Escultura del Siglo XVI

ESCULTURA DEL SIGLO XVI

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Stone

La escultura del siglo XVI desarrolló las conquistas más originales de la era anterior, como el movimiento y el pictoricismo de la masa, en la búsqueda de la monumentalidad plena y evidente que superó el análisis del siglo XV, en la concepción de la universalidad y en el nuevo carácter dinámico, lleno de expresión.

 

En Italia, el siglo XVI estuvo dominado por el genio de Miguel Ángel (1475-1564), que representó los valores plásticos más grandes de la época.

Para él la escultura fue sin duda su expresión artística preferida. Extrajo del mármol las figuras que su mente concebía, y darles alma fue su aspiración más viva. Los antiguos, Donatello y Jacopo della Quercia fueron sus ejemplos directos, de quienes supo asimilar lo más valioso con una absoluta libertad de juicio. Con temperamento de artista, de esquiva austeridad e intenso dramatismo, sintió profundamente la tragedia del alma en lucha continua, pero victoriosa., contra la materia, y la representó con figuras gigantescas, espíritus sublimes revestidos de apariencia terrena. Esto reveló su vasta producción, desde sus primeras obras de juventud, como la Madona della Scala, de una sorprendente madurez, la Piedad, de San Pedro en Roma, y el David, expresión de una energía no solamente física, sino esencialmente moral. En el período más maduro creó las estatuas que debían adornar la tumba de Julio II, el famoso Moisés, de miembros vigorosos y de rostro airado, personificación del sagrado menosprecio de un espíritu elegido frente a las indignidades terrenas, y las seis Prisiones, valiosos testimonios de su atormentada e inquieta alma ; el panteón de los Médici, en la Nueva Sacristía de San Lorenzo, las otras tres Piedades, de las que la última, de la casa Rondanini, fue acabada poco antes de su muerte. Su escultura se liberó de los cánones demasiado rígidos del Clasicismo para adquirir movimiento y buscar la expresión intensa, como un preludio de lo que habría de ser el Barroco.

61-Colombre sepulcro de Francisco II de Bretana y Margarita de Foix Catederal de Nantes

Colombre sepulcro de Francisco II de Bretana y Margarita de Foix Catederal de Nantes

Miguel Ángel descolló con solitaria grandeza, pero aun sin ser comprendido fue imitado y seguido por todos los escultores del siglo XVI, que gustaron de emplear sus formas gigantescas, a pesar de no saberlas animar con una profunda vida interior, como había hecho el gran maestro. El lenguaje plástico adquirió, pues, un carácter colosal y huecamente heroico que caracterizó el llamado «manierismo» de la segunda mitad de siglo. Cellini, famoso sobre todo como orfebre, y Sansovino, de origen toscano, pero veneciano de adopción, muy hábil en la introducción del color en la escultura, permanecieron bastante alejados del arte poderoso de Miguel Ángel.

 

62-Pilon Las Tres Gracias Museo del Louvre

Pilon Las Tres Gracias Museo del Louvre

En Francia, la escultura adquirió un elegante preciosismo y un airoso tono académico, henchido de delicadeza. Entre las obras más significativas recordamos el monumento fúnebre de Francisco II de Bretaña y de Margarita de Foix, en la catedral de Nantes, de Michel Colombe, en el que se advierte el deseo de reflejar la naturaleza con una perfecta y serena ejecución, y Las tres gracias, conservada en el Louvre, de Germain Pilon (1535-1596), en acto de sostener una urna, clásicas y naturales al mismo tiempo.

 

En Inglaterra, el gusto renacentista, impuesto por artistas italianos, fue asimilado por los escultores locales, de los que cabe mencionar a Nicholas Stone (1556-1647).

En Alemania se acentuó la búsqueda de las proporciones justas, las facciones regulares y el noble y sereno plegado, pero las figuras no perdieron su carácter netamente germánico. El mayor escultor de esta época, Peter Wischer, dio testimonio de ello en su obra maestra del sepulcro de San Sebaldús, en Nuremberg, donde se advierte la influencia italiana, sin que, no obstante ,pueda hablarse de imitación.

63-Capilla del Condestable Catederal de Burgos

Capilla del Condestable Catederal de Burgos

Las formas monumentales constituyen en Alemania una excepción, pues incluso las tumbas son de dimensiones reducidas. Las obras plásticas estuvieron por lo general destinadas al adorno personal o doméstico.

 

La escultura española del siglo XVI

64-Alfonso Berruguete San Sebastián Valladolid

Alfonso Berruguete San Sebastián Valladolid

A fines del siglo XV las relaciones entre España e Italia eran muy intensas. No es, pues, de extrañar que a través de ellas llegara a la Península Ibérica la grandeza del Renacimiento italiano y sus obras inspirasen a los artistas españoles. La nueva corriente artística fue imponiéndose poco a poco a pesar de la resistencia del Gótico a desaparecer.

 

El valenciano Damián Forment (m. 1541), que estuvo en Italia, fue uno de los que aportaron a la Península las esencias del nuevo arte. Su primera obra conocida es el retablo mayor de la Colegiata de Gandía, que ejecutó en los primeros años del siglo. Trabajó también en el retablo del Pilar de Zaragoza, donde nos dejó un autorretrato, rodeado de espigas, símbolo de su apellido (forment=trigo), obra en la que el Gótico se impone todavía al Renacimiento, como sigue ocurriendo en su retablo de la catedral de Huesca. Su última obra, el retablo de Santo Domingo de la Calzada, en madera policromada, es ya plenamente renacentista. Desgraciadamente, Forment murió sin poder terminarlo.

Felipe Bigarny, conocido también como Felipe de Borgoña, introdujo en Castilla el Renacimiento italiano. Con otros escultores que ya se habían dado a conocer en el pasado siglo (Sebastián de Almonacid y Copin de Holanda), trabajó en el retablo de la catedral de Toledo. Pero ésta no es una obra plenamente renacentista, ni mucho menos. La influencia italiana se acusa notablemente en obras posteriores, como en el trasaltar de la catedral de Burgos y en el retablo de la Capilla Real de Granada, la obra más importante de Bigarny, quien más tarde trabajó con Diego Siloé en la capilla del Condestable, en Burgos.

Bartolomé Ordóñez nació en Burgos y murió en Carrara en 1520. Fue el primero de los escultores españoles que dio un verdadero impulso al arte renacentista. Con Diego de Siloé trabajó en el retablo y altar de San Juan de Carbonara, Italia. La obra de estos dos escultores, que casi siempre trabajaron juntos, influyó en Nápoles hasta el punto de formar escuela. Ordóñez trabajó en España en el sepulcro de Cisneros, que no pudo terminar, y en el trascoro de la catedral de Barcelona.

Diego de Siloé trabajó en Burgos, donde llevó a cabo el retablo de Santa Ana, en la capilla del Condestable, en la catedral, y el retablo principal de la misma capilla. Obras suyas también notables son el relieve de San Juan Bautista, en el coro de San Benito, Valladolid, y la decoración de la portada del Perdón, en la catedral de Granada.

Alonso Berruguete es el más grande de los escultores españoles del siglo XVI. Hijo de un gran pintor, Pedro, nació en Paredes de Nava hacia 1490. Estudió en Italia y se dejó cautivar por la obra de Miguel Angel. A su regreso a España fue un ardiente defensor del nuevo estilo, y en 1518 Carlos V lo nombró escultor y pintor de cámara, pues antes que la escultura había estudiado en el taller de su padre. Trabajó en Zaragoza con Bigarny y más tarde en la Capilla Real de Granada. Al retirarle Carlos V su apoyo, decidió dedicarse por entero a la escultura. En el Museo de Valladolid se conserva parte de una de sus primeras obras, el retablo de la Mejorada, desigual, pero lleno de ritmo, hasta dar la impresión de que las figuras se están moviendo, incluso con una cierta violencia. Poco a poco sus obras fueron depurándose y perfeccionándose, y aun disciplinándose en esa prodigiosa técnica que se observa en cualquiera de sus obras, hasta las más antiguas. En el retablo mayor de San Benito de Valladolid, su arte se ha depurado más y en él figuran esculturas geniales, como el San Sebastián, que es una obra maestra del arte español de todos los tiempos. En 1539 trabajó en Toledo en la sillería alta del coro de la catedral, aunque no en toda, pues Bigarny trabajaba en el lado del Evangelio, y a él le correspondió la parte de la Epístola.

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San Juan Bautista – Sillería de coro de la catedral de Toledo – Alonso Berruguete

Con Berruguete había trabajado en Granada un escultor italiano, Jacopo Florentino, que en Italia fue pintor y compañero de Miguel Ángel. Entre sus obras más notables figura el Entierro de Cristo, que se conserva hoy en la iglesia de San Jerónimo y que probablemente estuvo destinado a la Capilla Real de Granada.

Otros escultores extranjeros que trabajaron en España fueron Pietro Torrigiano, autor del San Jerónimo, hecho en barro, que se conserva en el museo de Sevilla ; y sobre todo Juan de Juni, que había nacido en Champaña en los primeros años del siglo. Se formó en Francia, pero al llegar a España su arte se depuró, como puede verse estudiando las obras que ejecutó en la Península. En la iglesia de San Francisco de Medina de Rioseco se conservan algunas esculturas suyas en barro, seguramente las primeras que llevó a cabo en España. Entre sus obras más notables se encuentra el Entierro de Cristo, que se conserva en el Museo de Valladolid, y el retablo de la capilla de los Benavente, en Medina de Rioseco, y el de la Piedad, de la catedral de Segovia.

Otros artistas extranjeros y españoles trabajaron juntos o separados en esta época de grandeza para España, bajo el reinado de Carlos V.

Entre los primeros podemos citar a León Leoni y a Pompeyo Leoni (que trabajó en el Panteón de El Escorial), y entre los españoles a Martín de Tudela, el último renacentista aragonés, autor del trascoro de la Seo de Zaragoza ; a Juan Bautista de Monegro, el Greco, autor del Cristo resucitado, del Hospital de Tavera ; a Gaspar Becerra, a Nicolás de Vergara y a Bautista Vázquez.

 

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