Escultura del Siglo XVIII

ESCULTURA DEL SIGLO XVIII

77-Gutiérrez La Cibeles Madrid España

Gutiérrez La Cibeles Madrid España

Las formas imponentes y macizas del Barroco tendieron en el siglo XVIII hacia efectos de mayor elegancia y ligereza, según los dictados del nuevo estilo Rococó, pero alejándose bastante menos de las obras barrocas de lo que lo había hecho la arquitectura. Hacia finales del siglo la escultura abandonó definitivamente el Barroco para seguir plenamente el estilo neoclásico, que se manifestaría de manera pujante a primeros del siglo XIX.

En Italia, la escultura del siglo XVIII no presentó, a decir verdad, un sustancial cambio de estilo: el lenguaje se hizo, a lo sumo, mayormente agraciado ; los efectos pictóricos resultaron más vistosos, y en lugar de la intensa expresión se prefirió la gracia caprichosa. Faltó además un artista de gran personalidad que compendiara todos los valores de la época. Recordaremos los nombres de Camilo Rusconi, ligado aún a las formas del siglo anterior, a las que sin embargo embelleció con la distribución caprichosa de la luz; Pietro Bracci, autor de la célebre fuente de Trevi, y Filippo Della Valle (1696-1770), el más original de todos, que poseyó dotes de medida y ritmo, pero que no supo resistir ante la frágil retórica de su tiempo.

Antonio Canova Paolina Borghese Bonaparte as Venus Victrix

Antonio Canova Paulina Borghese 1805-1808

En Francia, la escultura, de manera particular la monumental, no abandonó los caminos acostumbrados, de entonación barroca no privada de clasicismo. Ejemplo de ello nos es dado por la producción del escultor más famoso del siglo XVIII, Jean Baptiste Pigalle (1714-1785), de quien recordamos el monumento al mariscal de Sajonia, en Estrasburgo. Son interesantes también otros artistas que prefirieron formas menos monumentales como Edmè Bouchardon y Jean Antonie Houdon, notable retratista.

La escultura inglesa de este período no ofrece ningún interés, pues se redujo esencialmente a obras de autores extranjeros y en particular franceses.

79-Thorwaldsen La noche 1768-1844 Nápoles

Thorwaldsen La noche 1768-1844 Nápoles

En Alemania, la renovación artística se manifestó también en la escultura, en la que, aun continuando con la decoración arquitectónica, llegó a liberarse en parte de las influencias extranjeras, especialmente de la italiana. Encontramos notables personalidades como Andreas Schlüter y Balthasar Permoser. El primero fue también arquitecto y ejecutó varias obras para el Zar Pedro el Grande; las obras del segundo se conservan en gran parte en Dresde. En las formas alemanas del siglo XVIII aparecía aún de manera evidente el reflejo de los caracteres góticos en el movimiento, en la intensidad expresiva y en la dramaticidad de que están imbuidos los temas.

La escultura española del siglo XVIII  

Una serie de escultores, influidos todavía por el Barroco, a quienes en realidad habría que llamar neoclásicos, desarrollaron sus actividades en torno a la Academia de San Fernando, fundada en 1752 por Fernando VI. Figuraba entre ellos Felipe de Castro, discípulo de Cornejo y escultor de la Corte. Es el autor de los retratos de Fernando VI y Bárbara de Braganza. Otro en lo que se refiere a escultura religiosa policromada. De él es la Santa María Egipcíaca del Museo de Valladolid.

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La Santa María Egipcíaca del Museo de Valladolid.

Uno de los escultores más importantes que prescindió de la policromía fue el salmantino Manuel Alvarez, autor de la bella fuente de Apolo, en el Salón del Prado de Madrid.

El canario José Luján Pérez fue sin duda uno de los más grandes imagineros de este momento. En la iglesia parroquial del Puerto de la Cruz se conserva una Dolorosa, considerada como su creación más notable. Otras obras suyas de gran importancia son la Santa Ana de la Parroquial de Garachico, en Tenerife, y el Cristo crucificado de la catedral de las Palmas, donde se halla otra Dolorosa suya.

En Valencia, José Esteve nos dejó una magnífica muestra de su arte en la Concepción conservada en la catedral. El influjo del Rococó se había manifestado en las obras de los Churriguera, pero sobre todo en las de Narciso Tomé, autor del famoso Transparente de la catedral de Toledo.

 

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