La Gratitud

12-El cuento del prisionero,sir Edward Brune-Jones.metirta.online

Significado

La Gratitud derrama sobre ti su energía de rayos sanadores.

Es hora de que mires a tu alrededor y cuentes los beneficios que has recibido. El camino hacia la creación de una abundancia más rica y sustanciosa tiene su base en el grado de agradecimiento que manifiestes por lo que ya existe.

¿Estás guardando diariamente una dieta de hambre porque careces de lo que necesitas? ¿Sientes íntimamente que no importa lo que tengas porque siempre te parecerá poco, que nunca es suficiente o que nunca es lo que crees que necesitas?

¿Quizá te comparas con otros y piensas que no tienes lo que deseas? Es hora de que te perdones por lo que hayas o no hayas creado en tu vida, ámate por haber sido lo mejor que has podido ser y opta por vivir conscientemente de modo benevolente y con agradecimiento.

Procura ser verdaderamente agradecida y totalmente feliz por alguna cosa de tu vida.

Expande esto diaria o semanalmente.

Antes de acostarte repasa todo lo que sucede en tu vida y da gracias por todo lo que has recibido, sin que te importe lo grato o desafiante que pueda ser.

Con el tiempo, notarás que, cultivando una actitud de agradecimiento, el jardín de tu vida se verá pleno de belleza, de abundancia y de un suelo fértil que acabará otorgándote todo lo que necesitas.

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Meditación

Encuentra un tiempo y un lugar en el que no te molesten, y cierra los ojos.

Inspira lenta y profundamente y, al exhalar, mira o siente tu tensión como una estrecha armadura que cubre tu cuerpo.

Inspira otra vez lenta y profundamente hacia la armadura y, a medida que exhalas, mira o siente que esta comienza a adelgazarse y a disolverse poco a poco.

Haz una última respiración dentro de la armadura y, al soltar el aire, mira o siente cómo desaparece por completo. Ahora estás totalmente relajada.

Deja que tu respiración se normalice.

Mira o percibe una antigua abadía con su jardín anexo.

Respira profundamente y, mientras exhalas, respira hacia la antigua abadía con su jardín, de tal modo que la imagen que percibes se vuelva más clara.

Respira nuevamente y, al espirar, hazlo hacia la antigua abadía y su jardín para que su percepción se fortalezca. Finalmente, inspira otra vez y exhala hacia la abadía para que se perciba todavía más claramente.

Ahora mantén esa imagen o percepción de la antigua abadía con su jardín.

Entra en ese jardín. Puedes oler las flores y sentir el suave calor de los rayos solares.

Comienzas a deambular y reparas en una mujer vestida de azul.

Ella te ve y se acerca a saludarte.

Te das cuenta de que es la abadesa.

La abadesa te da una calurosa bienvenida y te pregunta el motivo de tu visita.

Le dices que necesitas su ayuda para desarrollar una actitud de gratitud.

Ella responde con placer, con aceptación y con una luz en sus ojos que muestra verdadera felicidad por haberle pedido ayuda.

Te lleva de la mano a un lugar en el que se encuentra un macizo vigoroso de flores amarillas similares al diente de león, excepto por los cardos en la base de la propia flor y las espinas en las puntas de las hojas.

Te pide que elijas cinco y las arranques con cuidado.

Así lo haces y se las entregas. La abadesa toma tu mano y te lleva ante una bella pérgola, bajo un dosel de flores, en el que se encuentra un canapé doble de madera de sauce junto con una pequeña mesa.

Ella toma asiento y te pide que te sientes a su lado, y así lo haces.

Extiende las flores sobre su regazo y te aclara cómo se llaman: es el cardo de estrella amarillo.

Después te pide que cierres los ojos, y así lo haces.

Te anuncia que va a colocar un cardo de estrella amarillo en cinco lugares distintos de tu ser.

Sigue diciéndote que va a comenzar colocando la primera flor en el Este, para que te sientas agradecida por todo lo que tenga que ver con ese punto: el aire, la inspiración, los nuevos comienzos, la primavera, la creatividad y todo lo relacionado con la mente y el cuerpo mental.

Te pide que hagas una respiración profunda y, al exhalar el aire, sientes que algo ha cambiado.

Te dice que va a colocar la siguiente flor en el Sur: el fuego, la sanación del Niño Interior, el lugar de la voluntad, la fortaleza, el verano.

Te pide que hagas una respiración profunda y, al espirar, sientes que hay algo más dentro de ti.

Te anuncia que está colocando la siguiente flor en el Oeste: el agua, el lugar de los finales, de los sentimientos y emociones, de la transformación y el otoño.

Te pide que inhales profundamente y, al exhalar, te sientes agradecida.

Prosigue diciéndote que va a colocar otra flor en el Norte: la tierra, el lugar de la sabiduría, del conocimiento ancestral, el lugar del vacío y el invierno.

Te pide que respires profundamente y que, al espirar, percibas un profundo sentimiento de gratitud.

Por último, te dice que va a colocar la flor restante en el Centro, el lugar del Espíritu y del Yo, el lugar que nos conecta a todos entre sí y con lo, Divino.

Te pide que hagas una respiración profunda y, al exhalar, percibes una gran sensación de gratitud por todo lo que te rodea.

Estás rebosante de agradecimiento y amor. La abadesa se levanta y tú también lo haces.

Ella se coloca frente a ti y te hace una reverencia, y tú también te inclinas ante ella.

Te pide un regalo y se lo das de todo corazón. (La naturaleza del regalo se revela a sí misma en el momento.) Ambas os abrazáis y os despedís.

La abadesa desaparece en el jardín.

Respira hacia tus dedos de los pies y mantén el aliento un momento.

Al exhalar, mueve tus dedos de los pies.

Ahora respira hacia tus dedos de la mano y mantén el aire un momento.

Al expulsar el aire, mueve los dedos.

Respira hacia todo tu cuerpo y, cuando exhales, si estás lista, abre los ojos.

¡Bienvenida a tu ser!

 

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