las partes previstas automáticamente sólo deben ir a parar a los musulmanes; por eso, un convertido del islam pierde sus derechos a la herencia a la vez que queda automáticamente divorciado de su esposa musulmana. Tan sólo la legislación laicizada de Turquía no tiene en cuenta para nada la conversión.

Si la viuda cristiana de un funcionario musulmán no recibe nada en la distribución automática, algunos doctores de la ley como el imán Mohammad Abdoh (pero no todos los doctores) dicen que puede recibir una parte prevista por su marido en el testamento (sacada del tercio del que puede disponer cada uno a su gusto). De hecho, en la práctica de numerosos países musulmanes, aunque no de todos, recibe una pensión de viuda de funcionario o de jubilado, sin que se suscite la cuestión de su pertenencia religiosa.

 

6.-El préstamo a interés

El Corán, como el Antiguo Testamento, prohíbe el préstamo a interés. La diferencia entre los dos libros es que el Antiguo Testamento prohibía cobrar intereses cuando el israelita prestaba a otro israelita, pero no cuando el préstamo se hacía a uno no israelita. En el Corán, la prohibición es absoluta, sea cual fuere la persona de la que recibe el préstamo. La palabra utilizada, ribá, que suele traducirse por usura, se ha comprendido referida incluso a intereses muy modestos. Las razones que se dan para justificar esta prohibición suelen ser las siguientes:

— el hecho de que el usurero se aprovecha de la necesidad de una persona para explotarla;

— el islam no admite que el préstamo de dinero sea remunerado únicamente en función del préstamo, sin que el prestatario participe del riesgo de la operación.

banco-islamico-860x450En realidad, el préstamo a interés está tan ligado a las prácticas bancarias que no ha podido ser rechazado por completo. La presa de Assuán estuvo financiada por un préstamo ruso con el interés simbólico del 2%. Sólo algunos rigoristas insistieron en la diferencia entre acciones y obligaciones. Se rechazan las obligaciones que producen un interés fijo anual. Por el contrario, las acciones se ven como participaciones en el capital de una sociedad en comandita, cuyos beneficios variables se reparten cada año entre los accionistas, una vez que se han cubierto todos los gastos de funcionamiento. Y por eso son aceptadas.

En 1975 se funda un Banco islámico con dinero de los gobiernos árabes productores de petróleo. Y se intenta respetar íntegramente la ley islámica y que, por tanto, se destierre toda cuestión de interés.

De hecho, el Banco presta sin pedir intereses, a no ser para los «gastos» con que cubrir su funcionamiento.

 

7.-Los juegos de azar

El islam prohíbe los juegos de azar en los que está comprometido el dinero, como las cartas, la lotería, etc. Sin embargo, no siempre se observa esta prohibición.

 

8.-La esclavitud

La esclavitud fue considerada por mucho tiempo como una necesidad económica, dada la situación de los medios de producción. Por eso hablaremos de ella en esta sección.

El islam admitió la esclavitud como un hecho social contra el que nadie sentía la necesidad de reaccionar inmediatamente. Tampoco el cristianismo, desde su aparición, reaccionó contra la esclavitud. En cierta ocasión, el Corán toma como ejemplo de realidades evidentes la desigualdad que existe entre el esclavo y el hombre libre (Corán 16, 73/71). Pero la cuestión se envenenó por obra de una apologética antimusulmana que quería cargar al islam con toda la vergüenza de esta práctica, hoy abolida. De hecho, puede ser que las incursiones de esclavistas musulmanes fueran las últimas en desaparecer, cuando ya había dejado de existir en otras partes este tipo de tráfico, pero aquellos que no tengan antepasados que hayan practicado la esclavitud, que tiren la primera piedra.

esclavitudEs verdad que tanto el islam como el cristianismo admitieron largos siglos la esclavitud, pero los dos afirmaban principios de fraternidad que, poco a poco, hicieron que se viera con normalidad la supresión de esta institución. La diferencia principal entre el cristianismo y el islam está en el hecho de que en el islam la vida sexual con mujeres esclavas, además de las esposas legítimas, está oficialmente permitida; de ahí todo un tráfico suplementario para alimentar los harenes. El caso del cristianismo era distinto. Pero, en compensación, los aventureros de Europa y de América poseían en los siglos XVIII y XIX medios más poderosos de transporte, y sus barcos relativamente modernos encontraban compradores para su carga en las plantaciones de los colonos de América.

Con bastante frecuencia, el musulmán se ha esforzado en liberar a sus correligionarios de la esclavitud (aunque está permitido que el musulmán pueda tener un esclavo musulmán). Está prescrita esta liberación como expiación por los muchos pecados contra la ley; también puede contribuir a ello la zakat. Sin embargo, ni los aventureros musulmanes, ni los aventureros cristianos, ni ciertos reyes de Africa se han visto detenidos por consideraciones morales en estos terrenos y, una vez lanzado el movimiento, muchas personas se aprovecharon directa o indirectamente de ello, sin hacerse preguntas ni comprobar la situación.

La historia del islam ha conocido una formidable revuelta de esclavos, naturales de África del este y utilizados en las plantaciones gubernamentales de Irak en el siglo IX: la revuelta de los zengs (la palabra «zeng» en árabe designa a los habitantes de Etiopía y de África del este; la isla de Zanzíbar se llama en árabe Zenguebar, esto es, el país de los zengs). Esta revuelta, cuyo detonador fue la actividad intrigante de un chiíta, se apoyó en la masa de esclavos sublevados. Toda una zona de Irak, desde Basara hasta la entrada de Wasit, escapó así de la autoridad del califa de Bagdad. Este, impedido en sus movimientos por la secesión de Egipto que acababa de independizarse, no pudo reaccionar hasta pasados quince años. Entonces quedó aplastada la revuelta. Estos sucesos han sido estudiados recientemente y han sido considerados, por el mismo título que la rebelión de Espartaco en Roma, como sacudidas que anunciaban las futuras revoluciones mundiales.

A propósito del estatuto jurídico de las mujeres esclavas, obsérvese que las que hayan dado un hijo a su amo figuran en una categoría aparte. Se las llama Omm Ovalad (madre de un hijo) y ya no pueden ser vendidas. Tienen que ser liberadas al morir su amo. Compárese con Dt 21, 10-14, en donde la cautiva de guerra es tomada como esposa; si deja de agradar al amo, es repudiada; pero si se la trata como mujer libre, ya no puede ser vendida.

esclavos-blancos-6Sin embargo, el hijo de una pareja de esclavos que pertenecen a un mismo amo pertenece legalmente a éste.

Señalemos finalmente la gran diferencia que existe entre el esclavo, servidor doméstico, considerado muchas veces como un miembro interior de la familia, y el esclavo que trabaja en las plantaciones o en las instalaciones industriales en condiciones muy duras y bajo el capricho de vigilantes poco responsables. Cuando fue suprimida en Egipto la esclavitud en el siglo XIX, muchas «dadás» o nodrizas africanas que habían criado a los hijos del amo prefirieron quedarse en las familias donde habían trabajado desde siempre. Por el contrario, algunos testigos han hablado de la suerte poco envidiable de los esclavos obreros agrícolas en los oasis del Sahara, hacia el año 1910.

En la actualidad, la prensa habla a veces de restos de esclavos en países musulmanes. Se trata con frecuencia de un pretexto para hacer olvidar otras injusticias sociales más lamentables. Ha pasado ya el tiempo en que la esclavitud era el medio más común de explotación de los hombres. Las injusticias económicas y raciales, las represiones de la policía, el terrorismo o la trata internacional de mujeres para la prostitución ocupan hoy desgraciadamente el primer plano de la escena.

 

9.-Las leyes de la paz y de la guerra

Por una parte, la historia del islam ha producido suficientes guerras para que aparezcan con claridad los principios directivos en este terreno. Y por otra, su práctica puede compararse fácilmente con la teoría que existe ya en muchos textos jurídicos sobre el tema.

Los musulmanes de la primera hora se encontraban ante dos tipos de situaciones que promovieron en ellos dos actitudes bien determinadas.

12La primera se debe al hecho de que al principio los musulmanes tuvieron que adoptar posiciones defensivas y responder a los que deseaban apartarlos del poder en la Meca. Para huir de las persecuciones, los primeros fieles se refugiaron en Medina el año 622, bajo la guía del propio Mahoma. Este éxodo fue considerado como la consecuencia de una expulsión moral. Por eso el Corán proclama enérgicamente el derecho de los musulmanes a recuperar su ciudadanía y sus bienes. De ahí el primer género de textos que sirve para justificar toda guerra defensiva, emprendida para recobrar aquello de lo que el islam se ha visto despojado:

Combatid en el sendero de Dios contra los que os combaten; pero no seáis agresores (o transgresores).

A Dios no le gustan los agresores (o los transgresores).

Matadlos en cualquier sitio en que los encontréis y echadlos de donde ellos os han echado.

La revolución es peor que el asesinato (Corán 2, 186/187/190/191).

La palabra árabe que se traduce por agresor puede significar también transgresor. Por eso hay dos tipos de comentarios de este texto. Unos, como el comentario de Jalalayn, interpretan: No seáis agresores, combatiendo vosotros los primeros. Pero otros ven en este versículo la obligación de mantener la guerra dentro de ciertos límites: por ejemplo, no matar a los nocombatientes, no saquear ciertos bienes necesarios para el sustento de los hombres, etc.

13En cuanto a la revolución, o subversión, se trataría del riesgo de apostasía de un musulmán. Si algunos musulmanes se ven en unas circunstancias peligrosas para su fe, la guerra resulta legítima para mantener esa fe.

Este texto coránico está en la base de las teorías sobre un primer tipo de guerra llamado guerra defensiva. Durante los dos últimos siglos de lucha contra las potencias coloniales occidentales, los musulmanes lo tuvieron a la vista para apoyar su derecho, y actualmente se sigue aplicando perfectamente a la guerra de los palestinos contra Israel.

En segundo lugar, la situación de ofensiva. La encontramos desde que se consolidó la posición de los musulmanes en Medina. Los musulmanes dirigen entonces sus tropas contra el resto de Arabia e incluso contra el exterior. Estas guerras de conquista se han presentado de la siguiente manera: Mahoma habría escrito a algunos soberanos o personalidades políticas (el rey de Persia, el emperador de Bizancio, el gobernador de Egipto, etc.) invitándoles a hacerse musulmanes. ¿Se trata de una tradición auténtica? Al menos, es una tradición clásica entre los musulmanes. Lo cierto es que, después de esta invitación, y al no haber obedecido, los destinatarios de esas cartas fueron atacados por los musulmanes. Esto permite justificar toda guerra ofensiva en contra de un vecino que rechace el islam. Las ideas precedentes permiten cualquier teoría sobre la guerra, respetando, en medio de las operaciones, algunos principios humanitarios. De hecho, los musulmanes han tomado muchas veces la iniciativa de los ataques hasta la época colonial. Desde entonces, víctimas de agresiones ajenas, se pasaron al campo opuesto y se hicieron anti-imperialistas.

¿Qué ocurrirá en el futuro? Las circunstancias actuales en el mundo moderno han renovado por completo los medios de lucha entre los seres humanos. Es probable que las situaciones de hecho en el futuro, imprevisibles, sigan encontrando una justificación, aunque sólo sea el principio de protección de las minorías musulmanas, que puede llegar bastante lejos. De momento, los países musulmanes se conforman con el versículo del Corán que pide a los creyentes que se armen (cf. Corán 8, 62/60). En 1979, cuando corrió con insistencia el rumor de que Pakistán había fabricado una bomba atómica, se elevaron triunfantes algunas voces en el mundo musulmán para celebrar lo que llamaban «la primera bomba atómica musulmana».

A pesar de todo, el islam está por la paz, y cuando nuestros contemporáneos estudian la aportación de las religiones a la causa de la paz, el islam reivindica un rostro de paz. Se tratará ante todo de la paz del paraíso, ese lugar de la felicidad que el Corán llama «Dar-es-Salam» (la morada de la paz), pero también de esa paz que debe reinar entre musulmanes y cuyo signo es el saludo que se dirigen mutuamente los creyentes (as-salamo ‘alaykom, la paz sea sobre vosotros). Frente a los no-musulmanes, será la paz de los fuertes, la paz después de la victoria. En todos los demás casos, se tratará de una paz relativa.

14Porque el musulmán olvida raras veces la obligación que le incumbe: la de extender el reinado de la ley musulmana, extensión que se hará primero por medios pacíficos, pero también en caso necesario por medios guerreros.

En todo el mundo musulmán es manifiesto el orgullo de ver cómo se extiende el islam. Por el contrario, cuando se pierde un territorio, la actitud varía. Tratándose del pasado, cuando ya no es posible echar marcha atrás, vienen el lamento y la nostalgia; por ejemplo, con el recuerdo de la España musulmana y de sus glorias. Cuando todavía es posible la recuperación de lo que se había perdido, llega la lucha (liberación anticolonialista o guerra contra Israel).

En la época moderna, los musulmanes han asimilado perfectamente los métodos de combate que pueden utilizar los pueblos oprimidos: guerra de maquis, toma de rehenes, secuestro de aviones, sin contar con el juego de los apoyos internacionales. Por otra parte, no todos los musulmanes están de acuerdo en la oportunidad del empleo de ciertas armas, aunque reine el acuerdo a propósito de las principales, por ejemplo el arma del petróleo. Sin embargo, regularmente se hace patente la aspiración de todos por la unidad, a pesar de las persistentes escisiones dentro del mundo musulmán. Al lema de Marx, «Proletarios de todos los países, uníos», corresponde de hecho otro lema, quizás no tan formulado, pero que inspira de hecho a muchos líderes: «Musulmanes de todos los países, uníos».

 

10.-El botín de guerra

Con las cuestiones de guerra se relacionan las cuestiones del botín (o de las adquisiciones de guerra, por hablar más púdicamente). El Corán y el derecho musulmán contienen numerosas prescripciones sobre el tema, distinguiendo entre el botín tomado en la batalla y aquel del que se ha apoderado la comunidad por otros medios (por ejemplo, los bienes de las tribus judías echadas de Medina). La quinta parte del botín obtenido en el combate le correspondía al profeta.

 

11.-Conducta con los países conquistados15

Fue después de las guerras y de las conquistas cuando la sociedad musulmana tomó su verdadero rostro. Al puñado de nuevos amos que poco a poco llegarían a ser mayoría gracias a las conversiones regulares al islam, se añadieron los habitantes que habían conservado su antigua religión. El estatuto de estos otros habitantes varió según las regiones.

En principio, en el Hedjaz (provincia de Arabia, donde se encuentran la Meca y Medina), sólo residen musulmanes, aunque actualmente hay algunas unidades de no-musulmanes fuera de los dos territorios sagrados de la Meca y de Medina. Al comienzo del islam, después de algunos años durante los cuales siguieron viviendo allí los cristianos y los musulmanes, se decidió que sólo los musulmanes tenían derecho de residencia permanente; bajo el califa Omar, los cristianos del Hedjaz emigraron hacia Irak. Los territorios sagrados de la Meca y de Medina, y con mayor razón las ciudades mismas, están en principio prohibidas por completo a los nomusulmanes. Se conocen, sin embargo, algunas excepciones. En el siglo VII, el padre de dos hombres convertidos al islam vivía con ellos en la Meca, a pesar de seguir siendo cristiano. También en los siglos XVII y XVIII, algunos peregrinos llevaban consigo esclavos cristianos como sirvientes durante la peregrinación.

En los demás países conquistados, la sociedad comprendía en primer lugar a los musulmanes como ciudadanos de pleno derecho, que eran los que habían de ocupar normalmente los puestos de mando. En segundo lugar, las «gentes de la Escritura», es decir, los que el Corán menciona como monoteístas, que han recibido las Escrituras reveladas. Fueron ante todo los judíos, los cristianos y los que tomaron el nombre de sabeos, que menciona el Corán: todos ellos gozan del estatuto de «protegidos» (dhimmi). El Corán prevé que «las gentes de la Escritura» pueden seguir ocupando un lugar inferior en el territorio musulmán, con tal que paguen un impuesto especial de protección (cf. Corán 9, 29). Tienen algunos derechos en la sociedad musulmana y muchos de ellos en la Edad Media contribuyeron al esplendor de la civilización musulmana. En la práctica, excepto para el matrimonio, muchos nomusulmanes están asimilados a estos protegidos.

Finalmente, en la sociedad musulmana se encuentra un tercer grupo, el de los «asociadores» (mosrikin), que no profesan el monoteísmo y adoran, junto a Dios, a otras divinidades asociadas. No está claro su estatuto. De hecho, han vivido normalmente en la sociedad musulmana sin ser admitidos en ningún cargo importante y a veces mantenidos al margen de la vida ciudadana.

En la Edad Media, los «protegidos» se vieron sometidos a ciertas medidas discriminatorias, llevando vestidos de un color especial, no pudiendo montar a caballo, etc., medidas que se aplicaron con mayor o menor severidad según los lugares y las épocas.

16Actualmente, las constituciones de la mayor parte de los países musulmanes prevén la igualdad de todos los ciudadanos. Las posiciones recíprocas entre musulmanes y nomusulmanes se deben mucho más a cuestiones de mayoría y de minoría (o de grupo dirigente y de grupo no dirigente) que a cuestiones propiamente religiosas. Es distinta la situación en países donde casi no hay cristianos autóctonos o tan sólo una ínfima minoría (por ejemplo en Africa del norte) y en los que viven cristianos arraigados tradicionalmente en el territorio (por ejemplo, cristianos de oriente, o países de Africa con cristianos del país).

Es bastante difícil apreciar la situación de las minorías cristianas en tierras del islam, ya que exteriormente todos dirán que la cosa va bien y a nadie le gusta que los extranjeros se metan en sus asuntos. De hecho, hay varios terrenos delicados, por ejemplo el de los nombramientos para puestos importantes. Un líder musulmán fundamentalista como Abu l’Ala alMawdudi, de Pakistán (+ 1979),escribía a propósito del versículo del Corán (9, 29) sobre el impuesto de protección, que al protegido no hay que confiarle los puestos directivos, que pertenecen de derecho a los musulmanes. Los dirigentes de los países musulmanes abiertos no son tan exclusivos, pero a pesar de todo sigue habiendo una tendencia latente en este sentido.

El segundo punto es el de la construcción de iglesias. En 1972 se produjeron en Egipto algunos choques entre coptos y musulmanes en una pequeña ciudad situada a unos 30 km del Cairo, en donde quemaron una sala que servía de iglesia y que había sido dedicada al culto sin permiso oficial. El gobierno intervino inmediatamente, en aras de la unidad nacional y de la concordia entre todos los ciudadanos. Se nombró una comisión oficial de encuesta y el informe se publicó en el prestigioso periódico del Cairo «alAhram». Entre las causas de fricción que se señalaban figuraba ésta: los coptos construyen iglesias sin permiso, porque cuando compran un terreno para construirlas y piden permiso, los otros se apresuran a levantar una mezquita en el terreno libre más cercano (pues no se necesita permiso para ello) y luego les niegan el permiso a los coptos, porque la iglesia no puede estar cerca de una mezquita. De ahí la tentación de construir sin permiso, para evitar la trampa.

Finalmente, el último punto delicado es el del musulmán apóstata. La tolerancia con los protegidos en los países islámicos tiene como condición la ausencia total de proselitismo. Mientras que, todos los años, millares de cristianos se pasan al islam y son felicitados por ello, está absolutamente prohibido que un musulmán abandone el islam para hacerse cristiano. Una tradición muy conocida en la Edad Media decía que está prohibido derramar la sangre de un musulmán (matarlo), excepto en tres casos: la sangre de un musulmán que haya matado a un musulmán, la del adúltero y la del musulmán apóstata. Este último punto se mantuvo en vigor hasta el siglo pasado.

En efecto, la apostasía debe considerarse en la perspectiva de las guerras de comienzos del islam. El apóstata era un desertor que se pasaba al enemigo; en todos los ejércitos, un acto semejante se castiga con la muerte. Luego, la situación cambió. Fue a finales del siglo XIX cuando algunos pensadores como el imán Mohammad Abdoh (+ 1905), en Egipto, hicieron observar que, al no existir el estado de guerra, no había motivos para inquietar al convertido, si no atacaba al islam. A pesar de ello, no todos piensan lo mismo y esta tradición se sigue enseñando en los manuales escolares de la religión musulmana en Egipto.

Los movimientos fundamentalistas actuales quieren restablecer la ley musulmana en su integridad, incluida la pena de muerte del musulmán apóstata. En Egipto, el patriarca ortodoxo copto, el Aruba Chenuda, intervino personalmente en el verano de 1977 ante el presidente Anwar esSadat para pedir que no se promulgara esa ley. Si fuera así, los numerosos coptos que, después de haberse hecho musulmanes para poder casarse, se arrepintieran de ello, podrían ser ejecutados si volvían a su fe cristiana, como ocurre con frecuencia. En aquellos momentos se retiró aquella ley, pero fue promulgada unos años más tarde. Este problema se plantea en todos los países del mundo musulmán, con las mismas presiones de los fundamentalistas para que sea reconocida oficialmente la ley musulmana en su conjunto, bajo su forma estricta medieval.

 

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